EL PÉNDULO DE FOUCAULT: de Umberto Ecco.

Y finalicé la lectura del EL PÉNDULO DE FOUCAULT.

Son 818 páginas, 120 capítulos densos, animados por una brillante desenvoltura narrativa que mezcla la ironia, el sentido del humor, con una erudición exquisita. Es una obra gigante, escrita en tono policiaco,abordando temas y causas por los que muchos hombres han muerto.

La novela más culta y deslumbrante que he leido en mi vida.

Es una novela colosal, medievalista, trasladada a los tiempos modernos. una sátira increiblemente erudita y refinada sobre las sectas ocultistas: masonería, jesuitas, templarios, rosacruces, satánicos, etc etc etc. Es una obra monumental como no he visto otra creo que en toda mi vida. La mirada del autor es moderna y laica, racionalista, muy lúcida y desmitificadora. Se refiere a todas las sectas de Europa y del Oriente Medio, con un refrescante sentido del humor.
Es una obra culta, que deja muy atrás a cualquier otra que hayamos leído.
Hace una parodia humorística de todas esas cosas, investigando sus basamentos con una profundidad rigurosa… hay que ir consultando una serie de cosas en el google.
No conozco otra que se le compare en riqueza, profundidad, belleza, magnitud.
En realidad no quería terminarla. Me daba miedo perderla y quedarme solo.
Tuve que almorzar y me llamó un amigo…
Almorcé y me llamó una amiga: prácticamente le tiré el teléfono porque estaba ansioso por leer la novela…
Me pidió que se la preste…cómo se la voy a prestar si está llena de anotaciones escritas con el estilógrafo Parker que una ex enamorada me regaló hace treinta años…ella se casó, me lo presentó a su esposo, vinieron a acompañarme los sábados cuando estuve con el brazo roto…

El facebook es a veces una catarsis. O siempre?

Con gozo y pena, la concluí.

Asi que se terminó para mi la historia de los maniqueos y los cátaros, de la primera cruzada y de Hugo de Payns, de los sans Culotes y la sinarquia, de los anagramas de los rosacruces y de la reunión de los templarios en Provins.

Ya no volveré a satisfacer mi curiosidad conociendo a los bogomilos y a Eduard Infold, la historia de San Bernardo y los benedictinos, de Cagliostro y del conde de Saint Germain, “el imponderable entre los imponderables, el Siervo de los Siervos, Humildísimo Secretario del Edipo Egipcio, Infimo Mensajero de los Señores del Mundo y Portero de Agartha, Ultimo Turiferario del Péndulo, Claude Louis, conde de Saint geermain, príncipe Rakocsi, conde de Saint Martín y marqués de Aglie, señor de Surmont, marqués de Weldome, marqués de Monferrato, de Aymar y Belmar, conde Soltijoff,caballlero Schoening, conde de Tzarogy”.

Se acabaron el marqués de Luchet y el padre Barruel, los neotemplarios y los carbonarios, Papus y los martinesistas, los gnósticos y la cábala, Caín y Lupín.
Supongo que nadie me volverá a hablar nunca de Swedenborg y de la teoría de la conspiración, de las brigadas negras y de Guiseppe Balsamo, de Ahasverus, el judío errante, de los neoplatónicos, de los drusos y los derviches, de los sunníes y chiítas, del conde de Champagne y de Tritemo, de los paulicianos y fibionitas, de los mesalianos y jerosomilitanos, de Sam Spade y de Postel, de los sufíes e ismaelíes, de los jesuítas y del padre Kircher, de la ennoia y la isla de Avalón, del caballero Kadosh, de Christian Rosencreutz, los arcontes y la orden del Toison de Oro.

Nunca más la Okrana y la sociedad de Thule, los nazis, de Maistre, los fatimidas, Jacques de Molay , el conde de beauyer, los drusos,los druidas, los naasenos y femionitas, los iconoclastas y los popelicanos, el conde de Artois, la Orden de la Jarretera, Bacon, la orden de Montesa, el rey leproso, Rocambole y los Treinta y Seis Invisibles que debían reunirse cada veinte años (de generación en generación, siendo cada grupo desconocido por el otro, poseedor cada uno de un fragmento de la clave del secreto, del mensaje de los templarios de Provins, del enigma histórico), los asesinos y los Protocolos de los sabios de Sión…”que son una serie de veinticuatro declaraciones programáticaas atribuidas” a ellos.

La historia de las sectas, con los judíos que se habían infiltrado en todas ellas, contribuyendo a cultivar “la tradición hermética”. A las sociedades secretas templarias todo se les vino abajo y se quedaron en la frustración eterna porque debido a una confusión causada por la fecha en que Francia adoptó el calendario gregoriano no pudieron localizarse ni reunirse en el sitio previsto por los pioneros, siglos atrás. Enumera dos veces a las sociedades secretas existentes en el mundo. Increibles nombres y  número.

Quizás tipee los anatemas que condenan los miembros del Tres: los reunidos miembros del Templi Resurgentes Equites Synnarchici, triuna y trinosófica orden mística y archisecreta de los Caballeros Sinárquicos del Renacimiento Templario. “Anatema contra los iluminados de Baviera, contra los Rosacrucianos de Anglia, contra los cabalistas de la Rosa -Cruz de Oro, contra todos los antiguos y místicos usurpadores del nombre de la Gran Fraternidad Blanca, contra los Vigilantes del Templo, contra todos los Colegios y Prioratos de Sión o de las Galias…”.

Hace décadas, un amigo -brillante, él- me sacó en cara que él si había leído esta obra gigantesca. Ahora lo entiendo. Demasiado tiempo estuve privado del acceso a esta lectura erudita y misteriosa, que penetra en el abismo de todos los secretos y los descifra dolorosa, magistral, maravillosamente. Pero ha estado escrito que yo lea este libro. Tuve acceso a él y ahora me siento también poseedor del sagrado secreto de la vida.

Deberiamos formar una sociedad secreta los iniciados, los lectores de este libro.

Una o dos veces al mes, los domingos, El Telégrafo publica artículos de Umberto Ecco. Los he coleccionado en físico y tengo una colección de links archivados de artículos suyos.

La novela finaliza cruelmente: con nostalgia y ternura. Belvo muere atrapado en las cuerdas del péndulo mientras Casaubon, que lo buscaba y quería salvarlo, desde su escondite en el Conservatorio de París, observa la ceremonia de sangre en la que también finalizan los días de Lorenza Pilegrini. En el trayecto, Casaubon tiene el amor de Amparo, que perteneció al pasado, de Cecilia, que es otra incógnita, y de Lía, que engendra a su hijo Gulio, que seguirá adelante, si los complotados no lo localizan y también lo matan.

Dice: “La masonería es la fachada, el pretexto gracias al cual todos estos agentes de grupos distintos, sabe Dios qué habrá sido de los paulicianos y los jerosolimitanos, se encuentran y se enfrentan, tratando de arrancarse unos a otros
algún fragmento del secreto”.

Todo es un juego inventado por tres intelectuales que trabajan en la editorial Garamound, que por motivos comerciales decide dedicarse a la literatura ocultista. Investigando los contextos comprueban que todo es una farsa, una ridícula fantasía de fanáticos. Y deciden inventar su propia clave “descubridora” del inexistente “secreto”. Grande es el objetivo aporte desmitificador de Ecco en este contexto…creo que se podría decir que es un hombre de la escuela de nuestro Bertrand Russell.

Libro erudito, deslumbrante.

Dice: “el abismo es la resaca de una llanura. ¿Porqué adorar a una resaca?

Dice: “Entonces lo mejor es quedarse aqui y esperar, mirar la colina. Es tan hermosa”, mientras espera que lo encuentren y también lo asesinen.

En el camino de su vida conoció que no hay ningún secreto excepto el del esporádico amor. El retoño, el fruto, es el santo grial de todos los hombres. “Pero las piedras sobreviven por si solas”.

Queda la memoria de los años ingenuos, tiernos y medio felices de la infancia, bajo el sol de la campiña mediterránea. La amistad -que no muere- con los amigos que se fueron, y el insondable misterio del futuro, del destino, de la vida. Y la soledad, el peso desamparado del mundo, para los incógnitos días que vendrán y caerán, de uno en uno, encima de nosotros.

Quedo infinitamente agradecido al ilustre Umberto Ecco por haber animado mis días en el Priorato con una obra verdaderamente extraordinaria, formidable, maravillosa, digna de todos los  encomios.

Ahora, destapo mi caminera (pese a que no es miércoles), para brindar -con el whisky de turno- a la salud de este genial novelista, desde ahora -a la manera de Evtuchenko, al que conoci y traté durante breves minutos luego de su recital en el parque de El Ejido en 1971, cuando Guayasamín era Presidente de la Casa de la Cultura y esta no era tanto un sepulcro cultural como ahora- íntimo amigo mío.

Me siento honrado.

Enciendo un Habano, legítimo. Me los vende a precio de costo mi contacto en la Bahía: es un barbudo, cuya foto está en uno de mis álbumes, en mi Facebook.

Haber leído esta obra de arte es una cosa que asumo como una victoria.

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Un comentario en “EL PÉNDULO DE FOUCAULT: de Umberto Ecco.

  1. Un comentario no exento de emocion pulido y profuso en datos precisos para darnos a conocer la magnificencia de ls obra cumbre de este inmenso autor que acaba de fallecer

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