Mi generación y…por Carlos Lasso Cueva

MI GENERACION Y… POR CARLOS LASSO CUEVA lunes, 1 de octubre de 2012

Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de Los Beatles, de Bob Dylan…. Herederas de la “revolución sexual” de la década de los 60…ya no las hacen asi. Las actuales, las modernas, las nuevas, tienen una información teórica que las de nuestra generación no recibieron nunca tan rápido. Nosotros en los 60 ni imaginamos el teléfono celular ni peor el internet. Pero en esa época el capitalismo mercantilista estaba menos desarrollado en el tercer mundo. La información se la recibía directamente de los libros que circulaban en los sectores intelectuales. Pero sobre todo hubo una porción de esa generación que además de leer,vivió esas jornadas revolucionarias mezcladas con poesía y gases lacrimógenos. Hablo de la huelga de bachilleres en Mayo del 69 en Guayaquil, de las huelgas obreras a las que la militancia de esa época se vinculaba.
En aquel tiempo se hablaba de relaciones personales, no de sexo seco y directo como ahora. No estaba de moda manipular a nadie, al menos, de forma tan explícita.Lo importante era el proceso que se vivía y alrededor de eso estallaban canciones y besos. Había una causa llena de apóstoles de ambos sexos y entre ambos estaba la música. Se triunfó y se fracasó romanticamente varias veces y eso se hizo luego costumbre conforme envejecía el capitalismo. Las cosas se iban haciendo más fáciles y la gente se iba a la cama velozmente. Pero el diálogo y los sueños disminuían mientras la inflación alzaba su vuelo.
La familia tradicional se extinguía y recién ahi comenzó por acá a hacerse notar el feminismo. Los poetas empezaron a escribir versos tristes mientras Vargas Llosa abandonaba el barco. Los divorcios consecutivos de supieron de moda. Parecía que nadie había estado preparado para nada. Y con el paso del tiempo vino una nueva generación y luego otra. No se parecen en nada a la nuestra.
Los chicos y chicas veinteañeros de ahora jamás han sido perseguidos por la policía en manifestaciones en solidaridad con Vietnam, no estuvieron nunca al día con las últimas declaraciones o el nuevo artículo de Sartre en “les tempes moderns”, jamás escucharon una conferencia de Benjamín Carrión, Agustín Cueva, Enrique Gil Gilbert, Leopoldo Benites Vinuaza, Manuel Agustín Aguirre, Cueva Tamariz o de Pedro Saad, no se quedaron estupefactos como nosotros cuando mataron en Bolivia al Che, no han leído los versos de César Vallejo ni Javier Heraud ni piensan en lo que nosotros pensábamos: en la trascendencia y el heroismo.
No. Ahora viven el presente, el día a dia pensando en sobrevivir y en llegar a instalarse con algún aceptable empleo si es que tienen suerte. Van a la Universidad para poder cambiar luego siquiera parcialmente de estatus social. Y en vez de pensar idealistamente en la revolución como nosotros, ahora son hedonistas, pragmáticos, hasta se marturban mutuamente las parejas teniendo sexo virtual por medio del chat. Las chicas de 16 años apuestan a que pueden seducir y acostarse con un fulano de 25 o 40 que ha llegado a la fiesta donde ellas están de cacería. Y lo logran y ganan la apuesta y después le dicen al pobre tipo ya semiilusionado que solo se trató de una apuesta de dinero, una pequeña suma adquirida divertidamente, negocios precoces.
Esto no es una visión moralista del tiempo de muerte que se cirnió sobre nosotros porque el proletariado de los países industrializados no acabó de adquirir conciencia de clase y eso permitió al capitalismo crecer, desbordarse, forjando un mundo cruel y vacío a su imagen y semejanza, en donde hay ahora una juventud completamente alienada, hueca y perdida, carente de referentes históricos, controlada mentalmente por la CNN. Se llama descomposición social, cultural, moral del sistema y de la gente inmersa en esta travesía siniestra que perdura porque falta mucho para que se consolide el factor subjetivo necesario para que estalle la huelga de masas y sobrevenga la revolución.
La porquería es ahora la regla, en todo sentido y quizás en todos los campos… nadie piensa en la virtud que es una cosa que ya ni aparece en el diccionario como concepto. Tiempo del encanallamiento y de la desvalorización del mundo del hombre y de revalorización del mundo de las cosas. la calidad humana y la honestidad ya no cuentan en absoluto. Solo reina el desenfreno de la sobrevivencia económica individual con una familia nuclear mínima que se debilita.
Y encima de todo el frío cinismo monstruoso, y la aparición de nuevas formas de ganarse la vida (stripers, venta de drogas).
En nuestra generación nada supimos nunca del estrés que ahora agobia a multitudes ni dependimos de tranquilizantes. Claro, por obra estratégica del Club Bildelberg una porción de nuestra gente debutó en los inicios con la mariguana, pero eran pocos. Ahora, evocando a la Beauvoir hay un montón de “mujeres y hombres rotos” prematuramente en su dignidad, calidad humana y dimensión revolucionaria. Vivimos tiempos espantosamente contrarevolucionarios de hundimiento y caída de todos los valores que no se relacionan directamente con el verde color del dinero.
El dinero ahora es todo. Todo tiene precio (y hay gente que no ha leído lo que Marx y Engels profetizaron sobre esto hace casi dos siglos en EL MANIFIESTO).
Mientras tanto por ahi esporádicamente se descubren atisbos de que no todo se ha podrido. La dimensión humana a veces resiste en la bella individualidad de chicas serenas y sencillas que permanecen sanas, sin que se les haya ocurrido hacer negocio con su cuerpo. El poeta conoce algunas de ellas. Su espíritu aún romántico se revitaliza cuando eventualmente conversa con ellas y recibe sus miradas claras, pulcras, sometiéndose a su diálogo, oyendo su voz que es como un pequeño riachuelo de esperanza que cruza diáfano en esta noche lóbrega y terrible que es ahora la realidad de la vida en este mundo desorientado, alienado, cosificado, brutalmente deprimente y contaminado, en cuyo triste contexto notamos que se acelera un masivo proceso de deshumanización. Esta civilización lentamente se lumpeniza, pierde valores y sentido, y de eso nos damos cuenta cada día.
“Mientras más se revaloriza el mundo de las cosas, más se desvaloriza el mundo del hombre”: Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844. K.M.

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