Carlos Rubira Infante: su paso a la inmortalidad.

SE NOS FUE CARLOS RUBIRA INFANTE. ILUSTRE ARTISTA.

Por Carlos Lasso Cueva.

Cuando mi abuelo Cueva Celi estaba postrado por el cáncer, Carlos iba a visitarlo y guitarra en mano le cantaba sus pasillos.
Me acompañó en el 2001 al homenaje que el Centro Social Loja de Guayaquil le hizo a mi abuelo en Filanbanco por su centenario. Llegué con él y subimos despacio, él apoyándose en mi brazo. Nos sentamos juntos en la primera fila. Al concluir el homenaje nos invitaon a ir a un coctel en el local del Centro Social Loja en la Atarazana. Entramos juntos, sosteniéndose él en mi brazo. Fue una larga jornada, un banquete acompañado de whiski. Carlos subió al escenario y se puso a entonar una serie de canciones que los presentes coreaban. Luego nos retiramos juntos. Fuimos a dejarle con el Lcdo. Carlos Lafebre Arreaga en su villa de las Acacias. Carlos me dió la llave para que abra la puerta que tenía varios seguros. Carlos nos instaló en la sala de su casa y disfrutamos de un par de horas de charla acompañados de un escocés que nos ofreció. Ya casi amanecía cuando nos retiramos.
Era un hombre bizarro, de carácter fuerte que sabía explosionar ante cualquier desavenencia. Una vez hubo una reunión en la amplia oficina de un abogado guayaquileño que luego fue Gobernador de la Provincia. Alguien que no era de su agrado llegó y soltó un chiste inapropiado y Carlos Rubira puso enérgicamente el punto de orden. Conmigo siempre tuvo grandes y afectuosas deferencias.
Se dedicó a cantar a todas las regiones del país. Tenía un concepto absoluto de la unidad nacional de este país y proclamaba su concepto por medio del arte. Odiaba el regionalismo. El cantaba al Ecuador entero ante cuya memoria histórico-artística él y su obra quedan integrados para siempre.
le visité pocas veces en su villa de Las Acacias.
Me duele su partida. era muy cariñoso conmigo. Yo le caía bien. Una vez estuvimos reunidos en su casa con Shubert Ganchoso y Don Ramón, el dueño de radio Tropicana.
Siempre me pedía que le diera un poema mio para musicalizarlo pero nunca lo hice. Me arrepiento.
Hombre vital, enérgico, alcanzó a ser longevo y llegó a ser uno de los artistas de más alto nivel creativo del país. Vivió lo suficiente para sentirse realizado. Queda su invaluable aporte a la música nacional que le hará eterno e inolvidable en la memoria de las generaciones que vendrán. Me precio y me honro de haberle conocido. Tuvo una vida larga y plena y llegó a la cumbre de su prestigio artístico.
Le conocí cuando trabajaba en el correo. Yo iba un par de veces a la semana a retirar la correspondencia de mi casilla y a menudo él estaba por ahi. Todavía no éramos amigos pero yo siempre le saludaba con una venia. La amistad se concretó después.

https://www.eluniverso.com/entretenimiento/2018/09/14/nota/6952808/fallecio-carlos-rubira-infante-compositor-guayaquileno

Don Carlos, madera de trovador popular
Sep 15, 2018 | Publicado por Leonardo Parrini | Cultura, Música, Sociedad | 0 comentarios

Me recibe con una afable sonrisa. Su guayabera y melena blancas se mecen a la tibia brisa costeña, cuando abre sus brazos en gesto de cordial recibimiento. Carlos Rubira Infante era un anfitrión singular, y en esa ocasión que lo entrevisté para el programa Dentro y Fuera de Ecuavisa, hizo gala de su hospitalidad. No pasó mucho tiempo de saludarnos esa cálida mañana del mes de febrero del 96, cuando don Carlos -como le decían sus vecinos-, abrió una botella de johnny negro y me brindó un wiski matinal: “por la música nacional”, dijo, por el gusto de conocerlo, le respondí.

La charla transcurrió amena, llena del rico anecdotario de este artista que nos deja, luego de una vida dedicada a la creación musical. Ya se dice que deja un vacío imposible de llenar, pero también lega un pentagrama pletórico de inolvidables canciones, entre pasillos, pasacalles y otros ritmos que toda la vida han cantado, bajo algún balcón de una dama guayaquileña, los lagarteros del puerto. Cómo olvidar su Chica Linda, que inmortalizara su discípulo, Julio Jaramillo, o Guayaquileño madera de guerrero, en su propia voz de trovador de barrio. O la canción En esas lejanías, que cantaba junto a Gonzalo Vera en el célebre dueto Vera-Santos Rubira.

Era difícil no escucharlo en silencio contar sus andanzas musicales, anécdotas y vivencias en el Guayaquil de antaño, los viajes en que Don Carlos aprovechaba para nutrirse del espíritu de su pueblo o evocar los rincones de su puerto natal. Memorable fue su viaje a Quito, cuando compone en esta ciudad, Guayaquileño madera de guerrero, como una ironía musical del destino que lo hizo crear un himno guayaco en las elevaciones serranas.

Don Carlos disfrutaba escuchando sus propias evocaciones, y en esa ocasión en que nos conocimos, compartió sus señas vitales narradas mientras se arrellenaba en su sillón con un vaso de wiski en las manos que bebía con inocultable entusiasmo. Escuche “el llamado de la música desde mis 20 años”, dijo con ademán evocador. Vocación que matizó con diversos oficios como cartero, voceador de periódicos, gasfitero, bombero, o hielero, que le permitían reunir recursos para dedicarse el mayor tiempo posible a la música, su vocación innata. Fue célebre, en los años de juventud, su presencia en el programa de radio La Hora Agrícola, espacio en donde Don Carlos hizo sus primeros pinos artísticos.

Una de las grandes páginas en los anales de la música popular ecuatoriana, fue su encuentro con “el ruiseñor de América”, Julio Jaramillo, que se convertiría en su discípulo musical. El destino los unió para gloria del pentagrama nacional. La trayectoria de Julio, no habría sido la misma sin la presencia señera de Rubira Infante en la vida artística del humilde zapatero de barrio. Don Carlos evocaba con especial afecto su relación de amistad con Julio, a quien consideraba “el mejor cantante del país”. En sus múltiples viajes por la geografía ecuatoriana, Rubira Infante dejaba su huella musical poniendo melodía a letras de origen local que exaltaban bondades de los rincones patrios, como Ambato tierra de flores y otras. Amante de su tierra, fue un músico inspirado en la geografía nacional creando la historia musical del Ecuador. De sus andanza por los rincones del país, Rubira contaba las vivencias y el afecto que le profesaban sus coterráneos, y en el camino iba dejando versos y 600 melopeas populares que retratan el sentir de la gente, sus sueños y amoríos, como en un inventario de sentimientos profundos.

En nuestro encuentro de aquella mañana cálida, aventada por sendos wiskis con hielo, Don Carlos tuvo nítidos recuerdo de Chile, país que lo acogió y reconoció su talento musical, cuando en 1950 recibe en Santiago el “primer premio en improvisación”, otorgado por la Sociedad de Músicos.

A los trovadores hay que recordarlos cantando, en el trino de sus voces inmortales. Don Carlos vivirá en la memoria poética de su pueblo al que tanto lisonjeó en sus versos escritos ya hace seis décadas:

Yo nací en esta tierra

de las bellas palmeras,

de cristalinos ríos, de paisaje

ideal, nací en ella y la quiero

y por ella aunque muera

la vida yo la diera

por no verla sufrir.

Guayaquileño madera de guerrero

bien franco muy valiente

jamás siente el temor,

Guayaquileño de la tierra más linda

pedacito de suelo de este inmenso Ecuador.

http://www.lapalabrabierta.com/2018/09/15/don-carlos-madera-trovador-popular/

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