Chile: Aniversario del sangriento fracaso de la Unidad Popular. 11 IX 1973.

ANIVERSARIO DEL SANGRIENTO FRACASO DE LA UNIDAD POPULAR CHILENA. 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

por Carlos Lasso Cueva.

Recuerdo cuando ganó Allende las elecciones en Chile. Había una expectativa continental sobre eso, y todo el mundo en la izquierda hacía conjeturas sobre cómo esa gente manejaría la situación en caso de ganar. El comentario más frecuente era: una cosa es asumir el gobierno, otra tomar el poder.

El camarada Mao había dicho una gran verdad: EL PODER NACE DEL FUSIL, y en Chile no había nada de fusiles. Solo estaban Allende, el partido comunista pro-soviético, el MIR que estaba lleno de pequeño burguesitos pseudo radicales diletantes que salieron huyendo cuando hubo el golpe, y estaban Victor Jara Neruda, ….José Carlos Mariátegui contemplaba eso desconfiado, desde el más allá. Igual César Vallejo. Pero hay que decir que casi todo el mundo estaba optimista y tendía a aceptar que lo de Chile era cierto. Y no lo fue. Ganar elecciones no es lo mismo que hacer una revolución. Son cosas muy distintas. Las expectativas excedieron con creces a las posibilidades reales, “y todo fue cenizas a lo largo del encanto”.

Yo era de los pocos que tenían acceso a Manuel Agustín Aguirre, quien había conocido en persona al “pije” Allende, médico masón, hombre acomodado, “el hombre mejor vestido de Chile” y eterno senador que ya había sido candidato 3 veces. Dizque había dicho: “si no gano estas elecciones y después me muero, pongan esto en mi tumba: “aqui yace Salvador Allende, futuro presidente de Chile”. Aguirre conocía bien a la izquierda chilena porque vivió ahi un tiempo, y no se hacía ilusiones. Era escéptico sobre ese bendito experimento que costó mucha sangre.

Cuando se produjo el golpe, los gorilas esperaban combates, respuesta militar, que no apareció por ninguna parte. En 3 o 4 esquinas algunos inspirados se fajaron a bala y eso fue todo. Lo cierto es que los geniales estrategas “marxistas” de la Unidad Popular no vieron venir el golpe por ninguna parte. El propio Allende había ascendido a Pinochet y confiaba en éste. Cuando empezó el bombardeo de La Moneda, Allende esperaba que Pinochet acudiera a socorrerlo. Son las gillipolleses de la historia.El sastre no es bombero, el bombero no es submarinista…

Dos años antes Fidel Castro, con mucha pompa, había visitado Chile, en donde se quedó semanas, recorriendo el país, en una especie de perfecta gira presidencial, dando discursos en varias ciudades, sin darse cuenta que estaba provocando gravemente a la extrema derecha, a la que subestimó garrafalmente.

En La Habana los latinoamericnos nos reuníamos y yo era uno de los que esperaba ese golpe. Sesionábamos en el parque del Capitolio y en la playa de Santa María del Mar y analizábamos el espectáculo de esa socialdemocracia chilena metida en problemas, embarcada en un carro que no sabía manejar, y teniendo a lado a un contradictorio MIR que oscilaba entre el reformismo radical y la via pacífica.

Allende nunca fue marxista. Ni un solo minuto de su vida. Era un perfecto socialdemócrata, ajeno a la doctrina de la Primera Internacional. Su sentido común no pudo visibilizar todo el panorama que se creaba en medio de ese torbellino de contradicciones. Arrancó con nacionalizacioes, y mucha gente cree que el socialismo consiste en eso, en nacionalizaciones; Perón y Lázaro Cárdenas nacionalizaron todo y nunca fueron socialistas.

Ya había ocurrido años antes la masacre en Indonesia, caso muy similar al que se gestaba en Chile. En Indonesia la cosa fue espantosa. Ese buen hombre de poco criterio que era Sukarno no podía estar a la altura de las circunstancias, y el golpe sangriento de Suharto desbarató tantas ilusiones sembradas por los Partidos Comuistas de la línea moscovita. En Indonesia hubo una brutal carnicería.

En Chile jamás se pusieron a analizar lo de Indonesia. Confiaron en el sistema, en la buena cara del destino, al que miraban poéticamente próspero, y creían que las nubes, el cielo, estaban de su parte. El golpe de Septiembre los agarró completamente desprevenidos, y el ejército que les consideraba absolutamente preparados y bien armados, arremetió con furia. El edificio se vino abajo y la resistencia que encontró fue insignificante.

El problema es que se esperó demasiado de un simple triunfo electoral. La gente se confundió y se armó una torre de Babel de incoherencias, incomprensioes, y nadie tenía fundamentada ninguna clase de estrategia. Los de la Unidad Popular eran unos colegas acostumbrados al parlamentarismo, y estaban locos por ser ministros y ocupar buenos cargos públicos. En su visión de las cosas no estaba incluida ninguna revolución. Y los sectores teóricamente radicalizados del reformismo (MIR) perdieron por completo la objetividad. Creyeron que Lunes era Viernes y que Septiembre era Mayo. La conflictiva realidad, el mar de contradicciones que no pudieron aprehender en sus análisis carentes de toda estrategia, les quedó demasiado grande. Realmente la estrategia era hacer un buen gobierno reformista dentro de la constitución vigente, pero la gente se alocó.

La presencia discursiva de Fidel Castro empeoró y complicó las cosas. Produjo que en secreto se empezara a preparar sistemáticamente la masacre. Castro se dió el lujo de ir a dar peroratas sobre la posibilidad de ir al socialismo por la vía electoral y eso hizo daño, perjudicó, porque no era asi la cosa. Fue una obnubilación colectiva aupada por el jefe guerrillero que tampoco pudo hacer un análisis marxista objetivo del asunto. Toda esta gente lo que pensó fue que “era cosa de soplar y hacer botellas”. El pan se quedó quemado en el horno. La historia social tiene leyes que no hay como saltarse.

A la final, se trató solo de un triunfo electoral de la socialdemocracia chilena que se lo tomó como otra cosa. Allende creyó que la gente estaba clara en eso, pero las peroratas se salían de madre produciendo un oleaje que se salía radicalmente del guión. Y el resultado fue la masacre.

Se confundieron. El horno no estaba para bollos. Fidel Castro estuvo profundamente equivocado y animó el desarrollo de ese error que creció y creció en el imaginario (pero solo en el imaginario, porque las condiciones reales y concretas eran otras) de esa pluralidad de sectores que no pudieron controlar sus emociones y tomaron sus ilusiones como realidad. Y el resultado fue la masacre.

Pésimos estrategas ciegos que no vieron venir el golpe y que no estuvieron preparados absolutamente para nada sino para ser buenos burócratas gubernativos. No estuvieron a la altura de la historia y de esas circunstancias que debieron haberse ceñido a lo estrictamente legal. Entonces Allende habría concluido con alguna tranquilidad su periodo presidencial y en Chile no habría pasado absolutamente nada. No hubo un proceso revolucionario sino reformista que en su parafernalia fue interpretado como crucial amenaza por la extrema derecha.

Y ahi estaban Kissinger y la CIA, el diario Mercurio y los clanes oligárquicos, ardidos ante esa vocingleria demagógica desorientada y desubicada que les provocaba úlceras gástricas. Temieron lo peor y empezaron a tomar cartas en el asunto.

La izquierda reformista, desconocedora por completo de las tesis de Federico Engels sobre la ciencia de la revolución, nunca abandonó sus zapatos de jugar tenis mientras la muerte navegaba, aproximándose.

Me estaba bañando en mi habitación del hotel Nueva Isla, frente al Capitolio de la Habana, cuando varios compañeros latinoamericanos vinieron a contarme a gritos que en Chile había comenzado el golpe que habíamos previsto en nuestros análisis. “Carlos: el ejército chileno está atacando el Palacio de La Moneda y la aviación está bombardeando”.

Recibi la noticia con la mayor naturalidad del mundo. Para nosotros no fue una sorpresa. Sabíamos que sería asi. Nosotros si teníamos presente la experiencia indonesia y sabiamos que no podia ser de otro modo. No nos alegramos, por supuesto. Sabiamos que una generación de cuadros proletarios iba a ser asesinada.

En pocos días empezaron a llegar a Cuba chilenos que lograron asilarse, corriendo, en varias embajadas. El hotel Presidente en El Vedado se llenó de chilenos pertenecientes al MIR y al Partido Socialista. No sabían dónde estaban parados. Fui a conversar con ellos. Reunidos en el loby de ese hotel, los pequeño burguesitos diletantes del MIR me decían que iban a regresar a Chile inmediatamente, porque esa dictadura se iba a caer en una semana. Les dije: “y si se va a caer en una semana para que se salieron de Chile pues?. ¿porqué se asilaron en embajadas y han venido a Cuba”. Les dije que esa dictadura iba a durar muchos años y ninguno me creyó. Esa era la visión y la mentalidad de “los sectores chilenos más avanzados”. No sabían dónde estaban parados.

En Cuba les empezaron a dar cursos intensivos de preparación militar, confiando en la anti-dialéctica de las cosas. Creyeron que la dictadura de Pinochet se desmoronaría pronto. Nosotros nos reíamos de esas ridiculeces. El tiempo nos dió la razón.

ANEXO:

Oscar Juan Valenzuela Morales: No solo tú y algunos más vieron venir el golpe. Recuerdo que en Temuco estábamos desfilando el 4 de septiembre del 73, día del triunfo de Allende, y un helicóptero de la Fuerza Aérea sobrevolaba y sobrevolaba sobre nuestras cabezas. Con algunos compañeros de universidad intercambiamos opiniones y concluimos que el golpe venía, En la regional del PS preguntamos que teníamos para defendernos, nos dijeron que nosotros estábamos locos y que no había nada. El 23 de septiembre ya estaba yo expulsado de la Universidad de Chile y el 75 en Ecuador.

Oscar Juan Valenzuela Morales: En Chile se expropiaron industrias y aprte de la banca, se nacionalizó el cobre y se impulsaron grandes proyectos sociales. No veo por donde el esquema socialdemócrata que habla Carlos. El error quizás fue haber seguido con el mismo esquema de la demcoracia representativa y no haber preparado al pueblo para contrarestar el golpe, pensando de manera ilusa que los militares eran democráticos.

Carlos Enrique Lasso Cueva: me admira que no ubiques eso como socialdemocracia, Oscar. ahi nunca hubo otra cosa. eso es la socialdemocracia. aqui se siguen confundiendo reformas sociales y nacionalizaciones con marxismo. Juan Domingo Perón hizo enormes reformas sociales, nacionalizó todo…hasta ahora en Mar del Plata existen los hoteles construidos por los sindicatos para que los obreros pasen ahi sus vacaciones…construidos bajo el peronismo, que jamás fue socialista. Es el mismo caso del General Lázaro Cárdenas en México: nacionalizó todo, impulsó a fondo el capitalismo de Estado -igual que Perón-, que es a lo que el estalinismo sigue llamando “socialismo”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s