Galo Plaza Lasso y su gobierno

Este brillante artículo se publicó en MEMORIAS PORTEÑAS -revista dominical de diario Expreso- el Domingo 24 de Julio del 2016.

Se lo solicité a mi querido amigo, su autor, para ponerlo en este blog, y tuvo la gentileza de enviármelo de inmediato.

GUAYAQUIL SIGLO XX

¿EL POPULISMO SE EQUIVOCÓ DE ENEMIGO?

José Luis Ortiz

SE LANZÓ CON TODO.-

Si observamos el curso que sigue el populismo en su arremetida contra el gobierno de Plaza, encontraremos que esta no se detiene en diferenciar hechos ni circunstancias. Todo lo que venga de la gestión oficial es negativo, como lo es cualquier comportamiento que no se acompañe de ataques contra el régimen. Todo aquello que no tome partido, actitudes o personajes, cae en el ámbito de lo nefasto y le pertenece al  “enemigo”.

La gestión oficial, no cabe duda, se caracterizó por otorgar apoyo y facilidades para el desarrollo de las actividades productivas, para impulsar  la economía nacional y garantizarle mercados seguros. La actividad pesquera, por ejemplo, fue una de las líneas a beneficiarse de las oportunidades concedidas por ese gobierno liberal. Contra esta dinámica se lanzó también la retórica del populismo. Este punto motivó gran preocupación en la acción política y comunicativa de CFP. A las empresas pesqueras las calificó de  “GALERAS PIRATAS”, y a la actividad llevada a cabo por ellas las definió como  “PIRATERÍA” contra los intereses económicos ecuatorianos. Todas estas compañías, en el imaginario populista, incumplirían con sus obligaciones de pagar al fisco, procederían de manera incorrecta y considerarían que el mar territorial es  “tierras de nadie”. Asimilan a esa actividad extractiva a una  “…depredación y robo de la riqueza pesquera…” La antigua compañía dedicada a la pesca  “Inepaca” formará parte de la galería de objetivos a combatir por parte del populismo. En esa línea, el Decreto, 2366 emitido para que una compañía extranjera  (“Ambrose-Rankin”) se transforme con la razón social de  “Inepaca”, y que el gobierno lo asume como mecanismo para emprender la industrialización con intervención de capitales nacionales, fue catalogado como un instrumento de aparente orientación nacionalista, pero de real encubrimiento de procederes oscuros y nocivos en contra de los intereses del país.  “…Se legaliza  -sostendrán- la transmutación de Ambrose-Rankin en  “Inepaca” compañía  “nacional”  (con los privilegios del hipódromo submarino tan analizado)…extendiendo un favor a ésta como una cortina de humo muy cómoda para evadir el pago de los impuestos de pesca, pues es fácil imaginar el uso que la compañía va a hacer de esta autorización especial: Todo lo que pesquen sus flotas viajará en aguas ecuatorianas como pescado comprado a nuestros compatriotas, sin pagar ni un centavo de impuestos a la pesca…”

A LA CAZA DE CUALQUIER OPORTUNIDAD.-

El Municipio de Manta, por razones de contradicción presupuestaria, habría mostrado preocupación frente a esta decisión gubernamental, y habría conseguido que se pospusiera. Ello sería tomado por la lógica populista como  “…defensa vigorosa de los derechos comunales…y como victoria del pueblo vigilante…”

En la zaga de  “defensa de la soberanía nacional” y de  “rescate de fechas emblemáticas en la historia del Ecuador”, la Revista Momento reproducirá la denuncia (Elaborada en Panamá el 20 de febrero de 1912) de don Olmedo Alfaro acerca de los acontecimientos del 28 de enero de 1912, con el encabezado   “La Fiesta de Caníbales”. Olmedo, hijo del General Eloy Alfaro, hace en ella una descripción detallada de los acontecimientos que terminaron con la vida de su padre y de varios de sus cercanos colaboradores y compañeros de lucha. La referencia, llegada desde Panamá, concluirá expresando  “…Por todos estos acontecimientos y puesta la mano sobre la conciencia, yo acuso del salvaje asesinato perpetrado en la persona de mi padre, en primer lugar, al general Leónidas Plaza Gutiérrez; en segundo lugar al doctor Carlos Freile Zaldumbide y en tercer lugar a los ministros Octavio Díaz, Juan Francisco Navarro, Carlos R. Tobar, y demás colegas. Si aún hay justicia en el Ecuador, los señalo ante ella y si no, la Historia será la única que recogerá el fallo severo de la opinión…”

No cabe duda que el contenido de ese documento quiso ser aprovechado por el populismo para desprestigiar al presidente Plaza, al señalar como autor intelectual del oprobioso crimen a su padre el general Leónidas Plaza Gutiérrez.

A BUSCAR  “VÍCTIMAS”.-

Varias personalidades, militantes de diversos partidos, integrarán la lista de  “elementos despreciables” en la campaña publicitaria del populismo. Uno de ellos será el abogado socialista guayaquileño Ignacio Cuesta Garcés. La diatriba arrancará de una clara convicción de menosprecio al socialismo. Esta corriente ideológica será visualizada como  “…una agregación abigarrada de hombres, de trincas, de intereses, de muy pocos, poquísimos sustentáculos ideológicos y de unos cuantos jirones doctrinarios apelmazados con un mucilago común: la voracidad…” Los  “ideólogos” populistas fueron, en extremo, duros con esta tendencia. La acusaban de ser una agrupación sin ideales, una agrupación similar a una pandilla de asaltantes. Los militantes del socialismo no fueron, para los populistas, cultores del pensamiento de Marx, sino aprovechadores de la oportunidad para intentar brillas en la política nacional. Ignacio Cuesta Garcés será motejado de  “Rábula”, como lo será también  Carlos Palacios Sáenz. A Cuesta lo acusan de haber sido colaborador del gobierno de Carlos Arroyo del Río y de tener relaciones con las autoridades de policía, a fin de aprovecharse de ello para sacar ventajas de su ejercicio profesional como abogado. La “rabia” de su embate llega hasta sostener que Ignacio Cuesta habría sido socio del tristemente recordado Carbo Paredes, gestor de la política represiva del gobierno arroyista, amén de una serie de referencias a los rasgos físicos del aludido jurista.

LAS  “FORTALEZAS” DEL GOBIERNO DE PLAZA.-

Y así, el “volumen” de la tónica populista se alimentará de todo un universo de acontecimientos derivados de la acción oficial, de todos los detalles del funcionamiento de otras tiendas políticas no necesariamente adheridas a la gestión gubernamental. La pregunta que cabe, luego del repaso de la historia comunicativa del populismo será  ¿Acertó al escoger a Galo Plaza Lasso como su  “necesario” enemigo?

Recordemos que la candidatura de Plaza para las elecciones presidenciales de 1948, en binomio con el médico guayaquileño Abel Gilbert Pontón, fue promovida por una organización denominada Movimiento Cívico Democrático Nacional  -MCDN-, a la que se adhirieron personalidades y partidarios de diversas agrupaciones, no contentos con la orientación imprimida por la dirigencia de éstas. Acudieron al llamado del MCDN muchos liberales, militantes del conservadurismo, socialistas, además  de independientes (El Partido Conservador nominó a Manuel Eliseo Flor y a Manuel Sotomayor y Luna, y el Partido Liberal Radical a Alberto Enríquez Gallo y a Carlos Cueva Tamariz). Sin haber surgido de una decisión del Partido Liberal, el gobierno de Plaza se inscribió en la línea de acción de esa corriente política. Su gestión se orientó a la modernización del Estado, al desarrollo económico, a las reformas educativas y a mejorar las condiciones de vida de la población más pobre. Priorizó la atención a la población indígena y emprendió medidas de política social en su beneficio. A toda esta dinámica gubernamental la acompaño un discurso de corte técnico y una alocución relacionada con sus proyectos, programas y resultados. La retórica oficial fue diversa, y esto es incuestionable, a la lógica empleada por el populismo. Para éste la política fue, sobre todo, una suma de ofertas, la presencia de un líder mesiánico portador de un discurso maniqueo, de contenido básicamente moral, de reiterada referencia a la  “lucha del pueblo contra la oligarquía”, de una ritualidad y simbología con rasgos indiscutibles de culto a la personalidad, de ocupación del espacio público mediante técnicas propagandísticas de ruido y oropel, y de incansable arremetida contra todo aquello que no se alinee en su lógica de portador exclusivo de la verdad.

El escenario político para las elecciones de 1948 acusaba un ambiente de suma inestabilidad. Como lo sostiene Carlos de la Torre en el libro  “Galo Plaza y su época” (que toma del trabajo de Osvaldo Hurtado “El Poder Político en el Ecuador”): “Las elecciones de 1948 se dieron en un contexto de gran inestabilidad política. Entre 1925 y 1948 se sucedieron 27 gobiernos en el lapso de 23 años, esto es un  gobierno por cada 10 meses. Del total, solo tres provienen de elecciones populares directas, por cierto fraudulentas; doce son formados por personas a las que se encarga el poder  -ministros de gobierno, presidentes del senado o diputados y simples ciudadanos-, ocho son dictaduras y cuatro elegidos por asambleas constituyentes”

Tal inestabilidad política obedecerá a una serie de factores. Uno de ellos, y de la mayor importancia, será la crisis que afecta al Partido Liberal. En efecto, se le endosaron a aquel, tanto el trágico desenlace territorial que sufriera el país por la invasión peruana, el supuesto fraude por medio del cual llegó a la presidencia Carlos Alberto Arroyo del Río, el desacertado manejo de su gobierno, todo ello como antecedentes para que ocurriera la llamada revolución del 28 de mayo de 1944. Otro factor integrante de esa situación de crisis se expresará en la recuperación del Partido Conservador en detrimento de su clásico opositor. Así, mientras el Partido Liberal no pudo recuperarse de los efectos sufridos a propósito de  “La Gloriosa”, el Conservador amplió su cobertura nacional consiguiendo el control de varios de los poderes locales, y hasta logró influir para que se aprobara  la Constitución de 1946 y se incluyera en ella la referencia  “En el nombre de Dios”.

Siendo, como vemos, la presencia de Plaza en el poder, una señal de estabilidad luego de una situación de incertidumbre política, la estrategia alternativa no podía armarse sino en base a una interpretación de las  “fortalezas” que tal desenlace depositó en beneficio de aquel. El gobierno de Plaza significó, en consecuencia, y ante los ojos de la mayoría de la población nacional, la recuperación de un ambiente de paz y de confianza. En esas circunstancias, la legitimidad de un discurso en contra de esa convicción constituyó una tarea ciclópea y de limitados efectos. A la obstrucción aludida se vendría a sumar el resultado de la gestión gubernamental que, en términos globales, inauguró una nueva etapa en el desarrollo económico nacional. El auge bananero, su punto más notorio, se imbricará, como hecho emblemático, en una etapa de recuperación democrática y de incuestionables avances económicos. Pero esta es otra historia.

 

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2 comentarios en “Galo Plaza Lasso y su gobierno

  1. La Revolución Liberal significó un cambio radical en las estructuras del Estado Ecuatoriano en lo económico, político y social con obras monumentales como el Ferrocarril, la separación de la iglesia del Estado, del laicismo en la educación, del divorcio entre otros son los logros de la Revolución Liberal. Si bien en materia agraria no hubo grandes cambios pero no se puede desconocer que este movimiento significó un cambio cultural,religioso, social, laboral y cultural para el país.

    1. En la estructura socioeconómica del Estado no hubo el mínimo cambio, querida Ruth. El ferrocarril fue iniciado por García Moreno, el divorcio y matrimonio civil se establecieron en el gobierno de Plaza, la confiscación de los bienes eclesiásticos se inició con Plaza y culminó en el segundo gobierno de Alfaro: esas haciendas las arrendaron a los latifundistas. El laicismo fue muy a medias. No se hizo la reforma agraria y ni siquiera el concertaje fue abolido, hasta 1916, con el proyecto de ley de Agustín Cueva Sánz. La revolución fue impulsada por los latifundistas gamonales costeños, dedicados a la agricultura de exportación, contra los clericales latifundistas lecheros serranos. La proclama del 5 de Junio fue firmada por toda la aristocracia de Guayaquil: ahi están sus firmas.Gracias por opinar. Saludos.

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