OLAF HOLM. PRESENTACION DEL LIBRO DE CARLOS LASSO CUEVA.

OLAF HOLM:

(Director fundador del Museo Antropológico del Banco Central en Guayaquil y Cónsul de Dinamarca).

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE CARLOS LASSO CUEVA

“Y SALUDEN DE MI PARTE A LAS GOLONDRINAS”.

MUSEO MUNICIPAL DE GUAYAQUIL

JUEVES 10 DE ENERO DE 1980.

Distinguido público:

Cuando Carlos, hace algunas semanas me obsequió muy gentilmente un ejemplar de su más reciente poemario “…Y saluden de mi parte a las golondrinas”, lo acepté de sus manos muy gustosamente, no solo por su fina dedicatoria sino también por haber gozado anteriormente con la lectura de su colección “POEMAS DE LA GUERRA”.

Después de unos momentos de conversación amena, Carlos me dijo que me solicitaba un favor, a lo que contesté, como es de estilo “desde luego, no uno, sino dos, si quieres”.

Pero no. Se trataba de un solo favor: el primero que me solicitaba. Quería que yo lance sus golondrinas al aire.

Me quedé un poco perplejo, y una serie de ideas cruzaron por mi mente: “Porqué yo, que solo entiendo de trastos viejos; no me siento capacitado para opinar sobre poesías”, y así por el estilo.

Pero Carlos insistió. Entonces me puse a reflexionar, y me di cuenta de que en realidad él no me estaba pidiendo un favor, sino que me estaba confiriendo un honor, y los honores no se rechazan así nomás.

Comprendí que estaba en la situación de aceptar o menospreciar una amistad muy sincera que había nacido espontáneamente en un viaje al pasado, realizado en el mes de Marzo de 1979, al sitio arqueológico que se conoce con el nombre de VALDIVIA, en la costa del Guayas, con motivo de las “JORNADAS DE ARQUEOLOGÍA SOCIAL” que se realizaron con el propósito de conmemorar sus primeros seis mil años de existencia. Después de aquel viaje, y al término de esas Jornadas, nos quedamos por largas horas en la casa de Carlos, con otros amigos, y, como siempre, hablamos un poco de todo. Así principió la amistad, respecto de la cual tengo que decir que Carlos, en realidad, analizándola cínicamente, -si cabe este término en el terreno de las amistades -, Carlos había puesto más que yo. El se interesó constantemente por mi trabajo de investigaciones, incluso insistió en publicar re-publicar uno que otro de mis pequeños ensayos, pero durante todo este trayecto Carlos mantuvo su puesto y su condición de poeta, y yo mi posición de arqueólogo, lo que permitió que nunca tuviéramos ningún conflicto.

Una vez que acepté el honor que Carlos me otorgaba principiaron mis problemas. Me dije que podría comenzar hablando de la cuna y el abolengo de Carlos, pero resolví que, aunque Carlos, con toda justicia puede sentirse orgulloso de eso, aquello no era necesario. Lo conocemos a él, los conocemos a ellos, más, dejando la genética a un lado, Carlos no es él ni por su abolengo ni por sus apellidos, sino por su propio nombre. Y como poeta no necesita de parientes ni de padrinos. Así que pensé en algo que es de más rigor: hablar sobre el poeta Carlos Lasso Cueva, pero reparé en que para mi eso sería una pretensión absurda…personas que son verdaderamente personajes conocedores de la materia como por ejemplo el Dr. Carlos Cueva Tamariz, el Dr. Carlos Eduardo Jaramillo, el dr. Leopoldo Benites Vinueza, el Dr. José María Vivar Castro, el Dr. Manuel Agustín Aguirre, y algunos otros, ampliamente versados en el movimiento de las bellas letras ecuatorianas, ya se habían pronunciado con anterioridad sobre Carlos Lasso Cueva, un distinguido poeta lojano. En estas circunstancias yo no podía agregar nada a lo dicho por ese concierto de voces autorizadas. Absolutamente nada.

Pensé luego en la diferencia de edad (nos separa una generación), que para muchos, y desgraciadamente casi siempre para la generación que está por irse, significa un abismo infranqueable, casi una rotura, en lugar de considerarlo geométricamente hablando como un declive, fuerte o suave, pero de todos modos un declive escalonable.

Reconozco de entrada que la poesía de Carlos está muy alejada de la que a mi me obligaron a estudiar cuando chico, como los hexámetros y decámetros, en griego o en latín: Homero, Ovidio, Virgilio, y otros. La poesía de Carlos está desprovista de los metros y las rimas forzadas, de los viajes entre nubes rosadas donde otros poetas dan vueltas junto a los querubines, y donde cantan acompañados por la música etérea de la madre eterna, terrestre o celestial, a la manera que por tantos años ha dominado en el género poético del austro ecuatoriano.

Ahora nos suena y retumba una voz juvenil y viril. Una voz de protesta, quizás,, y diría que si, aunque con el miedo de que este cliché de “una voz d protesta” está por gastarse, porque de eso se ha usado y abusado tanto en la literatura como en las artes plásticas. Además, la voz de protesta sufre con frecuencia – desgraciadamente- de infiltraciones foráneas que le restan valor y algo que debería preservarse ante todo, o sea lo autóctono.

Reflexionando sobre la protesta llegué a la conclusión que debemos sentir lástima por el joven de cualquier época que no protesta. Sencillamente el que no protesta no es joven y no vive en su momento.

Para forjar el futuro necesitamos jóvenes que protesten. Que sufran carcelazos. A buena hora, el problema no es estar en una cárcel. El problema es porqué. Hay carcelazos que pueden ser medallas al mérito si la causa por la cual se lucha es sincera y honrada. Entonces son una honra. Así es que algunas veces en sus poemas se encuentra primero un desarrollo suave y armónico que de repente se detiene, y como una ráfaga de ametralladora dispara en pocas líneas algo que en lugar de poesía se convierte en una especie de aforismo. Carlos seguramente hace eso con el propósito de sacudirnos, entregando un mensaje que frena el vuelo del pensamiento, antes de regresar a su tema.-

He observado con curiosidad que Carlos, en un cierto número de veces, muestra una curiosa añoranza por el mar. Eso no tiene nada de incomprensible: un lojano puede amar el mar; pero tengo la impresión de que para él es algo más que un mar. No es, como sería lo normal para un costeño, una playa donde termina la tierra firme, una frontera u otro mundo. No. Tengo la impresión de que para Carlos el mar no es solo un mundo diferente de su tierra natal, con la topografía más accidentada del país, siso que es un NUEVO MUNDO, es la puerta hacia el infinito, en espacio y en tiempo, donde no existen horizontes para su pensamiento. Este aspecto o rasgo es quizás uno de los muy pocos que encuentro donde Carlos nos revela un sentimiento impersonal hacia el romanticismo, no ligado a personas, sino a lo infinito, hacia el más allá.

Por el otro lado, varios de sus poemas rebozan de la ternura hacia los suyos, sus más íntimos, alrededor de su hogar, aún joven pero en donde el poeta desea encontrar otros aspectos de su formación mental: el amor, el fruto o la razón de su ser. Esos son sus momentos de entrega, quizás impulsiva, a su segundo YO, que al fin y al cabo, lo tenemos todos en nuestro interior, y que es uno de los resortes más poderosos para movernos al hacernos y ser lo que hacemos y lo que somos.

He encontrado también que Carlos usa frecuentemente el prefijo ANTI, ANTI algo, pero ANTI y ese es quizás su yo primario, es su fuerza viril y combativa que hace el equilibrio con su segundo yo.

Ahora, escribiendo estos apuntes, me doy cuenta de que muy al contrario de mi voluntad, manifestada al principio, estoy hablando de y sobre la poesía de Carlos, para lo cual no estoy moralmente autorizado.

Prefiero por eso regresar a uno de los puntos anteriormente mencionados. ¿Qué pasó entre mi juventud y la que vive Carlos todavía, no obstante su prematura madurez poética?

Como no soy crítico de las bellas letras puedo tomarme la libertad de no hacer reseñas formales, como algunos autores que frecuentemente se sienten obligados a criticar, quejarse, señalando solo defectos, y no buscando lo constructivo sino saliéndose por el camino fácil, para ellos, el de destruir. Por encima de esto, puedo tal vez dedicarme a pensar porqué Carlos quizás escribe como escribe.

La sociedad en la cual nació, sin saberlo, y sin haberlo solicitado, es la ciudad de Loja, en 19951. Sabemos que Loja se quedó pequeña y que se fue a La Habana, de donde regresó, pero siempre actuando en los movimientos intelectuales, allá como acá, y, al mismo tiempo, atraído inmensamente hacia el momento político de su país natal.

Pero cuál es este mundo en el que Carlos nació? Qué había pasado con el mundo de sus padres?

Nace y crece en un mundo secularizado y pluralizado. Algunos dicen que es un mundo ateo. Sea así o no, la verdad es que nuestra vida de hoy no lleva ningún prefijo o guía del cristianismo. Será que el mundo de hoy está buscando otros dioses? La iglesia, que por secula seculorum era nuestra plataforma cultural, hoy presenta el problema de que no es ya un asunto de la sociedad, sino algo netamente personal, algo privado. Algo tan privado que indiscutiblemente si falta la fuerza moral individual, puede traer consecuencias para toda la sociedad. En ese aspecto, podemos estar deslizándonos por esa línea en declive, hacia abajo, tal como mencioné simbólicamente hace un momento.

Pienso al mismo tiempo en otro fenómeno social, cuyo modelo lo encuentro en los tiempos de la colonia, cuando España con su Sacra y Católica Majestad, y la nobleza o aristocracia alrededor de él, y la iglesia, consumieron todos los bienes de las Indias, y en la aristocracia de hoy, que es la de la inteligencia contemporánea, con sus sociólogos, antropólogos y demás cientistas sociales, que blanden ideales de vieja y nueva cuña, con un frecuente desprecio antiquijotesco por las urgentes y verdaderas reformas sociales. Ante eso, la filosofía de Carlos es que a la EDAD DORADA no llegaremos luego de un holocausto o aniquilación, sino luchando para que justamente eso se evite. Si el individuo lucha por su ideal, entonces ha vivido, y vivido tanto que no necesita de la reencarnación para peremnizarse.

Las raíces ancladas en el pasado, en el momento de Carlos, toman formas anteriormente insospechadas; en una sociedad que se pluraliza encontramos fenómenos singulares. Por las calles andan jóvenes en trajes d monjes hindúes, gurús religiosos o políticos andan sueltos por todos lados. Unos sin duda son sinceros…otros, mercanchifles y explotadores de ingenuas credulidades que buscan y necesitan algo diferente. Y aún hay otros que también quieren llegar al DORADO pero sin pagar el pasaje.

El misticismo y la meditación son algo que el marxismo falló lastimosamente en entregar a sus adictos. Más no por eso podemos poner los oídos sordos a nuestros movimientos que si llenan ese vacío y que además nos proporcionan los héroes culturales.

En este estado de cosas confrontamos la protesta contra lo establecido que no satisface a nadie, ni al campesino ni al citadino. La meta se perfila como una libertad social, buscando un poder político e, indirectamente, también una auto-suficiencia moral, que termina tomando las características de una nueva religión.

No es que el mundo en el cual vive Carlos ha desconocido o desatendido los movimientos reformadores en lo político, social y económico. No. Pero ahora hay una diferencia porque esos movimientos vienen DESDE ABAJO, desde la mayoría, y no desde arriba. Vienen desde abajo dirigido por una minoría guiada por la inteligencia, y no desde arriba, guiado por resoluciones gubernamentales.

Con el movimiento masivo desde el campo a la ciudades –fugas desde la miseria real hacia un bienestar quimérico- y con la proletarización de la vida en nuevos suburbios, estamos creando justamente un fondo óptimo para una protesta aguda.

Al principio, y no sé si en realidad estamos al principio del camino o ya en la mitad del mismo, se presenta la protesta como una coquetería romántica con cierta cara de una nueva religión, que promete la reconquista del paraíso.

Nos estamos alejando del marxismo de principios económicos, con su reparto o distribución por igual de los bienes comunes. Ahora estamos confrontando una reforma de carácter revolucionario, que sería la verdadera religión, que tiene lógicamente dogmas propios y su propia moral, pero por sobre todo una estructura sicológica no muy diferente de cualquier otra religión antigua o moderna.

A un estado cómodo del convivir social, a un estado sin clases, pueden mirar ansiosamente casi todos: el campesino, el obrero industrial, el oficinista burócrata sin esperanza de ascender…todos se sienten atraídos por ese cuadro de color rosado-dorado del futuro. Personalmente, con los años que he vivido, con lo que he leído, creo que la UTOPIA de Tomás Moro aún está lejos de nosotros.

En todo caso qué hace el viejo? El se queda esperando y trabajando a su manera para que las reformas que él cree inevitables y justas , no se basen en la revolución, en la protesta, sino simplemente en posturas y posiciones humanitarias.

En este estado de cosas siempre necesitamos de una VANGUARDIA: ustedes me perdonarán la palabra, pues es otro cliché bastante gastado, pero se necesita jóvenes con fe, con ideales, que estén dispuestos a luchar hasta más allá de lo humanamente posible, porque tienen algo que para ellos SI VALE LA PENA.

Este es el mundo conflictivo en el que Carlos debe tratar de realizar su destino.

Un mundo difícil… creo que si; pero al fin y al cabo no soy tan viejo que no lo he visto venir. Y creo firmemente que cada uno tiene su manera de luchar, como cada pájaro tiene su manera de cantar. Por eso estoy convencido de que los cantares de Carlos si serán escuchados. Creo en eso por su sinceridad. Creo por eso que contribuirán a lo que todos anhelamos: un mundo mejor; un mundo más humano.

Y porque creo en él acepté hablar esta noche no tanto sobre la poesía de Carlos, sino sobre porqué Carlos escribe poesía.

Gracias.

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