ACERCA DE LA POESIA: JUAN ANDRADE HEYMANN.

ACERCA DE LA POESIA.
Por Juan Andrade Heymann.
Premisas:
El pensamiento es el resultado, el producto, de la materia en su más alto grado de desarrollo: el cerebro humano.
La lengua (el idioma) y los lenguajes son la concreción del pensamiento, constituyen la realidad inmediata del pensamiento, son la materialización del mismo. La lengua y los lenguajes son el pensamiento práctico, objetivo.
La inteligencia es la capacidad cerebral de organizar correctamente el pensamiento, es decir, de acuerdo a las leyes que rigen el desarrollo de las cosas, de la realidad objetiva.
El cerebro funciona a tres niveles: conciencia, subconciencia e inconciencia.
La conciencia es el reflejo –no mecánico- en el cerebro, de la existencia social.
Inferencias:
Asi como la política es la expresión concentrada de la economía, la poesía es la expresión concentrada del pensamiento. Es indispensable aclarar que las sensaciones, los sentimientos y toda la gama de afectos y desafectos que inciden en la siquis humana, para poder ser expresados, se cristalicen en el pensamiento, y, para expresarlos poéticamente, se lo hace de manera concentrada, según un principio básico de selectividad. Este carácter de expresión concentrada del pensamiento es el que determina la diferencia entre la poesía y el manifiesto, la proclama, el ensayo, la novela, etc.
En cuanto forma ideológica que es, la poesía posee características propias, rasgos particulares, que caen dentro del estudio del lenguaje poético (lenguaje poético: concreción objetiva del pensamiento, realidad inmediata de una de las tantas formas del pensamiento).
Si el cerebro funciona a niveles inconcientes, subconcientes y concientes, asi mismo en la poesía se expresan correlativamente estos tres niveles.
Si el fin del pensamiento no es interpreta el mundo sino transformarlo (a base de interpretaciones correctas científicas, no disparatadas), el fin del pensamiento poético no puede ser otro.
El lenguaje poético –y, en general, los lenguajes artísticos- se diferencian del pensamiento científico en que combinan, estrechamente entrelazados, elementos formativos y elementos recreativos. Vale decir que la poesía, al tiempo que enseña, recrea, en los dos sentidos de la palabra: recreación y re-creación.
Si la inteligencia es la capacidad de organizar correctamente el pensamiento, el poeta inteligente sabrá organizar correctamente su pensamiento poético (nutrido, como ya hemos visto, de sensaciones y sentimientos, recuerdos y previsiones, etc).
Pero como la relación, en el cerebro, de lo consciente, lo subconsciente y lo inconsciente no es jamás estática, sino móvil e interactiva, el poeta sabrá organizar su pensamiento no sólo correctamente sino jugando con estos tres ingredientes hasta lograr poner al mando el elemento consciente.
La función recreativa, re.creativa, de la poesía –y del arte en general- es más alta y fructífera (al contrario de lo que comúnmente se cree) mientras más alto es el poder de la conciencia, en cuanto el poeta es capaz de sugerir, de enseñar y de crear el placer inherente al conocimiento, el placer inherente a su transformación.
Si el pensamiento se materializa en lengua y lenguajes, es obvio que también existe el lenguaje de la acción. Por tanto, hay poetas en actos y poetas en versos. Los actos poéticos son innumerables, grandes y pequeños, notables o casi desapercibidos. Los poetas en actos son los hombres anónimos, son el pueblo, o son los individuos que por diversas razones pueden merecer ese calificativo.
El poeta en actos y el poeta en versos pertenecen a determinada clase o capa social. Sus actos y sus versos tienen un sello de clase. El producto –el verso o el acto poético- es una manifestación históricamente dada.
En nuestro momento histórico y desde nuestra posición de clase, la poesía catártica, enajenante, efectista, falsa, distorsionadora, fetichista y fetichizante, “superior”, que se idolatra a si misma e induce a que la idolatren, supersticiosa, banal, formalista, supuestamente “ahistórica”, “mística”, ininteligible, críptica, etc, y también la cartelista, “revolucionarista”, populista y populachera, etc, merece nuestro combate y nuestra crítica.
Desde nuestro punto de vista, la poesía (y el arte y la literatura en general) debe tener, en lo posible, al pensamiento científico como guía, tanto para los poetas en versos como para los poetas en actos. Solo así, nuestros poetas se convertirán en poetas populares.
El camino para que todos contribuyamos a la defensa y al desarrollo de la cultura nacional es el de la asimilación del pensamiento científico aplicado con seriedad y responsabilidad en el terreno de la creatividad, de la valoración estética y ética, en el terreno del NUEVO HUMANISMO, que implica una nueva moral, una nueva solidaridad, una nueva amistad, en suma: un renacimineto.
Solo cuando asumamos gradualmente una posición humanística nueva (en contenido y extensión), seremos poetas populares, inscritos, con nuestros actos y nuestros versos, en la vida del pueblo y la nación ecuatorianas, y en la de todos los pueblos y naciones del mundo.

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