LA TESIS DE LEGALIZAR LAS DROGAS

COMENTARIO: (CLC). Tres expresidentes ecuatorianos han propuesto que se legalicen las drogas.
El primero fue Febres Cordero, luego de dejar el poder. Propuso eso y todo el mundo se le fué encima.
Carlos Julio en privado siempre decía que la única forma de destruir a los carteles era legalizando las drogas
y Rodrigo Borja es un firme partidario de esta medida.
En el mes de Junio de 1994 la revista VISIÓN publicó un número monográfico sobre el tema, señalando que varios Premios Nobel norteamericanos planteaban que se legalicen las drogas. Uno de ellos era Milton Friedman.

INSISTO EN LA PROPUESTA: LEGALICEMOS LAS DROGAS.

EL COMERCIO. QUITO. 5 III 2006

Por EDUARDO ESCOBAR. Periodista colombiano, autor de “Invención de la uva”, “Monólogo de Noé”, “Cantar sin motivo”, “Escribano del agua”. Mantiene su columna “Controversia” En EL TIEMPO de Bogotá.

Hace tiempos el poeta Jotamario Arbeláez dijo que el debate por la legalización de la marihuana era innecesario porque esta siempre había sido legal. Un chiste más, otro juego de palabras del ingenio del poeta nadaista.

Entonces, me acuerdo, la fama de la marihuana colombiana se propagaba por el mundo como un rumor feliz. Y esta era transportada a los mercados metropolitanos por artesanos del contrabando en las suelas de “los zapatos, para deleite de la aristocracia farandulera de los niños de las flores y su público de adolescentes desilusionados de sus padres.

A lo sumo la marihuana atraía a Colombia un turismo precario de muchachos norteamericanos camuflados entre los Cuerpos de Paz de la era Kennedy. Los mismos que fascinados por el esplendor misterioso de la sativa nacional emprendieron la siembra de modestos cultivos en la Huila, cuyo producto movían las avionetas de las misiones protestantes, y pulido y empacado en bolsas de polietileno paraba en los pulmones de los apóstoles del “haga el amor, no la guerra”.

Alguien se percató del negocio increíble. Y todos conocemos la historia que siguió. Bandas de guajiros y antioqueños sin hígados disputaron a tiro limpio el mercado fabuloso y comenzaron a exportar marihuana prensada a los Estados Unidos en lanchas rápidas y aviones viejos que esquivaban los controles de las policías de las islas del Caribe.

Y Colombia empezó a joderse del todo, cuando a la marihuana se sumaron, como remedios contra el aburrimiento industrial, y como instrumentos de transporte espiritual en una sociedad cansada de si misma, vaciada y utilitaria, la cocaína, y los letárgicos derivados de la amapola que no saturan las exigencias de una clientela ávida y rica, en Miami, Los Angeles y Nueva York.

Por alguna razón desconocida los hombres se intoxican con hongos, bejucos y hojas, contra las roñas cotidianas, para escapar de si mismos, divertirse y orar. Y siempre será asi pese a quien pese. Pero los pontífices modernos de la moral, obispos, políticos y detectives, decidieron por nosotros, y contra nosotros, que la lucidez de los sueños es peligrosa, y que debemos contentarnos con el éxtasis controlado de la televisión. Y penalizaron una costumbre milenaria.

Un amigo mio decía con un argumento irrefutable en su sencillez que la represión atentaba contra la libertad religiosa.

Estos días, ya lo había hecho Milton Friedman hace por lo menos veinte años, otro premio Nobel propuso la legalización para mitigar los espantos de la clandestinidad. Y los columnistas de los periódicos colombianos volvieron a insistir en la irracionalidad evidente de una guerra que empeora los supuestos desastres del consumo.

Pero la lógica de los negocios se oculta en la irracionalidad aparente. La prohibición sustenta marañas invencibles de intereses variopintos. Los circuitos financieros que procesan las utilidades, los altos heliotropos imperiales que utilizan el fantasma para chantajear los países subalternos, vastas burocracias de organismos gubernamentales, la DEA, la CIA, el FBI, los fabricantes de armas para las pandillas, los contratistas del sistema carcelario, los emporios de los químicos de la fumigación de los cultivos, y hasta los doctores de las clínicas de cura de los consumidores compulsivos, necesitaban mantener el equívoco. Y seguirán empeñados contra todas las buenas razones en el desprestigio y el castigo de lo que llamó Baudelaire “los paraísos artificiales”.

Las voces de la inteligencia y los derechos de los sueños seguirán siendo clamores en el desierto, para las burocracias arteras que resguardan el canon de la vida que llevamos, y para los plutócratas que orquestan el pandemonio: los negocios son los negocios.

DESNUDANDO LA ERA ANTINARCÓTICOS: https://edgarjaramillo.wordpress.com/2015/05/05/como-la-guerra-contra-las-drogas-ha-arruinado-vidas-salud-y-medios-de-subsistencia-en-el-sur-global/

RODRIGO BORJA HABLA A FAVOR DE LA TESIS DE LEGALIZAR LAS DROGAS:https://www.youtube.com/watch?v=xmMxXk4vRnQ

LOS NARCODÓLARES EN LA ENCICLOPEDIA DE RODRIGO BORJA: http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=n&idind=1049&termino=

EL NARCO LAVADO EN LA ENCICLOPEDIA DE RODRIGO BORJA: http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=n&idind=1050&termino=

EL NARCOTRÁFICO EN LA ENCICLOPEDIA DE RODRIGO BORJA: http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=n&idind=1051&termino=
LEGALICEMOS LAS DROGAS

XAVIER FLORES AGUIRRE EXPONE LOS MOTIVOS PARA LEGALIZAR LAS DROGAS: https://xaflag.blogspot.com/2008/03/razones-para-legalizar-las-drogas.html

FIN DE CRIMINALIZACIÓN: POR BENJAMIN ROSALES VALENZUELA: ex-gobernador del Guayas.

EL COMERCIO: 14 III 2011.

Fernando Henrique Cardoso sostiene, en un artículo reproducido por Vanguardia, que “la guerra contra las drogas es una lucha perdida y 2011 será el momento para abandonar el enfoque punitivo y emprender una nueva serie de políticas que esté basada en la salud pública, los derechos humanos y el sentido común”. El expresidente del Brasil dice que esas fueron las principales conclusiones de la “Iniciativa Latinoamericana sobre Drogas y Democracia” que organizó con sus colegas Zedillo y Gaviria de México y Colombia.

La visión de los ex mandatarios invita a cambiar de paradigma, ellos afirman que el comercio ilícito de drogas continuará mientras exista la demanda y que en lugar de aplicar políticas inútiles que no reducen la rentabilidad del comercio de drogas y su poder, se debe orientar esfuerzos para afrontar los daños que estas causan a las personas y reducir su consumo. Según el informe comentado por Cardoso, no se debe tratar a los consumidores como criminales que hay que encarcelar, sino como pacientes que hay que atender.

Cardoso sostiene que países como Portugal y Suiza, que han despenalizado la posesión de drogas para uso personal, son buenos ejemplos del positivo impacto y reducción de daños. El informe recomienda analizar la despenalización de la posesión de marihuana, la droga más ampliamente utilizada, considerando la salud pública y sobre la base de avances médicos. Si bien hay evidencia que indican que los daños que causa su consumo son, por lo menos, igual que los del alcohol o el tabaco, otros son causados por el encarcelamiento indiscriminado de consumidores y la violencia y corrupción asociados con su comercio resultantes de políticas prohibitivas.

Dice Fernando Cardoso: “La despenalización del cannnabis sería por lo tanto un gran avance hacia la adopción del uso de drogas como un enfoque de salud y no como un problema del sistema de justicia penal”. Esta despenalización, para ser eficaz, debe ir acompañada de campañas de prevención del consumo. Cardoso dice que la fuerte y sostenida caída del consumo del tabaco se debe, no por habérselo prohibido, sino por campañas basadas en mensajes consistentes con la experiencia de las personas a las que se dirigen. Según el ex presidente Cardoso la peor prohibición es la de pensar. Ahora, al fin, se ha levantado el tabú que impedía el debate. “Se están probando enfoques alternativos y hay que analizarlos cuidadosamente”.

Los líderes deben estudiar las recomendaciones, considerar alternativas a la indiscriminada criminalización, que genera corrupción y violencia más graves aún que el daño que se hacen consumidores de ciertas drogas. brosales@elcomercio.org

NARCOTRAFICO Y LEGALIZACION DE LA DROGA.

MERCEDES PETIT.

REVISTA CORRESPONDENCIA INTERNACIONAL N° 14. III 2001 (TROTSKYSTA).

Los problemas con los cultivos de coca en Colombia los provoca el capitalismo y no la cocaína. Más concretamente, el imperialismo yanqui, principal mercado de consumo mundial y destino de la mayor parte de la producción del país. En EE.UU hay aproximadamente 30 millones de adictos a las drogas (un octavo de la población total). Si le sumamos los consumidores que no alcanzan el carácter de tales, tenemos una cifra mayor a los 35.000.000 que habitan Colombia. A nivel mundial, en 1997 los consumidores de estupefacientes representaban aproximadamente un 4.1% de la población mundial (235 millones de personas).

Este fabuloso negocio mueve cientos de miles de millones de dólares. Según los expertos, el grueso de las ganancias, más del 90% se las embolsan los grandes narcotraficantes y sus socios en el mundo de las finanzas. Y el centro de esos peces gordos, es, por supuesto, EE.UU.

Las vinculaciones del narcotráfico con otras actividades, como el turismo, los negocios inmobiliarios, las empresas financieras fantasmas, el contrabando de armas, etc, son secretos a voces. La Unión Europea viene insistiendo en que las grandes tabaqueras yanquis Reynolds y Philip Morris, al facilitar el contrabando de sus marcas a Italia y España, habilitan el blanqueo de dinero del narcotráfico en negocios con varios clientes de Colombia (EL PAIS: 8 11 200).

La cruzada contra las drogas que adelanta en América Latina el gobierno de los EE.UU es un operativo con objetivos económicos, políticos y militares que nada tiene que ver con una preocupación humana o sanitaria por los daños que acarrea el consumo de cocaína, heroína y otras drogas. Su guerra sin cuartel a los narcos colombianos es una pelea por quien controla y se beneficia de ese fabuloso negocio.

La más grosera prueba de que EE.UU no tiene la menor preocupación por los adictos fue el descubrimiento del operativo de la CIA que vendía crack en los barrios marginales de Los Angeles y otras ciudades para financiar la compra de armas para los contra anti sandinistas.

Mientras se siga desarrollando la crisis crónica de la economía capitalista y la recesión de las economías de la inmensa mayoría de los países semicoloniales, se van a seguir produciendo hojas de coca, marihuana, amapola, y se van a seguir consumiendo masivamente, con relativa independencia de su legalidad o ilegalidad.

Tal como ocurrió con la “ley seca” contra el alcohol en EE.UU en la década de los 20, la ilegalidad no resuelve –por el contrario, los agrava- los problemas del consumo mañoso y violento. Por eso, dentro de las filas del propio imperio surgen voces, como el Premio Nobel Milton Friedman, o la revista británica THE ECONOMIST, que propician la legalización.

Los países latinoamericanos y asiáticos productores de marihuana, coca y amapola deberían legalizar su cultivo y comercialización. Los problemas actuales vinculados a la droga provienen casi por completo de su ilegalidad.

Si se legaliza, la producción y el mercado estarían sujetos a las regulaciones de los países productores y consumidores; se percibirían impuestos y obligaciones, los consumidores tendrían mucha mejor información sobre los productos y se ahorraría el alto costo económico, social y político de la prohibición y la represión. La legalización le quitaría fuerza al pretexto que usa ahora EE.UU para intervenir en los países productores.

La legalización tendría que estar íntimamente ligada a una política para incrementar la investigación y el uso medicinal de estas drogas y a que el Estado asuma el tratamiento de los drogadictos como problema de salud pública.

La adicción a las drogas, anfetaminas y enervantes es una de las lacras que produce el sistema capitalista en su fase decadente. La legalización sería una salida transitoria, ya que solo una sociedad socialista podría erradicar de raíz estos males.

Estar por la legalización no significa estar de acuerdo o recomendar el consumo de marihuana, cocaína o heroína. Siendo legal o ilegal, no recomendaríamos a ningún trabajador, campesino, estudiante o intelectual que consuma drogas. De la misma manera que no recomendamos a nadie –mucho menos a los trabajadores- que consuman alcohol o tabaco, o a los deportistas estimulantes. La legalización permitiría ubicar el tema de las drogas en sus problemática y consecuencias humanas y sociales, separándolo de la represión y del suculento negocio que significa hoy para las grandes mafias y el imperialismo.

IRAK, AFGANISTAN Y LA CRUZADA CONTRA LAS DROGAS.

POR XAVIER CAÑO.

EL TELEGRAFO 30 V 2005.

La ONU ha expresado recientemente su preocupación porque Irak se ha convertido en un país de tránsito de heroína desde Afganistán hacia Europa, también ha advertido de que Afganistán va camino de convertirse en un narco-Estado.

En Irak, la situación bélica es propicia para convertir al país en camino seguro para la heroína. Un país ocupado, en guerra civil soterrada, con un 37% de sus habitantes en paro y la cuarta parte de los niños con desnutrición, es fácil que caiga en la narco-industria.

En Afganistán, que tampoco conoce la paz y donde los “señores de la guerra” hacen del Estado un chiste, el negocio de la droga es floreciente y, según la ONU, facilita el 87% del opio del mundo.

Según la Oficina de Naciones Unidas para Control de Drogas, el consumo de estas aumenta. En 1999, esa oficina estudió el consumo de drogas entre 1955 y 1998 y se repitió entre 2000 y 2001: el consumo de drogas había aumentado en un 11%. En el primer período estudiado había en el mundo 180 millones de personas que consumieron alguna droga, pero en el posterior el número aumentó a 200 millones.

La cruzada contra las drogas, puesta en marcha en EE.UU tras el estrepitoso fracaso de la Ley Seca, es una anciana setentona, si atendemos a la fecha en la que se prohibieron heroína y cocaína. Las voces “heroína” y “cocaína” del prestigioso Diccionario Enciclopédico Espasa Calpe de 1923 se deshacen en elogios sobre las virtudes sanitarias de ambas sustancias, que son ciertas, pero no se conocían los efectos secundarios ni la capacidad de adicción. La prohibición de las drogas fue un berrinche de los puritanos que no pudieron evitar la derogación de la la Ley Seca en EE.UU

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Sir Keith Morris, embajador británico en Colombia desde 1990 a 1994, está convencido de que la lucha contra las drogas, planteada como cruzada, no ganará nunca. Morris sostiene desde hace años que la legalización de las drogas permitirá controlar y hacer más seguro el consumo y liberaría presupuestos para tratamiento de toxicómanos, a la vez que dejaría sin las fabulosas plusvalías del narcotráfico a las organizaciones criminales del mundo.

La Oficina para las Drogas de la ONU, sin embargo, no se da por aludida y continúa con sus posturas cuasi religiosas en su estéril lucha contra las drogas hasta el punto de que uno de sus epidemiólogos, Stefano Berterame, ha sido capaz de afirmar que “a veces se han separado las drogas en blandas y duras, pero eso es un concepto engañoso”. Menudo epidemiólogo que desconoce la diferencia de los efectos secundarios indeseables de unas y otras drogas.

¿Cuántas sustancias legales nos causan males y no las prohibimos? La cuestión es que la ilegalidad de las drogas mantiene viva y pujante lo que el sociólogo Manuel Castelis denominó la “Economía Criminal Global” y, como dijo hace unos años Keith Morris, la única solución es legalizar las drogas y dedicar parte del enorme presupuesto que hoy se dedica a combatir el narcotráfico a información y educación, que son el único camino.

DROGAS, CONSUMO Y PENAS.

Editorial de EL COMERCIO. Lunes 20 XII 2010. Quito.

Un tema que deberá debatirse con seriedad y profundidad es la despenalización del consumo de drogas. Hay tesis contrapuestas en la región.

América latina afronta con distintas intensidades y repercusiones la incidencia del azote mundial de las drogas. El consumo crece y las severas implicaciones en delitos de orden público, asesinatos y violencia muestran el grado de penetración de las mafias mundiales y regionales en la vida cotidiana, la economía y la seguridad de la gente.

El primer tema que hay que señalar es el crecimiento de las tasas de consumo. Un reporte periodístico del Grupo de Diarios América, del que es parte EL COMERCIO, presentó esa dura realidad.

El asunto hay que afrontarlo de modo responsable desde distintas aristas. Una de ellas es la parte médica. Es un evidente y creciente problema de salud pública y por ello merece una atención importante con criterios científicos y recursos económicos de la sociedad y los estados.

El debate sobre la despenalización del consumo que en Europa por ejemplo ya tiene más de dos décadas y distintas implicaciones en diversos países, tiene muy diferentes lecturas. Hay países de América donde la sociedad la rechaza de plano, otros ni siquiera la han debatido ni se lo proponen y hay realidades donde el proceso implica otros temas que aparecen más urgentes y complejos y hacen ver como imposible su tratamiento frío y racional como muy distante. De hecho, las sociedades ya penetradas por las mafias donde la corrupción institucional y los asesinatos colman la agenda de orden público, por ahora no están en capacidad de afrontar ese debate.

En Ecuador debemos hacerlo de modo serio, especialmente frente a la amenaza de un contagio global cuyas implicaciones ya causan estragos.

Sin tomar posturas apresuradas, debemos al menos empezar a debatir el tema con seriedad.

POR LA LEGALIZACION DE LAS DROGAS.

EL FUGITIVO QUE SE AGIGANTA EN LA FUGA

POR JAIME DAMERVAL MARTINEZ

EL UNIVERSO 1 XII 1992.

El Sr. Procurador General de la Nación, Dr. Carlos Larreátegui ha propuesto reformar la ley despenalizando el consumo personal de drogas como la cocaína y la marihuana. La ley sanciona actualmente a los adictos o enfermos con prisión de un mes a dos años: ley vigente desde 1990. Es cierto que la ley faculta al juez a dejar en suspenso la aplicación de la pena y sustituirla imponiendo al “culpable” medidas de seguridad curativa, pero esto no es suficiente: constituye un error considerar al enfermo un criminal; y es la ley –no el juez – la que debe prescribir la libertad y curación del adicto. El proyecto de reforma del Sr. Presidente se propone volver al sistema imperante entre 1987 y 1990. Entonces, el adicto era solo un enfermo. Hoy, él es “culpable” desde que porta un gramo de droga, y primero va a la cárcel. Solo después, el juez puede sustituir la prisión por un hospital.

En los últimos cuatro años fueron detenidas en el país 1000 personas por delitos relacionados con los estupefacientes. Se estableció que el 99% son pequeños consumidores; y que, por la inoperancia del sistema judicial, la mayoría no ha sido sentenciada. Un enfermo puede permanecer años en prisión antes de ser juzgado, y puede pasar que cuando el juez reconozca la adicción, hayan transcurrido más de los dos años previstos como pena máxima. En Ecuador, el olvido de los tribunales es una sanción adicional y puede ser más rigurosa que la prevista por la ley.

“No cabe –dice el Sr Procurador- que a un individuo que se le encuentra con un gramo de droga, se lo lleve a la cárcel y se lo tenga allí por años, hasta que la justicia se acuerde de él”. Me complace coincidir con su criterio. Ya en 1983, en mi artículo “Rigor ilícito” (Abril 8: página 71 de “Semillas Políticas”) opiné que “debiera estipularse que quien esté fichado como adicto o dependiente, es como decir enfermo, en el Registro que lleva el Organismo Nacional de Control, no puede ser apresado”.

Los adictos son víctimas de los narcotraficantes, y la población sana puede ser víctima de los adictos. Por lo tanto, el primer objetivo debe ser identificar a los enfermos para ubicarlos y curarlos. Hay que alentarlos, por lo menos, a registrarse. Hay que disuadirlos de cometer actos criminales asegurándoles, por lo menos, un tiempo bajo control médico, droga gratuita.

La solución del problema de la droga, según lo ha propuesto destacadas personalidades, está en despenalizar no solo el consumo sino el tráfico. Todo depende de una pregunta: ¿Porqué el narcotráfico existe? Porque la droga es cara, y cara porque está prohibida! En consecuencia, si se cancela la prohibición, si se despenaliza el tráfico, el resultado inevitable será una droga o mercadería devaluada, sin interés para los bandidos, por lo que desaparecerá el narcotráfico.

Cuántas personas reclaman la penalización del tráfico, estando involucradas en el narcotráfico.

POR LA LEGALIZACION DE LAS DROGAS.

LAS UBRES ESPLENDIDAS DE UNA VACA VICIOSA

POR JAIME DAMERVAL MARTINEZ.

EL UNIVERSO 8 XI 1992.

Bajo el título “La otra madre de las batallas”, y el subtítulo: “Algunas personas creen que la guerra contra la droga se está librando en el frente equivocado”, The New York Times publicó un artículo que la hermosa revista “Cash Internacional”, N° 19 de Octubre trae a nuestra consideración.

Siendo el tráfico de drogas uno de los capítulos más graves que afronta la humanidad de hoy, procede referirse a él. Es que no hay otra solución que el “intento de detener la droga en las fronteras; persuación y amenazas contra las naciones productoras de droga; y encarcelamiento de miles de norteamericanos, con condenas cada vez más prolongadas?”, “que dicen de los programas de educación , tratamiento y prevención para contener el ansia de consumir droga son las armas más efectivas”.

Estimo que debemos enfrentar a las drogas igual que a los licores y al tabaco. ¿Porqué habríamos de hacerlo en forma distinta? Y ¿qué fue lo que destruyó a los Barones del Whisky en los EE.UU? Pues la simple derogatoria de la “Ley seca”, que desde 1920 hasta 1933 prohibió el consumo y el tráfico de las bebidas alcohólicas, y que fue derogada “luego de evidenciarse los escazos resultados en la lucha contra el alcoholismo, y por haber incubado un mal moral tan escandaloso como el del contrabando organizado en toda la nación, con innegables ramificaciones en vastos sectores de la administración pública”. La cocaína, la heroína, y más drogas, han producido el mismo efecto depravador, pero a escala mundial. ¡Qué tiempo más esta lucha interminable contra los traficantes debe destruir a toda una nación como Colombia? ¿Hasta cuándo deben gastarse inmensas sumas de dinero en la persecución de hambrientos sembradores y voraces vendedores?

La medida en que la prohibición está siendo contraproducente es que, mientras más rígida se torna más enriquece y regocija a los delincuentes, y se siembran mayores extensiones. Es equivocado considerar delincuente al consumidor. Este es un enfermo cualquiera y debe estar en capacidad de adquirir la droga en su farmacia, previa receta médica y registro ante la autoridad sanitaria, que confirmen que es un adicto; y poder hacerlo a un precio ínfimo. El enfermo, en gran medida, se transforma en delincuente, y se pervierte en otros vicios, para disponer del alto precio que se le exige por su dosis.

Ante un crimen, una buena fórmula para descubrir al criminal es preguntarnos si, como policías, estamos actuando como él quiere y como a él le conviene que actuemos…¡Y es lo que hemos venido haciendo! Si pudieran manifestarse, los traficantes de droga dirían que están encantados con la prohibición, pues ésta es la que eleva los precios y los enriquece.

El artículo citado revela que “este año se han invertido US $2.200 millones para detener el ingreso masivo de cocaína y heroína a EE.UU. Otros US $750 millones han sido destinados a operaciones tendentes a detener la producción de droga…”No obstante, todos los años los cultivadores de droga en América Latina y Asia han estado produciendo cosechas cada vez más extensas de coca y opio”. Y que, en contraste, “en 1985 los sondeos federales revelaron que 12,2 millones de personas (en ese país) consumían cocaína, asi fuera ocasionalmente. En 1988 la cifra se había reducido 8,2 millones, como consecuencia del mensaje antinarcóticos”. En síntesis, la educación si que es efectiva.

Información para las mayorías sanas y cuidado y tratamiento para las minorías enfermas, debieran sustituir a la represión. Y es que los drogadictos, igual que los ebrios, no dejarán de consumirse en su vicio, a menos que quieran dejarlo. La humanidad, las naciones, no tienen por qué ser arrastradas por una minoría de viciosos.

sábado 09 de febrero del 2013 Columnistas. El Universo.

Pablo Lucio Paredes pabloluc@uio.satnet.net

¿LEGALIZAR LAS DROGAS?

El expresidente mexicano Vicente Fox recordaba, en la Universidad San Francisco de Quito, la importancia de enfrentar este tema y probablemente avanzar hacia la legalización. Y tiene razón: hay demasiadas muertes, daños, riesgos alrededor del actual sistema de prohibición. Aquí, reflexiones preliminares para un tema muy complejo:

Primero. ¿Por qué se mueve tanto dinero alrededor de la droga? Básicamente porque los precios son muy elevados y esto deriva de la ilegalidad por dos razones: limitaciones a la oferta y los riesgos involucrados.

Segundo. ¿Qué pierden las sociedades? Yo parto de un principio básico del análisis económico (se puede o no estar de acuerdo): para tomar decisiones hay que evaluar todo lo que les afecta en bien o en mal a los ciudadanos, y sumar o restar (aunque parezca un poco frío, al final todos evaluamos de esa manera, explícita o implícitamente). No existe el concepto de pérdidas sociales, todos son efectos individuales.

Tercero. ¿Qué efectos? El más importante son las muertes, decenas de miles cada año, tantas que eso ya debería determinar el debate. Luego los enormes recursos que pasan de manos de los consumidores a todos los que giran alrededor del negocio, esto en sí mismo no es un efecto negativo porque solo es una transferencia de unos a otros como en cualquier actividad, lo negativo es que parte de estos fondos sirven para actividades negativas: dañar a la Policía, Fuerzas Armadas, justicia, política, etcétera. Luego tenemos que una parte de nuestros impuestos se destina a actividades que consideraríamos de baja calidad: contratar más agentes de seguridad, más prisiones, equipos de control, etcétera. En conjunto hay un enorme desperdicio de recursos humanos, materiales y otros, que podrían destinarse a actividades que generen bienestar.

Cuarto. ¿Sirve la legalización? En principio va a eliminar una parte fundamental de ese desperdicio, empezando por las vidas humanas. ¿Los riesgos? El obvio es que los precios bajarían y en buena lógica el consumo debería aumentar, aunque se eliminaría una parte de la satisfacción que es hacer algo prohibido, pero no hay que engañarse: lo más probable es que el consumo aumente. ¿Es eso malo? En general no, porque tendríamos personas haciendo lo que libremente quieren hacer, sin afectar a terceros, pagando por ello un precio competitivo sin interferencias externas (la prohibición actualmente). Sin embargo, tendríamos al menos dos dudas: por un lado, los que bajo el efecto de las drogas harían daños a terceros (asaltos, accidentes), y por otro lado, el daño en la salud de esos consumidores. Lo primero se debe tratar como cualquier delito, y no creo que sea mucho mayor de lo que ya existe. Lo segundo es un problema individual, cada uno debe medir cómo le afectan sus decisiones, pero también es un tema público de salud y de degradación humana (si no tienen seguro propio, hay que apoyar a esas personas) o de información (sobre todo a jóvenes), menos grave que el actual de seguridad.

Con la legalización, las drogas volverían a ser un problema individual con algunos impactos colectivos, dejando de ser un enorme tema de sociedad. Camino complejo pero necesario.

NARCOTRAFICO. El Universo. 2013. Mayo.

Durante el mes de mayo se han dado a conocer doce veces operativos en los cuales se ha incautado y decomisado droga, fundamentalmente, clorhidrato de cocaína. La Policía realizó estas acciones en lugares de seis provincias ecuatorianas: Manabí, Guayas, Pichincha, El Oro, Carchi y Orellana. Esto demuestra que el narcotráfico se mueve por todo nuestro país. Para hacerlo utilizan viviendas, fincas, camiones, camionetas, autos, contenedores, puertos, aeropuertos y naves marítimas ilegales.

El hallazgo más reciente ocurrió en Pedernales, en la provincia de Manabí, donde durante un operativo antinarcóticos se decomisaron 200 bloques de clorhidrato de cocaína en el interior de un auto, en el que iban dos personas que fueron detenidas. La foto demuestra que la droga iba en sacos de yute, distribuidos entre la cajuela y el asiento posterior del vehículo. Lo que alarma es la confianza con que parecía que los transportaban, puesto que los sacos eran visibles a través de los vidrios. Da la sensación de que pensaban que se movían en su territorio y, aunque no fue así, el asunto demuestra que el narcotráfico se está volviendo cotidiano. Un trabajo aún más arduo y difícil tendrá la Policía.

http://www.eluniverso.com/noticias/2013/07/14/nota/1157346/narcos-expanden-su-ruta-hacia-mas-sitios-reconditos

Inés Acosta Marihuana de calidad Sábado 11/01/2014 EL COMERCIO.

Tras convertirse en el primer país del mundo en que el Estado asume la producción y comercialización de marihuana, Uruguay dedicará los próximos meses a seleccionar un cultivo que permita la oferta de buena calidad y precio al menos similar al del mercado ilegal. El presidente de Uruguay, José Mujica, promulgó el 23 de diciembre la Ley 19 172 de regulación de la marihuana (cannabis), pero su entrada en vigor será en abril y tras establecer el Gobierno su reglamento. Desde entonces todo el sector quedará bajo regulación y control del estatal Instituto de Regulación y Control de Cannabis. Antes, hay mucho por hacer. Entre lo más importante, definir el tipo de variedad que se plantará, quiénes la cultivarán y a qué costo y el precio al que se adquirirá en las farmacias. También deberán establecerse los registros de cada actividad involucrada y de los llamados clubes de cannabis, para asegurar la trazabilidad de la hierba legal. Organizaciones sociales y activistas estudian el modelo productivo de marihuana que garantice su alta calidad y su precio adecuado y que, además, involucre a pequeños y medianos productores uruguayos y evite que empresas extranjeras se apropien de la actividad. El objeto de la ley fue “poner la disponibilidad de marihuana para los usuarios en manos del Estado o bajo control del mismo”, explicó a IPS el senador Roberto Conde, del gobernante Frente Amplio, de izquierda moderada. En Uruguay el consumo de marihuana estaba despenalizado ya desde los años setenta, pero su cultivo, distribución y venta permanecían ilegales. “No se está constituyendo un mercado libre de drogas ni de marihuana. A la marihuana se podrá acceder por autocultivo individual, en clubes cannabicos o a través del expendio en farmacias, bajo presentación de documento de identidad”, explicó Conde, quien fue ponente del proyecto de ley en el Senado. La marihuana legal solo estará disponible para los residentes en Uruguay, en una cantidad máxima de 40 gramos mensuales (40 cigarrillos), para quienes se inscriban en un registro especial. El autocultivo del cannabis psicoactivo estará limitado a seis plantas y 480 gramos anuales de recolección. “Es lo que técnicamente se estima como lo razonable para que no se caiga en un uso problemático de la droga”, dijo el senador. Para Martín Collazo, del colectivo Proderechos, la salud pública será el área más beneficiada con la ley. “El 85% de los usuarios de drogas ilegales en Uruguay consume solo marihuana”, con lo que el mercado clandestino podría caer en ese porcentaje. “El contacto con el mercado clandestino facilita el acceso a otras sustancias, como la cocaína o la pasta base, que se venden en los mismos lugares”, explicó Collazo, quien también integra la coalición Regulación Responsable, conformada por organizaciones y personalidades a favor de regular la marihuana. Está también pendiente el precio de la marihuana que se venderá en las farmacias. IPS

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com.ec/columnistas/Ines_Acosta_0_1064293660.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

(21-12) CUESTIONAMIENTOS
Cannabis legal

NELLY DE JARAMILLO DIARIO EXPRESO. SABADO 21 12 2013.

El pasado martes 10 de diciembre el parlamento uruguayo aprobó con modificaciones el proyecto de ley presentado por el Gobierno del presidente José Mujica, que legaliza la venta y autocultivo de marihuana.

El proyecto aprobado prevé que las farmacias puedan vender hasta 40 g de inflorescencia de cannabis por persona y por mes, posibilita el autocultivo por parte de individuos (un máximo de seis plantas hembra) o de clubes de consumidores y contempla la regulación de permisos a empresas privadas para su cultivo orientado a uso medicinal, y del cultivo de cáñamo para uso industrial y con fines de investigación.

Se contempla la creación de un organismo estatal, dependiente del Ministerio de Salud, que emitirá licencias y asumirá el control y regulación de las actividades de importación, producción, adquisición a cualquier título, almacenamiento, comercialización y distribución de la marihuana o sus derivados.

El Gobierno ha explicado que la legalización del cultivo de la marihuana busca golpear económicamente al narcotráfico, quitándole un mercado de 30 o 40 millones de dólares anuales y evitar el “efecto góndola”, es decir que los compradores de marihuana tengan también acceso a sustancias más duras.

“El efecto del narcotráfico es peor que el de la propia droga” ha dicho el gobernante y ha recalcado que no se puede cerrar los ojos ante la realidad “sobre todo porque la vía represiva contra la droga fracasó”.

Admite sin embargo que las medidas desarrolladas en el proyecto de ley aprobado son un experimento. “Podemos hacer un verdadero aporte a la humanidad, ser un banco de pruebas en desatar un conjunto de disciplinas que sirvan para enfrentar el problema”.

De ahí también su reacción sarcástica y despectiva a las críticas declaraciones de Raymond Yans, presidente de la Junta Internacional de Fiscalización y Estupefacientes (JIFE), organismo dependiente de la ONU, por su doble discurso al no tomar en cuenta los propios estados de EE.UU. donde se ha despenalizado en diversos grados la marihuana.

Cada día va tomando más fuerza de convicción universal la tesis de no solo despenalizar el uso y consumo de marihuana, que se considera menos nociva que el tabaco y el alcohol, sino de las drogas en general, como la única solución para acabar con las mafias del narcotráfico y el corruptor ejercicio de su poder. Pero será siempre difícil dar el primer paso. ¡Felicitaciones, Uruguay! ¡Felicitaciones, presidente Mujica!

FRACASO TOTAL DE LA LUCHA ANTIDROGA.

POR ROQUE SEVILLA LARREA: ex-alcalde de Quito.

EL COMERCIO 11 DE JULIO DEL 2011

Lo que sigue es noticia de todos los días en la prensa ecuatoriana: “la Policía informó que entre Enero y Julio ha capturado 11.3 toneladas de droga”.

Todos sabemos que la Policía captura sólo una pequeña parte de las verdaderas exportaciones. Al país de destino llega hasta diez veces más de los que se captura. Considerando que los Estados Unidos es el mayor consumidor mundial, llama la atención que la prensa gringa no reporte captura alguna, a pesar de que la distribución es una operación más compleja que la producción: un embarque, por ejemplo, de 10 toneladas de cocaína hay que trasvasarle a cinco millones de sobrecitos de 2 gramos. Me pregunto ¿dónde se lleva a cabo esa operación? ¿Quiénes lo hacen? ¿Quién controla?

Lo cierto es que la famosa guerra norteamericana contra las drogas es un fracaso gigantesco: el número de consumidores sigue siendo el mismo de siempre y el combate está infestado por la corrupción. Esos lo dicen dos informes de respetable categoría, que acaban de ser publicados: el primero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, liderada por los ex presidentes César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México y Fernando Enrique Cardoso de Brasil, y el otro, el Reporte sobre la Guerra contra las Drogas de los Estados Unidos, por el ex-secretario de la ONU, Kofi Anan, el ex secretario de Estado George Schultz y el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volker. Ambos documentos llegan a las mismas conclusiones: las políticas prohibicionistas basadas en la erradicación de la producción y el combate a los canales de comercialización, asi como la criminalización del consumo han sido un fracaso total. Por ello recomiendan romper el tabú de que con la fuerza y la represión se lograrán resultados.

Hay que establecer un nuevo paradigma tratando el tema como un problema de salud pública, descriminalizando el consumo, cambiando el estatus de los adictos, de compradores de drogas en el mercado llegan, a pacientes cuidados por el sistema público de salud a los que se les provee cuidadosamente de drogas ayudándolos a dejarlas de lado con asistencia médica y psicológica. Proponen sacarlos del mercado el narcotráfico bajando la demanda y reduciendo el consumo en general y sugieren establecer verdaderas campañas de información, educación y prevención. Recomiendan mantener la fuerza policial y militar exclusivamente para eliminar las bandas de crimen organizado. Es hora que debatamos este cambio de paradigma. Toda la sociedad ecuatoriana está sufriendo las consecuencias de la violencia promovida fundamentalmente por los carteles de la droga que han venido a establecer su sucursal en el país. Enfrentar esta dura realidad es una obligación de todos nosotros.

POR LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS. MEXICO: “COLOMBIANIZACION”.

POR GAITAN VILLAVICENCIO. EL COMERCIO 8 III 2009

El narcotráfico y sus “cluster” (que todos conocemos, pero nadie de los prohibicionistas intentan identificar y perseguir, ya que van desde las transnacionales químicas hasta el sistema financiero internacional y el mercado de armamentos), se reproducen a escala global desde el cultivo, procesamiento y tránsito de las dogas en los países subdesarrollados como Ecuador, Colombia o México, hasta su comercialización y consumo generalizados, principalmente en los países avanzados, donde el producto final –los estupefacientes- alcanza un gran valor monetario en el mercado negro; esto ha conllevado a un gran poder de los grandes capos y sus organizadas mafias, corrompiendo autoridades en todos los niveles como a los jóvenes y mujeres desempleadas.

La pérdida de hegemonía y desaparición de los grandes carteles mafiosos colombianos en la región, como consecuencia de su enfrentamiento contra el Estado, permitieron que los nuevos “cartelitos” se asociaran con los carteles mexicanos para poder acceder más seguramente al mercado norteamericano, pero, concomitantemente, se ha desencadenado un cruento y permanente enfrentamiento entre las mismas por controlar los 17 billones de dólares que moviliza este ilícito negocio. Según la prensa azteca, “las confrontaciones entre los carteles rivales empezaron de lleno después del arresto de Miguel Angel Félix Gallardo en 1989, quien controlaba el negocio de la cocaína en México. Hubo una disminución en la intensidad de la violencia durante el final de la década de los 90, pero la misma ha empeorado de manera consistente desde el año 2000”.

De acuerdo con los medios, el ex presidente Vicente Fox, del PAN, envió durante su mandato pequeños números de tropas a Nuevo Laredo, en la frontera con EE.UU, para pelear contra los carteles, pero la incursión resultó ser infructuosa. Mientras que el 12 de diciembre del 2006, por órdenes del presidente Felipe Calderón, también del PAN, se despacharon a Michoacán a 6.500 soldados. La ofensiva militar actual ha sido la más grande desde inicios del conflicto, ya están implicados alrededor de 45 mil efectivos.

La situación reseñada permite plantear las siguientes reflexiones sobre la “colombianización” impulsada por el gobierno “panista”.

1) En la actualidad sobresalen 8 carteles en México, pero los dos grandes son el de Sinaloa, dirigido por el prófugo Joaquín Guzmán “el chato”, y el del golfo, capitaneado por Osiel Cárdenas. Los cuales son cada vez más violentos y crueles, usan cotidianamente armas norteamericanas como metralletas de alto poder, bazookas, e, incluso, granadas de fragmentación.

2) De Diciembre de 2006 a Diciembre de 2007, la narcoviolencia arrojó 7.882 muertes, de las cuales 68 fueron militares. En el 2008 sumaron 5630 muertos, de los cuales más de 800 fueron policías. En Enero de 2009 se contabilizan ya 430 muertos.

3)Los narcotraficantes mexicanos y colombianos lavan dinero por sumas estimadas entre 18 mil y 39 mil millones de dólares anuales.

4) Nos sugiere también que la militarización de la lucha contra el narcotráfico es inviable, ya que el problema es político y pasa por la despenalización.

HAY QUE LEGALIZAR LAS DROGAS.
20 de junio de 2012 a la(s) 16:54

Gabriela Calderón de Burgos @gabricalderongabriela.calderon@cato.org Viernes, 9 de agosto, 2013 Sobre la prohibición de las drogas

Recientemente el papa Francisco rechazó la liberalización del consumo de drogas. Seguramente el papa, como muchos otros católicos y demás personas que consideran nocivas e inmorales a las drogas sostienen una postura similar porque consideran que la prohibición es la forma más efectiva de reducir el consumo de drogas, volver más escasa su oferta y disminuir el daño colateral ocasionado por ellas. Pero la guerra no logra ninguno de estos propósitos y resulta contraproducente.

Una de las principales razones por las que la prohibición no logra lo que se propone es que la demanda de las drogas es inelástica. Un incremento en el precio debido a los esfuerzos adicionales que los vendedores tienen que realizar para no ser capturados, no reduce la demanda en una proporción equivalente. Por eso vemos que a pesar del esfuerzo continuo por erradicar las drogas a nivel internacional, según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) en su reporte del 2012, “el volumen de consumo mundial de drogas ilícitas se mantuvo estable durante cinco años hasta finales del 2010”.

Algunos pensarán que se hubiese disparado el consumo si se hubiese despenalizado o legalizado el consumo, pero tampoco es cierto que eso haya sucedido en países donde se ha liberalizado la política de drogas. De hecho, varios estudios muestran que la prevalencia del consumo de marihuana en Países Bajos –país que legalizó hace más de dos décadas el consumo y venta en cafés regulados por el Estado pero mantiene criminalizada la distribución y producción del cannabis– es similar a aquella de EE.UU. y es incluso más baja si solo se compara la prevalencia del consumo entre adolescentes jóvenes. Adicionalmente, hace más de diez años Portugal despenalizó el consumo de todas las drogas y no se ha cumplido la profecía de que se dispararía el consumo. Un estudio de Glenn Greenwald concluye que el consumo de drogas en muchas categorías ha disminuido en términos absolutos, incluyendo para grupos demográficos importantes, como el de personas entre 15 y 19 años.

Finalmente, hay una gran diferencia entre despenalizar o legalizar algo y promoverlo. Afortunadamente, en casi todos los países del mundo se ha legalizado el adulterio, removiendo al Estado de un ámbito tan íntimo de la vida de los individuos. Esto no significa que esas sociedades promueven el adulterio, simplemente que no le corresponde al Estado normar esa conducta, dado que para eso están las familias, el culto o iglesia a la cual uno desee adherirse, las tradiciones en determinada sociedad, etc. La Iglesia católica tiene todo el derecho de sancionarlo moralmente desde su tribuna, así como también lo tiene cada individuo, pero de hacer eso a pedir que el Estado lo criminalice hay un largo trecho, del cual alegremente la Iglesia hace varios siglos se ha venido apartando.

De igual forma, la Iglesia podría continuar desalentando el consumo de las drogas en sociedades que tengan una política más liberal hacia las drogas. Respaldar la legalización no es promover el consumo de las drogas sino simplemente apoyar el fin de una guerra que ha ocasionado la muerte en el fuego cruzado de decenas de miles de personas en América Latina y que está corrompiendo funciones tan importantes del Estado como lo son la Policía y las cortes de Justicia.

Gabriela Calderón de Burgos @gabricalderongabriela.calderon@cato.org Viernes, 26 de julio, 2013 LA GUERRA CONTRA LA USURA Y LAS DROGAS.

Los mismos argumentos por los que la guerra contra las drogas está condenada al fracaso sirven para explicar por qué la guerra contra la usura también lo está. Estas prohibiciones no solo que no suelen lograr el objetivo que se proponen –eliminar o reducir el consumo de drogas y eliminar o reducir la usura–, sino que causan un daño a la sociedad muy superior a cualquier daño que podría ocasionar el consumo legalizado de las drogas o la fijación libre de tasas de interés.

El filósofo inglés Jeremy Bentham en su famoso libro En defensa de la usura (1787) introduce la materia diciendo lo siguiente: “Ningún hombre de edad madura y sano juicio, que actúe libremente y con conocimiento de causa, debe ser obstaculizado, incluso si se hace considerando su propio beneficio, para realizar una transacción que le permita obtener dinero en la forma que crea conveniente; ni (como consecuencia necesaria) que a nadie se le impida proporcionárselo en las condiciones que juzgue conveniente”. Este es un argumento moral basado en la creencia de que nadie es mejor juez de su situación que uno mismo y que por eso el individuo debe ser libre para contratar un crédito como crea conveniente, pero el mismo argumento aplica cuando se trata de la decisión de qué sustancias consumir.

Dicen que el combate a la usura es necesario para prevenir la prodigalidad, el abuso y la violencia. En el caso de las drogas se dice que es necesario para prevenir la adicción, el abuso y la violencia. Pero en ambos casos la prohibición meramente crea un mercado negro con una jugosa prima para aquellos dispuestos a participar con el riesgo de ser capturados por los agentes de la ley. En el caso de la usura, Bentham explicaba que la legislación antiusura tiene el efecto contrario al que se propone: resulta en tasas de interés más altas en el mercado negro de lo que fueran si no existiesen restricciones a la tasa de interés en el mercado legal. Esto es porque el individuo que se aventura a prestarle a un sujeto cuyo riesgo supera la tasa legal máxima debe ser indemnizado no solo por el riesgo que implica prestarle a dicho sujeto, sino también por “el mismo riesgo creado por la ley”. De igual forma, las ganancias en el tráfico de drogas hoy son artificialmente altas precisamente debido a que son ilegales.

Además, otra razón por la que la legislación antiusura deriva en tasas más altas en el mercado negro es porque al convertir estas transacciones en operaciones ilegales, se reduce el número de personas dispuestas a competir en ese mercado debido al riesgo y el estigma implicados, dándole así más poder de mercado a los pocos que quedan dispuestos a participar en la clandestinidad. Lo mismo ocurre en el mercado negro de las drogas. No todos quieren ser un capo de drogas y quienes desean serlo suelen ser individuos de los más bajos escrúpulos que probablemente no tendrían el éxito que tienen si tuviesen que operar en un mercado legal, con más competidores.

Resulta extraño que el mismo Gobierno que parece entender estos argumentos en el área de las drogas, los olvide cuando se trata de las tasas de interés.

DROGAS.

Publicado el 23/Julio/2013 | 00:51. en el diario Hoy de Quito.

Por: Andrés Vallejo avallejo@hoy.com.ec No hay actividad más perniciosa que la relacionada con el tráfico de drogas. Ni más productiva, a excepción del negocio de las armas, cuyos principales productores y vendedores –ironías de la vida- son miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el organismo cuya finalidad es impedir los conflictos entre naciones. El tráfico de drogas involucra cada vez más a millones de personas de todas las condiciones sociales, en todas las latitudes, porque cada vez más se involucran en el consumo, y porque cada vez más se involucran en la producción y comercialización. Cada vez más gente se envenena y cada vez más gente se enriquece. Nuestro país ha estado tradicionalmente alejado de esta actividad criminal. No ha sido productor, ni de marihuana ni de hoja de coca. Las incipientes manifestaciones encontradas han sido erradicadas con prontitud y hemos logrado mantenernos al margen de la influencia resultante de la vecindad: Colombia y Bolivia son los principales productores mundiales de coca y Perú ha estado involucrado en el tráfico, casi inevitablemente. No son buenas, por lo mismo, las noticias de que el tránsito aumenta en el país, ni la indudable existencia de conexiones con carteles mundiales. Los organismos internacionales mencionan que anualmente transitan 200 toneladas de cocaína por el Ecuador. Y es angustioso que el papel positivo que desempeña la Policía Nacional capture apenas el 10% de ese volumen. Las ramificaciones maliciosas del negocio están penetrando a nuestra sociedad. Del cuantioso dinero que circula alrededor del narcotráfico, habrá un porcentaje que influya en nuestra economía. El lavado de dinero sucio se torna en consecuencia previsible, lo que explicaría la bonanza de ciertas actividades. Las estadísticas demuestran también que hay un incremento del consumo y que las drogas se venden en colegios y sitios de recreación, con lo que se facilita el acceso de los jóvenes al vicio. En estas circunstancias, el organismo responsable del tema resuelve que la tenencia de determinadas cantidades de droga es permitida. Una de las razones que aduce para tomar la medida sería el hacinamiento en los centros de reclusión, que tienen un porcentaje elevadísimo de detenidos en relación con la tenencia y consumo de drogas. Además aclara que la despenalización de esa tenencia no es legalización. Pero no toma en cuenta que si permite que las personas puedan tener esas cantidades de droga, que alguien las vende y alguien las produce, está, implícitamente, aceptando que esas actividades se desenvuelvan. ¿Qué va a hacer el Estado al respecto? ¿Va a dictar normas para la producción y la comercialización, con todas las implicaciones que eso tiene? La legalización del consumo de las drogas, que se viene discutiendo como alternativa a la fallida política de la represión, que ha cobrado miles de víctimas, no puede ser un acto individual. Si no se adopta una política mundial al respecto, quienes lo hagan aisladamente caerán en las garras del vicio y la violencia.

LA GUERRA PERDIDA.

Ecuador en vivo. Junio 11 2013. (13 votos)

Por Francisco Febres Cordero

Es un gran paso el que ha dado el Gobierno. Haber reconocido que la guerra contra las drogas está perdida y que el mejor camino posible es el de la despenalización y la legalización, muestra que se va desbrozando la senda para tomar al toro por los cuernos.

La guerra está perdida.

Una guerra que ha dejado a América Latina sembrada de cadáveres.

Una guerra feroz, cuya secuela de violencia ha obligado a poblaciones enteras a migrar para, desnudas, salvar lo único que pueden llevar consigo: su vida.

Una guerra en que, para solaz de los fabricantes, los países han gastado en armas el muchísimo dinero que podía haberse empleado en hospitales, escuelas, vivienda.

Una guerra en que las reglas impuestas por la DEA pasaron por sobre cualquier normativa interna de cada país.

Una guerra que ha creado un ejército de corruptos que se ubican en las trincheras de la justicia, del comercio, de la política, de la banca, de los estamentos públicos, de la prensa, del deporte, para llenarse los bolsillos sin rubor.

Una guerra que ha distorsionado los valores morales y éticos y ha creado en la gente la idea de que lo importante es alcanzar el ostentoso nivel de vida de los capos a como dé lugar, pues son ellos quienes han marcado la pauta de lo que significa el éxito.

Una guerra que ha prostituido también el concepto de belleza, bajo la creencia de que “sin tetas no hay paraíso”.

Una guerra que no solo ha devastado los principios, sino la naturaleza, rociando con productos químicos altamente nocivos enormes extensiones de la Amazonía.

Una guerra que nos ha mantenido en la más abyecta dependencia, porque los detentadores del poder han enfilado su artillería pesada contra los productores y han mirado hacia otro lado el instante de atacar al consumo.

Una guerra que, en el imperio, deja millonarias utilidades que ayudan a solventar su economía.

Una guerra que ha llenado nuestras cárceles de pequeños traficantes y de mulas, sentenciados por el crimen de intentar saciar su hambre y su angustia de no encontrar un horizonte que les permita vivir con dignidad.

Una guerra, en fin, que ha durado demasiado tiempo y ha dejado demasiadas secuelas dolorosas, como para seguirla soportando.

Lo que queda, sin embargo, se vislumbra también tortuoso y largo y parte de una enseñanza que habrá que impartirse a toda la sociedad, para que aprenda a convivir de otra manera con la droga, igual que lo hizo con el alcohol en su momento, o con el cigarrillo en tiempos más cercanos.

Se ha perdido una guerra, pero el futuro se intuye transparente si de por medio los prejuicios y la pacatería no se interponen para oscurecerlo.

Porque son, paradójicamente, los prejuicios, la pacatería y el ansia de controlarlo todo, los que pueden arrojar por la borda las intenciones de este Gobierno, cuya mojigatería y pudibundez asombran: mientras aparece en la vanguardia en asuntos como el de la droga, prohíbe beber cerveza los domingos con el beatífico argumento de que así lucha contra el crimen. Como lucha contra el crimen cuando, con sistemática ferocidad, ataca a los “sicarios de tinta”, con el solo propósito de acallar a quienes piensan diferente, en una actitud dictatorial y represora que –en la práctica– contraviene los principios de liberalización, tolerancia y respeto que dice defender.

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