El monstruo sigue vivo. (2).

EL MONSTRUO SIGUE VIVO

Por Carlos Lasso Cueva.

Cuando se habla del país, de sus posibilidades de progreso, de las estrategias que posibiliten su desarrollo, se soslaya sus características históricas, su historia económico-social, su pasado colonial que dejó mutilado su aparato productivo, integrado a la división internacional del trabajo, cosa que lo convirtió -y como que lo dejó maldito- en eterno productor de materias primas e importador de productos manufacturados.

No se toma en cuenta sus características de país subdesarrollado, integrante de la periferia del capitalismo desarrollado del llamado “primer mundo”, que fue el colonizador que expolió riquezas y saqueó a los antaño países colonizados, cuyo aparato productivo quedó deformado, causa de la aparición posterior de Estados pasmados. André Gunder Frank, en los numerosos ensayos suyos conocidos en las décadas del 60 y 70 del pasado siglo (hay varios en el internet) , explicó que en esta región ex-colonial lo único posible es el desarrollo del subdesarrollo.

Aqui elementos pertenecientes a distintos estratos de la burguesía y/o de la oligarquía agro-.exportadora -la clase más fuerte y poderosa a bordo- arguyen que la conquista del progreso es fácil y simple, y exponen las medidas que hay que tomar para “salir adelante”: lo que plantean son cosas que benefician a su sector, que propenderían al desarrollo económico de uno de estos segmentos dominantes.

Para los importadores y exportadores todo se puede alcanzar liberando absolutamente el comercio internacional. La oligarquía agro-exportadora piensa lo mismo. El libre comercio sin trabas les enriquecería, pero obstaculizaría más la posibilidad de algún desarrollo industrial interno. Si todo lo necesario se importa, y si lo único conveniente es “abrir” la economía y dedicarse a seguir exportando nuestras materias primas, a ellos les convendría sobremanera. Parte del gran capital propone obviamente este camino de “desarrollo”.

Que los importadores llenen el mercado nacional con productos extranjeros que hay que pagar y pagar con dólares…significaría prosperidad para ellos: contratarían más empleados para el sector servicios, todo el mundo -como siempre se ha hecho- adquiriría mercaderías extranjeras…radios, carros, televisores, licuadoras, aparatos de aire acondicionado, computadoras, ropa, alimentos enlatados, bebidas finas. Pero la industria nacional -que es pequeña- se iría a Flandes. No habría dinero para mantener indefinidamente tal situación, pues el mercado interno (la producción endógena) desaparecería.

Que los exportadores tengan carta blanca para poner el país a disposición del mercado internacional de materias primas “(productos postre”), abriría fuentes de trabajo a nivel agrario: camaroneras, madereras, empresas fluorícolas, empresas cacaoteras, cafeteras, bananeras, significaría un progreso en su acumulación de capital, habría más circulación de divisas para adquirir los productos importados, disminuiría unos cuantos puntos el desempleo, y se desarrollaría un polo de la población que tendría empleo, trabajo…pero el resto de la población estaría al margen de ese progreso y los alicientes para impulsar a la industria nacional disminuirían.

La agricultura nacional no estaría orientada a satisfacer las necesidades nacionales, sino lanzada a la producción para el mercado externo; la soberanía alimentaria sería destruida, y entraría en vigencia el consumo de productos alimenticios adquiridos en los Malls, producidos en otros lugares. Seguramente entrarían en vigencia los productos transgénicos, que según muchos entendidos, podrían ser dañinos a la larga para la salud. Están asociados al monocultivo y al excesivo consumo de químicos.

Han pasado casi dos siglos desde que se fundó la República, luego de la guerra oligárquica de la independencia. En el primer siglo de “libertad” (glorificada por historiadores positivistas y socialdemócratas) el país mantuvo intacta la estructura económico social heredada de la colonia, y no progresó. Los terratenientes dominaron esa época, con su visión conservadora, inmovilista, y hubo mucha injusticia, pobreza y miseria. Nada cambió, excepto que ya no mandaba el rey de España sino la nobleza criolla latifundista. Fue una etapa de estancamiento bendecida a plenitud por la iglesia católica, apuntaladora de ese statu quo.

Luego de la muy limitada revolución liberal se abrieron vías de progreso para segmentos de la clase media. El Estado impuso el laicismo en la educación que antes era confesional y a cargo de los eclesiásticos, que eran el partido orgánico de los terratenientes. El ferrocarril contribuyó a consolidar una imagen nacional, de país, y benefició al comercio. Las mercancías extranjeras tuvieron una vía para penetrar a plenitud, empezaron a venir las inversiones extranjeras, nacieron pequeñas fábricas, y levemente empezó a aparecer una clase nueva, producto del progreso capitalista incipiente: el proletariado industrial. Pero el país era atrasado, y permaneció dominado por una mezcla de intereses tradicionales -no desaparecidos- e intereses empresariales modernos que promovían el desarrollo hacia afuera: exportar cacao o banano es lo que daba más dinero a la cúpula social. El latifundismo era una realidad en costa y sierra, bien que era administrado de distinto modo en cada región.

El tiempo, las décadas transcurrieron trayendo el progreso para los sectores dominantes y la clase media. Pero había una población marginal que crecía cuantitativamente. Era el sector marginal que comenzó a expandirse. Nacieron los tugurios, los barrios suburbanos, el subproletariado se expandió hasta llegar a ser el enorme segmento cuasi mayoritario que es ahora: gente que sobrevive al margen del sistema, dedicada al comercio informal, y se incubó la delincuencia. La absoluta desatención del agro y el tipo de tenencia de tierra (la falta de una política de Estado para el agro) provocaron el éxodo a las ciudades principales en busca de un mejor futuro, y estas crecieron en población, pero sin poder ofrecer servicios a esta masa humana, que quedó al margen de todo, observando el progreso del resto, viviendo en casuchas miserables, a orillas del pantano o al pie de los montes, sin trabajo fijo, sin seguridad social, sin alcantarillado, agua potable, atención médica, produciendo una población escolar que por regla general abandona los estudios en la primaria, obligada por sus condiciones de vida que les impelían a buscar como ganar unos centavos al día para ayudar a “parar la olla” en sus miseros hogares en los que hay una realidad concreta de desnutrición, que a nadie preocupa. Este sector subproletario es el que más crece, pero esta realidad más vale ni nombrarla: Debe permanecer oculta.

Con las leyes laborales de las dos últimas décadas del siglo XX, el sindicalismo, que alcanzó niveles de pujanza, fue desarmado, desarticulado. Nació la tercerización, que los destrozó. Abogados y políticos al servicio de la patronal (consecuencia de la “revolución conservadora” de Ronald Reagan y Margaret Tatcher: ver el ensayo de Agustín Cueva en el libro “TIEMPOS CONSERVADORES”) encontraron las fórmulas para evadir o cambiar las leyes laborales y apareció una clase trabajadora sin posibilidades de defensa, a merced absoluta de los dueños de los medios de producción que impusieron sus dictados sin réplica alguna. Esto se llamó “modernización del Estado”, en la temporada en que la plutocracia empezó a consolidar su influencia absoluta en el Estado-gobierno. La lucha social había sido extirpada, despedazada. El proletariado organizado disminuyó abruptamente. La libre empresa vivía años de gloria y los bancos abrían sucursales de lujo a cada instante. Período de prosperidad de la clase media que tenía empleo (había nacido un segmento profesional que transitaba esforzadamente hacia la pequeña burguesía, por el momento) y el número de carros aumentó sustancialmente. El progreso podía medirse por el tráfico vehicular en las calles del país. Aparentemente el modelo de desarrollo era positivo y eficiente… todo iba viento en popa gracias a “la economía social de mercado”.

Hasta que vino la crisis bancaria. El modelo económico patronal burgués empresarial, en un país que dejaba el pasado semi feudal atrás, se estrelló y enredó dentro de sus propias reglas. No se produjo una revolución social justiciera, por supuesto. Ocurrió que el modelo era gansteril, lumpesco y corrupto, cosa que se verificó en la estafa bancaria que explosionó en los años finales del siglo XX. La estafa bancaria -producto de un manejo avivato de los depósitos- condujo al país a una crisis inenarrable. Se produjo como consecuencia una diáspora de millones de personas que debieron salir del país a buscar trabajo en el extranjero para poder sostener a sus familias, mientras un gobierno posterior fanfarroneaba diciendo que había “descendido el índice de desempleo”… cuando las remesas mensuales enviadas por los migrantes desde el extranjero sostenían a la dolarización que fue el peor resultado de esa crisis que se vió venir pero que nadie detuvo ni enfrentó a tiempo. Muchos colaboraron para que ese desenlace ocurra diseñando leyes que a la postre dieron ese producto. Era una especie de mafia política que estuvo a cargo del manejo del Estado. Jamás se investigó con rigor ese período. Los involucrados directos e indirectos tenían demasiado poder político en el Congreso Nacional, y el alienado “pueblo” siguió votando por ellos. La izquierda ideológica brilló por su ausencia, cuando no estuvo (la izquierda tronchista y politiquera) de alguna manera cercana o lejanamente coludida con esos poderosos sectores que habían logrado su “Agosto” a costillas de las masas populares.

El país de pronto se sacó la lotería, aparentemente. Entrado el siglo XXI el precio de su principal recurso de exportación subió inopinádamente de precio y llegó a cotas jamás imaginadas. Hubo dinero, recursos propios, y se inició un proceso de construcción fenomenal de obras públicas. Policlínicos, dispensarios médicos y hospitales en cantones y provincias, represas que debieron hacerse hace medio siglo atrás recién pudieron construirse: hidroeléctricas, puentes, aeropuertos y, sobre todo, carreteras modernas. Se le llamó “revolución” al simple aumento de ingresos públicos que posibilitó una etapa desarrollista; además, creció la burocracia hasta lograr picos insostenibles en épocas “normales”, pero así se edificó el “aparato” sedicentemente revolucionario, para el cual floreció una verdadera primavera, a costillas del precio alto del barril de petróleo, del erario público, de una buena parte del futuro del país, que a la postre empezó una carrera vertiginosa de endeudamiento, buscando desesperadamente recursos para sostenerse, para poder disimular que la primavera había terminado, que no había crisis, y que el manejo económico había sido “genial y brillante” en todo momento. Se inauguró una etapa inédita, con una especie de vida artificial basada en los préstamos externos conseguidos a cada rato, con el episodio del empeño del oro nacional en el camino. Cubrir las apariencias de quiebra fue el norte de los últimos años. El próspero señor dueño de la hermosa casa nueva con piscina y cancha de tenis, varios autos, antena parabólica, colecciones de arte, tenía empeñadas esas propiedades, y en el futuro debía encontrar de dónde sacar dinero nuevo para pagar la deuda: cosa que no va a ser muy fácil, considerando las circunstancias.

Terminada la temporada del progreso sin límites y demagogia arrebatada, la marea del entusiasmo bajó. Y en la resaca se va contemplando que la disyuntiva es la misma de siempre. El espejismo del progreso pasó porque no fue más que una simple coyuntura manejada de la manera que ya todos sabemos. Y la despensa quedó vacía. Ahora la discusión se reanudará, elucubrando qué camino le conviene a este proyecto de país enredado entre la tela de araña del contexto mundial, sabiendo que en realidad dentro de este sistema no existen soluciones nacionales, y que la única solución definitiva, revolucionaria, rompedora de todo este esquema en el que este y los demás países se han desenvuelto, es de carácter histórico, remoto. Toca un nuevo comienzo del debate luego de las ilusiones sembradas por aquel supuesto mesías que apareció en el camino. Lo real es que las antiguas estructuras socioeconómicas permanecen intactas. El viejo monstruo sigue vivo. El paisito se sacó el “gordo” de la lotería hace unos años, pero esa plata ya se acabó.

ANEXO. 8 VIII 2017. DE MI FACEBOOK.

QUE “EL LIDER MUNDIAL” (que no se resigna a ser ex-presidente) VA A VOLVER A SUS SABATINAS POR MEDIO DEL FACEBOOK.

me dicen que el emperador romano Rafael I (el generalísmo Franco de Macondo, el Duce del paisito que fue mussolinizado) piensa iniciar sabatinas por medio del Facebook.
el señor está consciente de que la divinidad lo eligió para guiar a este pobre pueblo por el camino de la felicidad, la virtud, la democracia…¿no es cierto?
pero los votos de él no son de la gente del Facebook.
aqui en el facebook, por cada seguidor apasionado del emperador, hay sesenta que le son hostiles, pese al ejército de guerreros digitales que creó.
los votos de su cesárea majestad se localizan sobre todo en el subproletariado, que la mayoria de las veces no tiene facebook.
en el Guasmo de Guayaquil quienes tienen facebook son pocos.
significa que por esfuerzos desesperados que haga este hombre por mantener su influencia, defender su famoso aparato grandote que anda tan mal parado (el señor Glass, que para aparentar suprema pobreza viajó en cooperativa de Quito a Guayaquil) dividiéndose, y con pronóstico de auto despedazamiento porque quien tiene el poder en este país presidencialista es Lenin Moreno, cuyo asesor principal, Gustavo Larrea, ya sabemos que “ama” con locura a Correa.

a propósito, si dije una vez que Alberto Acosta era el León Trotsky
de este raro experimento desarrollista populista keynesiano fascista que se nos vino encima, ahora puedo decir que Lenin Moreno podría (PODRIA) pasar a convertirse en el Nikita Krushev del mismo (Nikita, funcionario del estalinismo, fue el que denunció sus crímenes en el XX Congreso del PCUS, iniciando lo que se conoció como “el deshielo”. La pregunta es: ¿estará Lenin Moreno a la altura de Nikita Krushev?).

En todo caso veo un problema en la apetencia de Correa por mantenerse actual, intentando conservar su fabulosa “pegada” política: él no era nada, y si llegó a impresionar con tanta obra de infraestructura (porque a ese se redujo su famosa “revolución” inexistente y fantoche) no fue por mérito alguno especial suyo, sino porque tuvo la suerte de que el precio del barril petrolero llegó a una cifra altísima a la que jamás había llegado antes. Fue esa coyuntura económica irrepetible la que labró su mito. Sin ese ingreso petrolero gigantesco él habria sido un presidente más, intrascendente, del montón,y no hubiera podido surgir este despelote acrítico atolondrado que acudió en su apoyo (porque pudo ofrecer puestos, cargos y dignidades a montones aprovechado los elevadisimos ingresos petroleros, con los que construyó su APARATO).
No fue ningún talento especial suyo el que produjo esto, reconociendo que con una elevada dosis de astucia y demagogia llegó a construir una síntesis (simbiótica) de todos los populismos que el paisito tuvo en el pasado. Todos los sectores orgánicos de la sociedad llegaron a detestarlo y él hizo lo posible para destruirlos. Gobernó en contra de todos ellos, porque su voto duro estaba en el enorme subproletariado marginal que es la masa mayoritaria de la población, que se caracteriza por ser un sector absolutamente inorgánico, al que no tendrá mayor acceso por medio del Facebook. El twiter tampoco funciona en los sectores marginales: es una cosa que tiene vida entre la pequeña burguesía (que le es opuesta) y sectores aledaños de más arriba o de un poco más abajo.

Sin la subida del precio del barril en los primeros años de su gobierno, él no hubiera llegado a ser “el líder mundial” que decía su mentirosa propaganda.
Supongamos que él llega de nuevo al poder gracias a tal o cual coyuntura: sería un fracaso radical porque, como siempre he dicho, con plata es lindo gobernar (y él cuando se quedó sin plata la buscó y consiguió endeudando brutalmente al paisito y apelando a la pre-venta petrolera que tiene comprometida la producción sin ingreso alguno para el Estado hasta el 2025). Gobernar sin plata es cuesta arriba, algo muy jodido..
Será dificil que el gobierno de Moreno sea exitoso debido a este factor. Esa medida que anuncia de rebajar el sueldo en un 10% a los que tienen altos cargos y ganan varios miles de dólares al mes es ridícula, cursi, deprimentosa. Con esos turros paños tibios nada va a solucionar el señor presidente.
Temo que al final del camino -por la cuestión económica que es dramática- nos esté esperando el demonio. Como no soy ni adivino, ni profeta, ni tengo una bola de cristal, no alcanzo a imaginarme cómo será el año 2019. Siempre me he imaginado que habría a la postre -por culpa del pésimo manejo económico de Correa- una rebaja GENERAL de sueldos. Ojalá mi imaginación esté muy equivocada.
La corruptela ha sido grande en su gobierno. Fabulosa. Me hace acordar esto de esa película con Spencer Tracy: CONSPIRACIÓN DE SILENCIO.

(esta notita me salió leyendo lo que dice Lukacs en EL ASALTO A LA RAZON
sobre la tesis del carisma, manejada por Max Weber: no hay tal irracional carisma. es la situación económica concreta de la sociedad la que engendra tales o cuales fenómenos).

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