los años 60

sobre los venturosos años sesenta…
de Carlos Enrique Lasso Cueva, el domingo, 25 de noviembre de 2012 a la(s) 12:38 ·

en los 60: el concilio convocado por el querible Papa Juan XXIII: el boom literario latinoamericano: llegada (supuesta) del hombre a la luna: la revolución cultural maoista de China (una calamidad): presencia del existencialismo comprometido con las buenas causas: Sartre, Camus, la Beauvoir: aparición interesantísima de Marcuse (que complementó algunas tesis): la revuelta estudiantil de Mayo 68: EL AMOR LIBRE!!!: LOS BEATLES: el Che Guevara: la primavera checoslovaca: la guerra del Vietnam (llena de gases lacrimógenos ante las marchas que hacíamos contra ella en Guayaquil y en Quito): la invasión a Checoslovaquia por los rusos (que condenamos energicamente desde que el MIR sacó en ese tiempo una excelente hoja volante contra la misma): la teología de la liberación que caminó entusiasta por tantas veredas: la compañía de Bertrand Russell (que era visto como la “conciencia del mundo): de Gaulle era presidente de “la” Francia” y estuvo en Quito (le di la mano en la Plaza Grande): la aparición, ultra-polémica, del primer libro de Agustín Cueva, que desató unos debates espantosos…lo hacían leña en la prensa amarilla los domingos en las páginas culturales, pero el paraninfo de jurisprudencia se recontrarepletaba cuando el daba su conferencia mensual con cientos de personas sentadas en el suelo: las conferencias eventuales de Pedro Saad, Enrique Gil Gilbert, Cueva Tamariz, Benjamín Carrión, Manuel Agustín Aguirre…ah! y la gente leía, polemizaba hasta en la hora del almuerzo en la casa, y el amor florecía como jardín cultivado con esmero y delicadeza. Esos años fueron el verano de esta época distinguidos amigos.

ANEXO. 5 VIII 2017

en los años 60 el mundo fue una puerta que se abría cada mañana. Al amanecer era la música y en la noche los sueños personales se cumplían. las palomas volaban en torno a los tejados y las cúpulas de las iglesias y por la calle caminaba el extraño de pelo largo. explosionaron amores y caminos, nacieron leyendas, poemas, canciones y la vida tenía sabor de uvas frescas. Se compartía el vino democrática y fraternalmente en las ceremonias.
hubo dolor y sangre también, y nació la solidaridad hacia un pequeño país que era agredido con napalm, aunque algunos ignoraron cómodamente el asunto.
El aire conspiraba a favor del amor y de los sueños que, con un poco de suerte, nunca se realizarían, (como se dijo en la Leyenda de la Ciudad sin Nombre). en medio de tormentas y terremotos. Se habítaba el mundo, se existía, y en el devenir de las horas y días nada era mónotono.
La soledad no existía y nadie caminaba sin su novia. Sentíamos que formábamos parte de un movimiento que estremeció al mundo. Utilizamos poemas y grafitis, hojas volantes y dinamita, y en la noche salíamos a pintar las paredes y los muros. Luego corríamos a toda velocidad para que no nos alcance la policía. Tiempo en el que buscábamos el peligro para sentirnos vivos, coherentes. Algunos pasamos por la experiencia de la tortura en el ministerio de defensa. Y pese a la dura paliza de dos noches, no “cantamos” como algunos que ahora se deslizan en puntillas en algunos cargos públicos.
Epoca trascendental de envergadura gigante, con promesas que se bronceaban debajo del sol. El mar hablaba y la cordillera lo oía. En ese tiempo se puso de moda la revolución en París.
No pasó nada pero quedó un hito redimido lleno de luz que cruzó los muros de la historia, dándonos identidad.
Nosotros venimos de un tiempo en que se pedía lo imposible. Sobrevivimos frustrados y sin alas para volar pero llenos de un testimonio que marcó para siempre nuestros pasos en la vida. Somos la memoria de un tiempo intenso y vertiginoso lleno de tormentas y rayos que estremecieron a la brújula. Y nunca nos faltó la única riqueza que desde entonces hemos tenido: la plenitud de una conciencia recuperada para siempre, y el amor. Somos el testimonio de una época en que se pudo tomar el cielo por asalto. No fue posible pero al menos se intentó, y esa experiencia se quedó guardada en un templo donde reposa la nobleza humana, el fuego de la vida, la promesa de que, aún en las circunstancias más difíciles, este nunca se apagaría..
Somos lo que quedó de esos días llenos de descubrimientos en que se pensó que otro mundo es posible, y se hizo lo que se pudo -inútilmente- por conseguirlo.
Aún vivían Malraux y Sartre, Marcuse y Bertrand Russell, y nosotros leíamos además a Plejanov y a Politzer, a Julius Fucik y Máximo Gorky, a Aníbal Ponce y José Carlos Mariátegui, y nuestros directores de cine favoritos era los del neorealismo, junto a Visconti y Losey, Arthur Penn y Jules Dassim, y vimos Lawrence de Arabia y Queimada, sátiras memorables en contra del colonialismo sobre el que Franz Fanon escribió las últimas crónicas. Después conocimos a Raymond Chandler y a Dashiell Hammett.
A los que quedamos nos toca hablar de lo que se vivió en aquella etapa crucial, llena de héroes, símbolos, besos y libros, plena de solidaridad porque éramos como uno solo buscando destruir este orden. Cada día era una llamarada, una fogata ardiente en torno a la que nos reuníamos para conspirar contra la muerte.
Todo está encerrado en estas pocas letras y números: Mayo del 68, cuando la historia se puso de pie y caminó con nosotros en pos de la utopía imposible de conseguir mientras exista el capitalismo que luego nos aplastó y atomizó. Después de eso nació el pueril individualismo que ahora nos cubre e inutiliza.
Nos deslizamos por el podrido tobogán gigantesco hacia el pozo siniestro de este tiempo putrefacto manchado de excrementos, recordando debajo de los túneles donde ahora transcurre nuestra vida aquellos versos que nos sostienen, que aprendimos de memoria en esa época:
“en tiempos difíciles debemos tener presentes nuestros éxitos, ver nuestra brillante perspectiva, y aumentar nuestro coraje”

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Un comentario en “los años 60

  1. He ahi esa sobrada preparacion y formacion politica ideológica inclaudicable que lo han convertido en el referente de la cultura de nuestro tiempo. saludos!

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