la papisa Juana

 

EXISTIÓ REALMENTE LA PAPISA JUANA?

 El Universo 22 III 1998.

Herodoto de Vil.

 

Aunque  Uds.  no lo crean, hasta en el seno de la Iglesia Católica ocurren escándalos que forman parte de la historia. En el pasado han existido algunos Juanes, pero el más pintoresco fue aquel que vivió hace poco más de un sigloantes de llegar a su fin el primer milenio de la era cristiana. Su supuesta existencia y su discutido sexo iban a provocar encendidas discusiones en el mundo católico.

 

UNA SANTA HISTORIA DE AMOR.

Quién fue este personaje de sexo dudoso que se convirtió de acuerdo con oscuras leyendas en el Papa Juan VIII y de quien tan escaza información se posee?

 

Más de un centenar de cronistas religiosos que vivieron entre los siglos XIII al XVII escribieron sobre este  Papa controvertido. Uno de los que contaron su historia en LIBER PONTIFICAUS fue Anastasio, bibliotecario de San Juan de Letrán de Roma, en el siglo IX.

 

Según estos autores la joven Juana en la ciudad de Colonia se enamoró de un fraile benedictino llamado Felda y mantuvieron una larga relación marital, hasta que el fraile debió viajar a la ciudad de Atenas. Y como la joven deseaba acompañar a su amante, tuvo que vestir ropas frailunas.

 

Así, con Juana sin abandonar su ropa, los dos amantes vivieron felices por algunos años, hasta que murió Felda. La joven, ahora sola, se da cuenta que el sacerdocio se había convertido en una auténtica vocación y único oficio para subsistir.

 

CAMINOS A ROMA.

Tomó el camino de Roma, capital del cristianismo, donde su erudición y enorme saber le abrieron las puertas de la enorme Universidad. Ocupó una cátedra y pasó a ser el notario de la curia romana, en el Vaticano. El prestigio del padre Juan de Bretaña se acrecentó en el seno mismo de la jerarquía eclesiástica, pues a más de talentoso, era generoso y repartía cuanto dinero tenía entre los menesterosos, tampoco  se le conocía un serrallo de lindas concubinas como era costumbre aceptada entre la mayoría de obispos y cardenales.

Cuando el Papa León IV murió, el cónclave de cardenales lo eligió para que tomara asiento en el trono papal bajo el nombre de Juan VIII.

 

EL ARDOR DE JUAN VIII.

 

Durante el primer año, el nuevo Papa se distinguió en todos los frentes posibles, pero al siguiente año, según cuentan los antiguos cronistas, el Papa Juan VIII cometió un fatal error. Al ser Papa –es decir, la Papisa- un ser humano, una mujer necesitada de afectos. Un día se fue a enamorar de un paje llamado Florio, a quien convirtió en su amante.

Meses más tarde estaba encinta y fue su intención desembarazarse de la carga pero no le fue posible por sus ocupaciones. Por fortuna, las ropas holgadas que vestían  los eclesiásticos ocultaban   su grave y grávido estado.

 

Hasta que un día que tenía a todos los santos de espaldas, cabalgaba el Papa Juan VIII al frente de una procesión y cayó pesadamente. Los feligreses se asustaron y acudieron a socorrer a Su Santidad, pero entre los pliegues de la ropa papal surgió algo fantástico, casi milagroso, enviado sin duda por Dios para recompensar a quien tanto había hecho por los buenos cristianos, pensaron algunos ingeniosos, al ver asomar a un bebé debajo de la ropa.

 

Rápido se comprendió que el Papa no era tal, sino papisa. Se enfurecieron al caer en cuenta que habían sido engañados por una mujer. Nada hay que moleste más al sexo masculino, que ser engañado de manera vil. Entonces la ataron a la cola de su propio caballo y la arrastraron por las calles de Roma, luego los enfurecidos cristianos le lanzaron piedras hasta matar a la pecadora.

 

LAS INTERROGANTES.

 

¿Existió realmente aquella Papisa Juana o la inventaron los enemigos de la Iglesia? Nadie puede afirmar lo primero o negar lo segundo, porque ningún estudioso ha podido emitir un juicio claro y definitivo. Ni ningún investigador ha logrado penetrar en los archivos del Vaticano. Sin embargo, es curioso que hayan sido precisamente los cronistas católicos del pasado los que defendieron con empeño la tesis de la Papisa Juana.

 

En la cronología de los Papas se dice, que a León IV, muerto en 866, le sucedió en aquel mismo año Benedicto III.

 nota:

Sobre la historia o la leyenda de la Papisa Juana ha quedado en la memoria de la gente una remembranza. La memoria popular a menudo ha hablado de ella. Hace tres décadas, el director Michael Anderson reunió un  reparto  de artistas de primera categoría para filmar una versión cinematográfica interesante acerca de la Papisa Juana, que fue interpretada  magistralmente por la actriz noruega Liv Ullman, acompañada por Maximillian Schell, Trevor Howard, Olivia de Havilland, Jeremy Kemp, Patrick Magee y Franco Nero. Sobre la misma historia (o leyenda) que, como se ve no ha pasado inadvertida para el séptimo arte, hay otra versión,  eslava, titulada LA PONTIFICE, con el subtítulo “el secreto de la Iglesia está a punto de ser revelado”. Ambas versiones son interpretaciones libres pues, como se sabe, no existen datos suficientes para hacer una reconstrucción objetiva de los hechos. Si la Papisa existió, como cree la tradición y la memoria popular europea, su historia quedó oculta bajo siete candados en algún archivo recóndito del Vaticano.  Como testimonio del hecho han quedado eso si las crónicas de aquella época.

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