Guayaquil de mis amores: poesía.

Mi poema a Guayaquil,
ciudad fundada el 15 de Agosto de 1534, en Riobamba
por Diego de Almagro
y mi abuelo Sebastián de Benalcázar

Por Carlos Lasso Cueva.

Aquí está el destello
que sale en los minutos de fiesta
a recorrer el viento fresco del verano

Esta es la sinfonía
que los nostálgicos fragmentos patrullan

Epifanía del arco iris
ceremonia de luz en el avance de la música

Antigüedad de rostros expulsados de la memoria

(Escudos que protegieron
el pecho del guerrero
que llegó de la fría y alta sierra
a encontrarse con los sobrevivientes
del mes ensangrentado que registran las crónicas)

…En la procesión del agua viajera
que envían los nevados

Bebiste el aire de platino
en el plenilunio proletario

Voces
palabras
pactos
que extinguieron el miedo

Aleluyas que explosionaron sin horario

Bienvenida tu gracia con el perfume de la vida
en el lenguaje cotidiano del amor
de la ciudad eudemónica
llena de sílfides

Lauto el tiempo dejó marcados los años
peregrinaje cotidiano concebido entre pétalos
en cada hermosa aparición
que deslumbró al huésped

Calles marcadas a besos
huracán de la historia in illo tempore

Aquí se cruzan el alfa y el omega de la vida
sudorosa palabra heredera del misterio

Fue una mujer amiga que te miró crecer
como madre caída en la pobreza

Abasteció tu fuerza

te dio el ritmo de la fábula
la ruta del río acompañante

Equilibrio de las formas
en el acontecer del relámpago

El poeta conoce de memoria tu luz
antiguo Templo que amaste desde niño
viendo crecer el milagro

Aquí te fue dulce la cosecha
en medio de la guerra

Apodíctica lumbre
que te protegió en el desierto

Ciudad jacarandosa de zafiro
levantada a sufrir en los laudes
desde la hora prima incansable bregando
hasta más allá de las vísperas

Tenaz martillo que el sol quema
reconciliación de metales
en la perspectiva de la luz

Ámbar verificado
en el inmenso hogar que no se abate

Fuerza del meteorito

Retoño interminable

Abrazo del destino en el inescrutable laberinto

fogata que muestra su paciencia
en el transcurso del viaje

Jardín hecho de lágrimas
que batallan por su hora

Fiesta triste luego de la batalla

ciudad en bandolera
te miro desnuda en cada cuadra
íntima soledad que deslumbra

ardiente paisaje que se serena en el crepúsculo

bosque regado de penas
que multiplican su fuerza

fresca brisa que recorre
tristezas y caminos

ojos
manos amigas
ternuras que han sobrevivido a la violencia

pasos humildes apresurados en el tiempo
voces interminables
que caen como cascadas
en el inicio

sueños abolidos en el undécimo mes
por la masacre
soportando impasible
a quienes creen ser tus dueños o tus amos

luz novenbrina que titila sin marchitarse
longitud del amor que transita
con los zapatos viejos

muchedumbre interminable que hace promesas
mirando a las estrellas

madres que se sobreponen a las heridas
y caminan impolutas
sobre un hilo de esperanzas

prodigio cotidiano
que supera a la angustia
y sobrevive cantando

juramento en cada hito afincado en las profecías
banderas que nacen desamparadas cada día
fecundizando el origen
multiplicando el secreto
izando el corazón
caminando sobre el mar
con la dura memoria de los años a cuestas

Sobreviviendo en la furia y el sollozo
guardando los pequeños ahorros
al borde del abismo

Hidalgía de miradas que crecieron en tus barrios

Pacto noble con la vida que el oxígeno revitaliza

Rectos minutos apegados a la brújula

Algarabía de la niñez que amontona caminos

multitud acostumbrada al lenguaje del gran astro

Destinos que remueven la penuria
y cantan con orgullo el himno de la vida

Ciudad mi rostro
que envejece lento en tu regazo

Ternura de tu sombra en la planicie

Historia interminable que camina buscándose

Tesoro hecho de fuego que se metió en mis ojos
y se quedó dentro de mi
morando apacible entre el recuerdo
de mis volcanes y mis páramos.

ESPERANDO EL PRODIGIO

por Carlos Lasso Cueva

los amigos fueron una encrucijada en la puerta del tunel

resignados ante el clima del desierto urbano

trataban de ser una fotografía de la felicidad

sin lograrlo

pasos firmes en el tieso calor del día

ubicados en el esplendor dormido de la ráfaga

el uno escribía versos

otro consumía botellas de ron y pintaba cuadros que a veces se vendían

y el tercero rumiaba una cruda derrota en el puente colgante

-una mujer se esmeró en exprimirle la vesícula

aficionada a la cópula cada vez que salía la luna

él descubrió su repugnante manera de vivir un poco tarde-

eran un triángulo que se llenaba de coplas

despotricaban contra la vida pero no habían perdido del todo la alegría

había una canción individual para sus climas de silencio

una rutina individual que de alguna manera convergía

en el asombro de la charla

experiencias y recuerdos

metas

esperanzas

en el día

era una cacería furtiva cada amanecer

al salir el sol cada uno estaba solo

esperando la aparición de la estrella

cada esperanza era compartida

Cupido les ayudaba a veces y los minutos se consolidaban

la jornada cotidiana era desafío y descubrimiento

con estancias a veces prolongadas en la tibia y cómplice armonía del mundo

cada uno refugiaba su intimidad en la mujer que aparecía

íntima y súbita en la aceleración de las ansias

era fresca la noche y hasta se oía música

en esa ceremonia de náufragos

argonautas perdidos que no buscaban el Vellocino de oro

sino la plenitud de un largo día de luz amparando sus rostros

destinos

la consigna era escapar de esa trampa nebulosa

insertada en el perfil de sus biografías

guerreros enérgicos enfrentando la tristeza

samurais compartiendo historias y olvidos

pintando el aroma del día con una melodía fatalista

esperando el definitivo descubrimiento

la cita con el esplendor

la llegada del ensueño

el exterminio de su soledad expandida en el aire

la llegada de una mujer que les miraría con ternura

pero el tiempo de la muerte es largo

como una fila de soles adversos

(a la redención no se la busca

ella llega siempre en un momento incógnito impredecible)

estaban conscientes de que debían estar listos para el hallazgo

para la radical transmutación del silencio

en medio de las tinieblas esperaban la llegada de su prodigio

tensos tenaces
seguros de integrarse a lo que quedaba de la triste fiesta del mundo

HUELLAS DEL CANTO

por Carlos Lasso Cueva

en los inumerables años
complejos
contradictorios
macabros y dichosos
mezcla de oscuridad y avalancha de luces
en la senda impregnada de sombras y estrellas
entre esos días ásperos y secos
volubles y huraños
contradictoriamente entreverados
realidad y fantasía entre el eco de las horas
relámpagos fugaces de amor y deseo
aplacando la fiebre
contactos que dejaron huellas
caricias separadas del fango
besos que escandalizaron a la furia de la muerte
entre los pasos del alba y el crepúsculo
muerte y retoño del vértigo
presencia de las ansias que palpitaban sedientas
transitando puentes
en medio del temblor del aire
fue siempre en el verano
antigua profecía que retornaba del destierro
por el fondo intangible
vasos limpios
un abanico respirando el perfume
pensando en el otoño
que lucía remoto en ese tráfago
la ventanilla del viento y su aviso
liturgia del tiempo que corría y el escudo
barco retoñando entre las aguas
misterio y eclipse
furor
deseo
ternura
desencadenándose
tablas recién cortadas
caricias perpendiculares
que recorrían la magia de la vida
contrabando de estrellas musitando ternuras
soles próximos
era una cosa concreta la maravilla del mundo
la vida entregada al deleite
longitud de la belleza dormida desnuda
respirando
con la paciencia que tenía su chance de gloria
admiración palpable de la recompensa
pan hecho carne
tránsito de la batalla al beso
innecesario describir la pulcritud de esa maravilla
sencillez de la realidad
cuando la felicidad viene a verte
y tiene esa terrible dimensión incuestionable
sabor de uvas frescas
lenta eternidad apacible entre la cama y el cielo
semblanzas increibles impregnadas en el tacto
huellas del canto
desagravio
en algún momento del mundo el día fue indefiniblemente bello
apetito y sudor
sangre excitada que hizo crujir el estante de libros
piel maravillosa
humedad retumbando entre los poros que ardían
inefables movimientos telúricos sacudiendo arterias
mutua conquista
reconciliación del mar y la montaña
silenciosa serenidad disfrutando del esplendor
la claridad del aire
el fuego como hechizo entre su boca y sus piernas
plenitud de un poema que no existe
porque en ese momento solo fue la vida

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