MURIÓ JORGE ZAVALA BAQUERIZO: 9 V 2014.

por Carlos Lasso Cueva.

Fue un portentoso trabajador intelectual que se sublimó en la disciplina. Ignoro cuantos tomos deja: a mi me obsequió, autografiadas, algunas de sus obras jurídicas.
Un hombre sin pereza, dueño de una increible energía. A las cinco de la mañana se levantaba a escribir. Profesor rigurosísimo. Un par de veces me metí al aula donde dictaba clases en la Universidad Católica en medio de un absoluto silencio.
En 1983 dictó un semanario sobre el código de procedimiento penal en el auditorio de la corte de justicia de Guayaquil. Fueron cuatro días de eruditas pláticas con el salón lleno de abogados que intervenían con muchas preguntas al final, que Jorge contestaba exhaustivamente, impresionando a todos con sus frecuentes citas en latín. Nadie en el país dominaba el tema jurídico penal como él.
Nuestra amistad realmente comenzó hacia 1984, cuando fue candidato a diputado por la Izquierda democrática. Anteriormente nos habíamos conocido personalmente asistiendo a un par de velorios. Le acompañé en la misa de réquiem de su señora madre, fallecida en 1980: la ceremonia religiosa se celebró en la Iglesia “María Auxiliadora”, del barrio del centenario. Por esa época apareció una revista de lujo de la empresa Fertisa, cuya directora era una ex mía. Conseguí que en ella incorporaran un extracto de un texto de Jorge. Le telefonié para que me diera una foto para incluirla, y su muy fina esposa me avisó que la tenía lista: alguien fue a retirarla en su domicilio, ubicado en la calle Avenida del Ejército, al sur de la piscina Olímpica. Cuando le hicieron aquella trastada los propios liberales, cuando era candidato a la presidencia por ese partido y lo desairaron pactando con León Febres Cordero, fui solidario con él. Entonces se estrechó nuestra amistad y pude conocer a un personaje afectuoso, extrovertido, solidario. Nos tratábamos de tú y algunas veces caminamos juntos por las calles del centro de Guayaquil, conversando y gesticulando ambos, deteniéndonos en las esquinas mientras la gente pasaba en los carros mirándonos. Era un honor para mi la amistad de este hombre muy ilustre, maestro de maestros en su ciencia, en la Universidad y en el foro. Fue rector-fundador de la Univesidad laica.
A finales de los años cincuenta tramitaba el divorcio de una pariente suya, y el esposo de ella le fue a buscar una noche a su oficina y le disparó dos balazos que lo tuvieron grave en una clínica. Pero se recuperó.
Cuando la campaña presidencial de Parra Velasco en 1960 (en binomio con Benjamín Carrión), había sido él quien, en un fogoso discurso en un mitin en la calle Luque, proclamó la consigna: “Parra-Carrión revolución”. Carlos Cueva Tamarizme dijo que estuvo en contra de esa consigna porque “asustaba a la gente y le restaba votos al binomio” que él apoyó. Obtuvieron una escasa votación.
No era un político. Carecía de talento político. Tenía una cultura literaria clásica, a la antigua, y se dedicó concentradamente a la cuestión penal. No era disperso.
Durante años tuvo su oficina en la esquina de la calle Chile, diagonal al Hotel Rizzo. Luego se trasladó al tercer piso del edificio situado frente al lado Norte del Correo. De ahi pasó a un edificio ubicado frente al Grand Hotel Guayaquil. Finalmente, entiendo que a otro, diagonal a la iglesia de La Merced. Ahi ya nunca lo fui a ver.
Jovial y alegre en su trato personal, lanzaba casi a gritos sus bromas con su voz ronca y su estilo tajante.
Fue abogado de Otto Arosemena, cuando lo del balazo en el congreso al diputado Dávalos. Alcanzó la fama como abogado de la familia Isaias, en el tema del asalto del que fueron víctimas en su almacén ubicado en el lado sur de la Catedral.
Creo que el momento cumbre de mi vida a nivel social aqui en Guayaquil fue cuando falleció mi ilustre amigo personal, el Dr. Antonio Parra Velasco, cuyo cadáver fue velado en el auditorio del Instituto de Diplomacia. El auditorio estaba lleno. Arriba estaba ubicada la capilla fúnebre, con la viuda, doña Mora Gil de Parra, sentada en un sofá con otros deudos a un costado del féretro. Los Parra Gil (Pepe estuvo casado con Migñón Plaza Somers, hija de mi tío José María Plaza Lasso. El y su hermano Paco -que fue ministro de salud- eran mis amigos de la mayor confianza. Me bañé dos veces en la piscina de la casa de Paco, casado con Mariela García Caputi, cuyo padre era de menos edad que Paco) estaban al frente, acompañados de su primo Guido Chiriboga. Luis Chiriboga Parra estaba proscrito por su tío Antonio y sus primos Parra Gil y no se asomó. No se si haya sido verdad, pero Paco me dijo que tenía ahi un fuete por si acaso este se apareciera.

Asi que entré por la puerta donde estaba la capilla ardiente y los Parra se levantaron todos en esa fila para recibir mi abrazo y mi pésame. Cuando me volteo hacia el féretro vi una escena única: Carlos Julio Arosemena Monroy y Jorge Zavala Baquerizo estaban ahi conversando animadamente. Eran los dos personajes mayores de la ciudad. Temí ser impertinente. Me dió miedo de sufrir un desaire colosal. Pero me arriesgué y me acerqué hacia ellos. Nadie ahi se había atrevido a acercarse a estos dos tan grandes señores. Carlos Julio era mi padrino de confirmación y me había dado la mano cuando llegó. Me recibió con la naturalidad de siempre y se sorprendió de oir que a Zavala le trataba de tú. Ahi estuvimos media hora charlando, gesticulando, hasta que anunciaron que era hora de partir con el féretro hacia el cementerio general.
Hablamos de los viejos tiempos y le volví a criticar a Carlos Julio que haya apoyado a Velasco en el 68, cuando Jorge era binomio de mi ilustre amigo el Dr. Andrés F. Córdova, con quien viajé tres años después a Cuba. Le dije: “y de que le valió apoyarlo, si a los dos años uds dos tuvieron que andar por los techos”, cuando Velasco se proclamó dictador y la policía les buscó esos días para apresarlos.
Recientemente, en el N° 142 de la revista Diners habia salido una entrevista a Jorge, en la que fustigaba dura y sarcásticamente a Velasco Ibarra. Carlos Julio no la había visto y emitió un ronco y festivo “jejeje” cuando conté que Jorge despedazaba ahi a Velasco.

Jorge había sido nombrado ministro juez de la Corte Suprema de Justicia poco tiempo atrás, pero renunció al no ser elegido su Presidente. Alegó que asi no podría impulsar los cambios que la Corte requería y renunció al cargo. Carlos Julio acababa de ser nombrado también ministro juez -con los votos del PRE de Abdalá Bucaram, a quien apoyó en su candidatura presidencial en 1996- aunque aún no se realizaba la ceremonia de posesión. Le pregunté, delante de Jorge: “y si no lo nombran presidente se queda de ministro juez nomás o también renuncia?”. Carlos Julio respondió: “Me quedo pues. No renuncio”.

Abordamos el tema ecologista, que,en ese entonces recién se estaba poniendo de moda gracias a los artículos que publicaba la revista EL CORREO DE LA UNESCO. Les pregunté si habían leído el famoso INFORME BRUNTLAND, de la ONU, sobre el tema, y, abogados alejados de esta temática, no lo conocían. Me comprometí a obsequiarles un resumen del mismo que la cancillería había editado para difundir entre los grupos ecologistas del país, mientras se preparaba la ponencia ecuatoriana para la Cumbre de la Tierra a realizarse en Brasil poco después. Hubo un simposio organizado por la cancillería en el Uni Hotel, al que mi grupo (del que Carlos Julio era presidente honorario: el CIRCULO CULTURAL PIO JARAMILLO ALVARADO fue invitado. Asistí con mi madre, muy interesada en la cuestión, y ahi conoci a mi primo paterno Neftalí Bonifaz Andrade, ya fallecido. Tuvimos una enorme empatía y nuestros ojos se miraban con profundo afecto.
El féretro salió y la familia Parra solicitó previamente que Jorge y Carlos Julio portaran las andas del mismo.
En ese lapso subieron a la tribuna a dar sus pésames muchos abogados y algunos jueces y ministros de la Corte de Guayaquil. Muchos se acercaron a saludar a Jorge y a Carlos Julio. Les hacían preguntas en alta voz pero ellos, en medio de ese movimiento apretujado de gente, las ignoraban. Fue evidente el interés de muchos de ellos por intercambiar aunque sea una sola frase con estos dos encumbradísimos personajes.

Jorge me llevó en su camioneta y me dejó en la Casa de la Cultura. Estaba contento de que me hubiera referido a su entrevista en la revista Diners. Era un hombre más doctrinario que Carlos Julio, de quien se puede decir que careció de ideología. Aunque inclinado al centro izquierda, apoyó a León Febres Cordero en 1984, y a Sixto Durán en 1992, en cuya lista fue candidato a diputado.Luego acudió al homenaje a Pinochet en Salinas: tengo en mi álbum del Facebook una foto suya sentado al lado del ex dictador chileno: me la regaló la Dra. Norma Plaza, que entiendo fue una de las coordinadoras de ese homenaje. Un par de semanas después de ese homenaje a Pinochet, asistió a un acto en homenaje al Che Guevara en el paraninfo de la F. de Arquitectura de la U. Estatal de Guayaquil, cuando vino la hija de este, Aleyda. En 1998 fue candidato a diputado por la izquierda democrática y perdió. Quedó en el puesto 56 en el Guayas. Eso fue espantosamente doloroso y humillante para él.

La madre de Jorge, doña Ana Cristina Baquerizo German pertenecía a una de las familias más tradicionales de la aristocracia de Guayaquil. El me contó que ella no aceptaba a la familia de su esposo, por ser de inferior condición social. Pero Jorge se enorgullecía de sus parientes manabitas paternos (su padre se apellidó Zavala Arbaiza) y decía que gracias a ellos no habia perdido ninguna elección en esa provincia. Me habló de uno de sus tíos maternos, que en anillo de oro había hecho inscribir el escudo de armas familiar, del primer Baquerizo que vino a estas tierras: este se llamó Francisco Antonio de Baquerizo, asturiano que llegó a Guayaquil hacia 1761, y acreditó en el cabildo sus documentos y probanzas de nobleza e hidalguía: fue Alcalde provincial mayor de la santa hermandad (la inquisición); su hijo Sebastián Baquerizo y Noboa fue Alcalde ordinario del cabildo y Regidor en 1813. El abuelo de Jorge se llamó Manuel José Baquerizo Ferrusola, hijo de Manuel José Baquerizo Vera, hijo de Manuel Felipe Baquerizo Noboa.

Jorge era laico y ajeno a pretensiones nobiliarias. Cuando llegué a su estudio con mi hija, para tomarnos unas fotos, delante de ella dijo en alta voz que “él era cholo”. Mi hija, de siete años, le reclamó: “Tú eres cholo? pero mi papito dice que tú eres ilustre”. Con eso “lo compró” para siempre a Jorge, que cada vez que nos veíamos me preguntaba por ella.

De su estudio caminaba todos los días a la Corte de Justicia. Era normal verlo caminar, concentrado y cabizbajo, por la av. 9 de Octubre.

Cuando fui candidato a presidente de la Casa de la Cultura en 1991, dije que no sería candidato si Jorge no me apoyaba. Asi que fui a verlo. Le conté lo de mi candidatura. Me preguntó: “y qué piensas hacer si ganas la presidencia?”. Le expliqué en un minuto mis propósitos y me manifestó su apoyo. Entonces me di cuenta de que no había llevado un papel para que firme. Le dije: “regálame una hoja de papel bond”. Le dije: “firma por aqui, después pongo que es en apoyo de mi candidatura”. Y firmó en la hoja en blanco. Con ella fui a mi segundo cuartel general (el primero era la oficina de Carlos Julio), la oficina de Rodolfo Pérez Pimentel, pariente de Jorge por su madre, hija de una Pimentel Baquerizo. Me dijo: “esta firma es del ronco”. Le dije: “da escribiendo que es en apoyo a mi campaña”. Esta anécdota la conté hace casi quince años, en el libro que la Casa de la Cultura de Loja editó en homenaje al centenario de mi abuelo Cueva Celi.

Una vez, al atardecer, bajaba las escaleras del Colegio de Periodistas. y me encuentro en ellas con Jorge, al que reconocí en la oscuridad. Le pregunté; “Jorge, qué haces por aqui”. Me contestó: “vengo a dar una conferencia”. Le manifesté: “por tu culpa ya no me puedo ir al cine foro de la casa de la Cultura”, y le acompañé. Entramos al privado del Colegio, me senté a su lado y se desvivían por saludarlo, recordándole que le habían entrevistado. Empezó la conversa previa a su conferencia y se quedaron atónitos al verificar que él y yo nos tuteábamos, Le pregunté su opinión sobre la derrota electoral de Carlos Julio, que perdió la elección para diputado por el Guayas. postulado por la Izquierda democrática, en binomio con Gonzalo Noboa Elizalde, otro aristócrata de la localidad, al que tampoco he visto en muchos años. Estábamos en 1998. En alta voz Jorge contestó: “por eso es bueno retirarse a tiempo de la política antes de que sea el pueblo el que a uno lo retire”.
Este es el breve testimonio de mi relación de amistad con este maestro insigne, productor intelectual de decenas de libros.
Si se hubiera dedicado a la historia o la sociología, sería uno de los autores más populares del Ecuador. De haber sido novelista, de seguro que habríamos tenido a un Balzac ecuatoriano. Pero se especializó en la criminología, casi una ciencia oculta. Por eso sus libros jamás se difundirán en la masa, ante la cual su obra permanecerá totalmente desconocida.
Paz en su tumba.

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/jorge-zavala-baquerizo-muere-a-los-92-anos-606179.html

http://www.elcomercio.com.ec/politica/Jorge_Zavala_Baquerizo-deceso-politica-derecho_0_1136286367.html

http://www.eluniverso.com/noticias/2014/05/10/nota/2942341/muere-jurista-jorge-zavala-baquerizo

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Un comentario en “MURIÓ JORGE ZAVALA BAQUERIZO: 9 V 2014.

  1. Hermosa semblanza del eximio jurista y maestro Dr Jorge Enrque Zavala Baquerizo ejemplo de probidad y hombria de bien en todos los actos de su vida.

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