SEGUNDO CUEVA CELI: MI ILUSTRE ABUELO.

ilustre abuelo Cueva Celi.

http://www.lahora.com.ec/index.php/movil/noticia/1101506371

http://www.diariocentinela.com.ec/edificio-llevara-por-nombre-segundo-cueva/

http://www.casadelacultura.gob.ec/?accion=noticias&id=784&titulo=Teatro+de+la+Casa+de+la+Cultura+de+Loja+se+reapertura+con+el+nombre+de+Segundo+Cueva+Celi

http://cronica.com.ec/index.php/opinion/item/70469-el-teatro-de-artes-de-la-casa-de-la-cultura-núcleo-de-loja-“segundo-cueva-celi”

http://www.lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1101594617/-1/Segundo_Cueva_Celi_cobija_el_arte.html#.UvmF9s4zLEd

estos textos no aparecieron en el libro que la Casa de la Cultura de Loja editó por su centenario en el 2001, aunque algunos si en el número monográfico de la revista “Mediodía” que la misma dedicó a su memoria. Hay que aclarar que Cueva Celi era tuerto (por motivos que son de sobra conocidos: a los 5 años de edad, un boticario equivocó una mezcla y perdió un ojo. El otro quedó relativamente útil. Y con ese se defendió a lo largo de su vida. Pasaba escribiendo. El Ministerio de Educación, en el gobierno de Borja, editó solo su obra de músical estudiantil en doce tomos. Jamás fue ciego). Mi abuelo tiene un monumento en Loja. Una estampilla postal en su honor editada en 1975. En Guayaquil, Loja,  Santo Domingo de los Sáchilas, Piñas y Ambato tiene calles con su nombre. Ponce Enríquez le entregó la condecoración de “Caballero de la Orden Nacional al Mérito”. Yo viví con él los años de mi infancia y pubertad. El me formó.

Esta vida de Quito.

EL CANTOR DEL SUR.

Por Alejandro Carrión Aguirre.

La Razón 26 de Abril de 1969.

Hace ocho días, antes de cumplir sus setenta años, murió el cantor del sur, Segundo Cueva Celi, un hombre cuya vida fue íntegramente dedicada a la belleza.

Ha sido la suya una hermosa vida, si bien la adversidad la estuvo constantemente acechando. Primero, la pobreza, contra la cual libró una dura y obstinada batalla. Segundo, la enfermedad, que nunca acongojó su espíritu jovial. Tercero, la ceguera, que al fin se apoderó de sus ojos y lo dejó en la profunda oscuridad, sin que por ello lo dominara la tristeza.

Nadie ha creado pasillos más hermosos que Segundo Cueva Celi. “Vaso de lágrimas”, él solo cubre todo un capítulo de la canción popular. Esas canciones que comienzan: “concluir el idilio fue imposible…”, “si fuiste para mi fuente escondida…”, no morirán jamás. En una de ellas fui yo su colaborador. Se trata de “Pequeña ciudadana”, una canción que parece que tampoco va a morir. Nació hace ya tantos años –son en este de 1969 justamente 30 años- y sigue juvenil, saudosa, jocunda, brotando de los labios de los ecuatorianos. Las ediciones de discos se suceden y casi nunca se ponen en sus etiquetas los nombres de sus autores. Pero ello no importa: importa la vida portentosa de que esa canción está dotada.

Sea un homenaje al maravilloso cantor del sur, a los ocho días de su muerte, el relato de cómo nació “Pequeña ciudadana”. Yo era entonces un estudiante en mi ciudad, y estaba, como es natural, enamorado. La muchacha a la que amaba, hermosa y morena, como es lógico, no se casó conmigo. Era, acaso, mi tercer amor eterno: es conveniente tener en la juventud por lo menos media docena de amores eternos: asi se va uno habituando al verdadero amor. Cuando se casa, ya tiene fuerzas suficientes y suficientes experiencia para amar toda la vida. Y bien…

Ocurrió que la muchacha que era entonces mi amor eterno cumplió 21 años: fue ciudadana de la República. No le gustaba mucho que lo supieran, pero lo supe y fui a celebrar la fecha como se debía: -todo un amor eterno!- La celebración alcanzaba volumen de efemérides nacional. Se precisaba, pues, una canción especial para ella. Ardiendo en las llamas de la inspiración compuse un poema y lo titulé “Pequeña ciudadana”, un poema descriptivo y afectuoso. Y con el poema en el bolsillo invadí la casa cordialísima de Segundo Cueva Celi.

Hombre bueno y gentil en toda la extensión de la palabra, el amable creador me oyó con santa paciencia, leyó el poema y lo encontró el más bello que le habían propuesto como letra para una canción. Tras leerlo varias veces, escogió tres estrofas, una del comienzo, otra del medio, otra del final, que hacían, a su vez, un todo armonioso y se sentó al piano canturreándola.

Ustedes han oído muchas veces “Pequeña Ciudadana”, es posible que la hayan cantado: pues asi, como ustedes lo oyen, con esa inmensa riqueza fonal, con esa emoción palpitante, con esa fuerza de juventud invencible, así brotó del piano ante mi, que, atónito, miraba mi ingenuo poema convertirse en una canción inmortal. Todo lo demás se redujo a escribir…y dos noches después estábamos cantando la bella romanza ante los balcones de la pequeña ciudadana.

Esto fue hace treinta años: Segundo Cueva Celi y yo éramos jóvenes. Y de esa juventud vibra y se estremece esa canción inmortal. Pasaron los años: la sombra se fue adueñando de los ojos del maestro. La pobreza lo trató duro. Pero nunca cedió su juventud: seguían manando canciones de su alma y todas ellas estaban llenas de una juventud estremecida, jocunda, invencible. No sé si ustedes han comparado “Vaso de lágrimas”, su obra maestra, que tiene letra de José María Egas, con “Pequeña ciudadana”: media entre ambas sus buenos quince años. “Vaso de lágrimas” es un pasillo clásico: la tristeza inherente al género lo recorre, haciendo juego a la melancolía de la letra. En cambio, nada hay de tristeza en “Pequeña ciudadana”: allí se violan todas las reglas y nace un nuevo pasillo: el género se revoluciona. Es una canción de amor confiado, deslumbrado, feliz. El alma que en ella se expresa está dichosa. La canción es dichosa. Es el primer pasillo feliz de nuestra historia musical.

Cuento esto, que ayuda a comprender al ilustre maestro, en homenaje a su memoria, seguro de la inmortalidad de su obra y lleno de profunda tristeza, porque si el Ecuador ha perdido un artista inigualable, y el sur su más alto y entrañable cantor, yo he perdido un hermano.

HA MUERTO UN GRAN ARTISTA

Por Carlos Enrique Carrión Aguirre.

El Telégrafo.

Quito, abril 20 de 1969.

Segundo Cueva Celi era su nombre. Cada vez que se lo pronuncia abrota un surtidor de melodías puras y apasionadas. Pocas veces la música del pueblo ecuatoriano llegó a límites de perfección como la que logró imprimirle el gran artista.

Ahí están “Vaso de lágrimas”, sobre el poema del mismo nombre del gran José maría Egas; “Corazón que no olvida”, “Amargos resabios”, “Pequeña ciudadana”, en el poema de Alejandro Carrión y mil canciones más que han expresado el dolor, la ilusión, la pasión de amor o de arte del pueblo ecuatoriano.

La familia Cueva nació con el don de la música, junto al del bien. Su padre el Dr. Juan Cueva García es un ejemplo de ello. Segundo Cueva Celi perdió muy tempranamente el don de la visión y por ello debió interrumpir su formación académica en la música, retirándose a hacerlo en su hogar, y difundiéndolo desde la cátedra en el más antiguo y prestigioso centro de educación del país, el colegio nacional “Bernardo Valdivieso”, de Loja. En igual forma en el Conservatorio de música de la Universidad de Loja.

Cada una de sus producciones corresponde a una medalla de oro que le otorgaron instituciones del país y del extranjero, como una muestra palpable del sentimiento que despertaban.

Su gran vals “Recuerdos” fue interpretado por la Sinfónica que dirige Leopoldo Stokovski y su estreno fue un momento inolvidable para Loja y el artista.

Muere todavía en plenitud de su fecunda vida, cuando había cumplido la ilusión de habitar la capital de la República. Sus pasillos, yaravís, sanjuanitos, valses y canciones llevan el sello de la serenidad.

En su ritmo sin apresuramiento, con variaciones insospechadas y múltiples que siguen fielmente la escondida e inclinada ruta del alma humana.

Son suaves y delicadas sus melodías, y a veces no se sabe si está escuchando el nacer de una fuente de armonía, el latir de un corazón enamorado, o percibiendo el perfume de cien rosas de otoño.

Cultivó todos los instrumentos con singular y personalísima perfección. El bandolín era un coro de canarios en sus manos: el piano se sentía ennoblecer en su presencia.

Pero el instrumento musical que más amaba era el violín. A él dedicó sus mejores horas, en él conquistó sus mejores triunfos.

Loja lleva el poético nombre quichua de “Cushibamba”, que vuelto a nuestro idioma quiere decir “Valle de la meditación y la alegría”. Pero fue tanta la influencia del artista Cueva Celi que su arte musical fue suficiente para que sea en adelante el “Valle de la meditación y la armonía”.

Junto a su tumba pura y sencilla habrá siempre un coro de ángeles entonando su música celestial, reflejo de un alma grande, dedicada al arte, a la virtud y al bien.

La cultura y los días.

EVOCANDO A CUEVA CELI.

Por Jaime Rodríguez Palacios. Presidente de la Casa de la Cultura de Loja.

El Telégrafo.

Alma en perenne éxtasis artístico: captora de los recónditos estremecimientos del espíritu; agua clarísima cayendo siempre sobre el pentagrama nacional, fue la del maestro Segundo Cueva Celi.

Lo conocí unos años, cuando alumno del colegio “Bernardo Valdivieso” de Loja, me cupo la suerte de rozar mi voz en el diapasón de su enseñanza y su ternura…Fue abierta, amplia como la ventana de la aurora en su mejor instante de mágicas fosforecencias impolutas…Unica, como la variación de la luz al iluminar nuestra incipiente dación estética…La muerte, la suya, me ha devuelto de pronto su parte en el espejo del recuerdo y ha puesto crespones de pesar en la distancia!.

Ahora, cuando cuando sobre el polvo de los días el viento arremolina las hojas del lamento y su aire de nostálgicos arpegios embadurna de ausencias el pulmón del pasillo ecuatoriano, he querido, a nombre del grupo “Baluarte”,- que él conoció y amó entrañablemente- consignar desde esta columna una íntima y sencilla nota de dolor por su deceso, aunque al hacerlo se cuele por el filtro gris de la memoria, la triste evocación de la música que puso a algunas de las composiciones poéticas de quienes bajo la dirección de Carlos Enrique Carrión, formamos un conjunto de inquietos diletantes en el centenario plantel de la recoleta urbe sureña, y cuelgue también anochecidos cortinajes en los desolados corredores del espíritu.

Segundo Cueva Celi quiso a la juventud Bernardina…Agostó por ella su tranquilidad y su cariño fue manifiesto para ese colegio –dulce ya cogedor refugio de sus sueños de creador inveterado-. Hombre de ideales, orgulloso de su vocación y su prosapia, fue su paso en aquel caserón colonial lo que el ternísimo vuelo de la alondra al abrir las delgadas persianas el rocío… Hoy que ha desplegado sus alas en vuelo hacia lo ignoto, nos arrimamos dolientes al surtidor de su música vernácula, seguimos fieles al maná de su armonioso sentimentalismo, y esperamos visitar sus restos el día que descansen en la campiña lojana, donde él apagó el baldío furor de sus pupilas escudriñando el secreto de lo eterno, que inesperadamente y lejos de su “madre tierra” le ha salido vertiginoso hacia el encuentro…

Sea la paz, luz en sus ojos de esteta y de rapsoda lírico, allá donde el silencio y el sonido se funden en la caldera de la sublimidad más plena!!

Cien años de Cueva Celi

*Leonardo Moncayo Jalil

Editorial del El Comercio (13/3/2001)

Es grato recordar, cien años después de su nacimiento, al maestro compositor, Segundo Cueva Celi. Fue hijo del Dr. Juan Cueva García, quien fuera cónsul del Ecuador en New Orleans, Londres y Panamá, para más tarde ser vicepresidente del Ferrocarril Ecuatoriano en New York; y, de doña Zoila Filomena Celi Castro. Casó, en 1925, con Victoria Espinoza Ruiz. Es padre del destacado profesional, que vive en Loja Dr. Juan Cueva Serrano y abuelo del periodista Carlos Lasso Cueva, varias veces candidato a la Presidencia de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas. Apenas tenía cinco años de edad cuando empezó a recibir sus primeras clases de música. Es entonces cuando por una mal tratada afección de su ojo izquierdo, llega a perderlo, pero esto no lo marcó en su vida. Es el hermano francés Antonino quien descubre sus inclinaciones artísticas enseñándole lo rudimentario del arte para luego recomendarlo al padre Antonio Vega, llegando a destacarse tanto, que al ingresar al colegio de los Hermanos Cristianos ya sabia tocar con destreza el piano, siendo la admiración de todos cuantos le escuchaban. En Loja, la iglesia de San Francisco tiene en sus paredes aún grabadas las notas del niño que más tarde llegaría ser su Organista Oficial.

Al cumplir los 14 años fue alumno de Salvador Bustamante Celi, otra gloria musical de Loja, sus enseñanzas fueron decisivas en la vida del gran maestro. En aquel entonces cuando apenas cumplía 16 años, compone su primer pasillo “No importa no”, con la letra del poeta Emiliano Ortega Espinoza. Refugiado en unas espesas gafas negras, no dejaba de ser hombre de garbo y enhiesto, de vestir muy formal, la raya de su pantalón caía de manera certera al centro del zapato. Ingresa al magisterio nacional y en la docencia media, sirve al Colegio “Bernardo Valdivieso” en 1935, en donde permanece hasta su jubilación.

En 1955 formó una Estudiantina con Medardo Luzuriaga, Pancho Piedra, Máximo Palacios, Hugo Bayancela, Guido Palacios, Jaime Larriva, Oscar Celi, Reinaldo Sánchez, Lisandro Cabrera, Colón Ojeda, Edgar Palacios. El colegio les dio algunos instrumentos y otros fueron aportados por quienes componían el grupo: violín. El maestro siempre fue paciente y directo en su manera de enseñar. El grupo compuso el pasillo “Vaso de lágrimas” y el valse “Sobre las olas”. Pocos años más tarde, luego de su jubilación, se trasladó a vivir en Quito en donde instaló una Academia de Música que funcionaba en la casa de la Sra. Clemencia Peñaherrera de Avellán, en la esquina de las calles Imbabura y Mideros. Continuó viviendo por la música y para ella.

Segundo Cueva Celi fue autor de música clásica y popular, también musicalizó los versos de notables poetas nacionales. Así, compuso los pasillos: “Para tus ojos”, “Corazón que no olvida”, “Pequeña ciudadana”, “Vaso de lágrimas”, “Para llamarte mía”, “Olvida corazón” y muchos más. Fallece en Quito el 17 de abril de 1969. El tenor Pancho Piedra, su alumno, ofreció un estupendo recital con motivo del centenario de su nacimiento. Desde el lugar en donde se encuentra me parece escucharle decir: Si deseas ver los valles, trepa a la cima de las montañas; si deseas ver la cima de la montaña, elévate a las nubes, pero si aspiras a entender a las nubes, cierra los ojos y canta.

* Miembro de la Academia de Historia

Agradecimiento e invitación a Misa de Réquiem.

El Comercio, Sábado 17 de Mayo de 1969.

La esposa, Victoria de Cueva Celi, las familias Cueva Espinosa y Cueva Serrano y demás deudos del que fue señor

SEGUNDO CUEVA CELI

Que descansó en la Paz del Señor el 17 de Abril del presente año, expresan sus sentimientos de imperecedera gratitud a todos y cada uno de sus amigos y relacionados que se asociaron a nuestro dolor.

De modo particular al Dr. César A. Ayora quien, con tanta abnegación lo atendió durante toda su penosa enfermedad: al Dr. Ricardo Carrasco, distinguido galeno.

Al H. Congreso Nacional –Cámara de Diputados; a los señores ministros de Relaciones Exteriores, Agricultura y Ganadería; Junta Consultiva de Relaciones Exteriores, Dr. Arsenio Vivanco Neira, Presidente de la Comisión Legislativa Permanente; al Señor Obispo de Loja, Luis Crespo Chiriboga; al Conservatorio Nacional de Música, a la Asociación Lojana “18 de Noviembre” de Quito; Asociación de Veterinarios de Pichicha, Hospital de Aislamiento, Asociación de Empleados de sanidad; Cooperativa de Ahorro de Sanidad de Pichincha, “Centro Social Loja” de Guayaquil.

A las siguientes instituciones de Loja: Centro Cultural “Independencia”, Centro Cultural “Segundo Javier Riofrío”;Colegio “Bernardo Valdivieso”; Casa de la Cultura; Universidad de Loja en sus facultades: Jurisprudencia, Ciencias de la Educación, Agronomía y Escuela Superior de Música “Salvador Bustamante Celi”; H. Consejo Universitario, Asociación Escuela de Derecho, Colegio de Abogados, Corte Superior de Justicia, Consejo provincial, Gobernación de la Provincia, Consejo Cantonal de Loja y Piñas; UNP, UNE, Patronato de Cárceles, magisterio de Loja, Señorita “Magisterio” Betty González, Sindicato Provincial de Choferes de Loja, Asociación de Trabajadores y Empleados de la Empresa Eléctrica de Loja, Federación Deportiva Provincial; Loja “Tenis Club”, Club Centro Cultural “Catamayo”, Unión de Mujeres Lojanas, Comité Patriótico de San Sebastián, Cooperativa de Transporte “Loja”, personal de las radiodifusoras HCJB, Casa de la Cultura, Espejo, Libertad, Quito, Central y canales de TV. 6 y 2 de Quito: Cristal, Bolívar, Ondas del Pacífico, Atalaya, y canal 4 de TV de Guayaquil; centinela del Sur, Ondas del Zamora, Luz y Vida de Loja.- A los periódicos El Comercio, Ultimas Noticias y El Tiempo, de Quito; El Universo, El Telégrafo y La Razón de Guayaquil; Los Angeles Times de los Estados Unidos; La Opinión del Sur, La verdad, El Volante, El Cisne, y Flecha de Loja; a las revistas Vistazo, Hogar, Nariz del Diablo y Ecuador Franciscano-. A los periodistas Lcdo Alejandro Carrión Aguirre, Lcdo. Carlos Enrique Carrión Aguirre, Lcdo. Lorgio García, Lcdo. Jaime Rodriguez Palacios y Dr. Antonio Jaramillo. A las Comunidades de Madres Marianitas y Dominicanas de Quito; a las delegaciones “Centro Social Loja” de Guayaquil, Colegio “San Pedro Pascual”, escuela “Velasco Ibarra”, Instituto “Fernández Salvador”-. A los señores que tomaron la palabra en el momento de la inhumación: Dr. Luciano Lasso Ortega, Dr. Benjamín Ruiz y Gómez, Dr. Jorge Hugo Rengel Valdivieso, señor Evaristo García, señor Haroldo Gallardo, Dr. Galo Escudero Cevallos, Dr. Enrique Avellán Ferrés. De una manera especial al Lcdo. Victoriano Palacios M, señor Emiliano Ortega, Dr. Ignacio Jaramillo, gestores del homenaje póstumo, realizados tanto en el templo de San Sebastián como en el teatro Universitario “Bolívar” de Loja, los días 24 y 25 de Abril. Y a todos y cada uno que de manera tan emotiva tomaron parte en esos actos.

A los señores Dr. Luis Verdesoto Salgado, Presidente de la Casa de la Cultura de Quito; Dr. Manuel Benjamín Carrión Mora, señora Isabel Arias, Ing. Alberto Asanza, Dr. Galo Escudero y Sr. Humberto Pérez Estrella, director de la radio de la Casa de la Cultura, quienes han preparado y anunciado para el día de hoy un homenaje radial en su memoria. A los que asistieron en la ciudad de Loja a la peregrinación y colocación de una placa recordatoria en nuestra casa; a los que en la ciudad de Quito nos acompañaron en el duelo, asistieron a la misa de la inhumación; a los que enviaron ofrendas florales, telegramas, y cartas de condolencia desde todas las ciudades del país y del extranjero y a quienes por un olvido de todas maneras involuntario no los hemos enumerado, presentamos nuestra eterna gratitud.

Finalmente rogamos a nuestros amigos y relacionados se dignen asistir a la Misa de Réquiem con la que la Asociación Lojana “18 de Noviembre” de Quito rinde homenaje a nuestro inolvidable deudo, el día de hoy Sábado 17 de Mayo de 1969 a la 11 am en el templo de San Francisco, donde reposa en paz.

SegundoCueva: ecuagenet.

Sosa : 6
(Segundo Cueva Celi)


  • Nacido el 10 de enero 1901 – Loja, Loja, Ecuador
  • Fallecido el 17 de abril 1969 – Quito, Ecuador , a la edad de 68 años
  • Músico y compositor

Padres

  • Dr. Juan Cueva, nacido en 1876 – Loja, Loja, Ecuador, fallecido en 1951 – Quito, Pichincha, Ecuador a la edad de 75 años, Notable abogado, diputado y senador en varios períodos… Candidato a la Vicepresidencia de la República
    Casado con
  • Zoila Filomena Celi, nacida el 19 de mayo 1875 – Loja, Loja, Ecuador, bautizada el 20 de mayo 1875 – El Sagrario, Loja, Loja, Ecuador, fallecida el 14 de enero 1915 – Loja, Loja, Ecuador a la edad de 39 años

Casamiento(s), hijo(s) y los nietos

Notas

Nació normal pero la inexperiencia del médico que le trajo al mundo, quien le puso en exceso nitrato de plata, le ocasionó un daño permanente en la vista, agravado a los cinco años cuando otro médico le recomendó unas ciertas gotitas dizque para mejorarlo, pero de la botica mandaron el remedio equivocado y al ponerle en el ojo izquierdo se lo quemaron para siempre, pues era un ácido. Desde entonces veía muy poco y únicamente con el derecho, era casi un ciego.
El niño se hizo tímido y meditabundo y rehuía el trato de sus compañeritos de escuela, refugiándose en la música pues poseía buen oído y exce1ente voz y aprendió sin maestros. Cuando ingresó al Colegio de los Hermanos Cristianos ya sabía tocar al piano con alguna destreza y fue la admiración de todos. El mismo diría después: “Era yo muy niño, iba a la escuela, a la espalda un morral y en mis manos un rondín y todas las mañanas al volver de clases, el Gerente de la Singer, un señor Lebly, me esperaba al paso y luego de oírme tocar, me regalaba una peseta. Mi nuevo profesor, el Hermano francés Antonino, solía decir: A Segundo debemos ponerlo en manos del franciscano Antonio Vega, gran violinista doctorado en Lima, quien hizo de mí un amante de la música. Desde los siete años empecé a escribir música religiosa para el Coro de San Francisco; más tarde, vino la música profana, particularmente la de la tierra, pues el padre Vega me enseñó composición, armonía, dictado musical”. De nueve años se presentó por primera vez en público con gran éxito, ejecutando piezas sencillas en el armonio de esa iglesia pues sus piernas no alcanzaban los pedales.
En 1.916 formó parte del “Sexteto de Loja” con Francisco Rodas Bustamante, Segundo Puertas Moreno, David Pacheco, Serafín Alberto Larriva, Manuel Torres, Sebastián Valdivieso Peña y Antonio Eduardo Hidalgo. En 1.917 aprendió a tocar violín sólo con el método “Maya-Van” que le envió su padre desde los Estados Unidos.
Poco después comenzó a hacer voluntariado con las monjas de Loja y daba clases particulares de música para ayudarse pues era muy pobre y vivía con su madre de lo que buenamente ella producía en labores de mano.
En 1.920 su gran amigo Emiliano Ortega Espinosa le pidió que pusiera música a la poesía Vas Lacrimarum de José María Egas y así fue como nació el pasillo de ese nombre.
En 1.923 su padre le envió dinero para que se traslade a Colón en Panamá, donde fue huésped de Colón Eloy Alfaro. En el hospital de esa ciudad le operaron la vista pero no mejoró.
En 1.926 se enamoró de la joven Victoria Espinosa Ruiz, le dio numerosas serenatas y terminaron casados un año después. En 1.928 su padre les invitó a viajar a Quito donde estaba de Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y allí se mantuvo de su trabajo como concertista de violín en diversos teatros y Centros artísticos, pero, su esposa -que siempre tuvo el carácter malgenioso- pronto se cansó del clima capitalino y lo obligó a regresar a Loja, frustrando sus planes para el futuro. Entonces adquirió una casa cercana a la Plaza de San Sebastián, que hoy ostenta en su fachada una placa de mármol puesta en su honor.
Desde 1.935 fue profesor de Música del Bernardo Valdivieso y ganó una Medalla de Oro por su arte. Entre los años 40 y 50 recibió numerosas preseas de la Municipalidad de Loja y del Colegio La Dolorosa por su himno a la Virgen. También compuso valses, pasillos, nocturnos y hasta música seria de carácter sinfónico. Otra vena especial de su ingenio fue la música escolar a base de canciones simples, rondas infantiles y marchas patrióticas.
Su carácter amable, jovial, la suavidad de su trato con los demás, su pobreza franciscana, su personalidad serena, todo le granjeaba el cariño y la comprensión de los que tuvieron el privilegio de conocerle y tratarlo, así como de escuchar sus finas composiciones tales como “Ultimo Recuerdo”, el pasillo “Pequeña Ciudadana” con letra de Alejandro Carrión, “Tardes del Zamora”, “Laura” y “Dulce Tristeza”. Entre sus mejores pasillos se cuenta “Vaso de Lágrimas”, “No importa”, “A Ella”, “Madrigal de Seda” que inmortalizaron su nombre, así como “Plegaria Salvaje” que presentó en Cuenca la famosa bailarina Osmara de León, de danzas modernas, por eso conocida -como la de los pies desnudos.
En 1.943 fue Concejal en su ciudad natal. En 1.947 ingresó de miembro de la Casa de la Cultura y por largos años dirigió los programas radiales de la estación “Ondas del Zamora”.
En 1.958 fue llamado por el Presidente Camilo Ponce Eníiquez para entregarle la Orden Nacional al Mérito y se quedó a vivir en Quito. Ya estaba jubilado y consiguió varios contratos. La Radio Nacional del Ecuador y la de la Casa de la Cultura le propusieron ejecutar varios Conciertos semanales de piano que pronto se hicieron famosos y eran esperados en la mayor parte de las casas con notable interés. Su vecino Enrique Avellán Ferres le pidió que musicalice su “Clarita la negra” como canto infantil.
También instaló una pequeña Academia de Música en su domicilio, donde tenía relojes pendulares en casi todas las habitaciones que gustaba sincronizar diariamente pues era meticuloso y ordenado, así como jardinero y agricultor en sus ratos perdidos porque su casa de Loja tenía una pequeña huerta. Impartía clases por las tardes a numerosos jóvenes de ambos sexos. Pronto su casa se transformó en cenáculo de artistas y compositores de valía. Allí iban a visitar al maestro N. Carpio Abad autor de La Chola Cuencana, Enrique Espín Yépes de Pasional, Miguel Angel Casares de Lamparilla, el ex Director del Conservatorio de Quito Juan Pablo Muñoz Sánz, quien fue su más íntimo amigo; sin embargo, no sólo eran músicos sus asiduos visitantes, también concurrían Manuel Agustín Aguirre y su esposa Teresa Borrero, el yuro Andrés F. Córdova, quien siempre llegaba cargando un viejo acordeón y se encerraba en la sala a tocar música y a hablar de todo un poco.
Los diputados lojanos le llamaban por teléfono para pedirle que oyera a tal o cual hora sus discursos, también le visitaban para recopilar información en su Biblioteca, pues la tenía especializada en Loja y su provincia.
En 1.967 obtuvo el 1° y 2° premios en el concurso de villancicos en Quito y en junio del 68 el Municipios de Quito le tributó homenaje público. Ese año tuvo un problema de salud a causa de una molestia estomacal que no pudo ser diagnosticada en el Hospital del IESS y que al evolucionar se le transformó en un cáncer que lo despedazó físicamente en pocos meses de increíbles sufrimientos. Perdió tres arrobas de peso en un proceso muy doloroso aunque no perdió su buen humor ni su proverbial gentileza.
La noche anterior a su muerte, estando en su casa el Dr. César Ayora -médico de cabecera- acompañado de dos jóvenes galenos lejanos que en el Colegio Valdivieso habían sido sus discípulos en las clases de música, el enfermo pidió que les sirvieran algún refrigerio o una copita de vino y poco después entró en coma, falleciendo al día siguiente 17 de abril de 1.969, a las 12 y 10 de la larde, de 68 años de edad, siendo sepultado en la cripta de la Iglesia de San Francisco.
Su deceso produjo consternación en toda la República. Su provincia decretó tres días de duelo y al poco tiempo en 1.973 le levantó un busto en bronce para perennizar su memoria.
Dejó doce álbumes de música que esperan su publicación, más de ochenta composiciones grabadas dentro y fuera de la República y casi tres mil temas diferentes que algún día deberán ser difundidos. Fue un musicólogo excepcional (Compositor y ejecutante notabilísimo) que también escribió ensayos sobre aspectos esenciales de la música, mucho de los cuales salieron publicados en la revista “Mediodía”, órgano del Núcleo Provincial de Loja.
Fue austero y de escasa vida social, a pesar que en confianza era sumamente comunicativo. La radio “La voz de los Andes” conserva en sus archivos versiones magnetofónicas de sus numerosas intervenciones, que demuestran la depurada técnica que había adquirido en la ejecución del violín y piano, también fue muy diestro en la guitarra, el acordeón y el bandolín y en éste último instrumento logró hermosas interpretaciones religiosas.
Siempre caminó erguido y elegante, usando lentes oscuros por su deficiencia visual.

Segundo Cueva Celi cobija el arte

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 Diario La Hora.

Miércoles, 20 de Noviembre de 2013

Homenaje. El teatro resultó corto para el público que participó del homenaje.
La Casa de la Cultura hizo la reapertura de su teatro bajo el nombre del destacado músico lojano. 
“Desde esta noche el Teatro de Artes de la Casa de la Cultura Ecuatoriana núcleo de Loja llevará el nombre del maestro Segundo Cueva Celi”. Estas palabras que fueron seguidas de un apoteósico aplauso, formaron parte del discurso ofrecido por Félix Paladines, presidente de la institución, ayer, durante la reapertura de las instalaciones del antiguo teatro El Dorado.
Se trató de un emotivo acto que congregó a centenares de personas, incluyendo a familiares del insigne músico lojano y a amantes de su obra, quienes recordaron su legado de más de tres mil composiciones, entre las que sobresalen piezas como Pequeña ciudadana, Si volverás un día y Para tus ojos.
El homenaje inició con discursos como el de Vicente Jaramillo, en los que se destacó su creatividad, algo que fue corroborado en vivo, con la interpretación de algunas de sus piezas, incluyendo dos inéditas, en un concierto coordinado por el maestro Édgar Palacios, un estudioso de la música de Cueva Celi y uno de sus más destacados alumnos de todos los tiempos.
Sobre el artista
Cueva Celi, nacido en 1901, es considerado como uno de los más prolijos artistas de la ciudad de Loja. Comenzó su formación a temprana edad, de la mano de Salvador Bustamante Celi, llegando a ser un destacado compositor e intérprete que dejó un legado impresionante.
“No me hice músico, nací músico”, decía el maestro según Félix Paladines, quien recordó que inició a componer en su adolescencia abarcando canciones infantiles, música coral, villancicos, sinfonías, paso dobles, tangos, pero sobre todo pasillos, género de su preferencia al que enriquece con un nuevo sustento “rico y brillante”, aseguró.
A más de ello Segundo Cueva Celi dedicó parte importante de su vida a la promoción de la cultura y la formación musical de la juventud en el Colegio Bernardo Valdivieso. (CAB)
El dato
La directiva de la Casa de la Cultura de forma unánime decidió nombrar al teatro de Artes como “Segundo Cueva Celi”.