LA LUNA SE HA PUESTO. NOVELA. JOHN STEINBECK.

por Carlos Lasso Cueva.

. Steinbeck, sencillamente, sabía decir las cosas. Es fluido, liviano, simple, y sus obras siempre tienen una gran moraleja. Sus personajes son gente de la clase media: profesores, costureras, médicos, policías, que no tienen la carga de reflexiva nostalgia de los personajes de Hemingway.

Esta obra trata de un pueblo invadido al que los conquistadores le imponen totalitarias medidas de control y censura. Es un pueblo situado en Europa, frente a Inglaterra. Podría ser Francia, España o Bélgica. Los invasores procuran ejercer sobre el pueblo de mineros de carbón un control completo pero se producen sabotajes, varios asesinatos y luego se sistematiza sordamente la rebelión. En el interior de esa conquista hay para los conquistadores mucha soledad. Los conquistados comparten el infortunio y están unidos. Los conquistadores empiezan a enamorarse de las mujeres del pueblo conquistado pero estas los rechazan. Tunder le dice a Molly: “Es Ud. tan hermosa como la risa y me siento tan solo que la soledad me pone enfermo. Me siento solo rodeado de silencio y de odio. No podemos conversar un momento? Ella le concede una cita. Le promete acostarse con él si le regala un par de salchichas. Cuando él regresa ella le clava unas tijeras y lo mata. Luego escapa a las montañas y de seguro de ahí a Inglaterra.

El pueblo está invadido, pero no conquistado. Luego viene la ayuda exterior. Aviones amigos arrojan en pequeños paracaídas barras de chocolate y de dinamita. Con eso se inicia el acabose de los conquistadores que pierden, en un pueblo tan pequeño, el control psicológico de la situación, y la iniciativa pasa a los conquistados a pesar de que llegan a condenar a muerte al intendente del pueblo. Este, en su sitio de reclusión, recibe la visita de sus amigos y vecinos y recuerda una obra de teatro en la que participó hace décadas. Es un monólogo sobre la muerte de Sócrates en la que este profetiza como será el futuro nefasto de sus acusadores y detractores.

El párrafo subrayado de la página 163 es perfecto. En una democracia hay muchas cabezas. Todos tienen opción de llegar a convertirse en líderes. En un régimen totalitario, en cambio, basta con eliminar a un reducido grupo de personas que integran la cúpula para lograr que ese orden termine y se de paso a una nueva situación. La obra es leíble por completo. Accesible. Tiene una cadencia fiable. Y una moraleja sencilla y profunda. Hacía mucho tiempo que no leía nada de este autor. Nunca defrauda.

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