COMENTARIO CRITICO DE UN LIBRO DE JUAN PAZ Y MIÑO: “QUITO EN EL BICENTENARIO DEL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA DEL ECUADOR”…Y SU RESPUESTA.

Abajo he puesto la respuesta a este artículo, que Paz y Miño ha colgado en su muro del Facebook.

He leido las primeras cien páginas del libro de Juan Paz y Miño sobre el bicentenario del 10 de Agosto de 1809-
Estoy decepcionado.
No es diferente en nada a los libros de historia (100% apologéticos) escritos por los curuchupas en el siglo 19. Este hombre se quedó anclado en esa visión.
Apología de la independencia, del nacimiento del Estado oligárquico patricio, del inicuo statu quo social de aquel entonces.
Medio reconociendo por ahi ciertos factores como que no tuvo apoyo popular, que fue cosa de la aristocracia criolla
Cero análisis de lo que significó que el paisito cayera en manos de Juan José Flores.
Glorificación acrítica e incondicional del nacimiento de los estados oligárquicos latinoamericanos.
No se denuncia que la suerte de los indios no cambió en absoluto, y que más bien empeoró, aunque si dice suavemente por ahi que el sistema hacienda se fortaleció
Juan no hace un análisis social de aquella época, para nada.
Yo sé que el nacimiento de los estados nacionales latinoamericanos debía darse, era ese el proceso histórico, pero decir que eso fue una gran cosa es irse a la anti-historia.
Llama a cada rato “libertador” a Bolívar, que estuvo financiado por los banqueros ingleses, pero de esto no dice ni pío.
Reconoce que la independencia no transformó en nada a la sociedad, pero aún asi la ensalza.
Eso es glorificar el nacimiento de los Estados capitalistas oligárquicos.
Paz y Miño es apologista del capitalismo.
Se sale de la historia social, del análisis social, del estudio de la composición de fuerzas sociales, para glorificar el nacimiento de esos Estados basados en la explotación a las masas populares.
Estudia a los aparatos estatales, hasta el dia de hoy, por eso de las luchas sociales nacionales no dice nada, él habla desde la cumbre de esos aparatos y desde ahi ha sido un poeta escribiendo bellos versos elogiando y respaldando al gobierno de su excelencia, sin enterarse ni comentar ninguno de los abusos, represión, cosas medio con cara de chuecas, etc, en contra de los movimientos sociales.

Es una historia que describe nuevamente lo que ocurrió en el 10 de Agosto y en todo el proceso de independencia: cero análisis de los factores que estaban encerrados adentro de ese proceso. es descriptivo, apologista, no analítico, en absoluto. El mismo relato calcado de la vieja historia decimonónica. Ningún aporte.

Plantea que a esa gesta oligárquica que fue la independencia se la asuma como “parte de la identidad del pueblo ecuatoriano”: no estoy de acuerdo con eso
Denuncia que las reformas borbónicas, en casi el último tramo de la colonia, causaron perjuicios económicos, pero no se dedica a analizar jamás el problema de la justicia social, que asoma por ahi a veces solo tangencialmente…de refilón
sale diciendo que la independencia benefició “no solo a los criollos, sino los mestizos, indigenas”, y esto último es falso de falsedad absoluta y en eso se contradice en algunas partes de su trabajo, pues afirma en otra página que “en las nuevas Repúblicas, el poder oligárquico-terrateniente, derivado de la hegemonía de la clase criolla en los nacientes Estados (y que fuera el sector que más se benefició con la independencia), se enrumbara sobre la base de la continuidad de la explotación humana, la postergación social y la marginación ciudadana de las grandes mayorias populares y particularmente indigenas en la vida nacional”….esto dice, y luego sigue glorificando a la independencia de la oligarquía criolla, autora de supuestas gestas de las que debemos sentirnos orgullosos.

Recalca que los líderes provenían de la aristocracia local y que “no fue una revolución popular como la mexicana o haitiana”.

Dice algo tremendamente refutable: que “la élite intelectual y cultural difundió los principios ilustrados, liberales y democrático-burgueses”, cosa absurda, implanteable: los grandes gamonales y terratenientes de esa época fueron según su panegirico “héroes democráticos”? si casi todos ellos tenían esclavos y mantuvieron intacta la esclavitud por décadas, participaron en la represión de levantamientos indígenas.

Para saber qué cosa fue la famosa independencia, a nivel social -cosa que Paz y Miño excluye tajantemente de su trabajo apologético incondicional de la clase dominante de esa época, basta recordar estos acápites “tan democráticos” de “nuestra” constitución de 1830.

“art. 12: para entrar en el goce de los derechos de ciudadania se requiere…tener una propiedad raiz, valor libre de 300 pesos, o ejercer alguna profesión o industria útil, sin sujeción a otro, como sirviente doméstico o jornalero…para ser diputado se requiere tener una propiedad raiz, valor libre de 4000 pesos o una renta mensual de 500 pesos como producto de una profesión cientifica, de un empleo o de una industria particular”

Cevallos García reconoce en su HISTORIA que en ese tiempo “la representación popular estaba en manos solo de ricos. En efecto, un maestro de ciudad ganaba de 8 a 10 pesos mensuales. Aún de los altos empleados la renta no llegaba a 40 pesos mensuales”. Este contexto es desconocido por Paz y Miño.

Angel F Rojas dice, en LA NOVELA ECUATORIANA, que una vaca costaba en ese tiempo 4 pesos, y que Flores ganaba como presidente 12.000 pesos anuales.

Rumazo González, biógrafo de Bolívar, Manuela Sáenz, Sucre, Miranda, reconoce que el ejército español era más popular que el independendista: las tropas monárquicas estaban llenas de indios. En la batalla del Pichincha, el ejército de Aymerich tenía una altisima composición indígena, al revés del de Sucre. Pero Juan Paz y Miño, lleno de inspiración “patriótica”, señala que: “si bien los procesos de independencia en América Latina fueron encabezados por la clase criolla, terrateniente y comercial, en esencia, pero ello no significa que a la insurgencia criolla no se hayan unido amplios sectores populares y medios, incluidas algunas comunidades indígenas que se identificaron con la causa emancipadora, aunque su participación más bien fue subordinada a la conducción y dirección política de la clase criolla”.

Se olvida nuestro autor de las repetidas quejas de Bolívar por la falta de colaboración de la gente, de las levas forzadas que eran encerronas brutales (como lo explicó claramente Pedro Fermín Cevallos), y de los tributos que caían con la fuerza de las bayonetas para obtener recursos para su campaña. Se olvida del dirigente indígena de Pasto, Agualongo, que con su comunidad se mantuvo tieso defendiendo la causa monárquica.

Las masas populares no apoyaron a la independencia porque veian que eso era una “pelea entre blancos”.

Bolívar reclutaba tropas en cada pueblo a la fuerza, de manera brutal, obligando a enlistarse: estas redadas eran unas encerronas sangrientas. Paz y Miño da una idea muy distinta de todo esto.

Hay un punto que me ha llamado la atención: Paz y Miño a cada rato exalta lo “ilustrados” que eran los altos y (algunos) sangreazulados criollos involucrados en la tesis independentista. Dice que ellos asimilaron ideas de los enciclopedistas “cuyas obras circulaban clandestinamente” y adaptaron ese bajage para crear su “filosofía emancipadora”. El tiende a ver a la independencia como algo desligado por completo del expansionismo industrial capitalista que se fortalecía a grandes pasos en Europa.

La independencia para Paz y Miño tuvo factores endógenos -y eso es incuestionable-, que compaginaron con la búsqueda capitalista de abrir mercados para sus manufacturas. Al fin, se trataba de las mutuas necesidades de apertura comercial, que era la corriente de la época. Paz y Miño no llega a ver al mundo capitalista en expansión como un todo mundial, conectado dialécticamente, y entonces se pone a hacer el panegírico devoto de los “ilustrados criollos” que de manera absolutamente “anti-eurocentrista” concibieron, desconectados de todo interés y vínculo internacional-global. la tesis independentista. El rechaza que las “revoluciones independentistas latinoamericanas sean englobadas en lo que denominan “era de las revoluciones burguesas”. De este modo él llega a conceptualizar a esta región de una manera metafísica, separada enteramente del contexto mundial. Inglaterra y la masonería por supuesto nada tuvieron que ver con todo esto que fue obra absolutamente autónoma de la clarividencia de la por él endiosada élite criolla.

Tiene razón cuando dice que “la causa última que explica el proceso de la independencia de América Latina es la situación colonial que vivió la región desde la época de la conquista”. Son siempre los factores internos los desencadenantes de todos los procesos históricos, pero ubicados dentro del contexto de lo que otro autor llama el “sistema-mundo”. España era un país atrasado industrialmente, que malgastó el oro y la plata expoliados a este continente, y los usó para una vida de derroche de su corona y alta nobleza dominante, dedicadas a una vida de fanfarria y lujo, sin preocupaciones productivas, que se dedicaban a enviar el oro que salía de estas tierras a los países industrializados del norte europeo que les vendian manufacturas y allá acaparaban la riqueza metálica succionada a latinoamericana. España se fue sumiendo en el subdesarrollo dentro de Europa, razón por la que los comerciantes y banqueros holandeses y alemanes les llamaban “nuestros indios”.

Juan Paz y Miño no liga la independencia, cuyos móviles más que “ilustrados” eran económicos (cosa que nunca dice: se mantiene todo el tiempo en el terreno de la alta inspiración lírica), engendrados en un instante del “sistema-mundo”. Al fin, esta región no había estado separada del contexto mundial de desarrollo del capitalismo, sino vinculada al mismo en su peor forma. La presencia de la dominación colonial española, que duró siglos, creo que fundamenta esto con alguna claridad. El capitalismo, como sistema mundial que emergía poderoso, había completado su fase de acumulación originaria y marchaba impetuoso rompiendo -lentamente- los rezagos precapitalistas a los que estábamos agregados. El capitalismo ya se había impuesto en Inglaterra y otras partes de Europa y buscaba extenderse. El monopolio comercial español era un obstáculo para ese crecimiento. De ahi el interés británico y francés en apoyar la independencia de esta región. El factor endógeno local se conectó directamente con esa encrucijada del “sistema-mundo”, encarnada en las necesidades de implantación del reinado de las manufacturas industriales producidas por la nueva sociedad burguesa en expansión, y como resultado de la combinación de estos factores, se produjo la independencia.

Nuestro autor ve las cosas de otro modo, con un criterio inmaculadamente “nacionalista”, “antieurocentrista” (el “sistema-mundo” capitalista no tuvo nada que ver), todo fue obra de “lo ilustrados” y geniales que llegaron a ser los aristócratas latinoamericanos. Tesis dura de sostener cuando está ahí la presencia de seis mil soldados británicos -a los que se refieren en sus respectivas obras Patricio Martínez Jaime y Jorge Núñez Sanchéz- arribando a Venezuela para apoyar la causa del “libertador” Simón Bolívar, que sin ese apoyo inglés jamás habría podido hacer nada. Sin el apoyo económico militar británico -armas, dinero, tropas- el “libertador” jamás habría salido del anonimato. Tan es asi la cosa que todos recordamos que la famosa “deuda inglesa” (de la independencia) recién se terminó de pagar en el gobierno del General Rodríguez Lara. Creo que este detalle despedaza la introvertida visión expuesta por Paz y Miño. Es más, por lo menos hasta la pag 117 de su libro, no menta este asunto para nada.

El decisivo apoyo inglés a la independencia, por su parte, tampoco tuvo nada de desinteresado, ni lo motivaron concepciones “ilustradas”, sino intereses económicos. Necesitaban la apertura comercial para sus productos. Había llegado la hora en que el colonialismo debía ser reemplazado por el neocolonialismo manufacturero de las potencias capitalistas. Sobre todo este panorama Paz y Miño no dice absolutamente nada: él se queda en su capilla rezando un rosario por el alma de los “ilustrados criollos” que para él son el alfa y el omega exclusivos y absolutos de su concepción de la historia de este período.

Y en un derroche de acriticidad vanidosa que se le sale por los poros, dice que yo le critico por las cosas que no dice, cuando lo que hago es cuestionar la pobreza de su anti-análisis pseudo-histórico…él se limita a describir y ensalzar, no analiza nada ni aporta ningún dato para enriquecer ese análisis que felizmente muchos otros estudiosos si han hecho, y de otro modo, dialéctico, muy distinto…no han escrito ensayos para dedicarse a piropear a los héroes oligárquicos de la independencia como hace Paz y Miño.

Jorge Núñez Sánchez, en EL MITO DE LA INDEPENDENCIA (libro del que al parecer renegó) pormenoriza la llegada de mercenarios ingleses a Venezuela, para crear el ejército “libertador” de Bolívar: indica que fueron 6 mil hombres reclutados en Gran Bretaña por una serie de coroneles cuyos nombres indica, y da el nombre de los barcos en que fueron arribando a Venezuela.

De la entrega de las minas a compañías inglesas por parte de Bolívar -luego de concluida la independencia- Paz y Miño no dice nada.

De nada de esto habla este libro modosito, melifluo, descriptivo a la manera de los viejos curuchupas decimonónicos, escrito por mi amigo Juan, lanzando loas abiertas a esa independencia oligárquica que no debemos reivindicar para nada, en absoluto. Fue “una pelea entre blancos”, ajena enteramente a la causa de la justicia social. Fue una cosa lógica que debía ocurrir en esa época y se produjo: debemos entenderla pero no enaltecerla. Este error enorme comete nuestro positivista autor. El no ve a la independencia como una necesidad del capitalismo europeo en expansión ni como una reorganización de este continente para integrarlo a la división internacional del trabajo dominada por las potencias capitalistas de ese entonces.

COMENTARIO DE: JUAN DIEGO PÉREZ PONCE (en su facebook):
Me encanta la última parte: la independencia era una necesidad del capitalismo europeo en expansión y una reorganización del continente para integrarlo a la división internacional del trabajo….
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Yo agregaría que eso se logró solo cuando los criollos caen en desgracia por las Reformas Borbónicas (el cura Hidalgo salta cuando el hermano quiebra, Albornoz Peralta señala una caída en la producción de la cascarilla, etc., la decadencia de la producción de follaje que mantenían los ganaderos mantuanos, etc).

LE DIGO, EN EL FACEBOOK, A JUAN DIEGO PÉREZ PONCE:
Juan ve la independencia al margen del desarrollo y expansión del capitalismo. no toma en cuenta eso para nada.

JOSE MONCADA tiene sesudos escritos sobre esto, en su ensayo “de la independencia al auge exportador”, en el libro ECUADOR: PASADO Y PRESENTE.
Dice:
“las revoluciones industriales de Inglaterra y Francia necesitaban del mercado latinoamericano para sus productos. El capitalismo industrial que va desarrollándose durante todo el siglo XVIII encuentra en la dominación española un obstáculo para la penetración de sus manufacturas en las colonias americanas…
Inglaterra, cuya participación en las luchas de la independencia frente a España había sido predominante, se encontraba en su apogeo como potencia hegemónica del mundo capitalista…tenía enormes exigencias de colocar sus bienes en todo el mundo (para tales años más del 70% de lo que producía Inglaterra lo vendía más allá de sus mares) y para esto contaba con el sistema bancario y financiero más poderoso de todo el orbe, dispuesto a financiar la colocación de mercaderías inglesas en todos los países del planeta…
Era una Inglaterra que vivía una etapa francamente ascensional y que necesitaba destruir los obstáculos que se interponían a su política económica liberal que propiciaba consolidar su hegemonía destruyendo todo vestigio protecccionista…
De este suscinto análisis se puede concluir que las luchas por la independencia no fueron sino movimientos transformistas dirigidos por los terratenientes serranos y los grupos comerciantes y financieros de la costa, que buscaban capacidad de maniobra política y libertad de comercio para su producción, obtenida a costa de la explotación campesina.

(continúa aclarando José Moncada): En realidad, con la independencia triunfaron los grupos predominantes de sierra y costa…por la ley del 10 de Junio de 1824 se suprimen en el papel los mayorazgos y las vinculaciones, lo que en ningún momento impide que se sigan produciendo las grandes concentraciones de tierra, acrecentando los latifundios formados en los años de la colonia y “conservados” y transmitidos íntegramente…
Las ventajas de la independencia para la burguesía comercial consistieron en el inicio de una etapa de apertura comercial, especialmente con Inglaterra”.

Como se verá, esta es una visión muy diferente, crítica, analítica, del tema que trata el libro de Paz y Miño. Moncada hace otro tipo de enfoque porque no era positivista. Yo me imagino lo que habría dicho Agustín Cueva de esta obrita (jaculatoria) tan simplona de Paz y Miño. Es una cosita que jamás debió haber publicado.

Más adelante, el mismo José Moncada expone, en este ensayo:
“La lucha es contra la administración estatal de los chapetones, y para impedir la penetración de ideas ateas y masonas…es por esto que las características reinantes en la colonia se conservan intactas luego de la República. Los próceres de la independencia no estaban graciósamente empeñados en corregir la defectuosa forma de tenencia de la tierra, ni en abatir los sistemas de trabajo expoliatorios de las masas campesinas e indias, ni de poner término a la injusta organización económica de la Real Audiencia de Quito…esa misma nobleza que acaudilló el movimiento del 10 de Agosto fue la que aplastó las rebeliones indígenas: Quiroga y el marqués de Selva Alegre participaron contra la rebelión de Túpac Amaru, el capitán Salinas aplastó el movimiento de los indígenas de la comunidad de Atuntaqui”.
Estos hechos no se mencionan en el libro de Juan Paz y Miño, que prefiere hacer una larga y romántica oda, mistificando a “la élite cultural que difundió los principios ilustrados” que a él lo mantienen en éxtasis.

PATRICIO MARTINEZ JAIME, prematuramente desaparecido investigador guayaquileño, en su libro LAS RAICES DEL CONFLICTO, expone:
“Para 1819, del total de 7500 hombres que dirige Bolívar, aproximadamente 6000 son europeos… un nutrido grupo de los oficiales de Bolívar son europeos: Miller, Skeene, Hall, Wilson, Hippisley, Campbell, Gilmore, Macdonald, Elsom, English, MacGregor, Merceroni, Devereux, entre otros”. Y agrega: “la llamada guerra de inpdependencia no fue una guerra popular”, acotando después que: “la masoneria jugará un gran papel, todavía no suficientemente estudiado, en la independencia americana: apoyando las campañas a través de las Logias seguidoras del rito escocés (Inglaterra) o egipcio (Francia), corroyendo al ejército español en América a través de las actuaciones ambiguas de Morillo en Venezuela y La Serna en Perú, y en España impulsando la sublevación del general Riego contra el rey en 1820”. Estos particulares como que se le olvidan al vanidosito “e irrefutable” Juan Paz y Miño.

Patricio Martínez se refiere luego al despojo de tierras indígenas a poco de constituido el Estado ecuatoriano, y a la “limpieza de territorios comunales indígenas, dando paso a la formación o extensión de un conjunto de latifundios”. Menciona el papel del general Vicente Aguirre Mendoza -yerno del marqués de Selva Alegre-, en la represión a las comunidades indígenas que obstaculizaban “la segunda tendencia expansiva de los latifundios en base al despojo de las tierras indígenas”, cosas que el poeta Paz y Miño evade tratar a profundidad. El se dedica a exaltar al aparato oligárquico que creó este nuevo orden de cosas. Es lamentable, porque asi no se aporta a la conciencia crítica de nuestra verdadera historia. A estas alturas, ya no es la hora de escribir obras anticientíficas e irreales con pinta de devocionarios decimonónicos que solo pueden cumplir un papel alienante.

Hasta Osvaldo Hurtado, en EL PODER POLÍTICO EN ECUADOR”, es más objetivo y realista que Juan Paz y Miño. Dice: “La formación que recibieron en España las élites blancas y el mantenimiento de las estructuras económicas coloniales durante la República, no les habilitaba para comprender y valorar los aportes y necesidades de los pueblos nativos, sino más bien interesarse por los problemas de Europa. España les había modelado de acuerdo a su visión del mundo, de la que estaban excluidos indígenas y negros cuyos valores eran deliberadamente rechazados”. Contradicción total con Juan Paz y Miño, que se dedica a exaltar con devoción ilimitada “el pensamiento ilustrado” de los próceres de alta alcurnia, llegando a soltar alegre y despreocupadamente por ahi que el proceso independendista “benefició a indígenas y negros”, cosa desdicha radical y tajantemente por los hechos.

El idílico panorama independentista, angelical y lleno de divina música celestial, descrito por Juan Paz y Miño choca también con lo que el historiador Patricio Ycaza
sostiene en su magistral obra HISTORIA DEL MOVIMIENTO ECUATORIANO, en el que afirma:

“Desde la independencia…la clase terrateniente, propietaria de grandes extensiones territoriales, consolida la hacienda tradicional cerealista y ganadera, la incipiente burguesía agroexportadora (también terrateniente) empezaba a desarrollar las plantaciones cacaoteras que ocupan mano de obra asalariada. Práctica que no llega a ser general toda vez que el elemento directriz constituyen la serie de mecanismos de abierta coerción que aseguran la sujeción y superexplotación de la mano de obra en haciendas y plantaciones, mediante el establecimiento de formas precapitalistas de trabajo forzado, garantizadas por la presencia de una legislación represiva y expoliadora”. Y es a esta realidad a la que Juan Paz y Miño no se atreve a desenmascarar frontalmente, en pleno siglo XXI, habiendo tanta documentación al respecto, que conocemos hasta los que no hemos sido integrados a ese divino cenáculo que es la Academia Nacional de Historia.

Paz y Miño prefiere irse por el inocente camino de la extasiada apología absoluta, con apenas leves referencias tangenciales en el camino, mostrando una absoluta falta de claridad conceptual y rigor para tratar esta temática. A este paso, ya mismo nos sorprende con una erudita y exquisita biografía exaltadora de alguno de los “ilustrados y demócratas” potentados de ese tiempo, uno de aquellos que “nos dieron libertad”, aunque reconozco que de pasadita menciona aquel grafity -tan decidor- aparecido el día de la llegada de Bolívar a Quito: “ULTIMO DIA DE DESPOTISMO Y PRIMERO DE LO MISMO”. En la página 90 de su libro, tautológico, Juan Paz y Miño se muestra hiperbólico y afirma que “debemos valorar nuestra gesta de independencia y sentirnos orgullosos de ese pasado revolucionario” (!!!).

En el artículo de Milton Benites publicado en el folleto del Centro de Pensamiento Crítico, titulado “Propuesta para una academia alternativa”, hay este párrafo,que quiero integrar aqui a mi crítica al libro acrítico y apologético de Juan Paz y Miño sobre el “glorioso” bicentenario del nacimiento del Estado oligárquico al que fervorosamente exalta.

Dice Milton Benites:
“en lo que tiene que ver con la historia política de América Latina, las relaciones del poder global del mundo capitalista han dado lugar a la existencia de tres momentos o épocas específicas: la colonia, la República, la globalización, cada uno de ellos con su orden social de explotación, dominio y subyugación específicos. Lo común de estos tres momentos es aquello que garantiza la continuidad del sistema global: la dependencia a los centros de poder del capital global”, algo a lo que Paz y Miño excluye 100% de su complacida descripción encantada de ese período #maravilloso, que debe enorgullecernos”. Pamplinadas y jaculatorias embelesadas -de Juan Paz y Miño- que evaden el análisis objetivo de los reales intereses de poder que estuvieron en juego en la época de la independencia, que a él le maravilla tanto y lo deja en un arrobamiento celestial admirativo de los “ilustrados criollos”, sus ídolos, terratenientes poderosos de esa época, que según él buscaban “transformaciones sociales”. Y lo dice con absoluto desparpajo. Parece ser que se debe estar atento ante ciertos historiadores que edulcoran con todas sus fuerzas la realidad y nos quieren hacer pasar gato por liebre.

Escribi en el muro de Juan Paz y Miño estas palabras:
mi querido e insigne poeta y amigo, Juan, distinguido catedrático, puse en mi blog tu respuesta. Me he sentido honrado de que tomes en cuenta mis sinceros comentarios a tu libro. No soy historiador, como decía Benjamín Carrión cuando escribió EL SANTO DEL PATIBULO, soy un lector de historia. El debate y la discrepancia intelectual no alteran la amistad en absoluto. Un fraterno abrazo. Gracias.

PD: Juan me había ofrecido enviar su obra hace mucho tiempo, supuse que se había olvidado asi que fraternalmente le reclamé. Lamento que haya creido que por leer su libro, yo tenía la obligación de concordar con lo que en él dice (y no dice nada de la encrucijada internacional del capitalismo ascendente en aquel entonces. Ubica a la cuestión de la independencia como una ocurrencia genial de los ilustrados aristócratas de entonces, exclusivamente, sin referirse para nada a los factores que menciona arriba José Moncada: no olvidemos los barcos ingleses que llegaban a Venezuela cargados de mercenarios británicos…no olvidemos a generales como Oleary, Stagg, y muchos otros, que para Juan parece que…”no existieron”. De la labor de Miranda en Londres induciendo a todos los criollos sudacas de alto coturno que llegaban a integrarse a su logia, y de su brega por conseguir el financiamiento de banqueros ingleses para la lucha por la independencia de América, cosa que se concretó con Simón Bolívar, que entregó a Miranda a los españoles a cambio de un pasaporte, en Venezuela, como lo revela su biógrafo Rumazo González, Juan no dice nada.

El se ensimisma en la “genialidad patriótica” de los ilustrados oligarcas y terratenientes y aisla este hecho de todo su contexto internacional, del cual la independencia fue producto, y sin el que esta no se habría producido. Asi fue la dialéctica de aquella coyuntura histórica, que Juan Paz y Miño lamentablemente no maneja en absoluto y francamente creo que ni la entiende. Su libro no pasa de ser, por eso, una simple letanía repetitiva de cosas demasiado conocidas y machacadas hasta la saciedad: pura descripción memorística al estilo de viejos breviarios curuchupas, cero análisis social.

Supongo que a obras de esta laya es a las que René Báez incorpora dentro de lo que llama “trasnochado discurso del positivismo”, aunque no creo que René conozca este libro de Paz y Miño, pero estoy seguro de que el concepto se le aplica a nuestro vanidoso historiador, que me acusa de querer descalificarlo como persona, porque se va por ese camino, en vez de debatir con rigor dialéctico el tema de su libro: el significado que tuvo la independencia, como base y raiz de la creación del Estado oligárquico, hecho concreto que él entre que reconoce y adorna, aunque sin explicar y referirse a los intereses socioeconómicos nacionales y extranjeros que incidieron en el desencadenamiento de la independencia, y que se pusieron a la cabeza de los Estados que aparecieron como consecuencia.

Me queda una inquietud: en la página 86 Paz y Miño dice que en la etapa de celebración del Bicentenario de la independencia, el Ministerio de Cultura del Ecuador (?) editó “con la colección Bicentenario, una centena de obras que se distribuyeron masivamente a un costo de U$ 0,050 junto al periódico público El Telégrafo”. ¿Uds se enteraron de la edición de esta “centena de obras”? Recuerdo que al comienzo del gobierno de la llamada “Revolución Ciudadana” con El Telégrafo circularon en Guayaquil una decena de obras, que adquirí. Nunca supe que fue “una centena”. ¿y ustedes? Será que circularon en Quito? Le consulto a un ilustrado amigo residente en Quito que, igual que yo, no sabe nada de esta “centena de obras”.

En las líneas finales de su respuesta, Paz y Miño dice cosas desagradables…que “le rebato cosas que no ha dicho”, etc. Parece que se siente encima del bien y el mal, incriticable, incuestionable. Se le ha desarrollado, por lo visto, una enorme vanidad personal al historiador positivista. Seguramente, para él, una “lectura seria” de su superficial libro, significa obligatoriamente alabarlo, felicitarlo, elogiarlo, aplaudirlo, decirle que es un genio, un maestro, hacerlo sentir que es el más consagrado de los comentaristas históricos que han existido. Debe estar demasiado acostumbrado a las alabanzas en este país en el que no mucha gente lee. Y, entonces, mis criterios desentonan radicalmente con el paisaje que él se ha auto-diseñado para si mismo.

Paz y Miño dice que “es un prejuicio que yo lo juzgue por su posición política”. No creo haberme referido a la postura política que él tiene. Pero de aqui se desprende que, en su enorme ego, piensa que su libro es perfecto e incriticable. He dedicado al análisis de su libro todos estos párrafos y me he referido a eso, al libro, pero sale tratando de irse por las ramas, de desviar la atención, achacándome algo en lo que no he incurrido…aunque su postura política pro-gobiernista es sumamente conocida, y no es noticia que aqui ahora recién yo mencione eso. No es serio que salga con eso. Me admira. No ha podido encarar un debate objetivo, y eso es lamentable. Parece que prevalido de una autosuficiencia barata se cree que es, para usar un término popular, “la divina pomada” y le resulta inverosímil que un poeta como soy yo, buen lector de la historia nacional, le replique. Y sale con miquistiquis que rebajan el nivel que estas cosas deben tener: libro superficial, actitud superficial. Ël ha escrito mejores cosas.

El libro, finalmente, lo que hace es repetir lo que ya han dicho decenas de historiadores del siglo XIX y XX. No hay en él nada original, nada especial, ningún aporte nuevo. Cualquier estudiante podría hacer un libro asi.

El investigador René Báez, valioso ensayista, un crítico social original, profundo, que si aporta al pensamiento nacional, acaba de enviarme 10 ejemplares de un libro de 114 páginas, titulado AGUSTIN CUEVA: CIENCIA Y REBELDÍA. Estoy autorizado para disponer de estos ejemplares, pero apenas pueda les dejaré en algunas bibliotecas de Guayaquil, para que el público estudioso pueda leerlo. Los acuses de recibido que me den los publicaré en mi Facebook y se los enviaré a él via email, para que sepa qué he hecho con estos tomos.

Los ejemplares de este libro de Paz y Miño se los voy a devolver, enviándoselos por Servientrega. Le pediré que me dé una dirección para poder hacerlo. No vale la pena que un texto tan repetitivo y lleno hasta la saciedad de lugares comunes y de cosas que ya han dicho más de cien autores -y que no contiene el menor análisis de esa época- se difunda gracias a mi. La fea suspicacia de las líneas finales de su nota me obligan a tomar esta decisión.

Para concluir, quiero referirme a la página 135 del libro de Paz y Miño, en la que se evidencian sus garrafales contradicciones…

Dice primero: “no hay que perder la mira sobre los alcances de la revolución de independencia. Esta logró la liberación contra el coloniaje, hecho que benefició a toda la población del país, tanto a blancos dominantes como a mestizos, indígenas y esclavos negros”. (???).

A continuación, en esa misma página, en las líneas siguientes (parece un juego de colores, una fiesta con dos orquestas que tocan ritmos diferentes al mismo tiempo), expresa:
“Pero la independencia ecuatoriana y latinoamericana no trajo Repúblicas democráticas…amplios sectores de la población fueron marginados y, en mucho, esos sectores populares continuaron explotados por los dominios oligárquico-terratenientes”…y en el siguiente párrafo, agrega frescamente algo totalmente distinto al párrafo anterior: “…consistió en la reación de las repúblicas oligárquico-terratenientes, donde el dominio de clases poderosas y exclusivistas , dejó a un lado los ideales sociales de transformación soñados durante el primer momento por los próceres y patriotas de la época independentista” (???).

En qué mismo quedamos, mi querido amigo? Qué ideales sociales liberadores tenían aquellos próceres como el marqués de Selva Alegre? Mis antepasados estuvieron en esa lista de próceres que desencadenaron el 10 de Agosto de 1809, y dos de ellos murieron asesinados en la matanza del 2 de Agosto del año siguiente (Salinas y Ascásubi). Dieron su vida por esa causa y admito que eso no deja de engrandecerlos. La memoria de todos esos mártires merece respeto, sin lugar a duda. Pero soy capaz de ubicarlos en su contexto histórico. No eran en absoluto reformadores sociales, como insinúa a cada rato Paz y Miño. Pertenecieron a la alta cumbre socioeconómica de aquella época, y en esas instancias se conspiró, fraguó y ejecutó todo lo que ya sabemos. Ese horno no estaba para hacer bollos de liberación social.

RESPUESTA DEL JUAN PAZ Y MIÑO, APOLOGISTA DE LA REVOLUCION CIUDADANA, COLUMNISTA DEL DIARIO EL TELÉGRAFO, PANEGIRISTA DE LA INDEPENDENCIA DE LA OLIGARQUÍA CRIOLLA:

RESPUESTA RÁPIDA Y FINAL A CARLOS E. LASSO CUEVA
Juan J. Paz y Miño Cepeda

Me refiero al artículo: “Comentario crítico del libro de mi distinguido amigo Juan Paz y Miño: Quito en el Bicentenario del Proceso de la Independencia del Ecuador”, de Carlos Lasso Cueva, difundido en su blog y en redes sociales.

Ante todo, pensé que Carlos pedía con insistencia varios ejemplares de mi libro porque servirían para ampliar la discusión sobre el tema. Veo que ha servido, ante todo, para que lance una serie de “críticas” que en nada tienen que ver con un análisis académico. Bueno, al fin y al cabo Carlos no es historiador, pero si es poeta, lo cual explica sus puntos de vista.
No sé qué leyó, qué no leyó, qué encontró, qué no encontró. Porque mi libro analiza específicamente la Revolución de Quito, entre 1808-1812 y no los procesos posteriores ni anteriores y en ningún caso la vida de la república del Ecuador a partir de 1830. De modo que no se puede juzgar mi obra por no haber tratado esos procesos de antes o después de la Revolución Quiteña. Concentrarse en el texto y su objeto de estudio es lo primero que exige todo análisis académico. Y, por cierto, esos otros temas que dejo “fuera” de mi libro específico sobre la Revolución Quiteña, están ampliamente tratados en otros artículos y libros de mi autoría.
En forma tajante, absoluta, clara, sin rodeos, señalo las siguientes ideas centrales de mi libro:

1. La independencia del actual Ecuador formó parte del proceso de la independencia de América Latina. En ese contexto, la Revolución de Quito fue pionera en iniciarlo en el territorio de la Audiencia de Quito. Y esta Revolución, junto con las de Chuquisaca y La Paz, igualmente es pionera en instalar un gobierno criollo autónomo. Esta revolución incluso llegó a constituir el Estado de Quito y a dictar la primera Constitución. Pero fue cercada y liquidada, con lo cual concluyó la primera fase del proceso independentista.

2. La Revolución de Quito fue movilizada por una elite de criollos ilustrados. Pero logró despertar el apoyo de distintos sectores populares. No sé si Carlos conoce la nueva bibliografía existente desde hace algunos años sobre este tema. Por ello, en la matanza del 2 de agosto de 1810 no solo murieron criollos, sino también centenares de pobladores de los barrios de la ciudad que enfrentaron a las tropas limeñas de ocupación y represión. No fue una revolución auténticamente popular, como en México o Haití. Sin embargo, como en toda Latinoamérica, movilizó conceptos políticos inéditos. Una vez alcanzada –y eso solo ocurrió en 1822, que bien refiero en mi libro- la independencia provocó el fin del colonialismo español. Solo este hecho es un motivo de orgullo latinoamericano, porque nuestra región fue pionera, en el concierto de la historia universal, en alcanzar la independencia, en los albores mismos del capitalismo, algo que Asia y África solo alcanzarán en el siglo XX.
Precisamente son autores extranjeros los que han tratado de minimizar la independencia latinoamericana sosteniendo que fue un eco de los acontecimientos que ocurrían en Europa, que fue una cuestión de oligarquías criollas, que no significó nada, que no merece lugar en la historia universal, que nada cambió y que todo siguió igual o peor que antes. Este punto es al que más he dedicado atención en mi libro y allí están algunas ponencias que presenté en España y otros países, confrontando los argumentos de historiadores extranjeros que minimizan nuestra independencia desde la perspectiva de la mentalidad del colonizador que no ve la liberación del colonizado. Y la independencia, sea cual sea la situación en la que con posterioridad a la Revolución de Quito quedaron los mestizos, los indios, los esclavos (por cierto no se hizo la liberación social que hoy supondríamos que debe hacerse), por si misma fue un hito de la historia del Ecuador y de América Latina. ¿A quién se le ocurriría, en nuestros días, decir que no hay que apoyar y reconocer a la independencia anticolonial solo por el hecho de que la elite criolla lo encabezaba? Es como negarse a apoyar y reconocer los procesos de la lucha anticolonial en Asia y África, en el siglo XX.

3. La independencia es parte de la identidad del pueblo ecuatoriano y latinoamericano. Sus líderes, como Espejo, Morales, Quiroga, e incluso Bolívar (que no vivió nada de la Revolución Quiteña, pero a la que sí celebró por su fuerza y significado), son figuras nuestras, latinoamericanas, de orgullo histórico. Decir que Bolívar era un agente del imperialismo inglés es una vieja novedad venida de biógrafos extranjeros, para minimizar el valor de este personaje y también minimizar la gesta independentista. Hasta Karl Marx cayó en ese juego cuando escribió una biografía de Bolívar basada en los textos biográficos de los enemigos de Bolívar. Y en Guayaquil supongo que Carlos conoce bien las tesis de ciertas elites que tratan al Libertador como usurpador. Veo que Carlos reniega, igualmente, de estas figuras históricas y, además, se afilia al pensamiento de aquellos enemigos del Bolívar “usurpador”, porque para él, supuestamente fue la independencia la que sirvió algo así como palanca para construir un “paisito” oligárquico, sin saber o reconocer (tampoco conozco si él ha leído los trabajos actuales sobre el tema en distintas fuentes nacionales y extranjeras) que la elite radical, que también quería una transformación social, fue desplazada por las otras elites oligárquicas y conservadoras, que ciertamente edificaron Estados basados en la explotación social y la exclusión política de la democracia. Flores, entre otros, pertenecen a esa elite post-independencia, que edificó el sistema oligárquico, al cual he dedicado varios de mis actuales estudios históricos sobre el tema de la economía y la sociedad republicanas.

4. En mi libro uso hechos conocidos, precisamente porque me propongo darles el significado histórico actualizado. Carlos no ha comprendido este asunto y se ha detenido en observar únicamente los mismos hechos ya conocidos por él. Pero más allá de lo escrito en mi libro, es un prejuicio que me juzgue por mi posición política (o por lo que supone que es mi posición política) y no por lo que contiene el libro, porque con esta forma de actuar como que quiere entrar ganando por el lado de la descalificación personal. Recuerdo que mi amigo, el célebre sociólogo ecuatoriano ya fallecido, Agustín Cueva (a quien Carlos resalta permanentemente), dedicó un texto a rebatir el libro de Rafael Quintero sobre el populismo. Agustín dice en ese texto que Quintero le rebate cosas que Cueva nunca ha escrito, pero que las usa para refutarlo. Es lo mismo que ha hecho Carlos conmigo: me rebate por lo que no he dicho o por lo que dejé de decir, pero no por lo que efectivamente dije. Y, además, toma alguna frase aislada de lo que he escrito, para sacarla de contexto, darle el giro interpretativo que se quiera y con ello lucir a sabio analizador, lo cual no es precisamente académico, aunque reconozco que resulta muy poético.

De modo que no voy a dar más importancia al asunto que el que se merece. Así es que aquí termino cualquier polémica al respecto.

Quien desee leer seriamente mi libro, lo encuentra en editorial Abya Yala, en las principales bibliotecas del país y seguramente ahora también, gracias a los ejemplares que Carlos va a entregar, en las principales bibliotecas de Guayaquil.

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