La frase de Benjamín Carrión que no encuentro.

Por Carlos Lasso Cueva.

Estuve en la madrugada buscando esa frase de Benjamín Carrión que dice que “el pueblo ecuatoriano perdona todo, menos que le vean la cara de pendejo”
Revisé mis subrayados en sus libros PLAN DEL ECUADOR, CARTAS AL ECUADOR, y EL SANTO DEL PATIBULO, pero no di con ella..
Pero en “cartas al Ecuador” hallé estos parrafitos…
:
“No. No somos un pueblo ingobernable. Somos, hemos sido, un pueblo pésimamente gobernado, con raras y bien conocidas excepciones”

“Señores, el pueblo ecuatoriano existe. El pueblo está de pie, listo para el sacrificio, listo para la salvación de la patria. Entregúensele verdades, désele confianza. Y en la hora de la hora, désele armas”

Y sobre el dictador Federico Páez, dice Carrión:

“cuando el Ejército Nacional…entregó el poder, en un rapto de buen humor sin duda -porque no tiene otra explicación aquel absurdo- al más conocido chistoso de trastienda y Plaza Grande, un hombrecillo hasta entonces fracasado en todo lo que había emprendido, cuyas graciosas tonterías corrían por estanquillos y conversaderos, provocando las risotadas de desocupados. Aquel hombrecillo de la dictablanda, que se dedicó a organizar festejos…
Aquel hombrecillo, decimos, alentado por el apoyo de buen humor -pero incondicional- del ejército, con una inconsciencia monstruosa, se dedicó a organizar -él también- falsas conspiraciones. Y en este juego trágico, se consumó una de las fechas más horrendas de nuestra historia: el asesinato del pueblo de Quito el 28 de Noviembre de 1936, en esa jornada sangrienta, conocida popularmente con el nombre de “LA BATALLA DE LAS CUATRO HORAS”. Toda la habilidad del chusco encaramado en el Poder por obra y gracia del Ejército, consistió en declarar que la conspiración -su genial invento- era “netamente comunista”.

Yo no me acordaba de que el famoso prólogo de Carrión al libro de Pío Jaramillo Alvarado : “HISTORIA DE LOJA Y SU PROVINCIA”, estaba reproducido en su libro PLAN DEL ECUADOR.

Ni me acordaba de lo que comentó sobre la terrible pobreza de doña Mercedes Moreno, madre del tío Gabrielito, en EL SANTO DEL PATÍBULO. La pobre y muy respetable señora había caido en tan digna pero durísima miseria, que debió ganarse la vida como lavandera.

Uno de estos días pongo aqui los párrafos en los que se refiere al aciago gobierno de Juan José Flores, y a los desmanes y violaciones de mujeres que cometían los tres mil negros venezolanos que le sostenían en el poder. Eso lo leí también en la obra de Pedro Fermín Cevallos, el bisabuelo de Rodrigo Borja.

Yo le conoci y traté levemente a Carrión. Me escribió un autógrafo en la obra de mi pariente Pablo Palacio, editada por la CCE de Guayaquil, que el vino a presentar. Le escuché dictar tres conferencias con su estilo coloquial, conversador, lleno de ironía y chispa. El aseveró que su mejor obra era EL SANTO DEL PATIBULO, uno de los mejores libros para conocer cómo fue el siglo XIX ecuatoriano. Ahi cuenta lo de la puñalada por celos que el tío Gabrielito le asestó a su amante Virginia Klinger, la esposa de Carlos Aguirre Montúfar, con la que Jurado Noboa documentó que tuvo una hija. Del hermano de Carlos Aguirre (Juan Pío) desciende el presidente León Febres Cordero.
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