Definición de cultura ecuatoriana: Juan Andrade H, Federico Koelle, Alex Pazmiño.

 

DEFINICIÓN ACLARACIÓN DE “LAS CULTURAS”)

 

UNA MESCOLANZA.

POR JUAN ANDRADE HEYMANN. (“MISCELANEA”: PAG 21…)

 

“La única patria que tengo es el español, mi idioma”.

Porfirio Barba-Jacob

 

            En todas partes aparecen casi simultáneamente reflexiones acerca de la identidad, la falta de identidad, de las identidades difusas.

Si se le inquiere al actual supuesto ministro de Cultura del supuesto gobierno ecuatoriano por su identidad, cabe apostar 3 euros a que el patético funcionario, verdaderamente De-Preciado por sus jefes (Correa presuntamente the Queen y sus superstars), contestaría: afroecuatoriano con nacionalidad ecuatoriana-, hipotético poeta, que aunque desconozca totalmente el idioma yoruba o cualquiera otra lengua africana y haya escrito toda su supuesta poesía en castellano, la lengua de Cervantes y también de los conquistadores de este y otros continentes poblados por salvajes, diría que es poeta afroecuatoriano, ex embajador ante la UNESCO en el presunto gobierno del supuesto dictócrata Lucio Gutiérrez, varias veces conjetural presidente del núcleo de Esmeraldas de la presunta Casa de la Cultura ecuatoriana, gutierrista, correista (aunque omitiría decir presunto oportunista, supuesto arribista, y muchos más istas).

Es necesario tomar el caso del ministrito, pues, independientemente de su condición de presunto poeta, creemos que anda descaminado en lo que se refiere a su función, a pesar del presumible asesoramiento de muy grises culturólogos. Es así, pues en declaraciones públicas el poeta ha dicho que en el Ecuador existen muchas culturas, textualmente: la afroecuatoriana, la blanco mestiza, la  indígena y otras. No, por Changó y todos los presuntos santos de la supuesta santa iglesia católica (¿?). La identidad de la población llamada ecuatoriana, asentada en el territorio de esta gran potencia cultural, según los sueños  megalómanos de algunos ilusos, es simple y llanamente o llana y simplemente o profunda y hondamente…,una mescolanza o mezcolanza. Es una amalgama móvil, cambiante, que se metamorfosea,a como todas las culturas, con elementos aborígenes (no indígenas, pues indígenas significa nada más que nativos, que somos todos), europeos en general, españoles un poquito más específicamente, andaluces, gallegos, extremeños y de las demás comunidades del reino de España, junto a ingredientes árabes, chinos, africanos, y un muy largo etcétera. De modo que no hay muchas culturas, sino una, la cultura ecuatoriana, la tan cacareada “unidad en la diversidad”: mescolanza extraña, confusa, a veces ridícula, a veces a tomarse en cuenta muy seriamente, aquella que se produce en este territorio, al que uno quiere y del que quiere salir corriendo, como más de dos millones y tres cuartos de indescriptibles paisanos, ellos y ellas también confusos, extraños, buenos, malos, tremendamente ignorantes la mayoría, de mente brillante una minoría.

Ahora bien, si en vez de elementos que son partes de una cultura, en vez de árboles que forman el bosque, se quiere hablar de numerosas culturas (la ashuar, la shuar, la tsáchila, la huarani, etc, ) entonces sin duda habría que afirmar que la cultura mayoritaria y dominante es la euro-ecuatoriana. De manera que es más acertado hablar de una mezcla, y esa mezcla, esa interesantísima fanesca, es la cultura ecuatoriana, es nuestra memoria colectiva, y esa memoria es nuestra identidad, y esa identidad es nuestro espíritu.

Aún más, la cultura ecuatoriana es solo parte de la cultura latinoamericana, y esta es parte de la iberoamericana, y esta es parte de la cultura universal. Para mayor abundamiento: forman parte de la cultura europea la británica, la germana, la francesa, la española, la italiana, la polaca, la húngara, etc. Y son partes de la cultura británica la inglesa, la escocesa, la galesa, la irlandesa. Y forman parte de la cultura italiana la toscana, la siciliana, la romana, etc. En el Reino del Centro o Imperio celeste, por no ir más lejos (¡!), la cultura china es predominantemente la de la mayoría “jan”, pero forman parte de esa cultura también las de más de 50 minorías nacionales. Otro ejemplo más y con él termino: el cante, el toque y el baile flamencos se originaron en Andalucía y adquirieron reconocimiento “formal” a escala nacional, en el siglo XIX; tan vigorosas y fascinantes expresiones surgieron principalmente dentro de la cultura gitana, que, como todos sabemos, es la de una minoría étnica, en España; por esa misma razón, los cantaores y bailaoras, que admiro, hablan siempre del flamenco como un género de música y danza español. El concepto y la realidad de España abarca y abraza a 17 comunidades autónomas. Unidad en la diversidad, por supuesto.

Esa mezcla, la ecuatoriana, no es mejor ni peor que las demás: lo importante, se ha repetido incesantemente, es el respeto por las características de los otros, por sus diferencias, por sus creencias, por sus costumbres, por sus normas, por sus religiones o la falta de ellas, siempre y cuando estén dentro de un flexible esquema, muy amplio, que no condene ninguna práctica que no atente contra los derechos de uno, que no sean delitos de lesa humanidad, por ejemplo la ablación genital de las niñas en el Africa.

Pero atención:

 

 

 Exaltar la pertenencia a cualquier religión, raza, etnia, país, región –aún la más transparente- partido político, secta, movimiento social, gremio, profesión, actividad, equipo deportivo, tendencia artística, etc., conduce peligrosamente a la inflamación de los fanatismos, a la comisión de crímenes aberrantes, al genocidio, a la demencia, al cinismo, al racismo, a la discriminación, a la deshumanización.

 

Hay que recalcar: lo fundamental es el respeto entre culturas, ente etnias, entre comunidades, entre grupos humanos; no la tolerancia, pues la noción de tolerar implica condescendencia, ese “tener que soportar”, que es racista, sexista, discriminatorio; por tanto, condenable.

                                                     XXX

-¡Identifíquese!- le  dice un policía con voz estentórea a una de las mujeres más bellas de este mundo globalizado, una de las actrices de cine mejor dotadas por su enorme talento y su extraordinaria hermosura.

Ella, tranquila, contesta al temible guardia fronterizo:

-¿Qué prefiere? ¿Mi identidad corta o aquella larga?

El bruto se cruza de brazos y se enfurruña.

-Bien- dice ella. La corta: mujer, hija de hombre y de mujer.

 14 de Abril de 2007

La cultura en Guayaquil

Federico Koelle D. 2012


Nadie quiere criticar por miedo a los calumniadores chovinistas, detentadores del poder, que inmediatamente quieren expulsar a quienes no siguen sus mentes pueblerinas, sus estrecheces. Aquí un intento.

Si la cultura es la expresión de un conjunto de conocimientos endógenos y exógenos, micro y macrolocalizados, individuales y colectivos, adquiridos mediante adiciones y deducciones, que se expresan de diversas maneras, principalmente a través de actitudes de la humanidad y la naturaleza, explicándola en partes podemos caracterizar el ancho cauce cultural de una localidad. Si bien las grandes dimensiones de la sociedad, la economía, lo social y lo ambiental, pueden ser  campos de caracterización, la máxima expresión de una cultura son sus valores artísticos.

Lo grandioso del arte es que no se lo puede comprar con dinero; impulsar sí, comprar no. Así, el arte no está sujeto al vulgar dueño de dinero, sino a capacidades creadoras formadas en un entorno cultural motivador. Como el arte es una imponderable o incertidumbre cuyo fomento puede costar mucho, a los mercantilistas que solo entienden hacer dinero de dinero una inversión en arte no cabe en sus estrecheces mentales.

A nivel económico, que en Guayaquil es lo más importante, predomina la cultura mercantil y de depredación de la naturaleza, ya que el máximo valor “cultural” es hacer dinero y con tal vivimos en una selva de cemento, sistemas acuáticos ultracontaminados y harto ruido.

A nivel social, Guayaquil tiene un gran bagaje de valores culturales, pero bajo la sombra de lo económico, o sea, lo social se subordina a los dictámenes de la economía, particularmente a la economía global, cuyos dictámenes gobiernan a la academia y a los medios de comunicación. De ahí se entiende que los valores sociales son desplazados más y más por el consumismo rápido industrial global. Esto es lo que ocurre en la superficie, pero si se escarbe un poco todavía se encuentran expresiones culturales sociales propias, como boyas de rescate cultural.

En música, luego de una exitosa jornada de presentaciones de la orquesta sinfónica de Guayaquil años atrás, la fantasmal mano negra mercantilista las suspendió. Se desconocen eventos de calidad de otros géneros musicales, con ligera excepción de unos eventos recientes en música afro. Lo que quedó, y parece como cúspide cultural es el canto colectivo de “Guayaquil de mis amores”, donde se nota toda una efervescencia y nostalgia de lo que no se entiende a qué.

Si supuestamente es tanta la nostalgia a la resucitación de recuerdos perdidos, entonces uno se pregunta ¿por qué no se hace nada para rescatar los valores culturales perdidos aparte de esos efímeros esfuerzos folcloristas? Está pasando todo lo contrario, en tema musical dominan los dineros para con propietarios de gigantescos parlantes, hoy en día dueños de los escenarios. Ya todo evento, por muy pequeño que sea, es invadido por parlantes de alto volumen que desplazan calidad por ruido. En la generación pasada se hacía todo SIN parlantes. Parece, que  esos cantos de chovinismo localista expresan la profunda frustración cultural que vive el pueblo guayaquileño.

En teatro, sólo hay dos mausoleos pelucones privados que lo único que hacen es contratar eventos de elencos de paso, circunscritos a su distinguida clientela. ¡No existe ni un solo teatro municipal! No existe en los presupuestos estatales ni un rubro para el apoyo teatral permanente a largo plazo – aunque sea para un solo equipo profesional de categoría; para una intendencia cultural.

En arte visual no existe ni una sola exposición de categoría universal permanente o semipermanente. Lugar apropiado tampoco. Ni siquiera esos pequeños salones del Centro Cultural Bolívar (antes MAAC), gracias al activismo espontáneo del Ministerio de Cultura ahora convertido en una feria folclórica, tienen un programa de cultural digno de nivel profesional. No se sabe, por ejemplo, distinguir entre una sala de cine-teatro de categoría y un local experimental de principiantes. Hace años atrás el MAAC logró espuriamente colocar a Guayaquil entre las primeras ciudades latinoamericanas en proyección cinematografía alternativa. Con el plumazo de un politiquero se lo borró. De manera similar se  maneja ese mausoleo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana – Núcleo Guayaquil.

Hay cuatro pequeñísimas exposiciones permanentes o semipermanentes sobre arqueología y antropología ecuatoriana que parecen pasar bastante vacías de visitantes. ¿Los profesores de los establecimientos educativos los conocerán o entenderán su valor didáctico para sus alumnos? A nivel literario hay poquísimas iniciativas, como talleres literarios y publicaciones, pero sin un respaldo de maestría literaria de categoría universal.

A nivel de arte culinario popular aún tenemos muchos ciudadanos golosos que valoran el disfrute de la cocina tradicional lenta. Debe cuidarse que estos lugares no sucumban al dinero rápido. Lo demás, está inundado por la comida gringa rápida; pollo con arroz, arroz con pollo, todos los días. El municipio autoriza la venta de “hot dogs” pero no de chuzos con verde y elimina a las viejitas con sus fogones y ricos maduros con queso, etc.

A nivel de arquitectura y espacio social, tenemos a la principal avenida como mercado populachero de electrodomésticos, comida chatarra y farmacéuticos. Donde los peatones tienen que arrimarse en peatonales estrechas y sus cuantos banquitos; ni una sola cafetería para recrearse con un refresco. Tan europanófilos que son los dueños del circo y ni siquiera pueden copiar buenos ejemplos, como lo es la famosa Rambla de Barcelona, la principal calle de la ciudad convertida en un paseo de inspiración cultural.

Eso sí, copiar malecones de Miami y meter más centros comerciales y autopistas en los pocos espacios disponibles en lugar de instalar parques, en eso son campeones nuestros mandatarios municipales. La arquitectura es un anarquismo de mal gusto de estilos sin ningún ordenamiento estético, al pleno neomaquinismo vidrioaluminiado norteamericano. Hasta los planos los mandan de Miami. ¿Dónde están los resultados del taller de crítica urbana realizado en el MAAC hace años?

No debe olvidarse que Guayaquil no es una ciudad de 250.000 habitantes, sino de 2.500.000. Si tanto los dueños del circo y sus políticos añoran a Europa, ¿por qué no son capaces de crear, aunque sea, un nivel cultural que allá tiene una ciudad de 250.000 habitantes? O sea, por donde miramos, vemos un caos cultural fragmentado, donde la empresa privada, el municipio, el gobierno nacional, la “autonomía cultural” y los cientos de pequeños grupos de la sociedad civil cada cual hace lo suyo, sin programaciones estratégicas, artesanalmente y con bajo nivel artístico, desperdiciando los pocos recursos disponibles.

Lo peor es que no existe política cultural; no hay una sola fuerza capaz de integrar las capacidades que, sin duda, deben haber en una ciudad de 2.500.000 de habitantes. No existe liderazgo cultural, no existen espacios de encuentro y crítica cultural, porque cada cual se siente autocapacitado para “hacer” cultura con una aversión de complejo de inferioridad a la crítica. ¿Por qué en Guayaquil no se reúnen capacidades que, sin aspiraciones personales arribistas, sean capaces de organizar un encuentro integral e integrado cultural con un ciclo de talleres para definir conjuntamente una política cultural visionaria y para coordinar actividades?

Política cultural, donde se define lo que es la promoción de arte popular y de arte genial – que son cosas muy distintas; donde cada cual en un ambiente de mutuo respeto realiza actividades creativas de acuerdo a sus propias capacidades; donde se establece un centro de formación cultural de alto nivel con maestros artistas e intelectuales de categoría universal; donde se establece una cultura de crítica y autocrítica de calidad sin la cual no puede desarrollarse un buen nivel de cultura en ninguna ciudad.

 



———- Mensaje reenviado ———-
De: Alex Pazmino Brito
Fecha: 7 de enero de 2016, 10:05
Asunto: Re: Iván Petrof y UNAS NOTAS PERSONALES

Muy bien Carlos, sólo le agregaría lo importante que es para los ciudadanos que no tienen acceso a presentaciones culturales, porque en el Ecuador todo cuesta, y ver obras de teatro o música no esta reservado para las clases menos favorecidas, entonces su única forma de contacto con algo de cultura es con el teatro de la calle y las retretas musicales que se ofrecen gratuitas en las festividades de las ciudades.

 
Centrándonos en Guayaquil básicamente, que es la ciudad en que mayor tiempo he vivido es más triste aún, a mis pequeñas las he llevado al teatro y como somos 4 pagar las taquillas no es tan económico que se diga, no te permite sino ir una sóla vez cada dos meses quizás; creo que es necesario que se piense en fortalecer entonces este tipo de arte de la calle, y que los que son expuestos en auditorios sean menos costosos.
 
El problema es que en Guayaquil, como te lo decía, el teatro de la calle, es la personificación de la vulgaridad, payasos maltrechos, incultos y groseros son quienes nos invitan en la calle a escucharlos, lejos de crear o incentivar la cultura, lo que incentivan es la violencia y discriminación, a eso esta permanentemente abocado el populacho; esto debería ser también creo parte del trabajo de la CCE, sería bueno que como ha dicho en su plan de trabajo se incluya a todos y no se sesgue a banderas o filiaciones políticas que tanto daño hacen a los artistas, sin dejar de ser políticos deberían ser neutrales en sus funciones y permitir la equidad en el arte.
 
Hay tantos artistas que no son reconocidos y que para ser reconocidos deben ser parte de la argolla o ser unos lambones como tu lo describes tan bien, tu lo has vivido y se de la sensibilidad al arte y tu sensibilidad e inspiración para escribir los poemas, ojalá pudiera dirigir esta institución gente valiosa como tu y este señor Petroff, que no lo conozco, pero por tus favorables comentarios veo que es un tipo a la altura de dirigir la CC, por lo que le deseo la mejor de las suertes y ojalá sea el próximo presidente.
 
Con un fuerte abrazo y mi aprecio de siempre, me despido.


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