“LA ENFERMEDAD HOLANDESA”: ALEJANDRO MOREANO.

 
La “enfermedad holandesa”
POR ALEJANDRO MOREANO.
EL TELEGRAFO 2 VI 2008
.”Gasolanda” describe los males que aquejaron a Holanda por el descubrimiento de yacimientos de gas a mediados del Siglo xx. Más allá del fracaso metafórico del término, la “enfermedad holandesa” denuncia la pobreza que agobia a los países ricos en recursos naturales El fenómeno es conocido: la abundancia de recursos financieros favorece la importación creciente de productos, en algún momento incluso los tradicionales alimentos del país, y condena a la producción nacional-y a las exportaciones industriales- a un agotamiento progresivo. Pronto se convierte en la actividad principal en torno a la cual gira toda la vida de un país. Sin embargo, no genera articulaciones dinámicas con otras actividades económicas. Funciona como una suerte de gigantesco embudo que succiona la riqueza hacia afuera. Gesta además un consumo suntuario excesivo que incluso llega a los sectores empobrecidos de la ciudad. Es clásica la imagen del primer Cantinflas: barrios pobres de casas de latas y cartones pero todos con antenas de TV -el símbolo suntuario de la época- y un país prácticamente arrasado. Nosotros lo hemos conocido en la era petrolera Los países del Golfo Pérsica, poco desarrollados pero que “nadan” en petróleo, lo saben. Jeques petroleros que se hacen traer de París el champagne y las cocotes o dejan en los bares europeos propinas de cien mil dólares por tedio. Arabia Saudita posee la única vía terrenal -las metafísicas son el viaje al cielo o al infierno”- usada una sola vez, construida hacia la mitad del desierto para el matrimonio de una de sus princesas. Los únicos beneficiarios son las empresas trasnacionales y los países desarrollados que se aseguran así fuentes estables de materias primas. China que está ingresando al club de los países ricos lo hace en África –y hoy en América Latina- convirtiéndose en la nueva plaga.
El fin de semana, la Asamblea Constituyente discutió la “soberanía económica”. Martha Roldós, señaló en su Informe de Minoría que sus compañeros de mesa tacharon la expresión ” … evitando el extractivismo”, y cree que “la preocupación por el futuro minero del Ecuador estuvo presente en esa decisión”
El Presidente Correa parece estar decidido a promover la explotación minera, a pesar de la resistencia de amplios sectores a la devastación ambiental que la: misma suscitaría.
Pero el problema no es solo ambiental
La actividad minera consolidaría el carácter primario-exportador de nuestra economía con las consecuencias señaladas. El Presidente Correa lo sabe: en su Informe del Primer año de gobierno confesó que el crecimiento de las importaciones es la mayor derrota de su Gobierno. Semplades señala que, en el 2006, el 59% del consumo interno del Ecuador se satisfacía con importaciones. Correa propuso el “desarrollo de la producción” y la integración regional como las metas de su Gobierno. La consolidación del carácter primario-exportador del Ecuador liquidaría ambas. El “extractívismo” pondría fin a la participación del Ecuador en la integración de América del sur. Funcionaría como un TLC al reforzar la dependencia del país a los centros hegemónicos del mercado mundial.
La “enfermedad holandesa” puede ser mortal.


ADVERTENCIA
POR ALEJANDRO MOREANO.
EL TELEGRAFO 9 VI 2009.

Las masacres para vencer la resistencia de los mineros y de los pueblos a la explotación de los recursos naturales han sido parte oficial de la historia de América Latina. En “Metal del Diablo”, Augusto Céspedes narra la masacre de Catavi, 1942. Tiempo después, Sanjinés nos daría “El Coraje del Pueblo”, esa magnífica muestra de su “cine pobre” sobre la masacre de los mineros en la noche de San Juan, 1967.
Metal del diablo, el estaño. El petróleo en Venezuela tuvo otros nombres (registrados por novelas como “Mene”, de Díaz Sánchez, y “Oficina N° 1”, de Otero Silva): maldito mene, aceite opulento, invento del diablo, solificada sangre negra, luto negro de la tierra, “todo aquello oscuro que hace guiños sobre el lago”.
La originalidad actual es que la resistencia a la explotación se realiza en los comienzos de una nueva ola “extractivista” (minerales y biocombustibles, agua y recursos forestales) que puede arrasar con nuestros países, someternos a un reforzado dominio del capital multinacional y destruir el medio ambiente. Sus portagonistas ya no son los heróicos mineros de antaño, sino los pueblos indios, en especial de la Amazonía, y los campesinos de las regiones afectadas.
En el Perú se acaba de dar uno de los más cruentos episodios de esa guerra. Cerca de 40 personas han sido masacradas por el gobierno de Alan García, entre ellos varios dirigentes de las comunidades de la zona y Santiago Manuín, histórico dirigente de las comunidades Aguaruma-Huambisa de la provincia de Condorcanqui y premio Reina Sofía por su labor en defensa de la Amazonía. Los cadáveres, según el dirigente amazónico Zebelio Kayap, estarían siendo quemados por efectivos de la Dirección de Operaciones Especiales y arrojados al río Marañón en el caserío de Reposo, en Bagua.
La movilización se realizó frente a varios decretos a través de los cuales Alan García pretende transformar el andamiaje jurídico peruano para adaptarlo al convenio del TLC con EE.UU y a las exigencias de las corporaciones multinacionales, que versan sobre asuntos cardinales: recursos hídricos, fauna. forestación, patentes y marcas, la facilitación del comercio exterior…
la respuesta de la sociedad peruana y de América Latina ha sido inmediata. Al día siguiente una multitudinaria manifestación recorrió las calles de Lima al grito de “¡Alan genocida!”. El Sindicato Unico de la Policía Peruana ha rsponsabilizado al gobierno y a las cúpulas policiales de propiciar un enfrentamiento entre hermanos. La Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas ha llamado a expresar acticamente la solidaridad.
La justificación de Alan García ha sido que 400 mil “nativos” no pueden oponerse a 28 millones de peruanos. ¡No hemos oído acá palabras similares? ¿Con la Ley de minería y la de agua no se pretende cambiar el orden jurídico a favor de las compañías extractivistas? Aplaudimos el ingreso al ALBA: pero ¿en lugar del camino del ALBA, no estamos siguiendo acaso el del Perú que conduce a la represión sangrienta? ¿La literatura y el cine volverán a expresar la tragedia y la épica de la minería y de la resistencia? La masacre, por cierto, se dió en el día del Medio Ambiente.

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