UNA NOVELA CONTRA MARIETA DE VEINTIMILLA.

Una novela contra Marieta de Veintimilla
Por: Carlos Lasso Cueva
Se publicó en Meridiano el Martes 24 II 2015.

Conocí al escritor Jorge Dávila Vásquez en uno de los «diálogos» que en 1986 sostenía Cecilia Ansaldo en el Hotel Continental. Ganador por dos ocasiones del premio «Espinosa Pólit» (en novela y en relato). Volví a verlo en una semana cultural organizada en la Facultad de Filosofía, de la U. Estatal de Guayaquil. En esta ocasión hubo un breve debate con el Dr. Ángel F. Rojas…tenían concepciones literarias e ideológicas diferentes.

Me llamó la atención que en esta novela («MARIA JOAQUINA EN LA VIDA Y EN LA MUERTE») se ultraje y se hable de un modo tan hiriente de Marieta de Veintimilla Marconi, valiosa y distinguida mujer del Siglo XIX que falleció en 1907, de apenas 49 años. Fue, en el gobierno de su tío Ignacio de Veintimilla, la Primera Dama del Ecuador. Política, escritora, socióloga, libre pensadora, conferencista y mecenas de la cultura y las artes, que jugó un papel determinante en la construcción del Teatro «Sucre», de Quito. El vituperado personaje es más grande históricamente que el autor de esta novela premiada en un concurso que lleva el nombre de un ilustre sacerdote de la congregación de los Jesuitas, de los que Marieta no fue tan amiga.

Rodolfo Pérez Pimentel publicó su ponderada biografía en el tomo IV de su Diccionario Biográfico. Se la puede leer en su página web (en el google se escribe su nombre y aparece). Cuenta que ella alternó con las principales personalidades culturales de su tiempo, y mereció elogios de la Baronesa de Wilson, que le dedicó un poema, y de la Condesa Emilia de Pardo Bazán, que desde España «la elogió en un artículo». Pone de relieve que ella fue amiga de Teodoro Wolf y del sabio naturista Luis Sodiro. Mujer de firme personalidad que, desde el destierro en Lima, volvió furtivamente en barco a Guayaquil para «hacerse pagar una fuerte cantidad de dinero que le adeudaba Carlos Stagg Flores, a quien se le presentó pistola en mano y Stagg tuvo que devolver».

Su libro «PÁGINAS DEL ECUADOR» en 411 páginas, fue criticado por Antonio Flores Jijón, a quien Marieta (cuenta Pérez Pimentel) «le contestó en una carta aparecida en abril de 1892 en varios diarios peruanos». Dice Pérez que la obra de Marieta contribuyó a debilitar a los gobiernos curuchupa-progresistas de ese tiempo. Es muy superior intelectualmente a Manuela Sáenz. Marieta era escritora y su estilo era claro, sentencioso, sintético. A García Moreno lo despedaza. Ignoro la razón por la que su voluminosa obra jamás se ha reeditado.

El gobierno de reformas del Siglo XIX fue el del General Urbina, con quien se unió, años después, el General Veintimilla. Urbina se querelló con los jesuitas, a los que el Presidente Noboa les permitió regresar. El volvió a expulsarles. Y en general la suerte de los curas no fue tan buena posteriormente, en el gobierno del tío de Marieta. Obispos de extrema derecha como Masiá y Ordóñez Lasso tuvieron que huir del país. Pérez Pimentel alaba a Urbina, lo mismo que Ayala Mora en su «Historia de la Revolución Liberal».

Esto escribió Margarita Ponce Gangotena sobre Marieta de Veintimilla en su ensayo LA MUJER YLA POLITICA EN EL ECUADOR 1830 1980, publicada en el primer tomo del libro del Sesquicentenario.

«Pocas dudas pueden suscitarse acerca de que, en la línea de la participación directa de la mujer en la política, el primer lugar le correspondió durante el siglo anterior y, acaso durante la revolución republicana desenvuelta hasta ahora, a Marieta de Veintimilla, la sobrina del General Ignacio, quien hacía escasos distingos en sus Métodos de Gobierno, bien sea que ostentara el título de dictador o que luciera el de Presidente Constitucional. Durante el lamentable septenio del General, Marieta hizo las veces de Primera Dama, adquirió gusto y sagacidad para los juegos de la política, promovió a ciertos colaboradores y enterró a otros, pero alcanzó la cumbre de su desempeño cuando, el Mandatario, sólidamente confiado en la fidelidad de su Ejército, al que había colmado de privilegios gracias al primer ‘boom’ de las exportaciones de cacao, decidió interrumpir abruptamente el proceso electoral en el que se hubiere escogido a su reemplazo, corriendo de nuevo el azar de la dictadura. El país entero se levantó contra la pretensión y las fuerzas restauradoras marcharon sobre Quito, atacándola desde todos los costados: el General perdía alegremente el tiempo en Guayaquil, y por eso, en medio de rumores y deslealtades de los colaboradores del régimen, Marieta asumió virtualmente la conducción del Gobierno y el mando de las tropas (la ‘generalita’) y se batió con heroísmo por la posesión de la capital (9-10 de Enero de 1883). Hecha prisionera, poco después salió a un destierro de casi dos décadas. Otra vez en Quito, se dedicó a extrañas prácticas y al estudio de la Sicología, siendo la primera mujer que pronunciara una conferencia en la Universidad de Quito. Murió poco tiempo después».

La facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil publicó en un volumen, dentro de la colección mujeres del Ecuador Nº 2, la «CONFERENCIA SOBRE PSICOLOGIA MODERNA» dictada por Marieta en la Universidad Central en 1906. Se incluye en el tomo el saludo y comentario del Presidente de la Sociedad Jurídico-Literaria, el Dr. José María Ayora Cueva y un elogioso artículo suscrito con el pseudónimo de «MONROE» por alguno de los intelectuales de esa época.

Esta novela de Dávila tiene una estructura irregular que siempre sorprende y hace que se deshilvane la coherencia. Me llama la atención que las feministas ecuatorianas hayan permitido que se ataque impunemente a un importante personaje femenino de nuestro país. Creo que no dijeron ni pío. ¿Por qué motivo Dávila se encarniza aquí contra Marieta? ¿Se trata de alguna venganza familiar póstuma? ¿Algún entuerto familiar guardado desde hace generaciones?… Bueno sería saber la causa de este odio. ¿O acaso es una simple antipatía gratuita? ¿Se le ocurrió, sin motivo alguno conocido, lesionar y agraviar así a una mujer fallecida y sin capacidad de defenderse? Queda la incógnita. En todo caso no es nada admirable que se haya ensañado contra un alto personaje femenino de nuestra historia. Esta novela no ha trascendido pese al Premio asociado al ilustre nombre de un sacerdote jesuita. En un debate que sostuvimos en el Facebook, Dávila alegó que no se trata de Marieta, que no tiene nada que ver, que es ficción pura, que “este es el terreno literario absoluto”, pero son evidentes las coincidencias y no me convenció, en absoluto. Nadie objetivamente puede negar que ese personaje femenino de «ficción» no es otro que la ilustre Marieta, valioso personaje histórico que merece algún respeto.

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