T. S. ELIOT.

T. S. ELIOT
Por: Carlos Lasso Cueva
Se publico en Meridiano el Sábado 30 V 2015.

1888-1965. Gigantesco poeta de dimensión mundial, bajo cuyo alero crecieron Premios Nobel como Octavio Paz y se cobijó en sus tiernos poemas llenos de nostalgia por el futuro el peruano Javier Heraud. Esteta desencantado de la intrascendencia y futilidad de la vida en la sociedad moderna, riguroso investigador de la poesía que se autodefinía como «clásico en literatura, monárquico en política y anglo-católico en religión», ilustre patriarca cuyo camino ha tenido tantos seguidores, fue influenciado por Baudelaire y Apolinaire, así como por el clásico poeta inglés John Donne. Acercarse a su poesía es entrar en el terreno del refinamiento estético más depurado de esta época.

La poesía de Eliot parte de la desesperanza de vivir en un mundo alienado y él avizoraba certidumbres positivas por el camino de la religión, pero la riqueza de su carga metafórica trascendía con creces este concepto. Con una exquisita formación académica, estudió en las mejores Universidades del Mundo. Estuvo en Harvard, la Sorbona y Oxford. Fue discípulo de Santayana y estuvo becado un tiempo en Alemania. En Harvard tuvo la suerte de conocer y ser alumno de Bertrand Russell.

Al principio fue un poeta de la vida urbana, pero lentamente su escritura se fue haciendo conceptual, hasta que arribó a su enorme poema unitario Tierra Baldía, en donde habla con pesimismo del presente del mundo. Fue un trabajador de la cultura y estuvo al frente de la revista The Criterion así como de la editorial Faber and Faber en la segunda y tercera década del Siglo XX, y dio cabida a una promoción que con el tiempo llegó a ser de los principales poetas ingleses. Interesado en la historia, con criterio religioso intentó reivindicar la figura de Tomas Becket con su libro de versos, acusatorio, Asesinato en la catedral (la vida de Becket fue llevada al cine con la presencia de dos actores británicos de relieve, en los años 60: Peter Otolle y Richard Burton…se la encuentra en el Youtube). En la década siguiente aparecería su obra Cuatro Cuartetos, su obra cimera y la más ambiciosa en el terreno de la poesía. Antes publicó Canción de amor de J. Alfred Prufrock y ese inmenso poema que se llamó Tierra Baldía, aparecido en 1922.

En su camino fue alentado por Pound, a quien conoció aún sano, cuando preparaba lentamente su libro de Cantos, considerado una de las mayores aportaciones a la poesía en lengua inglesa. Aparecida en 1922 (el mismo año en que César Vallejo publicó Trilce), Tierra Baldía pasó por las manos de Pound, que la revisó prolijamente, extirpando del libro excesos confesionales y machaconería. Eliot acogió la crítica y cuando el libro apareció pasó a ser un grito de guerra contra la hostilidad modernista, desde un punto de vista rural: coincidencias con los cantos de Walt Whitman. La sensibilidad artística siempre ha ido contracorriente de la actual civilización. La sociedad capitalista y el verdadero arte nunca han sido buenos amigos.

La poesía de Eliot es poderosa, penetrante, profunda. En El Libro de los muertos dice: «Abril es el mes más cruel; engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ memorias y anhelos, remueve/ raíces perezosas con lluvias primaverales». «Te mostraré lo que es el miedo en un puñado de polvo». «¡Tú, que estabas conmigo en los barcos de Mylae! ¿Aquel cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín/ ha comenzado a germinar? ¿Florecerá este año?»

En El sermón del Fuego expresa: «Se ha roto la tienda de campaña del río: los últimos dedos de las hojas/ se agarran y se hunden en la barranca húmeda. El viento/ cruza la parda llanura, silenciosamente. Las ninfas se han marchado».

En Los Dry Salvajes escribe: «La marejada de tierra es un tiempo/ más vetusto que el de los cronómetros, más viejo/ que el tiempo contado por ansiosas y cuitadas mujeres/ que yacen despiertas, calculando el futuro, intentando/ deshilar, desatar, deshacer el ovillo/ del pasado y del porvenir, y juntarlos/ entre la medianoche y la aurora, cuando el pasado es engaño/ y no tiene futuro el futuro, antes de la guardia del día/ cuando el tiempo se detiene y nunca termina/ y la marejada de tierra que desde el principio existe/ hace sonar/ la campana».

En Un Canto para Simeón, el poeta escribe: «Mi vida es luz, en espera del viento de la muerte,/ como una pluma sobre el dorso de mi mano./ El polvo en la luz del sol y la memoria en los rincones/ esperan el viento escalofriante hacia la tierra muerta./ Concédenos tu paz./ He caminado muchos años en esta ciudad,/ he tenido fe y he ayunado, y cuidado de los pobres./ He dado y recibido honores y comodidad./ Nunca fue arrojado nadie de mi puerta./ ¿Quién recordará mi casa, dónde vivirán los hijos de mis hijos/ cuando llegue la hora del dolor?/ Tomarán el camino de la cabra, y el cubículo de la zorra,/ huyendo de caras extrañas y palabras extrañas./»

En El Canto de Amor de J. Alfred Prufrock manifiesta: «Envejezco…envejezco…/ usaré enrrollados los extremos de mi pantalón,/ ¿Partiré mis cabellos por atrás? Me atrevo a comer un durazno?/ Vestiré pantalones de franela blanca y caminaré por la playa./ He oído a las sirenas cantándose una a otra/ No creo que canten para mi./ Las he visto cabalgar hacia el mar sobre las olas,/ peinando los cabellos blancos de las olas revueltas/ cuando el soplo del viento vuelve el agua blanca y negra./ Nos hemos quedado en las cámaras del mar/ al lado de muchachas marinas coronadas de algas marinas rojas y cafés/ hasta que nos despiertan voces humanas y nos ahogamos./»

Luego de su muerte Eliot fue víctima de la mala fe. Hubo una película inglesa basada en su primer matrimonio, titulada «Tom y Viv». Fue la adaptación cinematográfica de la obra teatral de Michael Hastings. Plantea que los mejores versos de Tierra Baldía son de su primera esposa Viviane, con la que se casó en 1915. Ella recibía sus dictados a mano. Le acusaron al poeta de haberse aprovechado de ella y de haberla hecho declarar loca para internarla en un manicomio. Pero la verdad es que la esposa de Ezra Pound le temía a Vivienne, que padecía desequilibrios. No se le acercaba cuando estaba en la cocina preparando algo con un cuchillo en la mano. Virginia Wolf escribió en su diario que era de difícil convivencia. La gente que le trató a Eliot en ese tiempo atestigua sobre el estoicismo y generosidad con que él llevó a cuestas esa carga. Eliot ya estaba separado desde hacía un lustro y él la visitaba en el sanatorio en el que ingresó con la autorización de un hermano de ella. Vivianne participó en manifestaciones fascistas en los años 30. La viuda de Eliot, Valeria, hizo editar en seis tomos la correspondencia de su esposo, que dejó todo muy claro. La biografía de Eliot, escrita por Peter Ackroid, pone los puntos sobre las íes.

Eliot había dicho: «No es por sus emociones personales, las emociones provocadas por eventos específicos de su vida, que el poeta es notable o interesante. Más perfecto es el artista, más completamente se separa en él el hombre que sufre y la mente que crea, convirtiendo sus sufrimientos personales y privado en algo rico y extaño, algo universal e impersonal». Al respecto del duro arte de la poesía, Juan Andrade Heymann comparó la escritura trabajosa de un poema con la construcción del mecanismo de un reloj. Los poemas no salen definitivos casi nunca: requieren tiempo, revisión. Pedro Jorge Vera decía que cada obra debe ser dejada un tiempo en el abandono, para poder reabrirla y revisarla como cosa nueva, hasta que refleje exactamente lo que el artista-artífice quiere decir. A veces cambiar una simple palabra por otra requiere una lucha y un esfuerzo de días, hasta que todo se acopla.

En medio de su belleza estética, la poesía de Eliot es a veces amarga y cruda, desolada. Poesía de reflexión solitaria frente a la hostilidad de un mundo deshumanizado.

Entre los poetas latinoamericanos, el más influenciado por Eliot supongo que fue el peruano Javier Heraud, asesinado en las guerrillas de los sesenta, de 21 años. Comparen el parentesco espiritual y conceptual de estos versos de ambos poetas. Dice Elliot: «Yo que estuve sentado bajo los muros de Tebas y anduve entre lo más bajo de los muertos». Dice Heraud: «Yo que esperaba ansiosamente el advenimiento del otoño comprendí que aquel no fue un tiempo perdido». Dice Elliot: «El tiempo pasado y el tiempo futuro, lo que podría haber sido y lo que ha sido apuntan a un fin único que es siempre presente». Dice Heraud: «Éste es el tiempo de la separación, acá pueden andar los que temblaban en los días, y allá podemos irnos los que esperamos el otoño». Dice Elliot: «O de tu sombra que al atardecer se levanta para encontrarte; te mostraré lo que es el miedo en un puñado de polvo». Dice Heraud: «Que los días que circulaban en tu pecho solo eran muestras de dolor entre tu llanto».

Heraud, casi adolescente, alcanzó la gloria literaria con su poesía triste y cálida, ensimismada en la frescura de su soledad. El clásico y elegante Thomas Stearns Eliot fue consagrado con el Premio Nobel de literatura en 1948

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