MARIA ANTONIETA DE AUSTRIA: REINA DE FRANCIA.

MARIA ANTONIETA JOSEFA ANA DE AUSTRIA. N. MASSSOT, C.Verdejo y otros autores.

Por Carlos Lasso Cueva.

Se publicó en Meridiano el Martes 17 de Marzo: 2015.

Era una Habsburgo, casada siendo casi niña (de 14 años) con un Borbón: el décimo duque de Berry, Delfín de Francia, hijo del Delfín Luis Fernando.. Entonces los matrimonios se decidían exclusivamente por conveniencias políticas (“razones de Estado”) y de estirpe. Nació en 1755 y murió en 1793. Sus padres fueron Francisco I (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) y María Teresa de Austria. Criada llena de mimos en la corte, se formó sin disciplina alguna: caprichosa, consentida, voluble, y luego fue despilfarradora, licenciosa, derrochadora. Sin la mínima noción de su responsabilidad histórica, buscó una vida llena de bailes, fiestas, placeres, ligada al grupo de su cuñado, el conde de Artois, que sería rey de Francia mucho tiempo después.. La gente llegó a compararla con Mesalina, y sospechó que su hijo Luis José -muerto niño (con tuberculosis), como sus hermanos- no era hijo de Luis XVI.

Para casarse con el futuro Luis XVI tuvo que renunciar a todos sus derechos a la corona austriaca. Con un enorme séquito llegó a la frontera con Francia en 1770: andaba en sus catorce años. Un equipo especial enviado por la familia real francesa la cambió de ropa, quitándole todo lo que no fuera hecho en Francia. Primero se casó por poder en la Iglesia de San Fernando, actuando en representación del delfín el archiduque Fernando. Hubo fiestas y recepciones en el palacio de Beldevere y luego en el de Liechetenstein. El matrimonio fue el 19 de Abril de 1774. Nadie presentía el porvenir: esta gente vivía ajena a la realidad de la sociedad civil. El verdadero matrimonio se celebró el 16 de Mayo en Versalles, oficiado por el arzobispo de Reims, pero no pudo consumarse debido a que el delfín tenía fimosis (estrechez del orificio del prepucio) y no quería dejarse operar. María Antonieta, frustrada, escribió durante un lustro cartas a su madre, quejándose de su desgracia. La correspondencia que tuvo con su madre y con Argenteau, el embajador de Austria en París, permiten tener una idea muy clara de toda su vida en la corte de Versalles. Hay blogs nobiliarios europeos antirevolucionarios que la reivindican.

Los hermanos de María Antonieta no eran gran cosa. José era co-regente de la emperatriz María Teresa pero estaba aliado con Federico de Prusia, enemigo de su madre. Y admiraba a Voltaire. Y la archiduquesa María Amalia tenía una bien ganada fama de libertina y promiscua, llena de amantes. Sus dos hermanos varones reinaron en Austria. La futura reina de Francia era una exquisita y hermosa mujer que encantaba en los salones. Deslumbraba con su belleza y modales y todos estaban pendientes de ella. Espléndida e ingeniosa, imponía modas y gustos. “Caminaba como una diosa”. Solo su boca desagradaba a los franceses: “su boca, pequeña y dotada del desdeñoso labio inferior de los Habsburgo, resultaba desagradable”. El escritor inglés Horace Walpole, escribió: “Sólo había ojos para María Antonieta. Cuando está de pie o sentada, es la estatua de la belleza; cuando se mueve, es la gracia en persona. Se dice que, cuando danza, no guarda la medida; sin duda, la medida se equivoca…”.

Su dama de honor fue la condesa de Noailles, ante quien lloró cuando se separó de los suyos en la frontera con Francia. A esta mujer le puso el apodo de “Madame etiqueta” (lo que indica que tenía sentido del humor). Y ella misma recibió del pueblo de Francia el apodo de “Madame déficit”, porque su vida fue un dispendio de fondos del Estado.

Luis XV, su suegro, tenía tres hijas santurronas que la metieron en problemas con la amante de él, madame Du Barry, antigua prostituta que se casó nada menos que con el conde Du Barry, quien desapareció el mismo día de la boda, dejándole abierto el camino de la Corte. Vivía en el propio Versalles. Su dormitorio quedaba cerca del de las hijas del rey. Ya era duquesa. Como no se dirigían la palabra con María Antonieta, ni siquiera la saludaba; por quejas que presentó la duquesa se vió obligada a hablarle. Solo le dirigió una sola vez estas cinco palabras: “Hay mucha gente en Versalles”.

El rey Luis XV (“el bien amado”) cayó enfermo con viruela el 27 de Abril de 1774 y falleció el 10 de Mayo. La duquesa Du Barry tuvo que abandonar la corte. Entonces entró en la vida de María Antonieta su costurera, madame Bertin, que se hizo millonaria, y Monsieur Leonard, su peluquero. Fue una época llena de pretensiones absurdas y los peinados llegaron a tener 36 pulgadas según carta de la emperatriz María Teresa, que la censuraba a su hija por cometer estas ridiculeces. Las mujeres, con esos peinados estrambóticos, no podían entrar en los carruajes y se tuvo que hacer crecer el alto de las puertas para satisfacer esta moda. Para ésta época María Antonieta empezó a adquirir deudas con los joyeros de la corte, los judíos venidos de Alemania: Boehmer y Bassenge, le abrieron crédito pero al doble del precio. Eso no importaba porque el dinero no salía del bolsillo de ella. Pagaba el pueblo de Francia.

Los últimos años vivió en El Trianón -su teatro privado- , antiguo nido de amor de Luis XV. Ahí se dedicó a despilfarrar el dinero a raudales, mientras el pueblo pasaba hambre y necesidades: eran tiempos difíciles en los que se fue incubando el germen de la poderosa revolución de 1789. Tenía, en Versalles, nada menos que 3.000 sirvientes: algo inconcebible. El lujo, el derroche y los banquetes eran increíbles. Un despilfarro irresponsable. A estas alturas se la acusó de lesbiana por su relación con la princesa de Lambelle. Después cayó en las manos de la astuta y calculadora condesa de Polignac, que le sacó todo lo que quiso y la hacía gastar medio millón de libras al año.

Por fin el matrimonio con Luis XVI se consumó gracias a la mediación del emperador José II, que lo convenció de que se operara. Entonces María Antonieta dio a luz a una niña en un parto real que duró siete horas ante la presencia de 50 personas. En el segundo embarazo abortó. Luego murió su madre, y ella, de nuevo embarazada, dio a luz a su hijo varón. En 1785 tuvo otro hijo.

Una mujer que llevaba sangre real pero cuya familia habia caído en la miseria, Jeanne Valois de La Motte, hija de un Valois auténtico, casado con una prostituta, y cuya hija fue mendiga, la metió en un problema con el que no tenía nada que ver, pero fue tal el escándalo que esto provocó que incluso parte de la nobleza francesa se colocó abiertamente en contra de la Habsburgo. La ubicaron moralmente culpable y esto desencadenó un proceso de problemas hasta que llegó el trágico final. La Motta embaucó al cardenal Louis de Rohan, ingenuo aristócrata que estaba en desgracia ante la corte. Ansioso de congraciarse, creyó que la reina le pedía una garantía para la compra del famoso collar y se la dió. La Motta lo hizo hablar con una hermosa joven apellidada D’Oliva que simuló ser la reina y el negocio estuvo hecho. Medallón en mano, La Motta escapó de París; Al ser capturada, presentó cartas falsificadas de la reina, de la que adujo ser confidente, perjudicándola gravemente. Ella fue azotada en público y su marido enviado a las galeras, pero el gran daño político estaba hecho. Se acusó al supuesto conde Cagliostro (fundador del rito egipcio de la francmasonería) de haber tomado parte en este fraude pero no hubo pruebas para condenarlo.

Cabe agregar un dato curioso: firme partidario de la revolución, integrado al grupo jabobino, fue el duque de Orleans, Luis Felipe II de Orleans, tío del rey Luis XVI, contra quien, en su calidad de diputado, firmó aprobando la pena de muerte. Desempató la votación! Luego cayó en desgracia y fue condenado a la guillotina. Antes de ejecutarlo el verdugo quiso quitarle sus botas y le dijo: “No perdamos el tiempo. Lo haréis más fácilmente cuando esté muerto. ¡Terminemos cuanto antes!”. La fortuna familiar fue decomisada y su hijo, el futuro rey Luis Felipe I -que también apoyó a la revolución en los primeros tiempos- escapó a Suiza, en donde con identidad cambiada trabajó de profesor y tuvo amores con la cocinera del colegio, María Benzoni, con la que tuvo un hijo. Ejerció la monarquía entre 1830 y 1848. El duque de Orleans mediante carta falsificada hizo venir de Inglaterra a María Teresa de Saboya, princesa de Lamballa heredera de su riquísimo hermano. Intima amiga de María Antonieta, fue asesinada atrozmente en “las matanzas de Septiembre”: era una mujer serena y caritativa que presidió las logias francmasónicas de Francia. En esa masacre, 150 sacerdotes asilados en el convento de los carmelitas fueron asesinados a hachazos…en Francia ha corrido mucha sangre: dos siglos atrás ocurrió la matanza de hugonotes (cristianos protestantes franceses): entonces hubo dos mil asesinados en París y siquiera doce mil en el resto del país, aunque otros cálculos ascienden la cifra a cincuenta mil. Cuatro siglos atrás se perpetró -en tiempos de Felipe el Hermoso- la matanza de templarios, en el viernes 13 de Octubre de 1307.

Cuando se precipitó la revolución, la pareja real vivió por primera vez con disciplina, decoro y autorespeto. Comían con el conde de Provenza. El duque de Orleans -citado arriba- hermano menor del rey, contribuyó a la agitación luego de la toma de la Bastilla. En ese lapso, La Fayette cuidó del rey Capeto que murió en 1793. El conde sueco Axel de Fersen -amante de María Antonieta- les organizó la huida ante el avance del peligro revolucionario, pero todo salió mal y la imagen de la monarquía quedó destruida. La pareja real fue apresada. El rey fue encarcelado en la antigua torre del Temple y murió bajo la guilllotina en 1793. La reina permaneció detenida siete meses -separada de sus hijos- en la Conciergerie, en una habitación sin luz ni aire. El juicio duró tres dias y la acusaron hasta de haber corrompido a sus hijos. Uno de ellos, niño, Luis Carlos de Borbón y Habsburgo, declaró contra ella. El murió asesinado y fue enterrado en una tumba sin nombre: a su ataud le pusieron la D de delfín y por eso fue rescatado tiempo después. Ella fue ejecutada el 16 X de 1793; su esposo, llamado Luis Capeto (la dinastía de los Capeto es muy larga: el rey de España, el gran duque de Luxemburgo y la reina de Inglaterra descienden de Hugo Capeto (938-993),duque de París y Rey de Francia), había sido guillotinado en Enero. En una carreta fue conducida al verdugo. Impresionó a todos los que la vieron por su serenidad y temple desdeñoso. Se comentó que asi eran los Habsburgos. Se supone que murió mejor de lo que vivió: con dignidad. Mientras era conducida a la Plaza de la Revolución en una destartalada carreta, un cómico llamado Grammont iba delante agitando al pueblo: “Si amigos, esta es la Mesalina, la pecadora, la culpable de los sufrimientos del pueblo de Francia, la traidora”. Al pasar junto al verdugo le pisó, y le dijo, con todo su refinamiento: “Perdóneme usted, señor, no fue mi intención”. El juicio contra María Antonieta no se basó solo en su irresponsable despilfarro: la acusaron de enviar millones a su hermano para la guerra con los turcos y de haber tenido relaciones indecentes con su propio vástago. Los miembros del tribunal fueron amenazados con la guillotina si no la condenaban a muerte. Era la época “del terror”.

La marquesa de la Tour de Pin dijo que Luis XVI era “tímido y flojo, no poseía altura ni realeza en su compostura, totalmente avergonzado de su espada y ni sabía qué hacer con su sombrero”. El marqués de Benseval lo definió “de carácter débil y flojo”. Su destino fue ser rey, y no estuvo a la altura. Su esposa tampoco.

Sus hijos: María Teresa (1778-1851: murió sin descendencia) fue la única que sobrevivió. Estuvo en el Temple hasta 1795 y su tío Luis XVIII la refugió en Lituania. La casó con el hijo del conde de Artois, el conde de Angulema. Luis José murió de tuberculosis de pocos años de nacido: se decía que no era hijo de Luis XVI. Luis Carlos (1785) fue nombrado Luis XVII pero murió siendo niño, seguramente asesinado, enterrado en una tumba sin nombre, identificable solo por su ataud al que le señalaron con una “D” como delfín de Francia. Un tal Philipe Pelletan le extrajo el corazón y lo conservó en un frasco. Contó a los parientes pero nadie le creyó. En 1975 se hicieron análisis con el ADN mitocondrial usando el cabello de María Antonieta y de sus hermanos; se verificó oficialmente que ese era el corazón de Luis XVII y lo depositaron en la cripta real de la basílica de San Dennis. La otra hija de la derrocada pareja real, María Sofía, también murió de pocos años, con tuberculosis.

Sofía Coppola filmó hace pocos años una película sobre la vida de esta desgraciada reina.

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