“MEJIA SECRETO”…UN LIBRO SOBRE JOSÉ MEJÍA LEQUERICA: SU ACTUACIÓN EN ESPAÑA.

MEJIA SECRETO

Facetas insospechadas de José Mejía Lequerica,

de María Helena Barrera-Agarwal.

por Carlos Lasso Cueva.

Concluí la lectura del libro “Mejía secreto: Facetas insospechadas de José Mejía Lequerica”, cuya autora es María Helena Barrera-Agarwall, editado en el 2013, con el auspicio de la Sociedad de Egresados del Mejía, presidida por Diego Alexis Portilla Hernández. La obra se editó para conmemorar el Bicentenario de José Mejía Lequerica, nacido el 27 de Octubre de 1813. La autora investigó en la Biblioteca del Congreso de USA, en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca Pública de Nueva York para recabar la serie de datos cuasi desconocidos de este ilustre personaje de la época de la independencia, quiteño memorable que participó con lucimiento en las Cortes de Cádiz, siempre acompañado y apoyado por su cercano amigo y lejano pariente Don Juan José Matheu y Herrera, Conde de Puñonrostro.

Mejía voló alto. Como ningún otro ecuatoriano de aquella época. En esos años de secreta conspiración anticolonial, hizo estrecha relación con figuras notables como José de San Martín, Miranda, Fray Servando de Mier, Sir James Macduff, inglés, luego Conde de Fife, Sir Henry Welleslley, representante diplomático inglés en España, y con su hermano, el Duque de Wellington, que fue nombrado jefe supremo de las fuerzas aliadas para combatir la invasión francesa de España debido en buena parte a las elocuentes gestiones del ecuatoriano Mejía.

Era hijo ilegítimo, y esa era una circunstancia agraviante y deshonrosa en la mentalidad quiteña de ese entonces. Muy allegado a Eugenio Espejo, se casó con su hermana Manuela y trató a los futuros próceres del 10 de Agosto, sobre todo a Morales, Juan Larrea y José Xavier de Ascásubi y Matheu. Por medio del pariente de este último, Juan José Matheu, Mejía alternó con el Barón de Carondelet, a cuya esposa dedicó un poemario producido en esos años, en el que hay poemas dedicados al Barón y a su hija Felipa, futura esposa de Juan José Matheu, que fue también diputado a las Cortes. Viajó con Mejía a España, a donde arribaron  en 1808, en donde fueron testigos del primer levantamiento contra la ocupación francesa. Matheu donó a la resistencia sus ingresos como marqués de Casa Sola y pidió servir como Coronel, sin sueldo. El 15 de Julio de 1813 Matheu se casa con Felipa de Carondelet, y su padrino de boda es Mejía Lequerica. El Barón de Carondelet había recomendado a los viajeros ante su cuñado el General Francisco Javier Castaños, quien fue el padrino de su sobrina carnal, Felipa. Ocupaba el cargo de Presidente del Consejo de la Regencia. A cargo de él estaba la instalación de las Cortes de Cádiz, que sesionaron en la isla de León. Este trío compuesto por Mejía, Maheu y Castaños pertenecía a la masonería. Mejía deambulaba por los 36 años.

La mayoría de los diputados a las Cortes eran liberales “y la Constitución que preparan reflejará los preceptos de la revolución francesa”. Por táctica mencionan el nombre del Rey. Los diputados de las colonias eran una minoría y Mejía planteó las “Once proposiciones” al respecto, y se embarcó en su campaña contra la inquisición y a favor de la libertad de imprenta. Con su aliado Matheu firmaron una serie de proposiciones. Cuando ambos diputados empezaron a ser cuestionados por sus representados sudamericanos, renunciaron varias veces a sus funciones pero se les obligó a seguir concurriendo.

San Martín, ante las noticias de que se avecinaba un levantamiento anticolonial en América, renuncia a sus funciones en el ejército español, en el que ha servido por 22 años bajo las órdenes de Castaños. Mejía y Matheu habían conocido ya a este personaje en las logias gaditanas. En secreto, el argentino viaja a Inglaterra en un buque británico, utilizando un pasaporte inglés facilitado por Sir Charles Stuart, por gestiones del aristócrata británico  el vizconde Macduff. Con él viajas otras figuras como Carlos de Alvear, Matías Zapiola, Martiniano Chilavert y Fray Servando Teresa de Mier, que en una misiva envía saludos a “Mexía y Puñonrostro”. Mier “recibía y difundía  en América numerosos escritos; proporcionaba documentos….”. todos pertenecientes a la Logia Cádiz N° 3. A estas alturas, el ecuatoriano Matheu ya era amigo del precursor Miranda, que movía sus influencias desde Londres. Su secretario era el guayaquileño José de Antepara. Miranda había fundado la Logia Gran Reunión Americana que se extendió a Cádiz, en donde habían 43 afiliados. Matheu era el enlace de Miranda. Por ahí cerca andaba el diputado venezolano Esteban de Palacios, tío carnal de Simón Bolívar. Asi se fue tejiendo esa madeja. Mejía encargó sus libros a Palacios antes de morir, afectado por la peste. A estas alturas, Andrés Bello había llegado a Londres en compañía de Bolívar. San Martín lo conoció en casa de Miranda.

La autora de este libro, en nota personal al suscrito, comenta sobre el papel de Matheu y Herrera en esta encrucijada:
“Creo que sobre Matheu hay una inmensidad de cosas desconocidas. Pero es muy difícil de hallar, porque, a diferencia de Mejía, tuvo una vida muy larga y la vivió en España, donde esos antecedentes le habrían sido fatales si eran revelados. Debe haberse cuidado muy bien de mantenerlos secretos.Su hijo en particular (Matheu y Carondelet) fue hombre muy importante dentro del sistema monárquico. Se comprende que el pasado brillantísimo de su padre respecto a América fuese tema non grato y que se coadyuvase probablemente a ocultarlo”.

La situación de los sudamericanos en Cádiz era incómoda, riesgosa. Mejía y Matheu hablan de América como “su patria” en momentos en que “en las gacetas o papeles públicos no se permite poner nada favorable a América. En el congreso apenas se les permitía hablar, se les interrumpe, se les mofa”. En esas condiciones, según una crónica, “Mejía no sólo es el primer orador de las Cortes, que las enseñó a hablar, que hizo la división de poderes y a quien con la diputación americana se debió la libertad de imprenta, sino que reúne a una elocuencia repentina e irresistible profundos  conocimientos teológicos, forenses, químicos y políticos, de suerte que este joven es el hombre más sabio de las Cortes”. “La idea central de los testigos  era que los diputados americanos ayudaban a la independencia  de América a través de Gibraltar y con la ayuda de los ingleses”.

Mejía se empeñó en lograr que se nomine a Arthur Wellesley, marqués de Wellington y Duque de Ciudad Rodrigo como jefe supremo de los ejércitos de España”, quien fue asi designado en 1812 luego de muchas disputas. Mejía fue el principal responsable de este hecho, apoyado por Matheu, lo que pone de relieve “los vínculos internacionales que  Mejía cultivó con diplomáticos y militares británicos”. Castaños no fue ajeno a esta estrategia. A esto se le llamó “la conexión inglesa”.  Las Cortes quisieron nombrar para ese puesto a Luis Felipe, Duque de Orelans, heredero del trono francés, pero “esa opinión fue rebatida tajantemente por Mejía”. El célebre Lord Byron recibe en ese tiempo una carta de su amigo el Barón John Hobhouse, el 6 de octubre de 1810. Le habla del papel de “un tal Mejía, diputado por Lima”, que ridiculizó en plena sesión al defensor de Luis Felipe. Poco después Mejía hace contacto con Lord James Duff, el que facilitó la huida de San Martín a Inglaterra. Este fue nombrado General español por su papel en la defensa de España frente a las tropas francesas. “Se alistó como simple voluntario”.

Muchos años después Macduff recordará el papel estratégico fundamental desempeñadp por Mejía. “Lord Fife presentó a su gracia –el Duque de Wellington- un miembro muy patriótico de las Cortes (Mexía), quien tenía gran influencia sobre los diputados”. Macduff posteriormente llegó a Gran Maestro de la logia de Londres. María Helena Barrera precisa: “ Wellesley prcisaba de la ayuda de miembros de las Cortes. La amistad de Mejía, miembro clave del organismo posee por tanto extrema importancia. Para el quiteño el vínculo es también valioso: la Gran Bretaña, como se ha visto, se ha convertido en el espacio  para el esfuerzo indendentista americano.  Mejía será elemento clave dentro del esfuerzo para garantizar la elevación de Wellington al comando general de las fuerzas aliadas contra Napoleón en la Península. El 22 de Septiembre de 1812 las Cortes, luego de largas y complejas negociaciones, expiden finalmente un decreto que le confiere tal cargo”. El nombramiento quedó emitido en secreto, mientras se esperaba que Wellington  lograra la autorización  de Inglaterra.  Esto originó un clima de desconfianza y fue Mejía el que se arriesgó  valientemente, exponiendo su seguridad personal, a hacerlo público, lo que originó una airada y violenta sesión en las Cortes.

Wellington llegó a Cádiz  en la navidad de 1812 y luego, en una carta a Wellesley, dio su testimonio de la reunión confidencial que mantuvo con el quiteño Mejía Lequerica. Dice: “Mejía y La Vega, en su conferencia conmigo, el primero sobre todo, reconocieron que no había nada inconsistentre con la Constitución en lo que me había propuesto”. Mejía era liberal y Wellington monárquico, enemigo de reformas democráticas, opuesto a la libertad de imprenta defendida por Mejía, quien, con gran visión política, jugó asi esa partida de ajedrez, necesaria para la liberación de España y la seguridad de la Constitución que se trabajaba en las Cortes. Además, Inglaterra estaba interesada en coadyuvar a la independencia de América.

Hay otra misiva de  Wellesley al Vizconde Castlereagh, en la que “comunica en detalle una descripción del informe y de las opiniones de Mejía”. Wellesley le dice a Wllington: “Nunca vi a nadie más determinado que Mejia en llevar la cuestión hacia un desenlace satisfactorio”. Wellington le responde: “Si el señor Mejía se toma la molestia de examinar la correspondencia con el Ministro de Guerra sobre este tema, verá que es casi imposible que yo hubiese podido tener otro motivo que aquel ostensible de la medida adoptada. Puedes mostrar al señor Mejía esta parte de la carta, si te parece apropiado”. El ilustre quiteño hizo sentir su estratégica presencia en la más encumbrada geopolítica de aquella época. Cuando Wellington comenta en su carta estos asertos sobre Mejía, el 30 de Octubre de 1813, éste ya había muerto. Wellesley comentará en una comunicación: “Mejía es también una gran perdida, en particular en este momento.

En condiciones hostiles, Mejia brilló e hizo sentir su iluminada presencia. Pocos días antes de morir, durante una cena, conversa con Sir james Fellowes, jefe del departamento médico del ejército británico en Cádiz. El súbdito inglés  describe su contacto con Mejía: “Cuando los diputados se despidieron para volver  a Cádiz, pedí al señor mejía que prevaleciera sobre el gobierno y adoptase algunas medidas de precaución, y que les informase de su verdadera opinión, y al despedirme de él, le pedí también que cuidase de si mismo. Todo lo que he mencionado  sucedió en presencia de Sir Henry Wellesley, del Mayor General Capel  y del Sr. Vaughan, secretario de la embajada, y fue muy notable  que, a los pocos días después del regreso de Mejía a Cádiz, éste fue a visitar a un amigo suyo, otro diputado de las Cortes, que se encontraba en el momento de la última etapa de su enfermedad, y lo abrazó apenas unos momentos antes de que expirara. De esta fuente mejía adquirió la infección, fue atacado poco después por la fiebre, y murió a los cinco días”.

La autora concluye su obra con este comentario:  “¿Qué habría sucedido si a Mejía, como a San Martín, le hubiese sido dado retornar a América en el otoño de 1811? Asumiendo su supervivencia a envidias, inquinas y traiciones, quizás su preclaro genio habría hecho posible  un mejor y menos corrupto  destino para el Ecuador republicano”.

La obra incluye anexos de oficios presentados por José Mejia y Juan José Matheu y Herrera, Conde de Puñonrostro, ante las Cortes.  Este par de ilustres ecuatorianos siempre estuvieron juntos. Siguieron la misma línea política. Matheu, mimado por la fortuna, fue el protector de su amigo, maestro y pariente. En el prólogo al libro “Discursos de José Mejía” –que es un extracto de su ensayo  “El linaje de José Mejía Lequerica  y su verdadera casa natal”-, editado en 1987 por la Facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil, Fernando Jurado Noboa dice: “Juan José Matheu y Herrera, heredero del Marquesado De Maenza  y lejano pariente del padre de Mejía, le invitó a conocer el viejo mundo. Tenía apenas 30 años y con el marchó. Salieron de Quito en Enero de 1806. A su llegada a Madrid, Matheu le consiguió un puesto  de empleado en el Hospital General”. Dice que Mejía nació “en la casa que su madre poseía  en la calle Guayaquil, frente a la capilla del colegio de los Sagrados Corazones del Centro, en la parroquia del Sagrario. Fue bautizado en la iglesia de San Marcos. Su nombre completo fue José Joaquín Mejía del Valle y Lequerica. Hacia 1794  era un asiduo visitante  del Dr. Eugenio Espejo, en su cercana casa de la calle Maldonado, muy cerca de la esquina de la Rocafuerte.

Según la biografía de Pérez Pimentel, aparecida en el tomo IV de su Diccionario Biográfico, el padre de Mejía fue  el Dr. José Mejía del Valle y  Moreto, y su madre doña  Manuela de Lequerica  y Barrioleta: ambos quiteños. Ella estaba separada de su esposo Antonio Cerrajería”.

Clásicos Ariel editó los discursos de José Mejía en el N° 75 de su colección. Jorge Núñez Sánchez  tiene un libro titulado “Las ideas políticas de un quiteño en España: José Mejía Lequerica”. La autora cita otra obra, de Alfredo Flores y Caamaño, titulada: “Don José Mejía Lequerica en las Cortes de Cadiz de 1810 a 1813”.

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Un comentario en ““MEJIA SECRETO”…UN LIBRO SOBRE JOSÉ MEJÍA LEQUERICA: SU ACTUACIÓN EN ESPAÑA.

  1. Mejia Lequerica es un hombre de una gran capacidad intelectual, es la expresion de la crema y nata de la intelectualdad Quitenia, unido a Manuela Espejo, su hermano Eugenio, solo nos puede llenar de orgullo a los americanos, a los mestizos, indios, europeos que hicieron del nuevo continente su patria, esta America Nuestra llena de esperanzas y reinvindicaciones que la conviertan en el ALBA de la humanidad.

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