GALLEGOS LARA DEFIENDE A VELASCO IBARRA

Gallegos Lara…velasquista

era la línea frentista aliancista policlasista decretada por la tercera internacional estalinista. Se sabía que Velasco era producto de los compactados bonifacistas, gente de extrema derecha. Pero ahi estuvo el Partido Comunista en la revolución de Mayo descuartizando la lucha popular con su línea política enteguista. En nombre de esa perspectiva táctica su secretario general de entonces trabajó en Carondelet un año como asesor del “dictócrata”…Quién creyera? Raúl Andrade tuvo una visión más clara en ese entonces. Gallegos Lara solo seguía a rajatabla la línea de su Partido Comunista del Ecuador, del que era miembro.

 Raúl Andrade contra la esperanza.

Por Joaquín Gallegos Lara:

tomado de escritos literarios y políticos de Joaquín Gallegos Lara. Tomo 122, colección Letras del Ecuador, CCE del Guayas.

¿No le temblaría la mano a Raúl Andrade, que es autor de un emocionante retrato psicológico de García Lorca –el poeta asesinado por cantar al pueblo- al solicitar a las autoridades que aunque sea se abalee al pueblo, con tal de impedir que Velasco Ibarra llegue a Presidente?

Raúl Andrade era el espíritu de la neblina, que se enreda en los techos y desdibuja las calles, en las tardes encharcadas de Quito. Soñaba como un  noruego y escribía como un francés. Era uno de los pocos que en este país han visto el velo de la reina Mab. No se suponía que se pudiera descender a la tierra. Sin duda para muchas almas románticas habrá sido un cruel desengaño hallarlo en el papel de carabinero.

La razón que él da no son, naturalmente, las escasas ayoras y el mal rancho, inherentes al oficio. El habla de un planazo que le arrearon los velasquistas el año 35. ¿Tanto rencor por un planazo? ¿O es que se lo acertaron en los ojos y lo dejaron ciego ante la realidad del Ecuador de hoy? ¡Asegura también que teme por la tranquilidad de las familias; como si fuera una solterona, él que fue un bohemio!

¿Para qué haber escrito con ese ánimo sutil que podría llamarse instinto de nuestro tiempo, la silueta de Chaplin o la memoria de los poetas malditos, si, en seguida no se va a distinguir de una horda nada menos que un pueblo en marcha? ¡Pues esa ría humana organizada e inundando los campos y las calles, somos la gente ecuatoriana de Alianza Democrática!

El que esto apunta ha escuchado algunas explicaciones oficiosas que mi corazón se ha negado a aceptar. Respecto a la aptitud de Raúl Andrade. ¿Para qué mencionarlas? Tenemos que agarrarnos con rabia a la idea de que,  a quien conoce el velo de la reina Mab, no existen tesoros con qué comprarle la conciencia. Cogiendo en nuestras manos el libro “Gobelinos de Niebla” de Raúl Andrade casi acariciando sus páginas puras, convenzámonos de que sólo puede tratarse de un error.

 

Y es eso si, un error garrafal, que puede si persiste conducirlo de tumbo en tumbo a arrojar sus encajes de sueños a cualquier estercolero

Se equivoca Raúl Andrade de medio a medio al calificar de horda al pueblo entero del Ecuador, organizado para la democracia y el orden en su Alianza. Se equivoca al interpretar con una malignidad que no se sabe de dónde le nace, la adhesión de comunistas y socialistas a esa misma alianza y a su candidato. Se equivoca al confundir al presidente Velasco del pasado con el viajero antifascista, el probado demócrata, el gran exiliado intelectual y hombre de acción, que desde una riscosa ciudad del sur de Colombia, avizora, calvo como cóndor y con ojos de cóndor, al pueblo ecuatoriano que lo espera.

Un programa democrático que prevé el progreso industrial y la libertad, es la base de Alianza. Pero el cemento que la consolida es la esperanza de un pueblo defraudado e indignado. Esa esperanza es la del negro cauchero de Esmeraldas, la del sembrador de algodón de Manabí, la del indio siervo de la gleba de los Andes, la de los obreros de los textiles de Quito, la de los industriales inteligentes y los portuarios guayaquileños, la de los intelectuales de conciencia limpia de todo el país.

Esa esperanza no recurrirá a la violencia, por más que la provoquen. No es una fórmula electoral ni un acercamiento circunstancial. Más allá del triunfo sostendría y acompañaría a Velasco. En eventual derrota, debida al fraude electoral posible, seguirá firme, mostrando el insustituible y claro camino de la democracia. Esta esperanza no se separará ya jamás del pueblo ecuatoriano. Es el soldado rojo del viejo liberalismo del 95, que ha despertado a montar guardia por la libertad.

Raúl Andrade, probablemente traicionándose asi mismo, combate contra esa esperanza. 1944.

 

RAUL ANDRADE SIN ESPERANZA.

aqui llega a decir, para defender a su candidato, Velasco Ibarra, que a Raúl Andrade era Benjamín Carrión el que le daba haciendo los artículos…

Por Joaquín Gallegos Lara.

 

Los  diputados a la Constituyente de 1938, dos que no votaron por Mosquera el infausto, le relataron a este cronista aquella noche. El país esperaba, en tensión. Los conservadores se habían retirado de las cámaras. El bloque democrático había adquirido mayoría sobre los  liberales oficiales. Un Judas de izquierda propuso la candidatura de Mosquera.

Desde la calle amenazaba a la Asamblea la guardia pretoriana ya vendida. Desde dentro del palacio la protegía un piquete del Yaguachi, el batallón democrático. Los dos diputados hablaron con el oficial que lo mandaba:

-¿Está dispuesto el Yaguachi a sostener la Constitución y la libertad de acción de la Asamblea, incluso peleando? Vamos a nombrar presidente de la República al general Luis Larrea Alba.

-Por mi parte, soy militar y sé cumplir mi deber con la patria. Eso si quiero advertir que aquí solo tengo 50 hombres con 100 cartuchos cada uno. Los de allá afuera tienen un parque completo. Pero estoy a la orden de la Asamblea.

Los dos diputados se acercaron a un balcón. La noche quiteña, glacial y azul se deslizaba sobre los tejados sombríos y envolvía en leve cristal la calle, en cuya acera opuesta con sus guardianes bostezando, las pequeñas hienas de hierro de las ametralladoras adelantaban sus hocicos. Comprendieron que el Ecuador estaba perdido, a lo menos por cinco años. Apretando en sus bolsillos las cachas de sus pistolas fueron a votar en contra de Mosquera Narváez, a quien la Asamblea coaccionada eligió Presidente.

No se puede culpar a las izquierdas ni a lo que quedaba del que fuera un día el ejército popular del Ecuador representado por el Yaguachi y otras pocas tropas más, el que existen ya armas mercenarias al servicio de los políticos.

Asi el Ecuador entró a los años tremendos de la segunda guerra mundial, en las condiciones que todos conocen. Cuando era la oportunidad de industrializarnos, de producir, de lograr bienestar para todas las clases sociales y un poco de la grandeza de ciertos instantes de un pasado para la tierra ecuatoriana, más negligente se ha hecho la rutina, más atrasados los métodos. Cuando debemos cooperar al máximo con las Naciones Unidas, en defensa de la civilización, más se desarticula nuestra economía, sin plan ni eficacia. Cuando en el mundo entero el eterno ensueño de la libertad, empieza a volverse realidad inmensa y nueva, más nos hundimos en un tráfago de abusos criollos, chapuceras imitaciones del nazismo.

 

Son innumerables las jornadas del desastre de los años recién vividos. Más lo peor ha sido su resultado: la abrumadora desmoralización cívica que ha vuelto los males nacionales casi incurables y ha cegado los caminos de nuestro destino histórico. Sin duda no es exagerado afirmar que se asemeja a Lázaro el pueblo ecuatoriano que se ha levantado de la tumba civil en que lo hundieran para marchar hacia la libertad y afirmar su voluntad para vivir libre.

 

Esa voluntad organizada es Alianza Democrática, que antes que candidato tuvo programa. Es un sencillo programa constructivo, que no favorece ni a una trinca ni a una clase, sino a todos los ecuatorianos, a  la unidad, al plan económico y a las libertades individuales. Frente a él, ¡qué insulsas resultan las burlas acerca del negrito cauchero o del indio serrano! Es verdad el programa de Alianza es para ellos, como para todo este gran pueblo. Si hay algún escriba que les hace burla, ¡peor para ese! El humanismo barato del señorito a expensas del trabajador, es actitud muy fácil. Para el que quiere reírse de todo es risible. Pero hay un abismo entre la risa de Voltaire y la de Casaseno.

Alianza Democrática no es un organismo electoral. Es una unión de fuerzas políticasa con objetivos permanentes. Si proclama candidatos es porque sus procedimientos son legales, porque emplea la acción electoral como medio de superación cívica y finalmente, porque ese candidato es Velasco Ibarra, que como cualquiera puede comprobarlo, representa la aspiración unánime casi del Ecuador.

 

En algún poema de Victor Hugo se lee que es placer de bufones mofarse del heroísmo. El común de los mortales son ser héroes, admiramos a los héroes. Alianza Democrática no exalta a su candidato como a héroe. Le basta con señalar lo que como ciudadano significa para el pueblo. Deja el incienso seguramente traido de las nebulosas por su exquisito autor, para la crónica Anécdota Automovilística, donde se proclama al candidato Albornoz un “héroe de las finanzas”…

En el Ecuador parece imposible que haya alguien que odie a los indios, que afirme que “le cargan”. Tal vez sea un poco de rastacuerismo de quien para la mayoría de sus obras literarias ha escogido temas extranjeros como García Lorca o Chaplin. Alguien puede atribuirlo al subconsciente chapetón y feudal. Los mal intencionados a quienes sigo aferrándome en no creer, aseguran que el máximo ideal de Andrade el humbertista es el Club Pichincha, una llacta de algunos cientos de cuadras y un centenar de indios. Y que en sus escritos se anticipa a sentirse gamonal.

Sea como fuere, a un comentario admirativo y a una crítica ideológica y sincera que le formulara el que esto escribe, Raúl Andrade respondió primero con una gentil crónica, tan confusionista y equivocada como las anteriores pero dignificada por la cortesía del escritor inteligente y ágil.

Luego probablemente le reclamaron los nuevos compañeros humbertistas. ¿Cómo iba a llamar compañero a ese bolchevique? Era preciso aplastar a ese “mono” velasquista. Raúl Andrade se rascó, seguro, detrás de la oreja. ¿Pero qué hay que decirle? ¿Cómo re rebato las evidencias? ¿Qué le reprocho en la conducta o el carácter? No le quedó al colega de letras, el que por desgracia no puede seguir llamándome compañero, otro remedio que insultar. Más para nuevo mal de Raúl Andrade, los insultos que se le ocurrieron, no eran ni siquiera insultos.

En su primera crónica Raúl Andrade hacía sonreir con lo del empleillo de tercera cuantía. Colega, hay que trabajar para vivir. No todos podemos pasar sonriendo en un soportal. La prueba de lo que se vendía era fuerza de trabajo y no la conciencia, era que tanto Enrique Gil Gilbert, el mejor novelista del Ecuador, mal que les pese y los jóvenes luchadores César Blum Ledesma, junto con el suscrito, fuimos cancelados en los empleos que teníamos, un día que el ministro de gobierno se pasó de mal humor o de quien sabe que…

Lo demás que Raúl Andrade escribe son solo intentos de injurias. Lamento rectificar que ahora no creo que Raúl Andrade haya visto nunca el velo de la reina Mab, como yo supuse; casi hasta llego a imaginar que algunas de las bellezas que ha firmado se las habrán “dado escribiendo” Benjamín Carrión o Jorge Diez. Lo que se temía ha llegado. Los encajes de sueños de Raúl Andrade han caído en el estercolero. 1944.

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