JUAN CUEVA JARAMILLO: “LA EXCEPCIÓN FRANCESA”. 5 VII 1991. DIARIO HOY.

PARIS.- Estos pocos días lejos del Ecuador, me han ayudado a ver el paisaje global de nuestro país. En efecto, cuando uno está dentro del bosque ve con gran claridad los árboles, pero no alcanza a ver el bosque.

Desde lejos -en este caso desde París- el Ecuador se presenta como un país lleno de recursos naturales y afectado por una crisis económica aguda y larga, que hace tambalear la paz social. Un país en el cual no se han producido los acuerdos básicos, mientras la comunidad nacional se ve infestada por la corrupción y por los egoistas intereses de grupo. El patriotismo y la cívica han sido relegados a la bodega del olvido, que huele a naftalina, junto con las crinolinas y las polainas.

El más grande error del país fue el de ceder la base de Manta y con ello involucrarrnos en la peliaguda aventura de paramilitares, guerrileros y narcotraficantes que atormentan a la hermana Colombia desde hace décadas. Parece indispensable rectificar ese error que tiene un costo altísimo para el país.

Como contraste, en Francia las cosas van bastante bien y los servicios públicos funcionan con eficiencia. Trenes, autobuses y metros parten y llegan con exactitud. Los teléfonos son un servicio público no privatizado y funcionan a pedir de boca. Es un país que nos demuestra, sin duda alguna, la eficiencia del Estado. En efecto, los franceses gozan de una seguridad social excelente, y de una educación pública gratuita y de alto nivel, a tal punto, que los establecimientos públicos de enseñanza son considerados muy superiores a los privados. Toda la educación, incluida la Universidad, es gratuita.

Existen las llamadas “Grandes Escuelas”, a las cuales se ingresa no solo con un examen de conocimientos, sino por concurso. Quien logra cursar una “Gran Escuela” tiene altas pisibilidades de ser un dirigente del Estado o un alto ejecutivo de empresa.

Trenes, aviones , teléfonos, electricidad, transporte urbano, casi todo pertenece al Estado, que administra estos servicios sobre la base de ejecutivos designados por concurso.

A la cabeza del Estado tenemos a un presidente conservador, Jacques Chirac, y a un primer ministro socialista, Llonel Jospin, que cohabitan civilizadamente. Incluso, los dos se presentan como los candidatos más opcionados a las próximas elecciones presidenciales. Como toda cohabitación es difícil, de cuando en cuando se lanzan alusiones y ataques que, sin romper la unidad del Estado, ponen un poco de ají y de mostaza en la vida política frnacesa.

Existe la corrupción, pero en general el corrupto no queda impune. La justicia, sin ser perfecta, funciona sin miramientos. Las huelgas y los paros son frecuentes, pero nunca dejan a la población sin servicios. Son protestas que llaman la atención, sin llegar a ser irresponsables.

Dentro de un mundo dominado por el pragmatismo y los valores materiales, Francia es la excepción. La excepción francesa, dentro de la cual la cultura y el arte ocupan un lugar privilegiado.

Comparar sociedades tan diferentes como Francia y el Ecuador es imposible, pero si vale la pena sabe que, cuando prima el sentido cívico, se puede llegar muy lejos. Para llegar muy lejos hay que comenzar a caminar hoy mismo.

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