Un viejo artículo del Ulises…en Pucuna.

REVISTA PUCUNA n° 2.  ECUADOR 1962. POR ULISES ESTRELLA.

(digitalizado por Carlos Lasso Cueva).

Existe en nuestro país, desde hace mucho tiempo, un manifiesto provincianismo en la cultura Los horizontes que se nos presentan acerca de los campos o de las novedades que se desenvuelven en otros lugares, son los más reducidos. Apenas “los escogidos” que han logrado salir fuera de las fronteras, logran ponerse en comunicación con hombres de cultura del mundo y adquieren una visión más amplia sobre la problemática del arte universal. Y, se agudiza más la situación, en cuanto,agrupados en  círculos cerrados -en tres ciudades del país-  independientemente se trabaja. Asi, en Quito muy poco se conoce sobre la actividad que se realiza en Guayaquil y en la ciudad de Cuenca se ignora totalmente de lo que se hace en Quito y viceversa. Consiguientemente, el estilo y la fuerza creadora de los ecuatorianos mantienen un lentísimo ritmo de evolución. Paradójica situación, porque en nuestro pueblo y en nuestro suelo tenemos de los más valiosos materiales vivos de creación. Y, trágica por cuanto aqui es imprescindible que las artes y la literatura sean quienes señalen rutas y orienten al pueblo en su accionar de liberación.

¿Las razones? Están claras; siempre han estado claras, a pesar de que siempre se ha cerrado los ojos ante ellas. La fundamental: la ineficaz  labor de los organismos culturales especializados y de los más grandes medios de difusión ciudadana como son la prensa y su radio.

Hace poco, en una reunión sobre la actividad cultural ecuatoriana en 1962, “El Comercio”, el único diario de Quito, se quejaba de que el público no había correspondido a los esfuerzos que hace la Orquesta Sinfónica Nacional; se hacen lamentos y lamentos para terminar alabando  a los directivos -incluso de la Filarmónica- pero no se piensa en los motivos ni se delibera sobre las soluciones. Dominicalmente, en mal estructuradas páginas literarias, en vez de dar una conciencia del arte, en todos los diarios del país se publican poemillas lloriqueantes, sensibleros y derrotistas, junto a puristas artículos sobre quien sabe qué recónditos asuntos de la vida de algunos escritores catalogados. La radio, equivocada en su organización, se da enteramente al comercio de sus  micrófonos y, por complacer a “las damitas radioescuchas” lanza ridículos poemas romanticones que, con las consabidas novelillas radiales, forman un medio de acentuación del ensueño inútil, del temor e incluso de la perversión, en nuestro pueblo; esos son los resultados de las “democráticas occidentales y cristianas” radiodifusoras”.

Ahora, el cine, el único medio directo de instrucción y diversión del pueblo y al cual los ecuatorianos cultos acuden por lo menos una vez a la semana. El cine, cediendo a un insano capitalismo, pasa (en un 70%) pésimas películas -especialmente  mexicanas y norteamericanas- que lo único que despiertan en los espectadores es morbosa sensación fatalista, lascivia o belicosidad; las verdaderas obras de arte de la cinematografía no llegan porque no son “taquilleras”. La censura Municipal, en último término, se sujeta a los empresarios y nuestro pobre pueblo anda ingenuamente pensando al ritmo de rosadas canciones, sujeto a la mala interpretación de lo sexual y a la negativa influencia del “boy” norteamericano del blue jean, del chicle, del twits y de la tontera.

Por otro lado, las entidades “Rectoras de la Cultura” equivocan su función, especialmente por debilidad de “argolla” de sus directivos (que el problema de las deficiencias económicas ya es archiconocido y explotado). La Casa de la Cultura Ecuatoriana publica obras de los “acartonados” de la Literatura,  mientras los escritores jóvenes -en su mayoría- mantienen silenciada su voz en espera de una “gracia del cielo”; además, el hombre medio no llega casi a topar las pastas de una edición porque, o se quedan entre los que “hacen” la Casa de la Cultura, o se dan a las amistades y se mandan al exterior sin saber en qué escogidas manos caen los libros. Muchas de las filiales de la C.C.E. en provincias ni siquiera hacen un acto al año o una publicación y nominalmente existen. A pesar de todo, de las Instituciones subvencionadas por el Estado, la C.C.E. es la que más trabaja. Hay otras, como el Ateneo Ecuatoriano y la Sociedad Bolivariana que mantienen en su seno a fósiles de la cultura, y a blandos poetitas o a individuos de diversa ocupación, especialmente abogados, que solo de vez en cuando se acuerdan que existe la Institución y lanzan una edición con todo el material bueno o malo que se les presenta. ¿Apoyar a la cultura? No. Jamás. “No hay dinero para ello”, hay solamente para los coctelitos en la visita al país de algún personaje del exterior. Asi, y en peor forma, marcha ese reducto de las damas e ínclitos varones de la burguesía y la nobleza que se llama el Club Femenino de Cultura, sus “té canasta” son lo más significativo y su cuchicheo interminable.

Llueven esta clase de instituciones para desmedro de la cultura nacional: Jurídico Literaria, Unión de Quiteños, etc, etc. ¿No tendríamos que incinerar a estos rectores y estrcturar realmente un elemento de lucha cultural? Claro, con esos puntos de apoyo nada puede moverse. Todos lo sabemos y nadie ha dado un sólo paso para que se modifique. Todos se han quedado callados, estúpidamente esperando. La inercia carcome a los ecuatorianos, inclusive en la política.

Inercia en el caso de la Asociación de Artistas del Ecuador que, teniendo durante algunos años un hermoso local y habiendo realizado en él muchas exposiciones y actos artísticos, hoy viéndose amenazada a la destrucción por la voluntad de unos cuantos anacrónicos concejales, no mueve un sólo dedo y deja que la corriente siga y siga (no se defienden porque nunca fueron verdaderamente Asociación y estuvieron allí por no estar en otro lado). Inercia, también, en el caso de muchos poetas y grupos literarios que se conforman con dar de cuando en cuando recitales para leer la misma poesía durante cinco años consecutivos y, en el alcoholismo vociferar porque no se les reconoce geniales por autotitularse “generación del 60” o qué se yo (con sus masajistas, jefes y demás). Y, la inercia se hace cada vez más perjudicial, cuando ciertos artistas han descubierto una manera cómoda de vivir bajo efervecencias de alcohol y diversiones, para quedarse tendidos noche a noche en el suelo de una Galería de Arte, despertando solamente para abrazar al primer “snob” que le brindó un vaso de whisky.

Con esta intelectualidad y con los gastados cerebros de los editorialistas especializados, no se llega a ninguna parte. Es preciso una acción enérgica que descubra  esos caminos equivocados y libre definitivamente de ese marasmo que, cada vez más, va en desmedro de las posibilidades del arte y la literatura ecuatorianas. Ardemos en complejos y miserias y sin embargo permitimos la elevación de falsas glorias; nos admiramos por el solo hecho de que alguien de “noble apellido” haya realizado, con los dineros del país, un viaje a Europa para regresar -emocionado- a “descubrir” que el indio es un animal. Idolizamos por nuestra propia debilidad y temor.

Busquemos de lo hondo nuestra nacionalidad y nuestro signo; no nos aturdamos. Busquemos el camino, revolucionemos; esa es nuestra misión ineludible. Que este 1962 inerme como tantos años anteriores, nos dé a entender lo negativo del temor y la inercia. Nos dé armas para luchar contra el engaño y el aprovechamiento. Podemos, debemos mirar por nuestros propios ojos.
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