JORGE SALVADOR LARA HA MUERTO. POR CARLOS LASSO CUEVA.

JORGE SALVADOR LARA HA MUERTO. 4 IX 1926-8 II 2012.
Por Carlos Enrique Lasso Cueva

Jorge Salvador Lara es un personaje a quien siempre admiré desde que estaba en el colegio, en Quito. Lo leía cada semana en El Comercio y a veces lo veía caminar, alegre y jovial pero imponente, por las calles del centro del Quito colonial. Tenía muchos amigos y conocidos con los que iba saludando siempre a cada paso. Era un personaje. Cuando le hablé de mi antiguo apego a su persona, el exclamó, como explicándome el hecho: “La sangre, chuta, mi querido Carlos”.

Hace mucho tiempo me mandó el árbol genealógico de la familia Lasso de la Vega (publicado por Cristóbal de Gangotena y Jijón en 1951 en los Cuadernos de la Academia Nacional de Historia) y a mano había anotado su ascendencia, complementándola. Era bisnieto de Isabel Lasso de la Vega y Aguirre, prima hermana doble de mi bisabuelo, don José María Lasso de la Vega y Aguirre, quien, buena parte de su vida se desempeñó como el representante diplomático del gobierno de España.

Mantuvimos correspondencia y compartimos una serie de temas por medio del mail. Luego adopté la costumbre de llamarlo de cuando en cuando a su oficina en el Archivo Histórico. A veces, cuando él me llamaba, preguntaba por “Don Carlos Lasso de la Vega”. Me comentaba escritos míos que yo le enviaba.

Estuve invitado a almorzar en su casa a finales del 2008, a mi regreso de la hacienda Guachalá, (en Cayambe, invitado por mi primo Diego Bonifaz Andrade …al llegar a Quito me alojé en el departamento de Juan Andrade Heymann, en el tercer piso del edificio Habitat, detrás del Hotel Quito, junto al Mirador). Desde allí lo llamé y me dijo, en tono festivo: “Ya estás en Pichincha por fin”. Me preguntó sobre lo que desearía servirme en el almuerzo, y sabiendo que Teresa, su fina y admirable esposa era morlaca, pedí repe, que es un plato típico que saboreé muchas veces cuando era niño, en Loja, en casa de mi abuelo Cueva Celi. Al finalizar el almuerzo Jorge ordenó traer una botella de vino.

Hicimos una sobremesa de varias horas y me obsequió todos sus libros, con autógrafos afectuosos, resaltando en cada uno de ellos el parentesco que nos unía. Rendía culto a la memoria de nuestro remoto antepasado Diego de Sandoval, sobre el que escribió un par de ensayos aparecidos en su libro HISTORIAS DEL ÑAUPA QUITU. Su hija, María Isabel, había hecho una monografía sobre Sandoval para gradurse de bachiller, y como se la pedí, fue a sacarle fotoscopia al colegio donde ella estudió.

Su monumental biblioteca privada me impresionó. Era más grande que la de Manuel Agustín Aguirre y Carlos Cueva Tamariz juntas. Lo digo porque las conocí y porque tuve la suerte de tratar muy de cerca también a estos dos ilustres personajes.

Fue un crítico de la política exterior de los Estados Unidos. A mi distinguida amiga, la Dra. María Leonor Jiménez de Viteri la sorprendí cuando le obsequié cincuenta artículos de Jorge comentando con agria franqueza la actitud de la potencia imperialista del Norte, a la que era opuesto en varios puntos. Era ARIELISTA. Conversando conmigo, varias veces se autodefinió como un “comunista de derecha”.

Toda la vida Jorge vivió de su trabajo en el magisterio. Debe haber tenido miles de alumnos. Todos lo han de recordar con afecto y admiración porque no solo era un intelectual y un historiador erudito, sino además un hombre de bien, recto, sano. Siempre positivo y propositivo. Decía que era “un proletario de levita”.

Tuvo éxito en su vida. Brilló desde temprana edad. Fue diputado dos o tres veces y dejó la política. Fue un personaje muy realizado. Cónsul en Lima siendo muy joven, embajador en el Vaticano…Se desempeñó como abogado del Banco Nacional de la Vivienda. Presidió la Academia de Historia, fue Canciller en dos ocasiones, y supongo que ha fallecido siendo titular de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Mantuvo por más de cuatro décadas una columna en El Comercio.

Nuestra principal discrepancia estuvo dada siempre en torno a la figura de Juan José Flores, cuya memoria él defendía y yo siempre he combatido. Nos separaba también la postura frente a Gabriel García Moreno, que, como lo puntualizan Enrique Ayala Mora y Pedro Saad Niyaim, fue, aparte de su postura oscurantista, teocrática y hasta sanguinaria, un hombre con gran talento administrativo que inició la construcción del ferrocarril de Guayaquil a Quito, y fundó la Escuela Politécnica.

Talvez los dos artículos más vitriólicos que escribió fueron uno en que polemizó duramente con León Febres Cordero Ribadeneyra (que descendía de la familia Aguirre de Quito por el lado materno: él es de la misma línea de la filántropa María Augusta Urrutia y de los Montúfar Barba, pues provienen de dos hermanas Aguirre Klinger, casadas con dos hermanos Aguirre Montúfar, nietos del marqués de Selva Alegre. León Febres Cordero desciende de Juan Pío Aguirre Montúfar, quien tuvo una desavenencia con su hermano Carlos, y a causa del fracaso en unos negocios, perdieron la hacienda “Guachalá” (a la que habian hipotecado), que fue rematada: ahi fue adquirida por mi tatarabuelo Manuel de Ascásubi y Matheu, que se la dió en herencia a una de sus hijas, Josefina de Bonifaz), y otro en que salió en defensa de García Moreno, a propósito de la obra transmitida por la TV: SE QUE VIENEN A MATARME, basada en un libro de Alicia Yanez Cossío.

Mi pariente (por otra rama paterna), Luis de Ascásubi Jijón, lo buscó para que le haga los alegatos para litigar en las Cortes españolas el título de Conde de Casa Jijón, que finalmente fue adjudicado a Manuel Jijón Caamaño y Flores. Al respecto hay una anécdota medio jocosa que permanece guardada en la memoria de algunas personas. Yo la conocí de primera fuente porque Jorge me la explicó.

Fue un honor tratarlo, ser su amigo. Alguna vez, para elevarme el ánimo, me dijo: “SURSUM CORDA mi querido Carlos”.

Ahora Uds. que leen estas líneas se enteran de que me quedo aún más solo en el mundo. El era un espíritu abierto, antisectario, perfectamente ecuménico y pluralista que me recibió sin reservas. Hubo polémicas por su actuación como Canciller, debido a que visitó el Chile de Pinochet. Y en algunos temas tuvimos diferentes opiniones. Pero siempre resplandeció su gentileza para superar las cosas que nos separaban. Jorge era un hombre sin rencores, inhabilitado para el odio. El trato con esta clase de gente siempre a uno le enriquece la vida, y finalmente le deja en la memoria y en el corazón un testimonio.

Deja un gran legado cultural y el recuerdo de su calidad humana. Queda su legado bibliográfico, los numerosos libros que dió a la estampa, y varios tomos aún inéditos

Le gustaba enterarse que yo visitaba de cuando en cuando por teléfono a su esposa, Teresa Crespo Toral de Salvador -mi maternal confidente-, que pasaba en su casa. Cuando a él lo operaron de la cadera hace unos años en el Hospital Metropolitano, todos los días lo llamé para departir un momento y acompañarlo.

Cuando debió jubilarse de su cátedra en la Universidad Católica, esta institución publicó dos voluminosos tomos titulados EL LIBRO DE LOS AMIGOS DE JORGE SALVADOR LARA. Me los mandó por correo. Ahi hay artículos escritos por los más representativos catedráticos en homenaje a su trayectoria eminente, formidable. Esos dos tomos, como se lo dije, eran un monumento en su honor. En ellos se percibía con claridad la trasdendencia de su paso por la tierra. Tuvo una vida fértil.

Ahora ha muerto… Quiero decir, ha pasado a la inmortalidad.

—– Mensaje reenviado —–
De: Elvira Salvador
Para: Carlos Enrique Lasso Cueva
Enviado: Lunes 13 de febrero de 2012 11:48
Asunto: Re:

Querido Carlos:

Mil gracias por tu email, por ese texto tan sentido, tan humano y el tan cariñoso recuento de recuerdos.

Les acabo de reenviar tu mail a mis hermanos, sé que les va a llegar al corazón.

Quiero que sepas que mi papá te tenía mucho cariño y consideración, y siempre me pedía que le imprimiera los mails que  enviabas a mi dirección, me decía “Carlos es mi primo”..

Te mando un abrazo enorme a nombre de mis hermanos y de mi mamá.

Elvira Salvador

 

CONSUELO MANCHENO (AUTORA DEL LIBRO “HISTORIA Y MEMORIA COLECTIVA DEL BARRIO LA MARISCAL, DE QUITO) ESCRIBIÓ, SOBRE JORGE SALVADOR LARA:

Tuve el privilegio de trabajar por varios años en la Dirección Nacional de Mutualismo del Banco Ecuatoriano de la Vivienda con el Dr. Jorge Salvador Lara, una persona admirable por su inteligencia, su honestidad, su sobriedad y sencillez, a pesar de que era un hombre tan grande por su sabiduría, por todo lo que él representó, sus altos cargos públicos, siempre mantuvo su cordial, sencilla y afectuosa forma de ser. Sin ambiciones exacerbadas sirvió al país con toda su honestidad, sin aprovecharse de sus altas funciones, su fin era servir a la sociedad y a su patria, manteniéndose siempre intachable. Tengo de él, el recuerdo más alto como persona, como político, un ejemplo para estos tiempos en que las ambiciones y los arribismos son el principal incentivo para servir a la patria.

 

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