COLON SERRANO: VELASCO IBARRA Y EL PROTOCOLO DE RIO.

este texto de Colón Serrano es, sin duda, un aporte.


MAS POSICIONES DEL DR. VELASCO IBARRA FRENTE AL PROBLEMA LIMITROFE.

Por Colón Serrano Murillo: ministro de Economía, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guayaquil, columnista de El Universo, Rector del colegio Vicente Rocafuerte, secretario general del Partido Socialista.

El Universo, Febrero de 1982.

 

Familiares del Dr. Velasco Ibarra,  mediante una extensa publicación hecha en este Diario, tratan de probar dos afirmaciones de intenso interés histórico. Según ellos, ante el vital  litigio territorial que Ecuador sostiene hace siglo y medio con el Perú, el Dr. Velasco Ibarra ha mantenido inmutablemente una sola tesis jurídica, “la del derecho amazónico del Ecuador”. Y una sola posición de hecho: la transacción (1934 a 1968). Todo esto contradice  a fondo y de manera absoluta, la opinión de la gente, que le atribuye haber hecho gala de gran veleidad e inconstancia en la defensa jurídica del Ecuador, cambiando la tesis fundamental en cada una de sus administraciones, posteriores a la firma del Protocolo de Río.

Ciertamente, para un cómodo examen de esta cuestión, parece que el bienio 1941.1942 puede servir de eje para dividir en dos partes cronológicas, el largo período de actividad política (con 5 ascensiones a la Presidencia de la República) del Dr. Velasco Ibarra. El primer período, corto y de poca importancia para el tema, corresponde a su actuación anterior a los dos años señalados, en los cuales acaecieron la invasión peruana y el tratado impuesto al país a consecuencia de ellas, respectivamente.

PRIMERA ETAPA (1934-1940). En este lapso ocurrió, en 1934-35, la primera presidencia del Dr. Velasco, que fue tan breve (un año y días), que no tuvo oportunidad de poner por obra su tesis y argumentos jurídicos en el pleito internacional con el mal vecino. Se arrojó sobre las bayonetas, según su conocida frase, y fue a dar a Buenos Airs, en donde se mantuvo en un exilio voluntario de cerca de dos lustros.

 

Le tocó ser lejano testigo de adversos sucesos dignos de mencionarse, asi sea ligeramente. En el orden diplomático había fracasado el arbitraje de Washington y no se atinaba a hallar la manera de reanudar las negociaciones. En el orden militar, aprovechando como nunca nuestras circunstancias políticas, los peruanos avanzaron a nuevas e incontestables posiciones ecuatorianas, que jamás habían pretendido. Hubo de procederse, como desesperado recurso para detenerlos, a celebrar el statu quo de 1936, que fue sin que quepa duda, el prólogo del Protocolo de Itamaraty.

Producido el conflicto armado por Perú, en el año indicado, sólo se puede recordar, como intervención del Dr. Velasco en el mismo, la carta pública que con fecha 2 de Agosto del año fatídico, dirigió desde la prensa de Santiago al Dr. Arroyo del Río, Presidente del Ecuador.

Era un extenso pliego de agravios, muchos ajenos a la situación del momento y expresados con extrema acrimonia. “En el exterior muchos piensan que Ud. fomentó los ataques a Perú, por desviar problemas de política interna”, escribió, impulsivamente. También acusaba al General Alberto Enríquez de “haber inaugurado una política de choques fronterizos”.

En definitiva, buena parte de la prensa del continente y algunas Cancillerías, quedaron convencidas de que en verdad la acusación peruana  (que repite hasta ahora) de que era el Ecuador el país agresor. La palabra del ex Presidente Dr. Velasco Ibarra, figura representativa y de onobjetable rspaldo popular, abonaba  la veracidad de sus antiecuatorianas declaraciones.

En la noche del 28 de Mayo de 1944 el pueblo de Guayaquil derribó al gobierno del Dr. Arroyo del Río.  Fue apoyado y armado por una fracción de la guarnición militar de esta plaza. Y el Cuerpo de Carabineros, que era la tropa de confianza y seguridad del presidente, fue, poco menos que aniquilada.

La opinión del país se había unificado por obra de Alianza democrática Ecuatoriana (ADE), que era la conjunción de todos los partidos políticos del país. Acariciaba un objetivo inmediato y otro mediato. Premiosamente exigía el castigo de gobernantes, políticos y jefes militares, causantes de la seudo derrota de Zarumilla y del descalabro diplomático de Río, que produjo una indignada impugnación popular.

La finalidad inmediata era convertir el Movimiento de Mayo en una profunda y real revolución, provocando una catarsis en el cuerpo nacional. Nuevos hombres, nueva República, nueva vida. Expansión de las fronteras de la libertad y del bienestar social.

¡Coincidencia digna de destacarse! El mismo dia 28 de Mayo, la Junta Guayaquileña de Defensa nacional, llegó a la exasperación ante las noticias de que continuaban las desmembraciones territoriales, a pretexto de demarcación de la línea fronteriza. Y sesionando ante una colérica multitud, aprobó un acuerdo estigmatizando a los responsables de estos nuevos despojos y desconociendo su validez. En su parte resolutiva y sustancial dice:

“Dejar constancia de que con arreglo a los principios del Derecho Internacional, carecen de validez los pactos impuestos por la fuerza de las armas y aquellos en que no  interviene el libre consentimiento de los pueblos representados por sus gobiernos legítimos”.

“Proclamar que el pueblo ecuatoriano no renuncia ni renunciará jamás a sus legítimos derechos territoriales ni omitirá medios hasta que sean revisados con criterio de justicia los  pactos que han mutilado su territorio”.

En los dos párrafos trascritos se palpa el verdadero sentir del pueblo a la sazón. Y que el Presidente Velasco Ibarra no fue el estadista que inventó –asi fuese tardíamente- la tesis de la nulidad del protocolo. Vamos a ver lo que en realidad quiso y ejecutó en el campo jurídico y diplomático.

Dueño ya del gobierno, a raíz de la caída del anterior, en sus primeras declaraciones aparecidas en el Comercio de Quito, ante la estupefacción general, expresó: “He dicho en varias ocasiones, habiéndolo declarado a la prensa de Colombia, que respeto los compromisos contraídos por el Ecuador en Río de Janeiro”

Y en el Mensaje que leyó ante la Asamblea Constituyente reunida el 10 de Agosto de 1944, se ratificó rotundamente de este modo: “Como he expresado en este mismo Mensaje y en otras declaraciones y discursos, el Ecuador no quiere alertar la paz del Continente, no quiere revisión de Tratados, ni se inspira en ningún criterio de venganza”.

Y por último, con motivo de la prisión del ex Canciller Dr. Tobar Donosos, ordenada por el nuevo régimen, que causó comprensible alarma en Perú y otras partes, el Dr. Velasco Ibarra juzgó prudente dar esta explicación: “ Hay que distinguir dos cosas perfectamente: la tramitación diplomática que puede conducir a un tratado y el tratado mismo. El Tratado es un ente jurídico diferente. Es un ente internacional. Vincula a dos o más Estados. Tiene vida propia. Cae bajo la legislación internacional. Afecta a la Comunidad Internacional. Nosotros estamos obligados a r4espetar esos Tratados y los respetaremos. Allí acaba nuestro deber internacional”.

Conclusión: la posición jurídica en esta presidencia es evidente: el respeto y la ejecución incondicional del Protocolo de Río de janeiro.

La segunda Presidencia del Dr. Velasco Ibarra, terminó, como sería habitual en adelanrte, con su brusca deposición del cargo efectuada por el Ejército. Parecía, en esta vez, que políticamente era un cadáver. Asi lo pregonaba la poco decorosa renuncia que envió al Coronel Carlos Mancheno, el que lo había depuesto. Y el arbitrario afán de que lo suceda en el solio, no obstante existir un Vicepresidente llamado constitucionalmente a reemplazarlo.

Sin embargo, ¡cosas de la idiosincrasia nacional!, apenas cinco años después fue llamado por sus amigos y partidarios para que intervenga en las elecciones generales de 1952. Ganó y asumió la presidencia en Septiembre. Era la tercera

Respecto del pleito territorial, lo encontró con una nueva faz y paralizada la demarcación sobre el terreno. Se trataba de que el Servicio Aereofotogramétrico de los EE hizo entrega oficial a los países litigantes, de un plano de la zona comprendida entre los ríos Santiago y Zamora. Este plano, fruto de tres años de ardua labor,m probaba sin réplica, la inexistencia del Divortium Aquarum prevista en el Tratado de Río de Janeiro. En su lugar aparecía un río casi desconocido, llamado el Cenepa, con todo un sistema fluvial y una extensión de 190 Kms, que lo llevaba a desembocar directamente en el Amazonas. Lo menos que podia concluirse era que el Protocolo se tornara inejecutable, en toda el área que abarcan los dos ríos primeramente nombrados. Algunos, incluso, llegaban a hablar de la nulidad total del Tratado, considerándolo indivisible. El Gobierno del Sr. Arosemena Tola era transitorio por naturaleza y terminaba después de pocos días. Creyó más prudente dejar la solución del intrincado problema al Gobierno a punto de inaugurarse para cuatro años de duración.

A partir del relevante suceso del plano, Perú se negó a aceptar toda propuesta de los países garantes o de Ecuador, para salvar la imposibilidad de reanudar la demarcación. Tenaz, la Cancillería de Brasil convocó por cuarta o quinta vez a los países interesados, para buscar juntos la fórmula mágica. Pero todo fue inútil ante la reluctancia peruana. Entonces el Canciller Ponce Miranda, propuso que la acción de los garantes se convierta en Mediación, como una salida del atolladero. En esos días asumió el mando el Dr. Velasco Ibarra y su equipo de gobierno. Y sabedor de que estaba en curso la propuesta ecuatoriana de la Mediación, se allanó a ella, hallándola acertada. Más, Perú se negó categóricamente y recordó a los Garantes que su papel no era otro que hacer cumplir el protocolo.

El 10 de Agosto de 1953, en el mensaje dirigido al Congreso Nacional, sobresalen más como características frases del Dr. Velasco Ibarra, las siguientes: “El Ecuador es moralmente (sic) un país amazónico, pues la Presidencia de Quito fue una realidad ilustre (…) El Ecuador respeta los Tratado (…) El Protocolo del 29 de Enero de 1942, debe ser aplicado con equidad, teniendo en cuenta las imposiciones geográficas, respetando los derechos del débil y del fuerte, interpretando lo oscuro a favor del débil al que se infringió (?) grave injusticia (…) La tesis de la revisión de los tratados que crean malestar  por haber desconocido derechos inviables de los pueblos o exigencias de su vida, no es tesis exclusiva del Ecuador. Está sostenida por todos los publicistas modernos e incorporada definitivamente a las leyes positivas de las Naciones”. Aquí, digo yo, la tesis revisionista resalta como si fuese de bulto.

Por último, el Canciller Dr. Camilo Ponce, en uno de esos renovados duelos dialécticos con su colega peruano, sobre la inejecutabilidad del Protocolo, por la ignorancia geográfica que traslucía este instrumento, le expresó en forma apodíctica, lo siguiente: “Como no es posible poner en duda la inexistencia del accidente geográfico previsto en el Protocolo, quedan consecuentemente reconocidas la inejecutabilidad de la disposición pertinente de este instrumento en la zona en que se interpone el río Cenepa y la falta de la definición de la soberanía de los dos países en el sector mencionado, por la ine3xistencia de la línea limítrofe en el mismo. Esta falta de línea es lo que en derecho internacional se denomina falta de delimitación”.

Es fácil comprender que estas palabras del Canciller Ponce, traducían fielmente el pensamiento del Dr. Velasco. Poco tiempo después el Dr. Velasco entregaría el poder a su ex Ministro. Pero tómese en cuenta que en esta tercera Presidencia de aquel, ha esgrimido tres tesis jurídicas diferentes, a saber: 1) La mediación; 2) La revisión; y 3) la inejecutabilidad del Tratado.

Era el 17 de Agosto de 1960. Riobamba, la ciudad que acuna el Chimborazo, estaba de fiesta. Entre otros actos figuraba la inauguración del busto del Capitán Edmundo Chiriboga, uno de los héroes del choque bélico de 1941. Y se contaba con la presencia del Dr. Velasco Ibarra, Presidente electo por cuarta vez, para dar más solemnidad al acto.

En efecto, cuando llegó el momento oportuno, el Dr. Velasco, haciendo uso preconcebido de sus mejores recursos de gran orador, declaró inesperada y estentóreamente que el Protocolo firmado con Perú en Enero de 1942, era anulo de nulidad absoluta, por haber sido obtenido con  el uso de la fuerza, lo cual estaba prohibido por los principios del Derecho Internacional Interamericano.

La impresión que causó en el ánimo de los oyentes fue de delirio patriótico. Y este sentimiento se extendió como onda electrónica hasta el último rincón de la Patria.

Pero asi mismo, como era de esperarse, causó una conmoción de diversa naturaleza, según se tratase de Perú, de los países garantes o del rsto de América o del mundo.

El 1° de Septiembre, al asumir la Primera Magistratura del país, dirigiéndose al H. Congreso Nacional, En presencia del Cuerpo Diplomático, se ratificó con estas palabras: “El Ecuador jamás aceptará como legal y justo el permanecer arrinconado ente el mar y el Ande, después de haber descubierto el Amazonas y colonizado y administrado  inmensas regiones del Oriente Amazónico. LOS TRATADOS CELEBRADOS CON EL CAÑÓN EN EL PECHO DEL CONTRATANTE SON NULOS DE ACUERDO CON LAS NORMAS PANAMERICANAS”.

Perú, sin perjuicio de dirigirse a los Garantes y dejar oir su protesta ante la Asamblea   Ordinaria de las Naciones Unidas que estaba sesionando, procedió a la consabida concentración de fuerzas militares en la frontera sudoccidental.

Pero tocó a los países garantes decir la palabra justa y autorizada (por desdicha nuestra), al hacer notar que: “Es un principio básico del derecho internacional que la voluntad unilateral de una de las partes no basta para invalidar un tratado de límites (…). Sólo la voluntad concordante de ambas partes podrá modificar sus estipulaciones o dar competencia a un Tribunal Internacional.

Después del infaltable exilio en Buenos Aires (en esta ocasión por más de siete años) lo volvemos a encontrar en la historia, de Presidente por quinta vez.

Pero en esta oportunidad, que sería la última, nos encontramos con un personaje diferente del que fue siempre en su vida pública. Llegó renegando de su propia tesis de la nulidad total del Tratado. Censuró como “un disparate” la siguiente consigna o divisa patriótica, que se había propalado en el país: “Ecuador ha sido, es y será país amazónico”.

Con ánimo “alebrado” aconsejó que había que renunciar a las grandes reivindicaciones. Y contentarse “con un puerto en el Amazonas”. Pro sin proporcionar de talles de cuál sería o dónde estaría ese puerto. Ni cómo se allegaría a él desde el resto territorial que forma el cuerpo de la Patria. En esta ocasión gobernó más de tres años antes de la tradicional “caída” y tuvo tiempo para meditar, completar y explicar su nueva posición jurídica. Pero no lo hizo. Y tal como fue expuesta, es lo único que, a duras penas, podría llamarse “una transacción honrosa”. Tampoco se ha tomado en cuenta lo que haya dicho como Presidente y estadista en el pleito internacional.

Y creo que ha quedado plena y documentadamente demostrado que, en sus varias administraciones, el Dr. Velasco Ibarra ha asumido las siguientes posiciones jurídicas: 1) La ejecución sin reservas del Protocolo; 2) La mediación: 3) La revisión; 4) La inejecutabilidad del Tratado; 5) La nulidad absoluta del mismo; y 6) La aspiración a obtener un puerto sobre el Amazonas.

Las conclusiones las deducirá el lector.

 

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