El taxista. (Taxi Driver).

por Carlos Lasso Cueva

se han visto en el cine películas que han trascendido, que se han convertido para el público cinéfilo en obras de culto. Ahi están Gilda, el halcón maltés, Barry Lyndon, el padrino, el último tango en París, Casablanca…cada uno tiene su lista personal de filmes que lo impactaron y con los que se identifica.

En esta obra Scorsece “pinta” la crisis existencial de nuestra época: la soledad, el aislamiento, la incomunicación, la brutal atomización del individuo en las grandes urbes…las referencias a la alienada vida moderna son el núcleo central del mensaje -muy tétrico en varios pasajes, estremecedor- que viene casi en sobre-dosis. El director refleja el atosigamiento interior del individuo desmoralizado y abatido que pese a todo sobrevive en la “jungla de asfalto”, donde la existencia se ve abocada a una realidad brutalmente cuantitativa que no deja chance para el desarrollo de su mundo interior. Es un mundo cosificado de seres casi del todo incomunicados, una realidad cotidiana en la que  el humanismo no tiene muchas oportunidades de manifestarse. La vida en ella es solo una rutina empobrecedora. El individuo no cuenta en el funcionamiento del sistema. Solo debe trabajar para sostenerse en ese ritmo hasta su último día. Todo lo cualitativo atinente a su humanidad, a su sensibilidad humana, está proscrito. No hay posibilidades de darle un sesgo cualitativo a las cosas. En estas condiciones todo es amargo y rústico desde el punto de vista espiritual. Rige la desolación, el desamparo, la miseria material se compagina con la moral para formar un mundo (atroz) en estado de agonía. Esa es la realidad en que se debate el personaje interpretado por de Niro. En ese ambiente desesperado y vacío transcurren sus días.
Travis Bickle es un semiproletario desclasado que vive una vida rutinaria.: padece de insomnio y se entretiene viendo películas porno en un cine barato. Su vida es vulgar, pero algo le inquieta. No sabe qué es pero le cuenta a su amigo que tiene “ideas locas”. Buscando hacer algo extraordinario, fuera de lo común, antirutinario, casi mata a un candidato presidencial.
Conoce a la preciosa Betsy, una bella chica bien, y la tiene en sus manos pero todo se malogra por su carencia de roce, falta de finura…era una hermosa posibilidad que pasó velozmente por su vida. Comete la estupidez de llevarla a un cine sórdido a ver una de esas películas porno y ella se ofende y se marcha.
En el camino se entera de la existencia de Iris, una desorientada adolescente entregada a un chulo que la explota y la hace feliz diciéndole que la ama. Ella vive en un mundo abominable y lumpesco de prostitución, drogas…y él -que vive una vida por demás aburrida- se interesa en este caso.
Se entrena fisicamente, compra un lote de armas, practica tiro al blanco, se corta el pelo al estilo Punk. Un día va a verla, conoce a su amo, decide protegerla. Le envía 500 dólares por correo, y va a salvarla. Es un encontrón sangriento en el que tres indeseables sujetos mueren. A él le disparan dos balazos, uno en el cuello. Llega la policía y encuentra ese espectáculo. El taxista aparece como héroe en la primera plana de los diarios. Salió del anonimato, se convirtió en alguien. Es un tipo joven y en su interior sabe que las hazañas de la vida se las ejecuta en la juventud, para luego vivir de esa renta. No quiere ser, como la inmensa mayoría, uno más de esa gente carente de historia. Elementos difuminados que jamás hicieron algo extraordinario.
Al final se recupera, sale del hospital, en el que estuvo grave, en coma. Iris, la adolescente que rescata de la mala vida vuelve al seno de sus humildes padres que le escriben a Travis una sentida nota de agradecimiento. Es su héroe. Se reincorpora al trabajo, y una noche, en la estación de taxis, un cliente se sube al que él maneja. Los amigos le avisan y él entra a conducir su taxi. Por el espejo ve a su adorada Betsy, que ha ido a buscarlo. Conversan poco. La deja en su casa y no le cobra la carrera. Tímido, no “se lanza” aprovechando la ocasión. Pero sabe que esa mujer es suya. se despide de ella con una sonrisa y la va contemplando desde el espejo. Ya sabe donde vive. El paraiso le espera. Sus criminales días de soledad evidentemente han terminado. La solución individual es el límite conceptual del director. No se divisa otra salida en el horizonte.
Con esta película dura, tensa, que casi explora lo macabro Robert de Niro saltó al estrellato. Actor camaleónico, increiblemente versátil, que luego luciría su sin par talento histriónico en la saga de El Padrino, Cabo de miedo…
iris es Jodie Foster, que también saltó al estrellato y ganó un Oscar. La recordamos por su actuación en La Habitación del miedo.
Cybil Shepard se eclipsó. Demasiado bonita y principesca pero fabulosa. Es la divina Betsy. Una mañana de sol en medio de la angustia cotidiana. Ya se sabe que hay gente que se saca la lotería.
La musica, medio solemne medio patética es de Bernard Herrman, fallecido en la noche buena de 1975, apenas concluído el rodaje.
Un joven Harver Keital es el malvado e inescrupuloso chulo.
El director fue Martín Scorcese, un heredero del cine negro de los cincuenta, sin duda impregnado del neorealismo en la época de los efectos especiales. Se explaya aqui describiendo artísticamente un mundo deshumanizado y abominable que al final tiene la salida feliz de siempre en el cine de Hollywood. Como dice la letra de la canción al final de Prety woman, con Richard Gere y Julia Roberts: “todo puede suceder en Hollywood”. Solo hay que soñar, los sueños a veces si se realizan. No hay que cuestionar nada, porque los sueños se cumplen. Las películas agradan cuando finalizan con este mensaje encantador. Ya todo quedó resuelto en la última escena. No hay nada más que hacer.  La felicidad llegó. Sigue nomás viviendo tu vida y espera la próxima oportunidad de evadirte un rato de ella. The end.
El tema de fondo de esta película es el de la desquiciante y oceánica soledad en medio de un ambiente sórdido y repugnante, donde la violencia es el pan de cada día, el necesario desenlace de todas las cosas. Una violencia sin norte que palpita en el vocabulario, en los ojos, en la realidad concreta: la violencia como una olla de presión que estalla, como un cilindro de gas que explosiona, una violencia reprimida que encuentra su justificación  para el desahogo -en medio de un mundo, un contexto desequilibrante, amoral- que se hace “poesía” ensangrentada en el desenvolvimiento de las cosas: la violencia como parte irremediable de la vida dentro de la falta absoluta de horizontes. Travis es un tipo que se siente -es-  despedazado, agredido, mutilado,  traumatizado, por la soledad. Soledad de un hombre anónimo y ordinario en el fondo de todo este conflicto. En el perímetro de la violencia justifica sus días,  su existencia,  y se redime. La violencia no es una metáfora sino un método para darle sentido a su mundo, luego de ella la vida se encuadra bajo un parámetro aceptable. Gracias a la violencia  ha conquistado y recuperado su “humanidad”. Sin la violencia este personaje se quedaría en la nada, y la película perdería  acaso su principal contenido.

El mensaje final es un refinado sarcasmo (involuntario?) del director…  una apología…?

En la película SAMURAI, con Alain Delon, aparece una frase, al comienzo: “la soledad del Samurai es como la del tigre en la selva”.
Recuerdo que vi esta pelicula en el cine Centenario.

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