LA MUJER ROTA, de Simone de Beauvoir.

LA MUJER ROTA, de Simone de Beauvoir.
Por Carlos Lasso Cueva.
Se publicó en Meridiano el 6 V 2015

Obra llena de pesadumbre, empapada de pesimismo (existencialismo), llena de una deprimida y huraña autenticidad. En la primera parte hay muestras de un rigor espiritual único, maravilloso. Uno dice: así es como debe ser y pensar una persona. Ahí está el esplendor de alguien que se siente realizado y feliz. Pero de ahí en adelante empieza el derrumbe, la destrucción de la personalidad, víctima del sufrimiento y la derrota. El desmoronamiento es elocuente. Culmina con “la mujer rota”, que le da título a este libro descarnado que en su primera parte impresiona por la cantidad y calidad de malas palabras, lo que es aún más impactante en la parte intermedia, la del monólogo, donde se dicen cosas que nunca he leído escritas por un hombre. Cruda, crudísima esa parte, de un realismo erótico descarnado. Por eso pienso que las mujeres a menudo tienen más aplomo que los hombres en muchas circunstancias.

En realidad hay poca literatura en esta obra. Se trata más de un documento humano. La parte más incrustada en la biografía es evidentemente la primera. Ahí uno entiende con quien está tratando. La calidad de ese ser humano no es común en la tierra. El resto es acaso una excavación en el subconsciente, experiencias indirectas, cualquier cosa. Hay un contraste entre el cualitativo y excelso rigor moral de la mujer de la primera parte, con la desmoralización y el atroz y deprimente sentimiento de humillante caída de la mujer rota.

Esta obra debería de interesar a las divorciadas cuarentonas, a las viudas, y a las mujeres desilusionadas, abandonadas o deprimidas que quieran meditar acerca de su soledad. No es una maravilla (excepto su primera parte) pero posee un algo que la hace impresionante. En cada una de sus partes desnuda el espíritu de la respectiva mujer. No estamos acostumbrados por acá a este tipo de libros. Cada uno de esos tres casos que se cuentan es veraz y sólido. Dignos de aplauso en lo que se refiere a construcción, hílación, coherencia, método. El libro rebosa humanidad, a pesar de que es tan triste. Es impresionante el dolor de la mujer rota que no puede encarar a la vida. He visto en el mundo real mujeres así. Despedazadas, enfrentando vicisitudes, desempleadas…con hijos a cuestas, solas. Víctimas de la injusticia social, sin esperanza alguna.

Simone de Beauvoir tuvo una larga carrera literaria y política. Nacida en 1908, su primera novela fue La Invitada (calificada por Merleau-Ponty como “novela metafísica”), en 1943; luego publicó La sangre de los otros y más tarde Todos los Hombres son iguales. Fue una escritora prolífica que dejó además obras como Memorias de una joven formal (1958), La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963), Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1968), Final de cuentas (1972) y La ceremonia del adiós (1981), dedicado a evocar a su compañero de toda la vida, Jean Paúl Sartre.

Por su novela Los mandarines recibió el premio Goncourt en 1954. En 1975 recibió el Premio literario Jerusalén, que había sido concedido años atrás a Bertrand Russell. Desde muy joven trabajó de profesora, y siendo bisexual, mantuvo relaciones con varias de sus alumnas. La relación que mantuvo con Sartre fue del tipo que hoy se denomina “abierta”. Ambos rechazaban al matrimonio por considerarlo una institución burguesa. Jamás vivieron juntos, y fueron libres para tener por su cuenta otras experiencias. Ella tuvo algunas, aunque no tantas como Sartre. Jamás se complicaron el uno al otro en este aspecto. Sartre era heterosexual. A pesar de ser autora de ensayos filosóficos como El segundo sexo, ella aclaró que su producción intelectual era literaria y que el filósofo era Sartre, quien también escribió novelas y obras de teatro. Simone de Beauvoir fundó un movimiento que al final logró en Francia la legalización del aborto. Compartió con Sartre la solidaridad con la independencia de Argelia, lucharon contra la guerra del Vietnam…Jamás se desentendieron de los demás problemas sociales y políticos de su tiempo. Ambos integraron el Tribunal Russell para juzgar por crímenes de guerra al presidente de USA.

La ensayista Pamela Avellón, autora de un trabajo de interpretación de El segundo sexo, conceptualiza de este modo a este libro considerado como “la biblia del feminismo”: “la escritura híbrida literario-filosófica de Simone de Beauvoir como parte de su estrategia feminista de (auto) constitución del estilo de sujeto-mujer esbozada en El segundo sexo, lo que demuestra su compromiso social y político. Sugerimos que mediante ese estilo de escritura que la vincula a una línea de filósofos moralistas no sistemáticos, la autora francesa reconceptualiza lo que tradicionalmente una comunidad académica, hegemónicamente masculina, comprendió por “filosofía” y por “literatura”. En cierto modo, la Beauvoir, según propia confesión, estudió a Hegel influenciada por Kierkegard. La Dra. Teresa del Pilar Ríos afirma que “verla como intelectual era, pues, la más clara patentización de que sus oscuras teorías androcéntricas son meras ideologizaciones interesadas que creíbles afirmaciones científicas”.

Conoció a Sartre cuando estudiaba en la Universidad y decidieron unirse para toda la vida, sin casarse. Con él y Merleau-Ponty editaron la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número apareció a finales de 1945: la publicación se convirtió en el principal referente intelectual de la posguerra. Su libro, El segundo sexo, considerado la Biblia del feminismo, la convirtió en adalid de esta corriente, aunque su militancia en la vida fue distinta a la de la mayoría de las feministas que ahora la invocan y no tiene mucho en común con algunas corrientes feministas radicales post-modernas que utilizan su nombre. Para la Dra. Cecilia Amorós, “El libro es más bien de carácter teórico y reflexivo, pero no de militancia política. De ahí que es considerado como un eslabón entre la Ilustración y el feminismo radical de los setenta, llamado la segunda ola. La primera ola es el feminismo sufragista”, que logró la aprobación del voto femenino, con lo que se consolidó la democracia burguesa moderna.

Para la Beauvoir, pese a una serie de disquisiciones más o menos discutibles, la emancipación femenina jamás se separó por completo de un análisis histórico, y ubicó aquella –por lo menos con más precisión que el feminismo posterior, que se va divorciando completamente de este concepto– en el perímetro económico, contrariamente a algunas feministas radicales actuales que se han ensimismado en la lucha aberrante contra “la dictadura histórica falocéntrica”, proponiendo abiertamente, en algunos de sus más avanzados estratos, el lesbianismo. Es cierto que ella dio luz verde a esta corriente…pero su praxis fue diferente a la de la mayoría de las feministas de hoy en día. La Beauvoir pese a todas las vicisitudes siempre estuvo vinculada –de todos modos– a las luchas sociales (fiel a la imagen del “escritor comprometido”) y permaneció unida al gran amor de su vida, Sartre. Sin embargo, tuvo una larga relación epistolar, platónica, con un escritor norteamericano, y a partir de los años 60 estuvo vinculada a una joven llamada Sylvie Le Bon, a la que adoptó como hija y nombró heredera.

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