LA “IDENTIDAD CULTURAL” ES EL FÚTBOL

por Carlos Lasso Cueva.
El fútbol es la “identidad cultural” de la América latina.
No es la literatura, porque a Borges lo han leído 100 personas apenas en cada país
El 1% lee las novelas de García Márquez, Vargas Llosa, Miguel Angel Asturias, los ensayos de Octavio paz o los poemas de Gonzalo Rojas.
No es el arte porque apenas el 20% (o menos) sabe quien fue Siqueiros, Portocarrero, Matta, Botero, Rivera.
Guayasamín es odiado por mucha gente en Guayaquil.
No es la música porque el huapango y la ranchera casi no se conocen en muchos países
no es el pasillo que es medio exótico para muchos mexicanos o brasileros
No es la cumbia a pesar del impacto que tiene en Colombia y zonas aledañas
No es el tango, extraño para nuestros indígenas, por ejemplo, aunque es la carta de presentación de Argentina.
Estaba en un mall del Malecón 2000, con una muy apreciada amiga, saboreando un helado cuando llegó el tiempo de los pénales entre Holanda y Argentina.

Ahi estaban ocupando las mesas, sin consumir nada, más de cincuenta personas, frente a un televisor colocado de espaldas a la ría: todos concentrados, absortos, viendo el juego de pelota. En ese instante constituían una hermandad ficticia pero concretada en ese efímero acto, unida por sentimientos sublimados. Todos gritaban con cada gol, entusiasmados, felices. Era un vínculo extraño el que les tenía atrapados en esa como ceremonia litúrgica.Se acabó todo y cada cual se marchó por su lado, a seguir viviendo su vida. Finalizó el partido y con él se eclipsó ese instante de éxtasis. Regresó cada uno a su respectiva realidad de la que se lograron evadir colectivamente gracias al emocionante partido. Era una perfecta catarsis la que evidentemente se llevaba a cabo en el interior de cada una de esas personas. Mientras duró el partido, supongo que cada uno se dejaba llevar por sus sueños; estaban en una región desconocida donde el único conflicto era el gol que no llegaba. la magia del gol…el gol es una aparición celeste que glorifica la existencia de todos en el imaginario colectivo alienado.Hay que descifrar la magia del gol en el inconsciente de estas tierras “anchas y ajenas” en donde no hay nada que una tanto a la gente como este comercializado y mercantilizado deporte.

Era una ceremonia presenciar el espectáculo. Yo estaba ubicado a siete metros del aparato que transmitía las imágenes y no podía verlas, me dediqué a contemplar, analizar, a ese colectivo humano para el cual la vida, con sus luchas, dolores y problemas había quedado momentáneamente a un lado. Nada había en esos largos y prolongados minutos más importante que el partido que se jugaba. Les vi. Identificados por el fútbol porque no tienen otra cosa que los haga sentirse vivos y felices. Era como si la amarga realidad económica dejaba, por una especie de milagro celestial,de hincar sus dardos envenenados en esas almas de gente evidentemente proletarizada, o, mejor dicho, pauperizada. Aunque el fenómeno ocurre a todos los niveles de la piramidal sociedad burguesa.. Es un aspecto esencial de la vida trasladado con frenesí a la superestructura del sistema. Es como una piscina, un bello lago de agua fresca en donde todos se bañan y nadan, disfrutando al máximo de ese momento efímero.

Concluído el partido con la victoria de un equipo, cada cual se va por su cuenta, por su vereda, rumbo a su casa, solitariamente, a enfrentar su rutina cotidiana, su particular dosis de aburrimiento, que es perturbada por la gloria inefable del Dios: Fútbol. Emociones manifestadas a veces hasta el delirio que quizás compensan cuántas frustraciones y tristezas de la gente de nuestra amplia tierra latinoamericana. Quizás muchos de ellos jamás juegan un partido de pelota, pero en el transcurso del campeonato mundial se vuelven eruditos que conocen la biografía y milagros de muchos de los grandes y famosos profesionales de este deporte comercializado en que hay jugadores que llegan a valer millones de euros.

Entiendo que el rey de los deportes es un área cultural específica en la que no importa el arte, la literatura, ni la historia. Es como un valor ideológico-cuasi religioso que se ha instalado en estas tierras donde las enormes muchedumbres compensan derrotas vitales, existenciales, incertidumbres y dramas personales pero que continúan, pese a eso, “condenadas a cien años de soledad, sin una segunda oportunidad sobre la tierra”, como decía un premio Nobel colombiano que no fue futbolista, al que tal vez le gustaba también el fútbol, pero que dedicó su vida a descifrar las parábolas y las claves a veces secretas, invisibles pero obvias, de la dominación.

Decadencia multidimensional de la cultura dentro de los avatares de la sociedad burguesa que se descompone a pasos acelerados, mientras se palpa el crecimiento de la influencia del kitsch y de la visión lumpen de la vida. Leo el libro “LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO”, de Vargas Llosa. Se refiere al libro “CULTURA MAINSTREAM” del sociólogo Frederic Martel, para quien la “cultura del entretenimiento ha remplazado casi universalmente a lo que hace apenas medio siglo se entendía por cultura”. “Los programas de televisión, videojuegos, mangas, conciertos de rock, pop o rap, videos y tabletas de las “industrias creativas”…es decir, las diversiones del gran público han reemplazado (y terminarán por acabar con ella) a la cultura del pasado”. “La inmensa mayoría del género humano no practica, consume ni produce hoy otra forma de cultura que aquella que, antes, era considerada por los sectores cultos, de manera despectiva, mero pasatiempo popular, sin parentesco alguno con las actividades intelectuales, artísticas y literarias que constituían la cultura. Esta ya murió, aunque sobreviva en pequeños nichos sociales sin influencia alguna sobre el “mainstream”. Las telenovelas brasileñas y las películas de Hollywood, como los conciertos de Shakira, no pretenden durar más que el tiempo de su presentación, y desaparecer para dejar el espacio a otros productos igualmente exitosos y efímeros. La cultura es diversión y lo que no es divertido no es cultura”.

La antropología social ha expandido el concepto de cultura en estos días. Hoy toda acción humana es considerada como expresión cultural. Si habitantes no contactados de la amazonia matan a media docena de miembros de la tribu vecina, si una docena de jóvenes marginales se reúnen a fumar droga en un parque, o si hay una competencia de reguetón, todo es considerado ahora una manifestación cultural que, entiendo, debe ser analizada en su contexto dialéctico causal.

Comentando el famoso texto del líder de la Internacional Sustitucionista, Guy Debbord, que se ha convertido en una obra de culto, Vargas Llosa describe lo que es la sociedad o la civilización del espectáculo como “la de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento”, y se explica: “Solo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la mediocridad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.

Esto puede corroborarse observando los mediocres y chapuceros programas de la TV basura, que gozan evidentemente de una enorme sintonía, como buen signo de estos tiempos decadentes en que lo cuantitativo se impone brutalmente. Esto es la democracia cultural del capitalismo en plena acción, la dictadura cultural de la masa amorfa a la que el sistema procura evidentemente mantener en el nivel más bajo posible.

Con elocuente lucidez, Vargas Llosa comenta: “Esta loable filosofía ha tenido el indeseado efecto de trivializar y adocenar la vida cultural, donde cierto facilismo formal y la superficialidad del contenido de los productos culturales se justificaban en razón del propósito cívico de llegar al mayor número. La cantidad a expensas de la calidad. Este criterio, proclive a las peores demagogias en el dominio político, en el cultural ha causado reverberaciones imprevistas, como la desaparición de la alta cultura, obligatoriamente minoritaria por la complejidad y a veces hermetismo de sus claves y códigos, y la masificación de la idea misma de la cultura. Esta ha pasado ahora a tener exclusivamente la acepción que ella adopta en el discurso antropológico. es decir, la cultura son todas las manifestaciones de la vida en una comunidad: su lengua, sus creencias, sus usos y costumbres, su indumentaria, sus técnicas, y, en suma, todo lo que ella practica, evita, respeta y abomina. Cuando la idea de la cultura torna a ser una amalgama semejante es inevitable que ella pueda llegar a ser entendida, apenas, como una manera agradable de pasar el tiempo”.

El fútbol es “la identidad cultural” de una sociedad extraviada, perdida, alienada, que carece por completo de ella, y que se ha convertido en maleable instrumento de lo que Debbord analizaba y denunciaba como la vacía “sociedad del espectáculo”. Para tener entretenidas a las masas, ajenas a la defensa de sus intereses y a la crisis económica y ecológica del mundo, la FIFA puede ser más efectiva que el Club Bilderberg. Lo que sucede es que se pone de moda “practicar” el deporte con los ojos, mirando durante horas una pantalla, sin ir jamás a nadar en el mar o siquiera en una piscina, sin jugar un partido de lo que sea con los vecinos y los amigos. La multitud permanece asi quieta, estática, domesticada, recibiendo los mensajes instantáneos que la encarrilan hacia el absoluto desmantelamiento mental, a la disociación de toda capacidad crítica, y se mantiene ahi, inerte y dócil, absolutamente pasiva. Leer un libro de los clásicos del pensamiento social? qué ocurrencia! En tiempos normales, es preferible ir de shoping a los malls, y, esperar que se celebre, cada cuatro años, el campeonato mundial de fútbol, que es la suprema distracción en el seno de una civilización cada vez más hueca,deshumanizada, desmotivante y aburrida en la que la mayoría no tiene otra propósito que, simplemente, vegetar, sobrevivir, en un contexto al que los filósofos existencialistas definieron como “la nada”.
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Miércoles 9 de Julio del 2014.

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