Ana María Iza: in memorian

ANA MARIA IZA: IN MEMORIAN

por Carlos Lasso Cueva

Llega el dia en que se termina
el largo trajín perfilado entre la gracia
y el camino queda expedito
dedicado por fin exclusivamente al canto
a la reverencia del día
en el transcurso del otoño

huellas lejanas quedan presintiendo el origen
tiempo aquel matutino lleno del misterio del aire
matizando el olor de camelias jazmines
geranios y rosas serán la herencia que quede

en el transcurso del sol hubo el poema
durante la noche la pugna con el verso
que emergía rotundo en la búsqueda mágica

tiempo aquel del refugio solitario
cuando acechaba el esplendor

diáfanos días henchidos de la plenitud del alba

al amanecer era el saludo del sol
el olor de la hierba húmeda

la vida fue una suma de días rescatados

la tarde y su complicación terrícola
con el anhelo múltiple del mar y la cordillera

la ciudad extendida con su dulce anhelo de paz
en medio de la lluvia

transcurso urgente de letras bautizadas con tu canto
versos que emergieron verticales
purificando las sílabas

tiempo sosegado aquel el del murmullo
con el relámpago que aplacaba su furor
para aposentarse en tus libros

la amistad es una avalancha eléctrica
inflamada de sustancias benignas
que enfrentan la ráfaga

en un recodo del mundo
un grupo de poetas se hermanarán en el recuerdo
sustancia precisa de la eternidad
canto ronco de pupilas que están húmedas

en el tiempo que falta para volver al origen
durante el rito del canto en el refugio

la ceremonia nunca cesará
perlas y voces con la música
el aire sediento bajo el sol
con la tarde consumiéndose

y entre los faros y velas de la noche
por la carretera muda
alguien sacará tus versos de su mochila
para intentar el posible diálogo con el mundo.

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2010/03/033-ana-maria-iza.html

“Adiós, voy a estrechar la mano de mi vieja tristeza”.

por ELSY SANTILLÁN FLOR (1957): autora de “Aristas en el Tiempo”, “En las cuevas ajenas de la noche” (poesía), “De mariposas, espejos y sueños”, “De espantos y minucias”, “Furtivas vibraciones olvidadas”, “Gotas de cera en las cenizas” (cuentos); “Danza imperfecta y cena para estúpidos” (teatro). Ganó en 1995 el Premio Nacional “Jorge Luis Borges”, en 1998 el Premio Nacional “Pablo Palacio”.

Es posible que estas palabras me hubiera dedicado sin saberlo la amiga, la confidente, la cómplice, la querida Ana María Iza. Ya no necesita mi mano terrenal para asirla. Se va lejos, se va de este plano a aferrar la mano gris de su tristeza. Pero yo en medio del dolor metálico y del viento huracanado que producen la certeza de su partida definitiva, me quedo pensando que su reflexión en esta línea poética está equivocada, pues ella no ha partido para seguir triste.
Los caminos de la muerte son insondables, llenos de creencias, de afirmaciones y negaciones. Desde mi propia intuición y desde mi propio vacío quiero pensar que ella está estrechando la mano de la alegría y de la calma, que tanta falta le hicieran en los últimos años terrenales.
Anita visitaba mi casa –no con la frecuencia que yo hubiera querido- siempre me decía que tenías cosas pendientes, pero cuando lo hacía mi hogar se vestía de fiesta.
Me contaba sucesos personales, compartía conmigo sus anécdotas de todas las épocas de su vida. Su palabra era divertida y tenía el don de sacar de cada asunto serio una solemne carcajada. Nos volvíamos niñas en cuestión de segundos, largos minutos duraban nuestras risas y luego se iban apagando y volvíamos a las sensateces repentinas.
Las horas pasaban y ella decía que debía salir. Una promesa de volver pronto, de seguir, un recuerdo cordial de dulce fragancia.
Por eso, por aquellas confidencias y anécdotas que he guardado yo la veo columpiándose entre los árboles de una selva verdísima, la veo nadando como un pez en un río de cristal, la oigo reír a carcajadas, la veo más enamorada que nunca de José, su grande y único amor.
La veo como niña de cuatro años, columpiando los pies desde una grada de su casa y prometiéndose a sí misma: “De este instante no me olvidaré jamás”. Así mismo, de menos edad yendo en los brazos de su padre, mirando todo lo que había en una calle repleta de magia, guardando cada casa, cada árbol, cada puerta y ventana en su mente para recordarlo con vívidos detalles en los años venideros y contarlo sin omitir detalle alguno.
La veo leer las historietas en cómic de Dick Turpin, bandolero inglés del Siglo XVIII, que fue su gran amor platónico.
La veo irrumpir en mis habitaciones, alzando la voz porque me olvidé de nuestra cita para asistir a un conversatorio. La veo ansiosa esperando que me apure, la oigo decirme que debo acordarme de las cosas, que siendo joven no debería ser tan olvidadiza.
La recuerdo sentada en un centro comercial esperándome para almorzar juntas y la encuentro adelantada una hora, escribiendo poemas en una libreta, suspendiendo la escritura al verme y diciendo que no me preocupe, que ya continuará escribiendo después, porque es muy cierto que la poesía la abraza y la domina.
La veo leyendo mis escritos, opinando a favor de ellos unas veces, otras diciéndome que ponga más fuerza y más coraje, que yo también saque mi dolor y mi impotencia.
La recuerdo haciendo planes para visitar un cementerio y buscar una tumba determinada, propósito que jamás se cumplió.
La veo hablándome de su enfermedad que la conduce hacia el mar de la ciudad de Manta. La extraño, llamo a su teléfono. Siempre me dice que algo ha mejorado. Luego la veo en Quito de retorno, la miro en el hospital, me veo visitando su casa y conversando de otros temas; otra vez el hospital, el último diálogo, finalmente su partir definitivo.
La vi en el ataúd con su cara de paz y la percibí como ya dije: corriendo por la selva, nadando en el río, cantando con su voz hermosa. Diciendo frases sabias, enseñándome los caminos por los que en algún día yo también transitaré.
La intuyo despedirse. Me despido. Pienso que toda partida es atroz y entonces me acuerdo de otras amigas que también se fueron. Y por ellas escribí un poema hace algunos años. Creo que ahora puede servir:
“…Y en el tráfago imponderable de la vida / he forjado un monolito a sus memorias /Escrita está a llanto y fuego / la exquisita traba / de olvidarlas”

Elsy Santillán Flor

ANA MARIA IZA.
POR JULIO PAZZOS. TOMADO DE EL COMERCIO DEL 17 XII 2016

No es necesario preguntar ¿para qué sirve la poesía? Si, de hecho, su utilidad no se relaciona con los costos de la producción, los que finalmente acaban en cuentas bancarias o en siniestras competencias guerreras. La poesía sirve para cuestionar el mal uso del mundo y la desviación de la inteligencia. La pregunta no encuentra una respuesta. No obstante, la poesía seguirá latiendo mientras exista el lenguaje.

Frente a la incoherencia de la realidad, la voz poética enarbola la gama de sentimientos humanos que se expresan en textos, cuidadosamente, diseñados. Desde su primer libro, Pedazo de nada (1961), Ana María Iza, articuló un lenguaje de tono confidencial que alternaba su intimidad con personas familiares y lejanas. Siempre la primera persona se propuso describir su tiempo en el marco de las ocupaciones cotidianas y de las percepciones urbanas, de climas y de la gente, sobre todo, de la marginalidad y de los azotes del hambre y los abusos.

La voz poética de Ana María Iza expresa la compleja relación del sujeto y la realidad diversa. Los mensajes, en consecuencia, combinan sutiles emociones con censuras. No quedan al margen el poder ni los líderes ni la historia ni la religión.

En Reflejos del sol sobre las piedras (1987), en el poema “Basura”, se manifiesta el desprecio de la realidad en la que le tocó vivir. En esa ráfaga textual se imponen, la inconformidad, la constatación de una confluencia degradada de sabios y locos. No se crea, sin embargo, que en la obra predomina la amargura; siempre ronda la añoranza de un pasado amable, aunque perdido. La poética de Ana María Iza expresa una actitud de ruptura, y su desenfado verbal descalifica la idea de la obra literaria tomada como pasatiempo. Si aparece alguna fineza, al instante, el discurso se torna ríspido y cuestionador.

Gran parte de su obra se publicó en la serie de Poesía Junta realizada por la Casa de la Cultura “Benjamín Carrión”, en el 2008. Ana María Iza ganó, en varias oportunidades, los premios del concurso Ismael Pérez Pazmiño que convoca el diario El Universo. Sus poemas aparecieron en varias antologías, tales como Poesía Viva de Jorge Enrique Adoum; Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana de Ricardo Gullón (España), Joyas de la literatura ecuatoriana de Hernán Rodríguez Castelo; Antología Cósmica del Ecuador de Rodrigo Pesántez Rodas (México); en Young Poetry of The American, de la Unión Panamericana de Washington.

Algunos poemas recuerdan la vanguardia de los años veinte, es decir, la mezcla de dibujos con palabras; mas, en la gran mayoría de textos, se manifiesta el estilo conversacional.

¿Para qué sirve la poesía? Sobra la pregunta. La respuesta la tendrán los lectores cuando dialoguen con los intensos, agresivos, francos y tiernos poemas de Ana María Iza.

POEMAS DE ANA MARIA IZA.

EL HABITANTE DE LAS PRADERAS RUMIANTES

Cuando el estómago está satisfecho

al corazón le parece la vida menos dura.

¡Oh, Tonto Corazón!

Una roja manzana te seduce

más que cualquier pintura neorreal,

ante un plato prosaico de sardinas

te pones a dar saltos de alegría;

hablas bien de la vida

y mucho más.

Pero tienes razón:

Eres de carne,

de sed, de sangre y sal.

Envuelto vienes en el papel del hambre

y con hambre infinita de infinito te vas.

Comamos, corazón, aunque sea huesos;

bebamos, corazón, aunque sea el vino

de las uvas más verdes que nos dan.

¡Solamente los ángeles viven de armonías!

Pero tú, corazón, vives de pan.

CÍRCULOS

Regresa Ana María

con su cara de “yo si fui”

a decir lo mismo,

sin lograr inventar otras palabras.

El mundo de ayer no fue bonito,

pero el de hoy tampoco.

Antes se cortaba telaraña

para sanar la herida,

ahora se corta de una vez la herida

porque no hay telaraña.

Pobre Ana,

buscando con su linterna a Diógenes.

Quiso hacerse valiente y comió pólvora

sin saber que el azufre es cobardía,

quiso hacerse paloma sin ser ave.

¡Tonta María!

Regresa,

pero esta vez más sola

porque el mundo ha crecido

y se han hecho gigantes los enanos,

dinosaurios, las piedras del camino.

Las estrellas parecen más distantes;

Himalayas azules los domingos.

Regresa Ana María.

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6 comentarios en “Ana María Iza: in memorian

  1. Carlos, bellísimo tu poema a Ana María Iza: torrente de sonidos inefables , recorren el misterio de la noche, se hacen luz en la vida rescatada y cobra eternidad cuando …..”” alguien sacará tus versos para intentar el posible diálogo con el mundo”

  2. Tanto tiempo de no sentir dolor por alguien que ha partido,dejando atras tanta escasez mundana para empezar a ser feliz ahora si, en otra dimension de la existencia. Yo que la conoci y disfrute tres horas de su vida. Ahora vuelvo a abrir las paginas de su hermoso “Mi corazon contra las piedras” Poeta que devuelve a la palabra la fuerza del símbolo.
    Que otros disfrutaran contigo al encontrarte.
    gcorderoc

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