Me sucedió algo curioso…

Me sucedió algo curioso…
de Carlos Enrique Lasso Cueva

Una vieja anécdota que entonces la conté, en el mail.

Salí al centro con mi teléfono celular nuevo (un Nokia E 5, que me resultó un desastre: no tiene cronómetro este modelo, y la radio ya no sirve, además, toma mal las fotos en espacios cerrados), y quise estrenarlo tomando algunas . Hay unas casas elegantes en tono antiguo por la zona donde está ubicado el Conservatorio Antonio Neumane. A dos de ellas ya las han tumbado. eran casas que me impresionaron positivamente cuando era niño y estudiaba en el Instituto Particular Abdón Calderón (que funcionaba donde ahora está situado el Conservatorio).

Asi que venía tomando fotos de ese tipo de casas de evocación colonial, pero de cemento. son pocas, con su clásico aire antañón, refinado.

Me detuve a fotografiar el edificio de la Sociedad de Beneficencia de Señoras , en donde viven algunos amigos. En el siglo pasado muchas veces iba, en la noche, a visitarles, y eran unas veladas largas que terminaban al amanecer.

Estaba parado al pie del Consulado de los Estados Unidos. El edificio que fotografié está al frente, pintado con color celeste. Preparando la cámara del celular, observé un segundo el edificio del consulado. No era factible fotografiarlo porque estaba en sombra en ese instante. asi que fotografié al edificio de enfrente, ya citado.

Y seguí caminando . llegué a la esquina siguiente, caminando hacia el Este, cuando me llamaron miembros de la seguridad del Consulado. Uno de ellos tenía un uniforme similar al de la policía civil y parecía policía civil pero no se realmente si era policia civil. querían saber si le tomé una foto al consulado. me dijeron que me habían visto porque, aun que nadie lo sepa, hay cuarenta y cinco cámaras observando la zona. que nadie las ve pero que son cuarenta y cinco cámaras que captan todo.

No fueron groseros. en absoluto. voluntariamente les enseñé mi galería de fotos, y entre ellas no aparecía el consulado. como bajo la luz del sol la pantalla se torna oscura, fuimos a la sombra, bajo el portal del antiguo local del museo antropológico del Banco Central, donde tantas veces fui a conversar con mi finado amigo Olaf Holm, quien presentó mi segundo libro de poemas en su lanzamiento hace décadas. ahi yo mismo les hice revisar, mientras conversábamos, la pantalla, y no apareció esa foto.

Me pregunto qué habría pasado si le hubiera tomado esa foto al consulado? me confiscaban el celular o solo me eliminaban esa foto?

les pregunté eso. fueron muy amables. altos, jóvenes. con pinta de ser fuertes. el que me abordó me dió la mano al despedirse- los otros dos permanecieron a la retaguardia…

Me digo: hay como tomar fotos de casas, edificios, parques, incluso de entidades públicas como la Gobernación, el I. Municipio, la casa de la cultura, creo que hasta de la zona militar, sin problema. los turistas suelen hacer eso.

Pero tomar una foto del consulado yanqui ha sido algo delicado.

Por fastidiarles la vida a los gringos, digo yo, valdría pasar por la acera de enfrente, simulando fotografiar el edificio del consulado. luego habría que caminar rápido. para ver que pasa. aunque sea para darles trabajo a los de la seguridad. para ver si los alcanzan, les hablan respetuosamente, y de paso les cuentan a uds también que ahi hay cuarenta y cinco cámaras de seguridad, de última tecnología, que deben ser pequeñísimas, ocultas, que nadie ve. me dije, para mis adentros: qué tecnología. si uno puede ir caminando y desde un satélite lo pueden estar observando. si tomando sol no en la playa sino en el pequeño patio de mi casa puede suceder igual. es la tecnología, que debemos tomar como algo natural, sin caer, por supuesto, en la paranoia.

Nadie tiene la mínima actitud hostil respecto del consulado de USA. para nada. no se trata de nada de eso.

Pero no es lo mismo este consulado que el de Noruega. Reino Unido, España, Argentina, etc etc. es obvio.

Esta anécdota no me ha dejado dolido ni resentido ni nada parecido. Comprendo las medidas de seguridad que debe tomar el consulado del más importante país de la tierra. no fui atropellado, ni maltratado. mentiría si les digo eso.

Hasta me dió, en el fondo, una sensación como de satisfacción por haber pasado por esta experiencia. Me dije: “tengo algo para contar alguna vez a mis amigos”.

Mientras me despedía de este educado señor, pensé automáticamente en la novela de Graham Greene, “Nuestro hombre en La Habana”. al seguir caminando, tuve la sensación de haber vivido uno de sus capítulos. Me sentí como si acabara de salir de las páginas de esa novela. Me dije: “es algo que alguna vez podrás contar”.

Cordiales saludos, mis queridos tovariches. Quemen bien, pero sin petardos ni dinamita, este año…O, mejor, no quemen nada. Solo celebren, sin contaminar el medio ambiente. Y prepárense para el año que viene, que con toda esperanza les digo que será peor. Asi que, ánimo!

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