EL REALISMO SOCIAL Y EL ESTALINISMO

El llamado realismo socialista ha pasado a la historia como un instrumento del que se sirvió el totalitarismo represivo estalinista. La literatura y el arte controlados por la estricta censura estatal. La creación al servicio del poder. La domesticación absoluta de dos o más generaciones de escritores y artistas, obligados a crear y a producir de una manera tal que sirva a los objetivos trazados por el Estado absolutista basado en la explotación intensiva del trabajo obrero: el modelo taylorista. Erradicada y proscrita la libertad de pensamiento y la crítica, solo era catalogada positivamente la obra que servía y era útil a los fines del poder. Fue una dictadura social-fascista la que se encaramó sobre Rusia y la fenecida URSS, basada en el capitalismo de Estado, cosa que se presentó como la maravilla socialista en la que casi todos creyeron a pie juntillas.

Pero si fue trágica y deprimente la suerte de esta concepción cultural en ese país, esto la descalifica para siempre? El método de la misma -amputado en ese funesto período- quedó inhabilitado por los siglos de los siglos? La solución es evadirse y alejarse a rajatabla de esa concepción para demostrar que se tiene talento, fecundidad y elegancia? El materialismo dialéctico no tiene una vía para la creatividad estética? Es preferible diseñar un camino literario divorciado de esta concepción y optar por la ruta abierta por el idealismo subjetivo? Escribir definitivamente al margen de la realidad social e histórica y dedicarse a inventar historias subjetivas, individualistas, separadas del marco social e histórico? La teoría del reflejo de la filosofía materialista no tiene ninguna vela en este entierro?

La experiencia macabra de la represión estalinista, que estimuló deformaciones naturalistas, acríticas y a-dialécticas, destruyó para siempre esta visión filosófica del arte y la literatura? No puede ya la dialéctica materialista inspirar metodológicamente obras críticas que sean un reflejo de la realidad y de la evolución histórico-social? Por eso cada escritor debe zambullirse en la visión decadente de la vida en el capitalismo y producir solo obras -estancadas en una  visión metafísica-  dedicadas a narrar aislados pasajes frustantes y neuróticos de la vida en esta sociedad? Hay que hacer exclusivamente la apología del arte abstracto? Se ha abierto de manera definitiva una brecha entre el talento artístico y la realidad social e histórica? Esa realidad ya no existe o hay que ignorarla y alejarse de ella porque efectivamente se ha llegado al “fin de la historia”? Filosóficamente qué significa adherirse a este camino? Ya no puede el intelectual y el artista de este tiempo absolutamente contrarevolucionario, de descomposición global, deshumanizado y brutalmente depredador, independizarse, ser libre, sino seguir la corriente del conformismo acrítico formalista?

En la atomización (y alienación) asocial que el sistema fomenta, impulsando el hiper individualismo, dentro de este espectro nebuloso y oscuro en el que está ausente la dirección revolucionaria -principal tragedia de esta civilización, según una serie de calificadas voces militantes- no le queda otro remedio al creador que refugiarse en su subjetividad adolorida y herida, evadirse de todo el contexto  en el que está inmerso -del que se fuga- y dedicarse a dar forma literaria a sus personales quebrantos y frustraciones, sin acercarse en absoluto a la dimensión social de la trama contemporánea?

En una nueva coyuntura…resucita la evasión de los “poetas decapitados” que no se atrevieron -ni pudieron, por sus limitaciones ideológicas de clase- enfrentarse a la “realidad municipal y espesa”? Está siguiendo ese camino la nueva intelectualidad subproletaria y clasemediera que solo habla de sus pesadillas nocturnas y sus quebrantos y fracasos eróticos y sentimentales muy personales -producto, a la postre, de una estructura económico social y política que no se quiere analizar, cuestionar ni mencionar-? Estamos viviendo una oportunista época de fuga al interior psicológico y existencial porque la realidad es demasiado fea como para referirse de algún modo a ella y lo “elegante y exquisito” es “ignorarla” y desconocerla?

A veces pienso que el realismo socialista nació en un lugar equivocado y en una época inoportuna. El estalinismo se apoderó de él, lo utilizó, lo manipuló, lo manoseó, lo desacreditó, y quedó con ese maldito estigma para siempre.
Pero…el realismo socialista obligatoriamente refleja al estalinismo? Está adherido a él in sécula seculorum? Hay que irse por el camino de la evasión y de la búsqueda de lo abstracto para no ser motejado de estalinista?
Fueron estalinistas Kingman, Visconti, Bertolucci, Lina Wertmuller, Camilo Egas, Joseph Losey, Luis Buñuel, Steinbeck? (Conste que no menciono a César Vallejo, a Pavese, ni a Moravia, ni al propio Máximo Gorky, que fue el primer escritor que puso a la gente sencilla y pobre como protagonista de sus cuentos y novelas -al proletariado urbano-. No hablo de la gran literatura realista francesa que llegó a su apogeo brindando enormes obras que reflejaron el proceso histórico de ese país luego de la revolución que abolió en 1789 al poder aristocrático y destruyó la realidad agraria feudal…pero si menciono los nombres de Sthendal, Flaubert y Balzac, quien, pese a ser un monárquico católico reaccionario captó y expuso genialmente ese proceso. No digo nada sobre el gran conde Tolstoi, cumbre literaria de aquella época que quedó plasmada asombrósamente en sus obras.).
El neorealismo italiano -que tanto nos enseñó de la vida y del arte- fue estalinista?
Aquella obra realista, positiva, fecunda, trascendente, estimulante, sana, comprometida, que recoge los postulados de un pueblo trabajador en lucha, de una generación combatiente, obligatoriamente debe ser calificada de estalinista?
Definitivamente y por antonomasia toda obra comprometida carece de calidad estética?
Hay veces en que ciertos escritores apelan a lo escatológico para no ser denigrados como estalinistas. Reflejan lo más escabroso y decadente de su época, lo más inmudo y repugnante, castran asi su obra, la revuelcan en el fango de la frustración, el pesimismo y la chabacanería, para evitar ser encasillados de este modo, y producen una obra literaria lamentable, infecunda, derrotista, vacía, deprimente, prosaica, burda, en el fondo (contenido) mediocre, que solo refleja frustraciones, neurosis, hastío y hasta asco de vivir, ajena a la causa de transformar el mundo.
Acabo de leer una novela ecuatoriana -preferiría no haberlo hecho- cuyo fondo es la falta de sentido de la vida y de todo, que a duras penas muestra la miseria existencial de la clase media pauparizada. Escrita con un desborde de buena prosa pero que no por eso deja de ser chapucera y ordinaria -absolutamente vulgar- en su sentido. Una obra casi (muy) deprimente, medio grotesca a ratos, insulsa -hasta repugnante- y de mal gusto en más de una ocasión, que revela una crisis antropológica y ética, una pérdida de valores, una pobreza de rumbo, repleta de una visión y de una experiencia miserable de la vida, que no puede ver más allá. Saturada de una especie de burdo y grotesco -rotundamente cínico- fracaso moral, que no expresa absolutamente nada cualitativo de la vida, sino solo un turbio horizonte de bancarrota vital, de desmoronamiento absoluto.
A ratos la sentí cercana a la ideología del lumpen.
Premiada, además.
Alguien dijo que a veces, o con frecuencia, en los concursos literarios, no premian al mejor libro, sino al menos malo.
Alguien que no era bueno dijo: “nuestros escritores son ingenieros de almas”. CLC.

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