CARSON McCULLERS: LA BALADA DEL CAFE TRISTE

LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE, de Carson McCullers.

Por Carlos Lasso Cueva.
Se publicó en Meridiano el 18 II 2015.

La novela es de la misma escritora de REFLEJOS EN TUS OJOS DORADOS, que fue llevada al cine con Liz Taylor (hermosa, imponente mujer que reinó entre nosotros. Ella aparece ahi francamente voluptuosa, haciendo el papel de esposa adúltera) y Marlon Brando, desempeñando el papel de su esposo homosexual, que mata a medianoche a un soldado del ejército que solía colarse a ver dormida a esa monumental mujer. La vi en el antiguo cine París en 1968, en un cine foro organizado por el Movimiento Familiar Cristiano. El director fue John Huston. Es un análisis crudo de la homosexualidad que no agradó demasiado.

Carson McCullers fue famosa desde que en su temprana juventud sorprendió al público literario norteamericano con esta novela corta (LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE), con temática ambientada en el viejo sur de los USA, el mismo sur de otros grandes escritores como William Faulkner y Truman Capote. Su verdadero nombre fue Lula Carson Smith, nacida en 1917, en Georgia, y fallecida en 1967 en Nueva York, convertida en una celebridad. Otra novela suya que también fue llevada al cine fue EL CORAZON ES UN CAZADOR SOLITARIO, la más extensa de sus obras (con Alain Arkin, en los años sesenta). Historias mas bien tristes, desoladas, no exentas de alguna manifestación de solidaridad, duras, complejas, complicadas sobre lo humano. Con esta última obra (que fue su debut como escritora) fue considerada la niña prodigio de la literatura norteamericana.

Sus retratos del sur son dramáticos, patéticos, crudos, ambientados en el campo. Fue una escritora de lo rural. El sur aparece ahi con su pobreza, atraso, complicaciones, como limitando el horizonte de los seres humanos. Era una escritora bisexual con mala salud que captaba las cosas con fatalismo y reciedumbre. Tenía unos ojos que denotaban tristeza y ansiedad. Son los ojos de una persona completamente solitaria que sonrió muy poco en la vida, a la que, de algún modo, la probó intensamente. Estas obras se conocieron en el Ecuador en los años 80 editadas por Club Bruguera y por Oveja Negra. Otra novela suya fue EL HUESPED DE LA BODA que, dice Club Bruguera, “se adaptó para el teatro y fue estrenada en 1950, siendo premiada como la mejor obra del año. Posteriormente se hizo de ella una versión cinematográfica”. También escribió EL RELOJ SIN MANECILLAS y LA RAIZ CUADRADA DE LO MARAVILLOSO. Con los dividendos por derechos de autor que debió recibir su situación económica no habrá sido nada deplorable. En USA los libros son caros y los autores que venden se vuelven ricos.

Tuvo mala salud. Fue víctima de tres derrames cerebrales que le dejaron secuelas físicas, y falleció de cáncer. Tomó el apellido de un intelectual con el que se casó dos veces, Reeves McCullers. Fue amante de la también sureña Katherine Anne Porter (renombrada narradora, cuyo voluminoso tomo de cuentos me lo obsequió “Chichí” Fuentes Morla, cuando era responsable cultural del Centro Ecuatoriano Norteamericano. Me obsequió también un grueso volumen antológico de la narrativa norteamericana contemporánea, de Agusti Bartra, en el que aparece su cuento EL ROBO”. En la antología están todos: Twain, Hemingway, Bellow, Poe, Fitzgerald…), y de la escritora suiza Annemarie Schwarzenbach.

Trata de la vida en un pequeño pueblo llamado Atlanta. La novela termina con un coro de 7 negros y 5 blancos, presos de la cárcel, que cantan solemnemente una canción mientras trabajan forzadamente componiendo el tramo de una carretera.

Es la historia de una bizca excéntrica llamada Amelia Evans, una mujer de pelo en pecho que se niega a hacer el amor con su pobre marido en la noche de bodas. Lo rechaza irracionalmente. El pobre, enamorado de ella, mediante notario le traspasa todos sus bienes, pero aún así ella lo rechaza sexualmente. El infeliz se llama Marvin Macy. Asoma un jorobado despreciable llamado Lymon Willis, del que aparentemente ella se enamora pero no tienen sexo a pesar de algunas habladurías que hay en el pueblo.

Estando así las cosas Marvin se larga y. como era pendenciero y hosco, se mete en líos, asalta unas gasolineras y termina en la cárcel. Cuando queda libre vuelve al pueblo y le pega al jorobado que se convierte en su incondicional que hasta lo apoya en la pelea con su mujer legítima. Ella lo empezó a estrangular.

El café nace de casualidad, por las atenciones con que Amelia colma a su supuesto primo, el jorobado. El gran salón nace en la antigua bodega y se convierte en un famoso y extraordinario bar donde todo marcha bien y el trago es abundante y barato. Pero cuando Marvin se larga con el jorobado, luego de quemarle varias propiedades y de dañarle muchos valiosos objetos personales, ella queda sumida en la soledad. Entonces todo cambia y el café ya no tiene para ella razón de existir. Ella se queda sola con el silencio y descuida todos sus asuntos. Ya no hay nada que la sostenga anímicamente en la vida. Entonces, a causa de su soledad, el pueblo se convierte en lúgubre. El pueblo, “que de por si ya era melancólico”, se enferma de aburrimiento. Ella hasta aceptó, antes, que el jorobado lo trajera a su casa a su ex marido Marvin Macy. No se atrevió a echarlo por temor a que se fuera también su primo el jorobado. Como señala la autora, “es preferible caer en manos de nuestro peor enemigo que enfrentarnos con el terror de vivir a solas”. Cuando la soledad es buscada, es bienvenida. Lo duro debe ser la soledad que a uno le cae encima inesperadamente. La soledad de Amelia es brutal, impuesta por el destino, y la derrumba.

La novela concluye con ese coro de prisioneros blancos y negros que cantan para adquirir fuerzas para el agotador trabajo forzado. El último párrafo dice: “Quiénes son esos hombres, capaces de hacer una música asi? Sólo doce mortales, siete muchachos negros y cinco muchachos blancos de este condado. Sólo doce mortales que están juntos”.

Es muy triste esta obra, pero no deja un mal sabor en la boca. Por el contrario. Escrita unilinealmente, narrada en tercera persona…como he escrito como comentario en ella con mi firma: una obrita casi perfecta. Vale la pena leerla. Es como un canto medio desconsolador y amargo que se escuchó algún día. Humano, en el fondo entrañablemente humano. No desalienta: lo bello enternece más bien. La McCullers era un increiblemente sensitivo talento literario. Dejó plantado su nombre en la historia de la narrativa de Estados Unidos

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