Con Jorge Enrique Adoum.

No recuerdo cuándo me hice amigo ni dónde conoci a Jorge Enrique Adoum. No tengo ni la menor idea de eso. Yo era amigo de su hermana Violeta, que vivía en Guayaquil y trabajó en la librería Selecciones. Su hermano Handel era un prestigioso ingeniero que solía ir a la piscina olímpica y no compartía en absoluto la ideología de su ilustre hermano. Vivía en un edificio en la calle Luque y Chile. Ahi fui una vez con Rodolfo Pérez Pimentel. Sin embargo, supongo que debe haber sido en 1975, aproximadamente, cuando vino a Guayaquil un grupo de teatro peruano a montar la obra EL SOL BAJO LAS PATAS DE LOS CABALLOS, de Jorge Enrique, que yo leí en Cuba, cuando se publicó en la revista de teatro de la Casa de las Américas. Mi amiga peruana la Dra. Gladyz Tarazona recuerdo que me llevó a ver en un teatro limeño la presentación de esta obra. El público entraba a la sala de cine de la Casa de la Cultura mientras, con tambores aborígenes, los actores entonaban un canto inca en el pasillo. Luego de la aplaudida presentación, Jorge Enrique subió al escenario. Posteriormente hubo un brindis “en familia” en el primer piso. Ahi debió haber sido que conversé por primera vez con él.
Recuerdo que viajé a Quito en 1978 y me encontré con Jorge Enrique al salir de la Casa de la Cultura. El llegaba, y nos detuvimos a conversar. Hablamos de Juan Gelman, y de un manifiesto que estaba haciendo circular en relación con el caso de su hijo, en la Argentina.
No se puede decir que hayamos sido amigos personales, fue una relación surgida de la comunidad cultural a la que pertenecíamos. Pero siempre hubo, eso si, la más abierta cordialidad.
Por esas fechas había publicado su “texto con personajes”, ENTRE MARX Y UNA MUJER DESNUDA, que en la primera lectura cautivó a muchas personas. Más tarde se desarrollaría sobre esta obra cierta criticidad, sobre todo por el trato que da en ella al personaje que representa a Joaquín Gallegos Lara.
A la final hubo cierto desencanto: el título no compaginaba con el contenido. No hay ninguna disyuntiva como este lo sugiere. Se concluye el libro y no hay ningún Marx ni ninguna mujer desnuda. En la narrativa nacional hasta esta fecha no ha aparecido una obra que sea reflejo objetivo de la andadura de la izquierda ecuatoriana, y que contenga poderosas referencias críticas y autocríticas.
Es curioso, pero el mejor libro sobre la caída de Arroyo del Rio, episodio conocido como “la gloriosa revolución de Mayo de 1944” (a la que Alejandro Moreano calificó de “revolucionsita o revolucionsucha”) fue escrito por el chileno Felipe Ogaz, de tendencia trotskista.
Jorge Enrique tuvo en sus últimos tiempos un espacio en la revista Dinerss, en la que escribía mensualmente artículos verdaderamente brillantes.
Conocí su obra estando en Cuba. Lei su libro premiado en el concurso Casa de las Américas, y a menudo le publicaban poemas en la revista CASA. Me suscribí a la revista EL CORREO DE LA UNESCO (luego trasladé mi suscripción al Ecuador: tengo la colección de esa revista que me la enviaban gratuitamente desde París hasta 1999, en que desapareció). En ella publicó algunos sobresalientes ensayos culturales. El trabajaba para la UNESCO y era editor de esta publicación en castellano. Era la mejor revista cutural del mundo, que fue reemplazada por la revista HUMBOLDT, editada por Inter Nationes en Alemania. Estuve suscrito a ella hasta que empezó a difundirse en formato digital.
Alejandro Moreano criticó a Adoum por su apoyo a Jamil Mahuad en su columna en diario HOY:no se si sea verdad que eso le costó perderla. Creo que jamás volvió a aparecer un artículo suyo en ese diario. Tengo archivados todas sus notas, incluyendo esa.

En el Facebook de mi amiga Lizete.

Esa es la mejor parte de la poesía de Adoum de los años setenta. Para mi que se siente la influencia y el peso de Rayuela, de Cortázar, que fue nuestro deslumbramiento literario de aquellos años. Yo tengo el libro “No son todos los que están” autografiado por Jorge Enrique que me lo mandó por correo. Me lo prometió enviar públicamente, en una conferencia que dictó en el Hotel Continental, de Guayaquil, dentro del programa “Diálogos con un escritor” que mantenía Cecilia Ansaldo en finales de los ochenta. Aquel día llegué temprano al hotel a buscar a Jorge Enrique y me dijeron que estaba en el restaurant del primer piso. Lo buscaba cuando detrás de un amplio poste lo encuentro charlando con Cecilia. Me invitó a sentarme de inmediato y pidió un whisky para que lo acompañe. Cecilia se servía un jugo. Y hablamos entre otras cosas de Vargas Llosa. Cecilia defendiéndolo, Jorge Enrique despedazándolo. Luego alguien me contó algo que había pasado, años atrás, en París.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s