Nuestra raza: pongámonos de acuerdo en el tema.

29 de Junio de 2012.
POR CARLOS LASSO CUEVA.
  1. Esto de la raza es el tema más complicado sobre todo en Guayaquil de mis amores. Aquí nadie quiere ser indio. Aquí, como en tantas partes, el tema se conflictiviza. Todos, hasta los que tienen evidentemente una alta dosis de sangre india (y que en realidad son prácticamente indios puros) , se autodefinen mestizos, para escapar de la maldición, “ya que lo peor que le puede pasar a alguien es pertenecer a una etnia que fue derrotada y aplastada por la conquista española”. Todos quieren pertenecer al bando vencedor, el de los blancos ibéricos. Para evadir este trauma, o prejuicio, que impregna brutalmente nuestra sociedad, los mestizos se declaran “medio blancos” o “casi blancos”. El asunto está en no ser indio. Y algunos mulatos no se quedan atrás. Van tratando de no ser negros. Y, desde que se inventó la palabra bendita: MESTIZAJE, muchos confundidos y renegados de su propia raza ya se arriman a ella y se declaran mestizos y “solucionan” su problema. Por eso afirmo que ser mestizo viene a ser una entelequia, una nebulosa. Ahí pueden meterse los prófugos de su propia identidad. Porque aquí nadie quiere asumir eso, su identidad. A esto es a lo que algunos estudiosos han llamado ESQUIZOFRENIA CULTURAL. Porqué creen que les dio a muchas cholas y mestizas por pintarse el cabello de rubio? Para auto-engañarse, auto-consolarse, y aparentar que han mejorado racialmente. Este es un tema tabú que hay que manejar con pinzas. El Dr. Fabián Corral Borrero, en su artículo “ES USTED BLANCO O INDIGENA?” dice que esta es una sociedad racista que reniega de su indianidad, y que, la respuesta a esta pregunta en el censo, es “una especie de confesión colectiva hecha desde la carga de los prejuicios”. Si aquí, en cualquier pelea, para descalificar al contrincante, el primer insulto que sale a relucir es el de “eres un indio de mierda”. Recuerdo que, cuando era niño, oía en el seno de mi familia, cuando una sirvienta cometía un error, el comentario: “ay, porque los indios serán tan brutos”. El indio estaba en lo más bajo de la escala social. Esto se pone de relieve en la célebre novela “HUASIPUNGO”, de Jorge Ycaza. No hay nada que sea peor que pertenecer a esa raza, supongo. Es que aquí no estamos en México, donde la pasmada pseudo revolución de 1911 siquiera coadyuvó a elevar la autoestima de los siempre frustrados, engañados y explotados campesinos, indios puros en su gran mayoría. Acá ahora se pone de moda el “día del orgullo gay”, pero no se ha hablado del “día del orgullo mestizo”, ni, peor aún, del “día del orgullo indio”. Propongo que se lo establezca y seré el primero en concurrir al desfile anual correspondiente. Me comprometo. Me sentiré honrado de estar ahí.

    Para clarificar mejor este tema ciñámonos al concepto de lo que es ser latinoamericano. Sobre esto hay total confusión. Ser latino, en primer lugar, implica tener una alta dosis de sangre europea, ibérica, francesa o italiana. Esto en términos raciales y no culturales. Quiere decir que aquellos que tienen una evidente alta dosis de sangre india no son latinoamericanos sino INDOAMERICANOS, que conforman la mayoría de nuestra población. En nuestros barrios populares notamos que la mayoría de habitantes son indoamericanos y no latinoamericanos. Sobre este tema la confusión es tan grande que, cuando van a Estados Unidos un poco de negros y se ponen a tocar merengue o salsa aducen que eso es música “latinoamericana” cuando no es así. Esos ritmos, surgidos de la zona caribeña, tienen una gran influencia musical africana y por tanto tienen muy poco de “latinos”.

    Con esto queremos decir que la mayoría de la población de Guayaquil es indoamericana y no latinoamericana. Vayan al Guasmo a ver si ahí hallan tipos latinos. Pero ahí todos se asumen mestizos, cuando no blancos. Cualquier mestizo aindiado que salió con tez más clara o que no tomó nunca baños de sol, ya se define BLANCO. Se suele confundir, además, raza con color de la piel. Esto es típico. Conocemos el caso de una señora que tiene apellidos españoles (como casi todo el mundo aquí) pero en ella se nota con toda claridad, por su piel, su cabello, que es india pura. Se casó con un mestizo (con antecedentes raciales africanos) y los hijos le salieron con la tez clara, y ya los define orgullosamente como “BLANCOS”. Esto es una estupidez, producto de la falta de identidad, de la deformación cultural, de la ignorancia, y de los complejos. Me tocó hablar con un médico, evidentemente indígena, como su aspecto y su apellido delataba. De pronto exclamó: “todos nosotros somos mestizos”. A mi no me molesta en absoluto ser calificado de mestizo. Pero si que alguien que es indio quiera taparse con esa cobija. Me desagrada esa falta de identidad. Al definirse “mestizo”, ya escapa de su indianidad y entra a ser LATINOAMERICANO. Un triunfo de la esquizofrenia heredada de la colonia. No en balde en las probanzas de nobleza coloniales se debía demostrar que se era “limpio de toda mala raza de judíos, moros, indios, negros, mulatos”. Valga aclarar que se calcula que por regla general los latinoamericanos tenemos un promedio de 3% de sangre judía según me ha dicho Vladimir Serrano. Y de árabes algo más.

    Van a Europa a buscar trabajo miles de mestizos aindiados, junto con muchos compatriotas indígenas netos por los que tengo gran simpatía. Pero se les llama o se hacen llamar latinoamericanos cuando son indoamericanos. Porqué esto de querer escapar a toda costa del tema racial indígena? Hay dirigentes de la CONAIE que yo admiro: se asumen como indios, se sienten indios, y tienen mejor tipo y tez más clara que muchos mestizos que habitan en una ciudad como Guayaquil. Pero estos mestizos citadinos no se sienten indios por nada del mundo, cuando su apariencia física los delata. Sería bueno que la gente empiece a mostrar sus nalgas, para ver si se encuentra en ellas la famosa “MANCHA MONGÓLICA”. Es una manchita verdosa, que indica que su portador tiene el sello de la raza india. Para comenzar, los mestizos aindiados tiene el pelo lacio, la tez trigueña, muy amarilla o incluso clara, y son lampiños, porque la raza indígena no tiene barba ni vellos. Si se les encuentra la MANCHA MONGOLICA ya se sabe a qué raza pertenecen. Por eso decía uno de los poetas “decapitados”: “los cholos verdes como algas, tienen su sello en las nalgas”. Es la marca de fábrica de la raza indígena pura. Como se sabe, los habitantes aborígenes de este continente cruzaron el Estrecho de Bering y llegaron del Asia. Ellos tenían esa manchita en las nalgas: el finado antropólogo Juan Cueva Jaramillo escribió en el número 2 de la revista CULTURA del Banco Central un ensayo sobre este asunto, titulado: ETNOCENTRISMO Y CONFLICTOS CULTURALES EN AMERICA LATINA. Lo han leído?

    Dentro de este punto están los llamados “cholos”, que no son otra cosa que los indígenas aculturizados de nuestro litoral. Creen que son cholos y NO INDIOS. Ellos son descendientes de los Huancavilcas , que se integraron velozmente a la sociedad colonial española, abandonaron su idioma y su identidad, adoptaron la ropa y costumbres de los europeos. Esto hicieron los Huancavilcas, tribu adicta al homosexualismo. Gente mansa y pacífica (como dice el historiador guayaquileño Julio Estrada Ycaza). Les cargaron gustosamente las alforjas a sus amos españoles que, para que abandonen el homosexualismo los quemaban vivos, como dice el cronista español Cieza de León, citado en el libro del respetable caballero e historiador Miguel Aspiazu Carbo, a quien conocimos y de cuyo libro tomamos el respectivo dato ya anotado. Ahí está. Acá inventaron el término CHOLO, y entonces por eso muchos entienden que en el Guayas “no hay indios”. “Indios solo hay en la sierra, acá no”(¿?). Súmese el discursito racista de la élite local… Esto aumenta la parafernalia, esto es, la gran confusión. La identidad cultural y racial sale perdiendo. Sobre esta temática versa el libro del Dr. Manuel Espinosa Apolo titulado: “LOS MESTIZOS”, que clarifica algunas cosas y hace que nos enteremos de muchas otras. Al tendero de un barrio ubicado por el parque Forestal muchos le dicen “indio” cuando son , algunos, con su piel cobriza de varias generaciones, tanto o más indios de lo que puede ser él. Pero por nada del mundo lo admiten aunque sea evidente. Es un trauma histórico, antropológico, que se hace político y cultural.

    Por el año 1988 estaba Rodrigo Borja de candidato a la Presidencia. Estaba en una despensa haciendo compras cuando una ciudadana de piel cobriza, oscurísima, dijo que no iba a votar por “el indio Borja”. Me quedé pasmado. Rodrigo Borja es un individuo que pertenece a la aristocracia de Quito, descendiente de españoles siquiera en un 90%, aunque sé perfectamente que esto a él le es del todo indiferente. Es un tipo laico al que esto le importa un comino. Pero el punto es: a qué nivel llegaba el relajo de la confusión y de la esquizofrenia que una india ignorante, aculturizada y RACISTA, calificaba así a un perfecto latinoamericano como Borja. Por intentar clarificar el tema casi me meto en un lío. Tuve que optar por abandonar el área. El ambiente se puso peligroso. En otra ocasión, vi cómo unos estudiantes del Vicente Rocafuerte mortificaban en el parque del Centenario a una pareja de indios. Los zaherían, les halaban de las trenzas, burlándose, tachándolos de indios. Eran estudiantes de piel trigueña y amarilla, pelo lacio, lampiños, o sea, con un alto porcentaje de sangre india, indios citadinos sin identidad, alienados. Intervine, les aclaré en voz alta este detalle, agacharon la cabeza y abandonaron el área, abochornados. En otra ocasión , en una reunión de una Fundación con dirigentes de un comité barrial del Guasmo, oí a una compañera referirse con desprecio a los indios. Era una mujer RACISTA, de piel cobriza, fea y muy oscura, con pelo zambo, una perfecta “tente en el aire”. De la manera más delicada terminé diciéndole que antes de decir esas cosas había que mirarse primero en un espejo. Le dije: “A Ud. qué le dice el espejo, compañera, que es una mujer nórdica, rubia, de ojos azules? Otro dato : los indios puros solo tienen canas ya muy ancianos. Los mestizos si, y los negros. Se da el caso de que la mancha mongólica no impide que elementos aindiados tengan canas y hasta barba.

    Pero hay muchas formas de mestizaje. En la colonia, al indio algo “purificado” por algún cruce “insuficiente” (entre mestizo e indio) se le llamaba “LOBO”, grado inferior a mestizo. Y a los negros se los iba tipificando conforme se mezclaban con blanco. Regía el régimen de castas, o sea, todo se basaba en el problema racial. El hijo de negro y blanco era mulato; el de mulato y blanco era tercerón; de tercerón y blanco era cuarterón; de cuarterón y blanco era quinterón; de tercerón y mulato o de cuarterón con tercerón era llamado Tente-en-el aire, este se quedaba sin la madre y se iba con el padre; y el último tipo era el llamado Salto-atrás, al producto de cuarterón o quinterón con mulato o negro. El historiador Alfredo Pareja habló de esto en su libro LAS INSTITUCIONES Y LA ADMINISTRACION DE LA REAL AUDIENCIA DE QUITO. El colonialismo se basó también en la trata de esclavos negros, que traían desde el Africa. Estos negros adoptaban apellidos de sus amos. Caminan por ahí con apellidos españoles. Un caso típico es el del dirigente negro Jaime Hurtado González. El era negro puro. Tenía, como muchos negros, apellidos españoles, que no le correspondían. En Africa no hay apellidos como Hurtado ni González. El primer negro que llegó y fue jefe en Esmeraldas era un esclavo que tomó el nombre de su amo español y se llamó Alonso de Illescas. Así perdieron su identidad. Descendientes de las víctimas del colonialismo.

    En Manabí, a fines del siglo XIX, sucedió que la docena de jóvenes curas austriacos que vinieron con el obispo de Portoviejo, Pedro Shumacher, se dedicaron a seducir a un montón de indias, “cholas”, mestizas, y aún a algunas blancas. Hubo descendientes. Por eso,me comentaba personalmente el General René Vargas Pazzos, es que se encuentran en esa provincia, incluso entre los montubios, tipos blancos, de ojos claros. Son , de seguro, descendientes de esa relación de sus tatarabuelas con estos curas que “mejoraron la raza”. En la sierra se encuentra en algunas comunidades indígenas unos tipos de piel clara e incluso de ojos azules. Son resultado de cruces con patrones y hacendados descendientes directos de los primeros encomenderos: lo que no significa que los españoles sean de “raza blanca “ pura, porque allá se dieron muchos cruces con judíos y con árabes, entre otros: también hubo cruces con celtas, godos, normandos, visigodos, etc. Quienes más vivieron el mestizaje con árabes son los andaluces, tipos que sin dejar de ser latinos tienen la piel trigeña. Son fácilmente confundibles con latinoamericanos, pero no con indoamericanos. En cuanto a la existencia o no de razas puras, sabemos que el mundo camina hacia una total simbiosos racial y cultural. Sin embargo, aún deben haber razas puras, sin cruces, entre tribus africanas, en la India, la China…Talvez los Sikhs, algunos vascos…En Quito el Dr. Jurado Noboa ha hecho una muy interesante labor aclaratoria.

    Hemos tenido ideólogos racistas en nuestra Indoamérica, como Vasconcelos, que difundió su teoría a favor de la “ciencia de los blancos” y de la inmigración inglesa; Francisco García Calderón que se pronunció a favor de la inmigración alemana; Alcides Arguedas, que se inspiraba en los ideólogos racistas Gobineau y Vacher de Papuge; y hasta Domingo Faustino Sarmiento, que creía que la raza indígena era incapaz de asimilar y menos aún de producir la alta cultura, según nos explicaba el sociólogo Alejandro Moreano, en su ensayo, tan crítico, sobre Benjamín Carrión. A menudo yo mismo soy racista en el tema de la puntualidad, y reniego del Ecuador. Hubiera querido nacer en un país de gente disciplinada y puntual, como Inglaterra o Suiza. Lo confieso. 

    En cuanto a los arios, mencionemos al grupo Thule, y a la sociedad de Urill, formados por fanáticos antecesores de la prédica racista de Hitler. Pero revelemos un cuasi-secreto: los arios fueron oriundos del Sur de Rusia, tribus nómadas que, algunas, se establecieron en el Irán y en la India. Luego avanzaron por Europa. Estos pueblos se dispersaron 3.000 A.C. Ahora se sabe que el indoeuropeo proviene del Asia Central y de las llanuras de Rusia. La lengua (y la raza) indoaria se remonta al sánscrito védico ( el Rigveda) que fue la lengua clásica y sagrada del hinduismo, que se usó hasta 2000 A.C. El sánscrito clásico se mantuvo hasta el año 1000 de nuestra era y produjo obras literarias hasta el siglo XV. Hasta hoy lo usan los brahmanes eruditos. Los entendidos afirman que presenta características semejantes a otras lenguas clásicas indoeuropeas como el latín y el griego, cosa que a primera vista es sorprendente. Fue la lengua clásica del grupo indoario de la familia europea. De ahí sale la lengua indoeuropea a la que los alemanes llaman indo-germánica. Entre las lenguas antiguas que provienen de ella constan el latín, el griego antiguo,, el iraní antiguo, el hitita. Lenguas modernas que emergieron de ahí son la románica, germánica, iraní, la céltica y la armenia. 

    porcentajes % 

    sangre blanca 10% 20 30 40 50 60 70 80 90 100 

    sangre india 100% 90 80 70 60 50 40 30 20 10 

    (distinto nivel de mezclas raciales en nuestro medio: el que tiene 70% de sangre aborigen, es mestizo? el que tiene 70% de sangre europea, es indolatino?) 

    René Guénon fue un filósofo esotérico que escribió el libro EL REY DEL MUNDO, en 1927, que tuvo influencia entre los nazis. Cercanos a esta corriente estuvieron Rudolf Hess y Rosenberg. Se sabe que Hitler ordenó a la Ahnenerbe, órgano de investigación de las SS, que organizara una expedición al Tíbet, dirigida por el etnólogo Dr. Scheffer, para que averigue y descubra por esos rincones los orígenes de la raza “nórdica”. Todo esto indica que los caucásicos europeos más rancios –como los nazis, que los persiguieron con saña, matando a 400.000 — son primos lejanos nada menos que de los gitanos, que proceden de la India, y que llegaron a Europa hacia el siglo X, dividiéndose en tres grupos: Cíngaros, Kalderos y Bohemios Tradicionales. Su sistema vocálico y consonántico (el romaní) es de origen sánscrito, y su sistema gramatical se asemeja al de las tribus del Norte de la India. Su lengua se relaciona con las indoarias nórdicas del grupo ïndico. La revista EL CORREO de la Unesco dedicó estudios a los gitanos en sus números de X 84, XI 94, VIII 94, y VI del año 2000. Como se podrá entender con estos ejemplos, el término mestizo es tan universal y absoluto que termina careciendo de significado. Casi es como decir Terrícola. Ahí la identidad se absorbe, se difumina y se pierde dentro de un concepto que termina siendo vacuo. Define todo, sin precisar nada. También sirve de escondite a muchos acomplejados que ocultan y se avergüenzan de su verdadera identidad. A esto se le llama esquizofrenia sociocultural, taan extendida en nuestros lares. 

    Proponemos emplear menos el concepto vago y obscuro de mestizos, que hace que a la gente se le compliquen mucho las cosas. Es más fácil , y más sencillo, definirse como latinoamericanos y como indoamericanos. En estas dos categorías no encajan los negros y mulatos, que son otro capítulo. Son los afroamericanos o, simplemente, negros. La CONAIE perdió presencia en censos anteriores, porque muchos rehusaron autodefinirse como indios, por vergüenza. Así está traumatizada la mentalidad de la gente de este país.

    De todos modos, presentamos este cuadro para ayudar a clarificar lo enunciado. Pueden visualizar los porcentajes de sangre latina o blanca, en sus mezclas con la sangre aborigen, que todos tenemos en nuestras venas. Estudien las diferencias raciales que se dan dentro del amplio espectro que es el mestizaje. Todos tenemos sangre india, pero en distintas mezclas, con porcentajes diversos. Como se ve, un mestizo con 90% de sangre india no es tanto un mestizo sino un indio prácticamente puro, aunque no lo quiera reconocer, así se vista con guayabera o use terno y hasta colonia europea. Un mestizo que tenga 50% de indio y blanco es un mestizo perfecto. Y un mestizo con 70%, 80% o 90% de sangre blanca es un latinoamericano perfecto. Estaría perteneciendo a la cultura blanco-mestiza si se juntan otros factores que aquí evado señalar por obvios. 

    Una vez hice un ejercicio de identificación de esta clase de tipos conversando, hace unos treinta años, con don Julio Estrada Ycaza en la calle Pedro Carbo, a la altura del Correo. El era un respetable investigador, autor de muchos libros (todos me los obsequió autografiados) de lo mejor que ha habido en Guayaquil. Sarcástico, se burlaba por escrito de las “matronas pseudolinajudas que en sus anchas y protuberantes caderas dejan ver al bisabuelo africano”, y de los “ejecutivos elegantemente vestidos que en los labios abultados dejan ver la bemba de su tatarabuelo tercerón”. Mirando a las personas que pasaban, iba definiendo velozmente un estudio de su respectiva mezcla racial. Pasaron unos estudiantes del colegio “Aguirre Abad” con su uniforme. Julio los vió y puso de relieve sus rasgos predominantes: lampiños, piel amarilla, trigueña (el trigueño es más “quemadito” que amarillo: es tostado), o “blancuzca”, pelo lacio . Típicos descendientes de nuestros aborígenes. Para él a duras penas eran mestizos o casi no lo eran o no merecían esa definición. Pero vaya a decirles eso para ver cómo hubieran protestado. La crisis de la identidad de seguro ya se había hecho presente en su “concepción”. Desde entonces tengo guardados estos comentarios que ahora transcribo. Ojalá no sirvan para aumentar la confusión reinante. 

    Un amigo que es abogado, graduado de diplomático, y con una maestría adicional, me interroga sobre su raza. Aduce ser una mezcla de indio, negro y blanco. Presumo que es un perfecto mestizo. Tuve una bellísima y sensual novia que era una mezcla de estas tres razas. Mi lejano pariente paterno, el dramaturgo, novelista y poeta, miembro de la iglesia Copta (a la que se vinculó cuando fue Agregado Cultural en Egipto), Paco Tobar García, era un aristócrata, especialista en este tema. Decía que el tenía mil razas metidas en su cuerpo. Cuando le dije que mi novia de aquella temporada tenía origen proletario, y antepasados negros e indios, me dijo: “Razón de más para respetarla, mijo”. Ese era un hombre racional, civilizado. Divorciado de tres aristócratas (entre ellas una marquesa española), encontró la paz emocional con su última compañera, la muy querida Elena Caicedo, una hermosa y respetable mujer de raza negra.

ANEXO:

Raúl Amaguaña Lema
Martes, 3 de junio, 2014 EL UNIVERSO.
El racismo

Según el arquetipo occidental de la belleza, hay feos en indios, negros, blancos y otras etnias. ¿Entonces cómo entender el persistente uso de personajes caucásicos en las campañas publicitarias de la región, que nos presentan a niños y jóvenes blancos, rubios y de ojos azules?, la respuesta es clara; es un racismo solapado que se resiste a desaparecer en pleno siglo XXI, donde el presidente del país más poderoso del mundo es un afrodescendiente. Los medios masivos crean estereotipos sociales, y en nuestro caso, los modelos sociales que nos presenta la publicidad, en especial la comercial, están alejados de la realidad socio-étnica de sus habitantes; pasa desapercibida, pero tiene un efecto psicológico devastador a largo plazo.

Pero primero examinemos si realmente existe el racismo en el mundo; sí y no sería la respuesta. No, porque el término racismo tiene su origen en la palabra raza y en la falsa creencia de que la humanidad se divide en razas. Por hoy, gracias al avance impresionante de la genética y otras ciencias afines a la realidad humana, se sabe que solo existe una sola, la raza humana; entonces por ese lado el “racismo” es un término que está de sobra en el diccionario social. Por otro lado, este término se ha afianzado en el diccionario popular para denotar sentimientos etnocéntricos de un grupo, en menosprecio de otros que fisiológica y culturalmente son diferentes. Pues “entendemos, por lo tanto, al racismo como un fenómeno fundamentalmente social y moderno, como un conjunto de ideologías, preconceptos, estereotipos y prejuicios que tienden a segmentar al conjunto humano en supuestos grupos que tendrían características comunes entre sí, cuya explicación radicaría en una supuesta herencia genética” (INADI, 2005: 37).

Los países de la región andina albergan en su seno una población que se identifica claramente como mestiza, y esa es la identidad que incluso a regañadientes se ha aceptado en forma general, como parte sustancial de la “cultura nacional”. En países como Perú, Bolivia y Ecuador podemos afirmar, sin temor alguno, que son latitudes donde la población mayoritaria es indígena, aunque los mismos se aferren a esconderlo; para corroborar esta situación basta un pequeño estudio de características fisonómicas y culturales de sus habitantes. ¿Entonces por qué ese afán de querer ser lo que no son? La respuesta se esconde en el doloroso proceso de la conquista y el colonialismo europeo, que sufrió nuestra América nativa, hace varias centurias, en el que el hombre blanco europeo a expensas de cierto desarrollo tecnológico se erigió vencedor como el amo y señor del mundo, para esclavizar, explotar y dominar. El racismo se convirtió en doctrina y se impregnó en lo más profundo del ser, el ideal del hombre inteligente y triunfador era blanco. Todos querían ser blancos. Curioso y despreciable aun más que en países como el nuestro, los que hace tres o cuatro generaciones eran “naturales” identificados, hoy quieran pasarse de mestizos o blancos y te descalifiquen con actitudes racistas.

El racismo, o más correctamente el etnicismo, es una tragedia humana que circunda atrocidades y millones de muertes en el mundo. Tan presente en “civilizaciones de primera línea”, como en Italia y Estados Unidos; y ni qué decir de otras latitudes, donde actitudes ideológicamente egoístas y mezquinas, sumadas a la ignorancia, nublan la razón y el sentido común.

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4 comentarios en “Nuestra raza: pongámonos de acuerdo en el tema.

  1. Interesantisimo su artículo CELC. Entonces, tengo razón al decir que la población mundial es un arcoiris? Gracias por haberlo compartido. Saludos. Es Ud. un erudito? de este tema.

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