con Carlos Julio Arosemena Monroy

vuelvo a contar.
bajaba en el ascensor con Carlos Julio Arosemena, rumbo a alguna parte,
en la planta baja aparece un veteranito, que había sido su compadre.
le aborda entusiasta: uno de sus quinientos compadres, en la planta baja.
“dr”, le dice: “y qué le parece la situación?”
Carlos Julio, con afecto se excusa, que está de apuro, que lo espere en su oficina, y le contesta;
“que estamos en la mierda , pues. qué más le puedo decir”
Y hace gesto de irse, conmigo.
pero recapitula:
baja dos gradas y se regresa. le dice:
“mejor dicho, cuando estábamos en la mierda estábamos bien. ahora estamos peor que en la mierda”.
y ahora si, emprende la caminata conmigo.
Asi fué.
me mira, con su mirada que yo sabía descifrar, y me sonrío, asintiendo.
era un tipo de pocas palabras.
fue hacia 1994. no había más que decir.
asi que cambiamos de tema.

UNA ANÉCDOTA CON CARLOS JULIO AROSEMENA MONROY.
se la conté en el email a su sobrino Carlos Andrade y le encantó.

cuando lo del doctorado honoris causa a Elías Muñoz Vicuña
CJ me pidió que lo acompañe: sabia que tenia muchos amigos en la U, empezando por el rector Jaime Pólit.
al concluir la ceremonia pasamos al salón de cocteles, y me sorprendió que trataba de TU a Manuel de J Real
él estaba parado en el centro y servían whisky en charoles pero nadie le brindaba
le vi una cara de necesitado
le hice una seña
y le fui a traer un whisky
exigí que sirvieran doble, diciendo que era para él
fue una gran velada
bromeó mucho con Manuel de J. se sentó a su lado y lo apabullaba afectuósamente
parecía que habían vuelto a la secundaria esos dos: que estaban en el recreo
Reynaldo Huerta Ortega y yo mirábamos
le pasé dos o tres copas más porque era raro, nadie le servía
al final me dijo que ya se iba a ir, y si queria que me traiga a mi casa
le dije que claro
acá le ofrecí un trago, en el carro, pero vaciló
y Teresa puso mala cara
asi que les ofrecí abrir una lata de duraznos al jugo
y Teresa dijo: ESO SI, ÑAÑO
asi que se bajaron y entraron a mi opulenta mansión
abri la lata y Teresa sirvió en unos vasos con oreja

un amigo asomó, a pedirme que le preste el teléfono
se quedó lívido de encontrar ahi a CJ
le dije que más tarde, que en ese momento no.

REMEMBRANZAS DE CJ. 13 XI 16.

Por varios años estuve muy cerca de Carlos Julio Arosemena Monroy. Iba a su oficina varias veces a la semana pues se convirtió en lugar de charlas para un grupo de amigos. Siempre había alguien ahi con novedades. El alma de esas tertulias era su primo hermano, el Dr. Abdón Monroy Palau, que trabajó ahi un tiempo. Con Abdón salíamos juntos siquiera una vez a la semana, a las 6 pm y caminábamos de largo por la 9 de Octubre: yo en dirección al cine foro de la casa de la cultura, y él rumbo a su casa, en la ciudadela Ferroviaria.

Una vez le falsifiqué la firma a CJ. Fue cuando organicé un largo seminario de literatura en el centro alemán, cuya comisión cultural yo presidía, con la Dra. Genoveva Zavala Gangotena de Meyer, que era rectora del colegio alemán Humboldt. Una mujer distinguidísima, con clase, muy serena, que me ayudó actuando como moderadora en una mesa redonda. CJ se comprometió a inaugurar ese seminario, pero no vino, y yo ya sabía porqué. Esa tarde pasé por su oficina y me dijeron que se había ido a pegarse unos tragos.

Entonces le pedí la máquina de escribir a la secretaria, y redacté una nota de CJ dirigida a mi, excusándose por no poder asistir, debido a un problema de salud.La nota fue leida ante el público por la secretaria del centro alemán. Estaba redactada en el estilo de él.

Platicando días después con Abdón, me dijo: “CJ te quedó mal, no fue a la inauguración del seminario”. Si, le dije, pero envió una nota disculpándose que fue leida en ese acto. Me pregunta: “él escribió esa nota”. Bromeando, le dije que si. “La tienes? muéstramela,”, dijo. Se la enseñé, Y entró a mostrársela a CJ. A los dos minutos CJ se asomó por la puerta de su privado, muerto de risa, sonriendo implacablemente solo con sus ojos, que lanzaban chispas, como solo él sabía hacerlo. Me quedó mirando largamente, con la actitud más divertida del mundo, como diciendo “qué ocurrencia la suya”, y se retiró. Conservo ese papel. “Firmado” por él. Supongo que ninguna otra persona jamás le falsificó su firma, en toda su vida. Días después CJ me dió disculpas por no haber ido a la inauguración del seminario. Me dijo: “me emborraché”.

Carlos Julio no era un gran conversador: era un tipo parco y directo: tajante. No era amiguero. Fue siempre un solitario. Las pláticas con él duraban poco, excepto las nocturnas, cuando ya había oscurecido y no quedaba nadie en la oficina. Eran los momentos confidenciales, en que le daba por hablar tan bajo que casi no se le oía. A veces Teresa no estaba ahi en esos instantes, y se aprovechaba la ocasión para tomar un traguito. A veces invitaba él, a veces yo, pues en mi bolso de cuero napa siempre cargaba alguna reserva que era consumida velozmente y sin dejar vestigios, por temor a que Teresa se asome. En ocasiones lo acompañaba a comprar una botella en la licorera del edificio San Francisco 300, él se la metía al bolsillo del saco y lo dejaba en su oficina. Debía irme pronto pues no me perdía una sola de las funciones del cine foro de la casa de la cultura. Ahi tenía citas con mis novias.

Cuando algunas veces fuimos a alguna parte en su auto, ahi si se explayaba conversando. Asistió a uno de mis cumpleaños en mi casa, y estuvo muy comunicativo y contento esa noche. estuvieron ahi el presidente del centro cultural ecuatoriano alemán, “Chichí” Fuentes Morla, jefa de la oficina cultural del consulado de USA, Vicente Ramón Roca, primer jefe del Cuerpo de Bomberos, Carlos Núñez, cónsul de México con su esposa, los Eguiguren Samaniego, el coronel Gonzalo Arévalo Astudillo, que era primo de mi madre, Alfredo Palacio Moreno, el escultor, padre de Emilio Palacio, José Joaquín Bejarano Ycaza llegó muy tarde : hay fotos.

Hubo una recepción en el centro alemán después de eso, en la que fue nombrado miembro honorario. Con quien más conversó fue conmigo, en un ambiente alegre. Ahi estuvo con nosotros el síndico del centro alemán, el notario Dr. Miguel Vernaza Requena, personaje muy querido y respetado en la ciudad: “Miguelón”,con quien cultivé en esos años una amistad muy cordial, pese a la diferencia de edad.

Una vez, hacia 1984, llegué, y estaban todos reunidos en su privado. Estaban confeccionando las listas para concejales y consjeros provinciales. A Teresa se le ocurrió ponerme en una lista de esas, pero no acepté. Entró a la reunión a porponer mi nombre y todos habian aceptado, pero yo no.

Fui amigo personal y ahijado de Carlos Julio, pero no su partidario político. Jamás me presionó en ese sentido. Jamás tuve un vínculo político con él. Nunca. El respetó eso. A veces hacía bromas sobre mi tío Galo Plaza Lasso (que fue su jefe en Washington: CJ era primer secretario y Galo era el embajador): con el rabillo del ojo estudiaba mi reacción, como un niño que hacía una travesura. Una vez le dije: “la pica que ud tiene con mi tío Galo es que él tiene ojos azules, y ud no”, Se quedó callado y se metió a su privado sin decir nada. Con CJ jamás tuvimos un contratiempo o un mal entendido. Si se tomaba unos tragos, me trataba con el doble de respeto y entonces no se dirigía a mi por mi nombre de pila sino que me decía “señor Lasso”. Decían que CJ con tragos era peligrosísimo, pero conmigo nunca fue asi. Yo le vi en momentos medio violentos con otras personas.

Era un hombre brillante, pero tenia sus cosas medio abismales: su sobrino Carlos Andrade me contó que lo expulsaron del Club de la Unión porque se desnudaba para leer en su biblioteca. Recuerdo el episodio de cuando vino el presidente chileno Alesandri: Angel F Rojas me dijo que eso se exhibió en un documental noticioso en España, y que la gente se reia más que con las películas de Cantinflas: ahi aparecía CJ, con sus tragos adentro, muerto de risa, tocándole la nalga a Alesandri. Un connotado personaje local contó que se ponía a disparar a las moscas en el Club de la Unión. Lorenzo Saa me informó, por escrito -autorizándome a exponer su nombre- que una vez en Ambato, hacia 1975, CJ salió al balcón de un abogado al que visitaba, y se orinó desde él, hacia la calle. En la Constituyente del 66-68, el senador funcional por las FFAA, general Banderas Román, hizo leer por secretaría cosas tremendas contra CJ, aparecidas en los diarios de la época, cuando fue presidente.

Una vez, de visita yo en casa de don Julio Estrada Ycaza, algo dijeron en la TV sobre CJ, y María Teresa Solá, su esposa, comentó, mirándome: “cada cual hace bulla como puede”.

Una noche llegaron dos personas que le surtían de libros jurídicos a CJ. Y se pone a discutir con ellos sobre el precio, que había subido mucho. Solo estaba yo en la oficina. Los vendedores trataban de convencerlo y CJ se mostraba enérgico. Eran libros de Monseñor Larrea Holguín. Me acerco y tomo la palabra. Declaro que los libros de Larrea Holguín han subido de precio porque ahora es arzobispo. “¿Y eso qué tiene que ver?”, me responde CJ. Entonces asevero que lo que pasa es que ahora los libros vienen con indulgencias, que son una cosa muy necesaria. CJ me miró, y se metió a su privado a sacar la plata. Salió, pagó, agarró los libros y no dijo ni una palabra. Yo entendi. Era su manera de aceptar mi broma.

CJ me aguantaba sarcasmos con santa paciencia. Yo le trataba como lo que era, un ilustre amigo. Me hacia confidencias increibles. No recuerdo que se quedara a charlar en las noches con nadie: solo conmigo, a veces. Y yo le hablaba con absoluta franqueza, incluso de sus cosas personales, cuando él las mencionaba. A veces me daba pena decirle ciertas cosas duras, pero pese a toda su soledad, él estaba satisfecho y orgulloso de su vida. Sabía que era un personaje histórico. Durante años fue sin ninguna duda el personaje más importante de Guayaquil. Muchas de esas cosas que hablábamos no puedo comentar aqui: eran como desahogos, necesidad de comunicación, porque era un completo solitario. A veces tenia que irme, cortando la conversa, porque tenia cita con alguna novia, y se me rompía el corazón porque me daba cuenta que necesitaba charlar, y yo lo dejaba solo. Me dolía y sentía que a él más. total, yo iba a pasar bien con mi novia, él se quedaba solo. Había esa cosa específica que se llama AMISTAD. Una vez veniamos caminando, de noche, a su oficina, y le pedi que me acompañe a recoger a una novia que me esperaba en San Francisco, y lo hizo, me acompañó. Fue increible. Le gustaba soltar sus sátiras contra mi tío Galo en mi delante, de jodido, para ver cómo yo reaccionaba. No lo hacía de mala fe pero no lo quería. Hasta que le dije que le envidiaba sus ojos azules: nunca más tocó el tema Galo.

Una vez Rodolfo Pérez Pimentel le había enviado como obsequio uno de los tomos de su DICCIONARIO BIOGRÁFICO, con una copia adicional para mi, y una nota, que CJ me entregó y conservo. Rodolfo le pedía de favor que me entregue esa copia (autografiada), porque yo por su oficina iba poco. Yo estaba en la pequeña sala de espera y CJ sale, me mira con su mirada irónica, se acerca, y me da el libro de Rodolfo. Sin decir una palabra, porque hablaba con los ojos. Y regresó a su privado.

He contado aqui en difrentes ocasiones varias anécdotas con este inolvidable personaje que la vida me concedió la gracia de conocer y tratar intimamente. Luego de su fallecimiento, me llamaron de un canal de TV para consultarme sobre un programa que iban a hacer sobre él.

Una vez llegué a su oficina y encontré a un distinguido caballero al que enseguida identifiqué: era mi pariente, el dramaturgo, poeta y novelista Paco Tobar García, que tenía un serio problema con su casa, que se la querían quitar. Le habían allanado y sacado sus cosas a la calle. Enseguida empezamos a conversar, y salió CJ de su privado. Paco se puso de pie. Luego de un rato le dijo a CJ: “y estos locos son los que vienen por su oficina”, refiriéndose a mi. Y CJ, festivo, le contestó: “Y este es de pronóstico reservado”. Entonces alegué: “con su ejemplo, mi querido maestro”. CJ le resolvió su problema a Paco, a quien visité en su casa, cerca del Policentro, algunas veces.

En 1992 iba a ser candidato a diputado por el PUR, de Durán Ballén. Me consultó y le dije que él no necesitaba ser diputado nuevamente, menos con Sixto. Pero no me hizo caso, aceptó, y no le fue bien en esa legislatura llena de componendas. Estaba ahi absolutamente solo y no se entendía con nadie. Desde entonces me alejé y nos vimos muy pocas veces. Una vez me envió una nota afectuosa, pidiéndome que lo visité. Le di una copia de ella a su sobrino carnal Carlos Andrade Arosemena, hijo de mi querida amiga María Laura Arosemena Monróy, que vivia en Miami. Con ella nos carteábamos. En su nota, CJ me decía: “Venga a verme para conversar. Muchas cosas habemos de conversar. Afectuósamente CJAM”.

En 1994 ingresó de ministro juez de la corte suprema de justicia con los votos del PRE. Supongo que nos vimos por última vez hacia 1996 en la notaría de la Dra. Norma Plaza. Ahi estábamos de visita Rosendo Arosemena Castillo (cada uno por su cuenta: Fue una coincidencia. Era hijo de mi distinguido amigo el Dr. Rosendo Arosemena Elizalde), y yo. CJ llegó a hablar dos minutos con Norma.

En 1998 fue candidato por la Izquierda Democrática, junto con Gonzalo Noboa Elizalde, y perdió la elección. Quedó en el puesto 54 en la Provincia. Sé que eso fue fatal para él. Toda su leyenda política se derrumbó, quedó hecho pedazos. No sé porqué hizo una campaña tan absurda, basada en la exhibición de su currículum. Debe haber sido espantoso para él verse en vida convertido en un cadáver político.

Una vez, después de eso, le vi pasar, y lo noté hecho pedazos. Cuando le pregunté a Jorge Zavala Baquerizo su criterio sobre esta postrera derrota electoral de CJ, el “ronco” dijo: “por eso hay que saber retirarse de la política a tiempo, antes de que sea el pueblo el que lo retire”.

Posteriormente enfermó, fue a parar en la casa de su esposa, Doña Gladys Peet Lince, y según su sobrino y algunos que fueron a visitarle, vivió momentos muy amargos. Su sobrino Andrade dice en su Facebook que estuvo ahi secuestrado, y que no se permitía que saliera a pasear en el carro con nadie. Que una sobrina vino a sacarlo a pasear en su auto y que no se le permitió, que Doña Gladys tenia miedo de que CJ pida que lo dejen donde Teresa.

Al comienzo de su matrimonio, CJ había comprado un carro no muy rimbombante, modesto, y su esposa se lo había censurado, y CJ dizque respondió: “qué quieres, que vaya a asaltar un banco?”.

Asistió a una entrevista con Carlos Vera y dijo que había pensado en el suicidio.
Según diario El Universo, a sus funerales, encabezados por León Febres Cordero y León Roldós -que era Rector de la Universidad- “asistieron cien personas”.

NADA
Bernardo Acosta
4 de February de 2014.
ESTE ARTICULO SOBRE EL TAN POLÉMICO CARLOS JULIO AROSEMENA SE PUBLICÓ EN DIARIO EL COMERCIO

No se sabe si lo hirió de gravedad o lo mató. Lo cierto es que le disparó en la cabeza, y que nunca pagó por ese crimen. Triunfó la impunidad del poderoso. Ocurrió poco después de la una de la mañana en el bar Cuatro y Medio, en Guayaquil. Con la misma prepotencia de los que invaden las vías exclusivas para el transporte público y circulan con exceso de velocidad, sacó su revólver, ordenó a un mesero -que, se presume, era homosexual- a ponerse la pantalla de una lámpara en la cabeza, y apuntó a la pantalla.
El vocerío y el desorden del bar se congelaron en el instante en que el hombre, extasiado de trago y poder, estiraba el brazo sujetando la pistola. Nadie se atrevió a emitir un mínimo sonido en defensa de la dignidad del mesero, que se había convertido en el protagonista de camisa blanca y pantalón amarillo de la obra ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’ de Goya: la iluminación del oscuro recinto, las miradas y el cañón del arma de fuego se dirigían hacia él. Cuatro escenas simultáneas se apoderaron del local: el ojo torvo del hombre que se disponía a disparar; la boca cerrada y cómplice de sus acólitos; las manos húmedas de sudor del resto de presentes; y el orgullo abatido de la persona que tenía un inverosímil objeto en su cabeza y el cañón de un revólver apuntándole. Se rompió el silencio, y la bala, en vez de atravesar la pantalla, se incrustó en la cabeza del humillado mesero, que para entonces quizá sólo deseaba morirse.
Aquel balazo puso fin a esta historia. Sin embargo, no se entendería por qué ocurrió el humillante y despiadado tiro si se ignorara lo que siguió. Porque nadie habría apretado el gatillo tan campante sin tener la certeza de que esa noche iría a dormir a su casa y a la mañana siguiente volvería a un día más de trabajo. Nada. Semejante atrocidad ocurrió porque después no pasaría nada.
Fue igual a lo que aconteció después de los abusos a civiles en Dayuma y a estudiantes universitarios en Guayaquil; o luego del arbitrario encarcelamiento a ciudadanos que expresaron pacíficamente su malestar; o después de que alguien, en actitud de aquí estoy yo y el resto a un lado, invadiera una vía exclusiva de transporte público para acelerar a sus anchas.
Nada. No pasó nada. El abuso del poder fue condecorado con una insignia de impunidad. Por eso mismo se cometen (y se seguirán cometiendo) semejantes atropellos. El siniestro evento relatado aquí sucedió el 31 de marzo de 1963. El autor del disparo fue el entonces presidente Carlos Julio Arosemena. La culpa la asumió uno de sus colaboradores, el ‘Veneno’ Ledesma. Philip Agee cuenta esta historia en su libro ‘Inside the company: CIA Diary’. Nada, nada más. Porque aquí no ha pasado nada. La víctima de un homicidio y su familia no son nada.

EL FEROZ ARTICULO ESCRITO POR EL DR. HENRY RAAD A.

LOS VICIOS MASCULINOS
Por Dr. Henry Raad A.
Publicado en El Telégrafo en Marzo de 1990.

Vivimos en un país todavía machista. Las mujeres todas estarán en esto conmigo, incluso aquellas que defienden hasta la exageración matemática las reformas legales conducentes a igualar los derechos civiles de ambos sexos. Pero a nadie se le ocurre todavía hacer apología de los vicios femeninos. En cambio un ex Presidente de la República de este país bananero, con la prepotencia cana de su talla erguida todavía, ha hecho del vicio masculino una perla cultivada. Una revista quincenal por alguna razón lo recuerda y comercializa el producto.

Era estudiante todavía cuando las noches blanqueaba en libros y apuntes materia del examen. Frente a la villa de Manuel García Jaén, compañero de toda la vida, a un paso de la iglesia Santa Clara de Quito vivía el en ese entonces Vicepresidente Constitucional de la República. La luna se ponía para dar paso al pálido sol del amanecer serrano cuando en calidad de paquete un bulto largo era introducido a la villa referida. El hecho se repetía cada dos amaneceres con una puntualidad absoluta. Nosotros pasamos el año. El sujeto aquel reprobó su gran examen y echó al tacho de basura la oportunidad que le regaló el destino. Su vicio masculino atormentó nuestra vida de estudiante, pues no comprendíamos en aquel entonces si lo que debíamos hacer era embriagarnos en libros o en totales parrandas. Llegó a la Presidencia de la República por accidente democrático conducido de la mano por don Asaad Bucaram. El Dr. Camilo Gallegos Toledo en su calidad de Presidente de la Corte Suprema de Justicia había sido ya posesionado como Presidente de la República en una ceremonia simple al interior del Ministerio de Gobierno. La tercera caída del Dr. José María Velasco Ibarra se había producido. El Vicepresidente estaba preso. Esa mañana el Congreso fue aparentemente bombardeado por estrepitosos aviones que practicaban ráfagas al aire. Terminó prevaleciendo el Parlamento gracias entre otros a la dureza combativa del “árabe” aquel que hizo carne con el pueblo.

Asi es como viví la historia. Años han pasado y se resucitan estos recuerdos ante la entrevista que Patricia de Burbano de la revista Vistazo realiza al Dr. Carlos Julio Arosemena segundo. El primero fue otra cosa. Al tercero mis respetos. La periodista hace bien su trabajo y ya envié una nota de felicitación a la revista, que ojalá salga publicada si su Director lo permite. Y me sentí obligado a entrar en este espinoso asunto simplemente por honor y por capricho. Ni huir ni callar ante nadie fuese quien fuese el atacante de turno, porque mostrar debilidad es acercarse a la derrota. La periodista lo condujo al Dr. Arosemena dulcemente hacia aguas u otros líquidos más o menos profundos. Trae a colación una de esas frases celebradas por la decadente aristocracia de hace cerca de treinta años, y referente a los descendientes de los libaneses. Frase que fue lanzada dentro del juego político de aquel entonces, cuando Assad Bucaram se abría el camino a codazos en medio de los “sobaquitos perfumados”. Pregunta entonces la periodista…”Y dado que al momento existen varios candidatos a las más altas dignidades descendientes de libaneses…?”. El ex presidente, embriagado en el peor de los pecados masculinos y femeninos juntos: la insolencia, dice: “no ha llegado el día que esos pedazos de carne puedan ser digeridos por el cuerpo social”. Su nieto incluido…Prosigue: “Aquí hay una corriente para hacer una matanza árabe…me encontrarán al frente”.

La xenofobia es un arma letal. Clara e imperfecta arma blanca. Elegante y propia de cómodos burgueses. De aquellos que gustan de ganar sin lucha. De los acostumbrados a sentarse en la mesa puesta, pagada y bien servida. Los hijos de emigrantes seguiremos siendo ecuatorianos de tercera categoría mientras nos dejamos abofetear por ambos lados la mejilla. Pero habremos quienes no voltearemos la otra sino que nos pondremos al frente del principio aunque con pena y a veces evidente vergüenza tengamos que amparar en el mismo manto a ejemplares similares a aquellos que ahora hacemos referencia. Pero es así. El ser humano, con o sin vicios masculinos, con virilidad manifiesta solamente en las copas o con debilidades incluso más lacerantes, tiene que mantener levantada la botella sino la causa. Somos ecuatorianos por ley, por amor y por derecho y quienes nos detracten por el simple hecho de tener padres o bisabuelos emigrantes, generalmente lo hacen porque no supieron ellos cumplir con la herencia y las oportunidades que les fueron dadas. Los alcohólicos pueden ser interdictos pero no los hijos de emigrantes. Repase sus libros caballero, si es que lo de caballero en algo le alcanza.

No creo que algún día se desate ninguna guerra santa ni persecución implacable a nombre de las herencias perdidas. Nunca las hubo en ninguna parte porque la sociedad es dinamia. Pobre cuerpo social ecuatoriano maltratado y malquerido. Tantas oportunidades perdidas. Pero nada debe preocuparlo porque si la carne ya excretada está servida nada importa que esté sobre la mesa.

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