“SENDEROS”, de mi amiga Liv Ulmann.

SENDEROS. LIV ULMANN.

Por Carlos Lasso Cueva.

Se publicó en Meridiano el Martes 12 V 2015

En la propaganda de este libro, en la revista de Círculo, se dice que “no son las memorias de una actriz. No es el recorrido triunfal, ampuloso y ególatra por las mecas del cinema, en los lujosos ambientes, entre grandes y poderosos personajes. Son, simplemente, las confesiones de una mujer que no busca otra cosa que el reino perdido de la infancia…Este libro es la narración de sus transformaciones y luchas, de sus éxitos y fracasos, de sus amores y de su soledad. Vivir no es tarea simple para nadie. Liv Ullmann se enfrenta a cada episodio de su existencia con alegría y lucidez. Y éste es el relato más sincero de todo ello”.

Liv ha protagonizado más de medio centenar de películas, algunas de ellas verdaderas obras maestras del séptimo arte: El silencio, Persona, La hora del lobo, Gritos y susurros, Una pasión, Cara a cara, Sonata de otoño, Gaby, Un puente demasiado lejos, Esposa comprada, La Papisa Juana, La abdicación de una reina, Los emigrantes, El huevo de la serpiente, escenas de la vida conyugal, La nueva tierra…Su carrera como actriz de teatro es inmensa.

Nació en Tokio el 16 de Diciembre de 1939 y su infancia transcurrió en USA y Canadá. Estuvo casada con el director sueco Ingmar Bergman, por quien abandonó el teatro para trabajar bajo su dirección en once películas, con las que adquirió celebridad internacional.  En 1984 publicó la novela Flujo y Reflujo. Es vicepresidenta de la organización humanitaria internacional Rescue Comités (ICR) con sede en New York y es miembro de la Academia Universal de Culturas, con sede en París, creada por el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel. El gobierno de Francia le otorgó la Orden de las Artes y las Letras. El primer personaje que representó, casi niña, en las tablas, fue el de Ana Frank. Luego se dedicó a actuar en el teatro, en obras de Bernard Swah, Brecht, Shakespeare, Ibsen. Fue delegada de la Comisión femenina para las mujeres y los niños refugiados, que concentró sus esfuerzos en el Vietnam. Ella dijo: “Sé lo importante que es pertenecer a alguna parte, tener raíces, es por eso que para mi es tan fácil identificarme con la gente que ha quedado desarraigada”. Se casó con el empresario Donald Saunders.

Este libro suyo es  hermoso. Sencillo, cálido, lleno de reflexiones interiores. La autora no tiene complicaciones para exponerse nítidamente ante el lector, y muestra un don innato para la auto-crítica. Se analiza objetivamente, con total sencillez. Es severa consigo misma; no se alaba ni ensalza. Es directa, no da rodeos, no pierde el tiempo ni divaga. Habla serenamente de lo que los demás dicen de ella displicentemente. Es inmune a eso. Tiene un estoicismo gigantesco pero al mismo tiempo rebosa ternura. Ama a su hija, la lastima el haberse separado de Bergman, al que abandonó sin dejar de admirar y respetar. Parece que lo sigue amando. Es amiga de la nueva esposa de éste.

Es una autobiografía sin penas ni reproches. Relajada, satisfecha, realizada, feliz. Se trata de una actriz cuya talla humana es demasiado grande para aclimatarse en Hollywood. Rechaza la sofisticación de esa ciudad llena de astros de cine, donde hay mucho lujo y falsedad, donde los escusados parecen tronos y donde las piscinas están climatizadas. Prefiere su natural y apacible Noruega que no está deshumanizada por el consumismo, y su teatro local, donde su trabajo es tan auténtico.

Un libro nada académico, pero metódico. Un diario trabajado, un recuento de sus actividades y de sus problemas. Trata de su profesión y de las cosas que hace. Sus dificultades, sus ocupaciones que le impiden estar a solas consigo misma, con su hija, con los suyos y con sus animales favoritos. Lleno de anécdotas de la gente famosa que ha conocido, con la que ha trabajado: actores, políticos. Es un personaje que ha sido portada en las más importantes revistas del mundo.

Cuenta que cuando Bergman y Fellini “se conocieron, se trataron inmediatamente como hermanos. Se abrazaban y reían juntos como si hubieran vivido la misma vida. Por la noche, deambulaban por la calle abrazados. Fellini con una capa negra muy dramática, Ingmar con su gorrito y un viejo abrigo”. “Un año después de nuestra ruptura estaba de nuevo en las gradas de San Pedro. Brillaba el sol y estaba un poco enamorada. De pronto, sentí que de ahí en adelante Roma tendría para mi otros recuerdos aparte de Ingmar. Y le escribí una carta diciéndole que todo había terminado”. “Vivi mucho tiempo con este ser humano, y, sin embargo, fue como si nunca hubiésemos tenido tiempo para llegar a conocernos el uno al otro. Sobre todo, me entristece lo que nunca nos dijimos”. “Mi vida ha tenido todo lo que puede esperar un ser humano, y mucho más. He amado y he sido amada. He conocido el dolor y la tristeza, pero también una felicidad mucho mayor de lo que soñé cuando era niña. Nunca he sentido hambre: solo algunas veces he tenido que contar el dinero para ver si podía comprar mantequilla en vez de margarina. A veces estoy feliz y despierto por las mañanas y le sonrío a un hombre al que puedo amar porque estoy en paz conmigo misma”. “Henry Kissinger me va a llevar a un gran baile. Preguntó en Los Angeles quién sería la pareja más apropiada para él en esta “fiesta del año” en Hollywwood. Alguien sugirió mi nombre, y hace varios días que están llamando de la Casa Blanca. Hoy llamó él personalmente. Es el año de su gloria y todo el mundo quiere conocerle. Luego sabré que la fiesta ha tenido lugar dos días antes de que todo el asunto de Watergate empezara a poner fin a la carrera del Presidente”. “Y entonces me dejaron en paz. Después de todo, yo tenía mi reputación de actriz seria. Tenía alma y profundidad, y era europea. No usaba maquillaje y procedía de Noruega”. “Ingmar y yo hemos tenido una gran pelea hoy. Su rostro parece un nubarrón oscuro cuando me ve salir con un periodista. Me llama y me dice siseando “Estoy tan harto de ti y de tus condenados periodistas”. Yo le contesto con otro siseo indignada: “ Y yo estoy tan feliz porque ya no tienes que ver nada conmigo. Porque no tengo que ver tu cara todo el santo día. Ahora que sé realmente quién eres y cómo eres”.Nos separamos enfadados. El se dirige hacia su estudio y su crema agria y yo hacia mi entrevista, donde explico por milésima vez por qué resulta tan maravilloso trabajar con Ingmar”.

Es una obra llena de una templada franqueza. Se muestra como una mujer realizada que comunica sus emociones, sentimientos, triunfos y tristezas. Todo con dignidad. Friamente. A veces con cierto sarcasmo. Otras veces, con un desenfadado humorismo. Siempre poniendo a relucir su enorme equilibrio emocional. Agrada y deslumbra encontrar un ser humano tan atrozmente sencillo. Bondadosa y afable, pero no exenta de una gran firmeza de carácter. Liv es una mujer muy serena.

Me encantó conocerla cuando vino al Ecuador en 1983 como delegada de la Unicef. Asistí a su conferencia de prensa sentado en primera fila, fotografiándola mientras hablaba, sentada a dos metros de distancia, con los pies descalzos, pues se quitó los zapatos. La sala estaba llena de periodistas y desde atrás la filmaban dos cámarógrafos de televisión. No hablaba como estrella de cine ni como personaje famoso, sino como simple ciudadana del mundo, ecuánime y compacta, dejando aflorar espontáneamente su sencillo humanismo, don de gentes, mientras sutilmente afloraba su encantadora femeneidad y su enorme experiencia de la vida. Yo, con antelación, solicité a la Unesco una cita con ella, para entregarle mis libros, hacer que me autografiara el suyo, y tomarle unas fotografías conmigo. Aceptaron mi petición y asistí con mi cámara Minolta XG1 a su conferencia de prensa en el Hotel Oro Verde. Ahí me presentaron a ella y salimos conversando, con su intérprete y su secretaria a su suite donde poco después nos despedimos con un beso, como grandes amigos. Fue una experiencia observarme en los ojos tan dulces y hermosos de esta mujer ilustre. La encontré igual a como aparece en su libro, llena de autenticidad. Sentí que fue una de las más altas experiencias de mi vida el honor de conversar con ella.

La película suya que más me impresionó fue La abdicación de una reina, con Peter Finch. En ella interpretó a la reina Cristina de Suecia, que renunció al trono en 1654, al convertirse al catolicismo. Reina temperamental y guerrera que vivió luego 30 años voluntariamente exiliada en Italia. Y, claro, La Papisa Juana, en la que compartieron roles estelares con ella Trevor Howard, Olivia de Havilland, Maximilian Schell y Franco Nero. En 1988 recibió el premio de ingerpretación del Festival de San Sebastián por su actuación en la película argentina Amiga, donde representa a una de las madres de la plaza de Mayo.  Posteriormente fue dejando la actuación para trabajar de directora. Con su primera película Sofia ganó en el Festival de Montreal Gran Premio del Jurado. Con su segunda producción, Kristin Lavransdatter,recibió el Gran Premio de las Américas. Una temporada residió en Nueva York, dirigiendo en Brodway la obra Un tranvía llamado deseo.

En el autógrafo que escribió en su libro se hallan de su puño y letra estas palabras: “Dear Carlos Lasso Cueva: Thank you for your books-here is mine in return with wishes jor peace. Liv Ullman”.

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