TEXTOS LITERARIOS DEL CHE GUEVARA.

 

 

Son simples comentarios de libros. No se puede decir que son un aporte a la literatura…están muy lejos de ser una cosa asi. Son  sencillas notas -no estudios-  de alguien que estaba madurando una visión del mundo, resúmenes de un hombre que no leía por leer, y que casi al desgaire iba soltando sus puntos de vista, comprometido con una tendencia ideológica y política de su tiempo. La Revista de la Casa de las Américas los publicó en 1991. … El admiraba a Jack London, y escribió el mejor relato sobre la guerrilla de la Sierra Maestra. El triunfo, en ella, permitió crear en Cuba un aparato estalinista abominable. El Che, sin duda, era mejor como escritor que como ideólogo o estratega. Un estratega jamás hubiera ido a “suicidarse” en esa descabellada guerrilla en Bolivia, aunque su muerte ahi, a manos de la CIA, le convirtió en mártir y en mito. Ese fue su destino.

TEXTOS LITERARIOS DEL CHE GUEVARA.

 

Revista casa 184.

EL HECHIZERO, de Carlos Solórzano.

Un pequeño drama bien hecho. De honduras filosóficas, aunque no de originalidad. Al fin y al cabo, el tema del alquimista enamorado de una idea es tan viejo como la alquimia. Lo importante es que el autor  encuentra  el tema social y se siente en su grito el grito de los humildes.

El tema y el desarrollo son clásicos: Shakespeare (Hamlet y Macbeth) le van unido en mucho pero también Oneill ha puesto su grano de arena en la obra.

El hechicero es  muerto por su hermano, incitado por la mujer de aquel, pero no consiguen nada, ya que el hechicero tenía ilusiones y no una fórmula para el oro. La hija de éste se venga en una forma que recuerda al dramaturgo norteamericano por su complejidad psicológica.

El fondo está dado por un pueblo sojuzgado que tiene hambre y que busca a su salvador en cualquier parte.

BIOGRAFIA DEL CARIBE. DE GERMAN ARCINIEGAS

Es el Caribe una zona neurálgica de América; hoy como lo fue ayer. Es el asentamiento de las más poderosas compañías de piratas, ya sean los filibusteros de Drake o la United Fruit Company. Esto es un paralelo histórico cuyo  meollo no trata de dilucidar el autor. Para él todo el Caribe se desenvuelve de acuerdo con leyes inexplicables y pasa de unas manos a otras, en guerras interminables, sólo por la codicia pasajera de algún monarca.

El hecho económico, el leit motiv sobre el que gira la accidentada biografía ribereña al mar del Caribe se diluye en ironías intrascendentes, en demostraciones de una profundísima cultura anecdótica y de un ágil y bien manejado castellano.

La secuencia histórica está dada por la aparición de un poder naval que reemplaza a otro poder naval o terrestre en decadencia, y si en algún momento roza el drama de la época, la terrible amenaza del imperialismo yanqui, lo hace con frases lamidas y tangenciales y refiriéndose a hechos que ya casis pertenecen a la historia, como el arrebato del Canal de Panamá.

Tiene frases de amable complacencia con el aventurero que actuando como plenipotenciario y poniendo pistola al pecho del gobierno de Panamá hace firmar un comercio indigno, y si resalta la pistoleril acción de Teodoro Roosevelt téngase en cuenta que su fino, despreciativo y caballeresco sarcasmo se abate sobre los que cercenaron a su patria.

Arciniegas tiene inteligencia y, sobre todo, cultura para dar una gran obra sobre el tema, pero no puede hacerlo porque su saber está sólo a disposición de su causa personal.

OBAS ESCOGIDAS, de ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO.

Tiene un gran acierto la selección del profesor Edelberto Torres. Sobre todo ese primer artículo, “Evocación de Guatemala”, es como un autoretrato hacia el  futuro. De sus primeras páginas brota un encanto cansado de cosa muerta, de sala de tía vieja, y eso es lo que deja como impresión la prosa entera de Gómez Carrillo.

Es una enseñanza enorme. Sólo los gritos de las almas del pueblo llegarán a la posteridad. El grito robusto de Rubén Darío, de Pablo Neruda. La voz armoniosa, rítmica y ligera del gran cronista encantó a los lectores de su tiempo y le dio más fama quizás que a los hombres potentes de su generación. Pero llegó la muerte y con ella el olvido.

Todo lo lírico de sus prosa parece hoy el retrato sobrecoloreado de la tía cuando era joven, en el salón de marras.

De su prosa se levanta un impalpable polvillo al removerlo, y hay en todo él, milagros del tiempo, una suave modorra de aburrimiento.

Hay que leerlo en días de añoranzas, si es posible junto a un buen fuego de chimenea con lluvia afuera, y después dormir…

 

MAMITA YUNAI,  de CARLOS LUIS FALLAS

Este libro fue escrito por un obrero para participar en el concurso de la mejor novela latinoamericana de 1940. El jurado costarricense “por considerar que no se debía tomar en cuenta como novela, lo desechó”. Asi reza una nota que, a manera de colofón, cierra el libro, y tal vez desde un punto de vista técnico tenga razón el jurado, pues este relato no es completamente una novela, es un documento vivo elaborado en la entraña de la selva y al calor de la “acogedora” Mamita Yunai, la United Fruit Co., cuyos tentáculos chupan la savia de todos los pueblos de Centroamérica y algunos suramericanos.

El relato es de estilo claro y seco y de técnica sencilla. En una primera parte narra sus vicisitudes como fiscal de una elección y matufias que en ella se hacen, hasta que vuelve a Limón y en el camino se encuentra con un viejo amigo, lo que da pie a narrar en forma de recuerdo la segunda parte, con sus aventuras en el bananal y la injusticia y el robo de que son objeto por parte de la compañía hasta que uno de los compañeros trata de matar a un “Tútile” (sic) un italiano de la “Yunai”, y va a  la cárcel.

La tercera parte, a manera de epílogo, cuenta en forma de diálogo entre los dos lo que fue de sus vidas en los años de intervalo para acabar con una separación, cada uno siguiendo su camino; el autor, la primera persona que narra, en las luchas de reivindicación política: el amigo, en las bananeras de la Yunai.

El tipo principal es a las claras el autor, y tiene el acierto de no mezclarse con el pueblo a quien relata. Lo ve sufrir, lo comprende y lo compadece, pero no se identifica. Es testigo más que actor. Conoce los lugares que relata y se nota que los ha vivido. Los tipos sicológicos de los compañeros y las anécdotas insertadas son acertadas aunque a veces estas últimas llegan un poco traídas de los pelos al relato.

Como siempre en este tipo de novela, no hay complejidad sicológica en nadie, pero sobre todo los “machos” (gringos); parecen figuras del “malo” recortadas con cartulina.

Cuando sus quejas se transforman en alaridos efectistas cae en lugares comunes de la novela social americana, pero es, por sobre todas las cosas, un notable y vivo documento de tropelías de Compañía y “autoridad” y de la vida miserable de los “linieros” (que trabajan en la línea férrea) a quienes está dedicado este libro.

 

HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA. DE BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.

En la literatura americana hay un entronque primitivo con la vieja España constituido por españoles que desarrollaron su obra en esta tierra. De ese tipo es la extraordinaria historia de Bernal Díaz.

Bernal Díaz es español, pero lo  medular de su crónica se refiere a la conquista de México por Hernán Cortés y sus huestes, aventura que llega a los límites concebibles de la audacia humana y que, en labios del cronista, toma calor de cosa viva.

Esto es lo más importante y literario de su obra; su valor de confesión personal. No importa que a través de sus páginas se desarrolle la historia, lo que importa es que un soldado inteligente pero sin mayor cultura deja correr sus recuerdos de la época heróica de la España imperial, y Cortés, Sandoval, Alvarado, Cristóbal de Olid toman su dimensión precisa, no por humana menos extraordinaria.

Bernal Díaz no se ha puesto a investigar si la conquista tenía o no justificación teológica, como su más ilustrado contemporáneo Cieza de León, que comparaba muchas cosas desfavorablemente a sus compatriotas con los incas. Para él lo hecho tenía la justificación primaria de que él lo hacía; mejor dicho, de que él estaba entre las huestes atacantes.

Bernal ni lo pretendió ni hubiera podido pintar el espíritu indio, pero ha dado la más extraordinaria pintura del conquistador que guarda la historia. Aparece en su prosa, que tiene el colorido de lo añejo y fresco, la figura central de este drama (desde el punto de vista del invasor), el intrépido, huidizo, hábil, intrigante, melifluo y amargado capitán Hernán Cortés. Muestra mucho mejor que la historia deificadora el carácter del capitán y su grandeza que no sólo sintieron sus enemigos de raza sino también sus enemigos y amigos españoles.

Cuando Bernal narra su horror frente al sonido bajo y profundo de las trompas con que los aztecas anunciaban el sacrificio de los españoles hechos prisioneros, el lector se transporta al estado de ánimo de aquellos soldados incultos pero convencidos de la superioridad de su dios sobre el sanguinario Huitzilobos, pero cuya fe flaqueaba al sentir en los miembros el mordisco subjetivo de los guerreros aztecas y ellos sabían que las amenazas no eran fantochadas. Ya cerca de mil compañeros de la reducida tropa habían pasado por el estómago de las huestes enemigas. Sin embargo, sabiendo que no había alternativa siguieron  peleando hasta dominar a nativos. Y entonces viene la parte triste de las peleas por dinero, por indios, por gloria. Esa expedición heróica e inútil a las Higueras, y esa muerte inútil y estúpida del emperador Cuactemoc, ajusticiado más, quizás para calmar la ira interna que para aplacar una revuelta que no podía cristalizar ya, de un emperador vencido física (por el tormento que le diera Cortés buscando oro) y moralmente.

En estas páginas se puede conocer la síntesis de la nacionalidad mexicana que ha unido dos razas antagónicas plasmando el magnífico tipo humano que es el mexicano de hoy.

GUATEMALA: LA DEMOCRACIA Y EL IMPERIO

de Juan José Arévalo.

Han pasado veinte años desde el libro anterior (“La pedagogía de la personalidad”. La Plata, 1937). Arévalo fue presidente de un país durante seis años; se paró con todo su pequeño país detrás contra la prepotencia yanqui y sus voraces monopolios que se tiraban sin cesar contra las riquezas guatemaltecas. Pasados sus seis años de gobierno, entregó el mando a Arbenz, y a la mitad del ejercicio de este se produce la abierta agresión a Guatemala. Arévalo resucita entonces viejos recuerdos de su época presidencial y los ofrecimientos yanquis para tentarlo personalmente a aceptar su juego. Analiza el complejo panorama de la política mundial y puntualiza con seria ironía estupideces de la propaganda yanqui sobre el peligro guatemalteco. Analiza la acción del gobierno de Arbenz sobre la UFCO, la IRCA y la Bond and Share y llega a la conclusión de que estas son las indirectas responsables del atraco.

Naturalmente, nadie que piense puede dejar de conocer ese hecho tan enormemente claro, pero la valentía está en decirlo  y en decirlo sin pelos en la lengua en este especial momento de la historia de la humanidad.

No es este un libro que vaya a sobrevivir a su época, morirá con ella pues no hay valores eternos en sus cien inflamadas páginas, pero es interesante notar las diferencias que veinte años han dado a la obra pedante del joven doctor en filosofía y la viril alocución de un patriota que fue presidente de su patria y, como tal, debió poner el hombro cotidianamente para desempequeñecer a su país.

 

LA CRONICA DEL PERU.

DE PEDRO CIEZA DE LEON.

En realidad ésta es la primera parte de una obra monumental escrita sobre todo lo acaecido en el Perú desde que sus habitantes tuvieron memoria hasta el momento en que Cieza de León se sentara a escribir. El dice (en) el prólogo, hablando de las cuatro partes de la obra:

“Esta primera parte trata la demarcación y división de las provincias del Perú, asi por la parte de la mar como por la tierra, y lo que tienen de longitud y latitud; la descripción de todas ellas; las fundaciones de las nuevas ciudades que se han fundado de españoles; quién fueron los fundadores; en qué tiempo se poblaron; los ritos y costumbres que tenían antiguamente los indios naturales, y otras cosas extrañas y muy diferentes de las nuestras, que son dignas de  notar”.

Las tres partes siguientes contienen el Señorío de los Incas, la guerra de conquista y las guerras civiles, respectivamente.

Maravilla, frente a tanta crónica insustancial y mentida, la justeza y veracidad de los datos de Cieza que no citaba si no era conocido de él mismo o de persona que le mereciera amplia fe de la que da a veces el testimonio escrito.

Esta parte, la menos interesante de la crónica da, sin embargo, una precisa idea del escenario histórico donde le tocó actuar, y, aun defendiendo la necesidad religiosa de la conquista, enjuicia duramente a los españoles culpables de malos tratos para con los indios y es indulgente con los pecados de éstos, dado que no conocían la luz del cristianismo.

Lo que más maravilla de la obra de Cieza es precisamente el contacto con el hombre: donde los conquistadores sedientos de oro arrasaron todo lo que se opuso a su paso surgió este extraño producto humano que se interesó mucho menos por el oro o la hazaña que por la fisonomía moral de conquistadores  y conquistados.

 

LA ARAUCANA, de Alonso de Ercilla.

 

El primer poema épico de índole americana. El primer gran poema americano. Estos son los grandes rasgos distintivos de  La Araucana, pero ésta es una obra que escapa a la precisión diagnóstica de los críticos. Toda ella respira un doble matiz que sólo repite en prosa el ingenuo Bernal: la admiración por ambos bandos combatientes que el autor manifiesta. Esto le permite cantar el valor ciclópeo del español invasor y el rtesón y la inteligencia con que las huestes de Lautaro se defendieron de los agresores.

La obra es demasiado larga para ser toda ella buena, pero en la acertada selección de Antonio de Undurraga se tiene una síntesis preciosa del poema. Asombra pensar que el soldado fue contemporáneo de Cervantes y de Lope de Vega. Verdaderamente, un poeta de tal categoría debería ser el clásico indiscutido de América. Desde que se inicia el poema:

Chile, fértil provincia y señalada

En la región antártica famosa…

Hasta el último verso, Ercilla mantiene el interés. No siempre es poesía lo que escribe, a veces es simplemente una crónica, pero siempre muestra en su endecasílabos una perfección técnica considerable unida a una naturalidad completa que hace fluir el poema como en un chorro continuo.

Lo popular es base constante del poema. Las masas son los actores de la historia, los nombres son accidentes de esa masa. Dice Colocolo, cuando la disputa por el poder:

¿Qué furor es el vuestro, ¡Oh araucanos!,

Qué a perdición os lleva sin sentillo?

¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,

Y no contra el tirano en resistillo?

Y su advocación surte efecto, se toma como prueba para aspirar a la jefatura el llevar un tronco en los hombros. Caupolicán es el triunfador y

El circunstante pueblo en vos conforme

Pronunció la sentencia y le decía:

“sobre tan firmes hombros descargamos

El peso y grave carga que tomamos”.

Y prosigue la lucha sin cuartel hasta que Valdivia cae en manos de los defensores de su predio. No hay pinturas heróicas, palabras teatrales o cosa por el estilo. Valdivia quiere la vida y se humilla ante el vencedor.

Caupolicán, gozoso en verle vivo

Y en el estado y término presente,

Con voz de vencedor y gesto altivo

Le amenaza y pregunta juntamente:

Valdivia, como mísero cautivo,

Responde y pide humilde y obediente

Que no le dé la muerte, y que le jura

Dejar libre la tierra en paz segura.

Se ve en todo el poema el respeto que sentía Ercilla por sus contrincantes, reconociendo en Lautaro al verdadero caudillo de la guerra:

Fue Lautaro industrioso, sabio, presto,

De gran consejo, término y cordura,

Manso de condición y hermoso gesto,

Ni grande ni pequeño de estatura:

Y cuando, sorprendido en su lecho de amor por la traición de un indio, muere Lautaro en la pelea, los lamentos de Ercilla alcanzan su plenitud, parece que no quisiera la victoria de sus armas:

Por el siniestro lado, ¡oh dura suerte!,

Rompe la cruda punta, y tan derecho,

Que pasa el corazón más bravo y más fuerte

Que jamás se encerró en humano pecho…

Los indios mueren en torno a su jefe, sin aceptar rendición honrosa ni cuartel de ninguna especie, y con pena Ercilla va relatando la muerte de sus héroes indígenas sobre el telón de fondo del verdugo español, pretexto para colocar sobre todo el valor indómito de la raza vencida. Y Ercilla sabe que el español triunfará, sabe que un día toda la comarca será de las huestes de los reyes de Castilla, pero se adivina, en los versos de la estrofa final, una sutil melancolía cuando pintando a Chile dice:

Ves las manchas de tierras, tan cubiertas

Que pueden ser apenas divisadas,

Son las que nunca han sido descubiertas

Ni de extranjeros pero jamás pisadas…

Hasta que Dios permita que aparezcan

Porque más sus secretos se engrandezcan.

 

FACUNDO (CIVILIZACIÓN O BARBARIE),

DE DOMINGO F. SARMIENTO.

 

Sarmiento es uno de esos meteoros que cruzan de vez en cuando la faz de un pueblo para perderse en el recodo del camino pero dejando siempre el recuerdo de su destello. De su obra histórica habrá que recordar su amor por la educación popular; de su obra política, la entrega de la Argentina a la voracidad imperialista de los ferrocarriles; de su obra literaria, la que hará que su nombre sobreviviera aun cuando todo lo demás quedara olvidado: el Facundo.

 

FACUNDO quiere ser histórico y desapasionado; frío como un relato de las épocas pretéritas. Es todo lo contrario; es un relato vigoroso, anecdótico, apasionado y apasionante hasta el punto de constituir hoy un documento de actualidad. La historia es el marco donde el novelista Sarmiento hace actuar a sus caracteres dotándolos de una vida extraordinaria, y asi, junto al salvaje con cierta nobleza que es facundo, prototipo de la pampa, de la “barbarie”, que fustiga Sarmiento; Rosas, el déspota frío e inteligente, el cual tiene el acierto de interpretarlo como el producto de la gran propiedad ganadera y sobre los personajes, campea el actor más importante: la pampa con su bárbara grandeza.

En la primera parte de la obra Sarmiento da un bosquejo de la pampa, bosquejo cuya hondura y penetración poética solo pudieron ser superadas por Hernández. La segunda está dedicada entera a la vida y muerte de Facundo Quiroga, hasta el trágico Barranca-Yaco. Sarmiento da por sentado que el autor intelectual de esa muerte fue Rosas, hipótesis que la historia ha repetido sistemáticamente sin que haya una evidencia contundente. Lo cierto es que facundo era un rival temible y el beneficiario directo de su muerte fue el tirano. En la tercera parte se dedica Sarmiento a vislumbrar el porvenir, cuando toda la pesadilla haya acabado.Toda la grandeza épica, casi novelesca del libro aumenta más cuando vemos el acertado análisis de

os acontecimientos (Sarmiento da muestra de haber leído a Guizot e interprtado su teoría de la lucha de clase) que él vivía. Efectivamente, Sarmiento era un hombre genial, el Facundo lo prueba.

 

EL EVANGELIO Y EL SYLLABUS Y UN DUALISMO IMPOSIBLE.

DEL DR. LORENZO MONTÚFAR.

 

Estos dos opúsculos sirven de magnífico jalón para medir el adelanto de la humanidad. En las postrimerías del siglo pasado, época en que fue escrito, era un terrible anatema contra la iglesia y se necesitaba tener valor para hacerlo.

El abanderado y guía, el anticristo, eran los Estados Unidos, símbolo de liberalismo. En el primer opúsculo el Dr. Montúfar analiza detenidamente el SYLLABUS expedido por Pío IX, y demuestra su falsedad desde el punto de vista cristiano primitivo. En el segundo aboga por la separación de la iglesia y el Estado como única solución valedera al problema de los dos poderes coexistentes.

La obra amena y ágil nos hace sonreir hoy, pero en su tiempo debe haber provocado más de un anatema. Está dedicado a Montalvo, que en esa época había visto caer a García Moreno en el Ecuador.

El análisis final prueba que todo estado que reconozca tener una religión no da libertad de cultos. Analiza varios tipos de trato entre la iglesia y el Estado y se queda por mucho, con el de los Estados Unidos.

 

MARTIN FIERRO, DE JOSÉ HERNÁNDEZ.

 

Los comentarios a una obra clásica son tantos y tan exhaustivos que no se puede agregar nada a ella, máxime en este caso en que la intención no confesada del autor era la  puja contra Sarmiento, que en aquel entonces representaba lo más progresista de la sociedad argentina. La intención social del poema tiene valor de por si, pues es una buena exposición de la vida y de los vejámenes a que estaban expuestos los gauchos, pero no es lo fundamental ni mucho menos.

 MARTIN FIERRO alcanza su valor perenne por el sostenido tono novelado y auténtico del poema, que pinta con colores nítidos el panorama general de la época, y por la acertada pintura que de si hacen los caracteres a través de sus palabras. Valor poético solo se alcanza en contadísimas excepciones, pero frases y sentencias de algunos de ellos son de antologías.

La merecida fama del pasaje del viejo Viscacha se debe a la perfecta sincronización del habla gaucha con el gracejo popular de todos los países. El  Sancho Panza argentino es mucho más alerta y más conscientemente vivillo que su antecesor famoso y hay estrofas de una crudeza total como aquella:

Dejá que caliente el horno

El dueño del amasijo;

Lo que es yo, nunca me aflijo

Y a todito me hago el sordo:

El cerdo vive tan gordo

Y se come hasta los hijos.

 

Y aquella otra;

No te debes afligir

Aunque el mundos e desplome;

Lo que más precisa el hombre

Tener, según yo discurro

Es la memoria del burro

Que nunca olvida

Onde come.

 

Pero si bien el viejo Visccha es el personaje más logrado, Fierro y Cruz lo son en igual manera disminuyendo un tanto la fuerza de los caracteres en los hijos de ambos; además, en esto hay algo que no concuerda, pues el autor hace contar diez años y en realidad da la impresión de que fueran muchos más.

Es la parte en que la novela deja de serlo para convertirse en auténtica poesía, aparece muchas veces el frac de que hablaba Calixto Oyuela haciendo la crítica de la obra; pero más que todo es algo subjetivo, más bien se supone que un gaucho no analice así sus impulsos, aunque la rigurosa autocrítica del autor ha atomizado perfectamente el vocabulario.

Yo no sé lo que pasó

En mi pecho en ese instante;

Estaba el indio arrogante

Con una cara feroz:

Para encendernos los dos

La mirada fue bastante.

 

Pero en todo caso, estos matices poéticos que caen interminablemente sobre lo popular contribuyen a solidificar el libro.

Se encuentra en el transcurso de las dos partes una clara alusión a dos períodos diferentes: Sarmiento, el pueblero desconsiderado que niega todo lo gauchesco, y Avellaneda, el hombre culto que rinde homenaje al substrato pampeano de la sociedad argentina.

De lo más falso del libro es el momento en que Fierro hace un recuerdo de sus hazañas y se disculpa de ellas en la misma forma en que lo haría José Hernández, pero nunca el protagonista. Los años y la situación política han hecho que Hernández-Fierro envejecidos olviden el grito de angustiosa rebelión:

No tiene hijos ni mujer,

Ni amigos ni protectores,

Pues todos son sus señores

Sin que ninguno lo ampare;

Tiene la suerte del guey,

¿y dónde irá el guey que no are?

 

Para concluir, después de vivir tanta injusticia:

 

El que obedeciendo vive

Nunca tiene suerte blanda;

Más con su soberbia agranda

El rigor en que padece:

Obedezca el que obedece

Y será bueno el que manda.

 

Toda la trágica rebelión de Fierro se ha pulido para llegar templada a los consejos a sus hijos y el de Cruz. Reconoce que la suerte del gaucho no es nada envidiable, y al final de su canto dice;

Vive el águila en su nido,

El tigre vive en la selva,

El zorro en la cueva agena,

Y, en su destino inconstante,

Sólo el gaucho vive errante

Donde la suerte lo lleva.

 

Y recomienda:

 

Es el pobre en su orfandá

De la fortuna el deshecho,

Porque naies toma a pecho

El defender a su raza;

Debe el gaucho tener casa

Escuela, iglesia y derechos.

 

Pero pide perdón a quien se haya molestado, pues (sic) sus ataques en la última estrofa del poema:

Es la memoria un gran don,

Calidá muy meritoria;

Y aquellos que en esta historia

Sospechen que les doy palo,

Sepan que olvidar lo malo

También es tener memoria.

 

Pero sea como fuere, Hernández alcanza su objetivo en narrar la vida gauchesca en la sociedad feudal que lo tiraniza y en pintar el desierto, sus indios bravos y toda la lucha por la existencia.

Tal vez si Sarmiento hubiera gobernado en la segunda época no hubiera ocurrido aquel cambio; (Primera Parte)

Yo sé que allá los caciques

Amparan a los cristianos,

Y que los tratan de “hermanos”

Cuando se van por su gusto,

¿A qué andar pasando sustos?

Alcemos el poncho y vamos.

(Segunda parte)

Fuera cosa de engarzarlo

A un indio caritativo;

Es duro con el cautivo,

Le dan un trato horroroso,

Es astuto y receloso,

Es audaz y vengativo.

 

Sin embargo, no hay que olvidar que la primitiva exclamación de Fierro, llamando a su amigo Cruz al desierto es el fruto de la angustia por todas las desgracias pasadas y la segunda es después de haber vivido la experiencia en el desierto. De todas maneras se acercaba la bárbara campaña de Roca y todos los preparativos debían hacerse.

Del desierto y de su vida allí, Fierro da una colorida y triste narración llena de finas observaciones sobre el rey del desierto, el hombre y sus recursos…

Y aves, y vichos y pejes,

Se mantienen de mil modos;

Pero el hombre en su acomodo,

Es curioso de oservar;

Es el que sabe llorar

Y es el que los come a todos.

 

Va por todo este segundo canto, Martín Fierro, a veces tropezando consigo mismo para finalizar luego de su payada contra el moreno con sus consejos a los hijos. Los consejos son el final de su claudicación de lucha. El hombre debe ser honrado, bueno, trabajador, etc. El hombre no debe ser rebelde. Fierro está viejo y conforme pero cabe preguntar: ¿El gaucho mismo, el Fierro de la vida diaria no tenía como máximas aspiraciones las de éste? Si asi fuera, la parte más condenable del poema estaría salvada y Martín Fierro además de argumento para poema gauchesco, no sería el instrumento artístico de protesta, por el que una clase derrotada hace su intencionada defensa.

 

 

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Un comentario en “TEXTOS LITERARIOS DEL CHE GUEVARA.

  1. Sin ninguna duda hubiese sido mejor que se dedicase a las letras; lo hace mejor que matar gente y pasar a la historia como un gran mito vendido por Castro y sus aúlicos, cuando en realidad (como los otros mal llamados “líderes”) solo fue un asesino.

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