MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES. DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ. POR CARLOS LASSO CUEVA

 

MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES

GABRIEL GARCIA MÁRQUEZ.

Grupo Editorial Norma

por Carlos Lasso Cueva.

Es un libro muy bien hecho. Producto de un trabajo literario lento, cuidadoso, en el que solo se dice lo preciso. La ventaja de leer a esta clase de autores es que se puede decir que jamás lo defraudan. Comprar un libro de ellos es tener la garantía de que uno va a pasar un rato agradable leyéndolo. Y este tomito no es la excepción. Al verlo uno se pregunta en primera instancia: Y cómo así un escritor tan grande publica un libro tan pequeño? La respuesta se la obtiene leyendo el pequeño gran relato.

Es la historia de la soledad de un nonagenario, cliente fijo y fiel del prostíbulo de Rosa Cabarcas, que termina siendo su única amiga, que nunca se acostó con una mujer sin pagarle y que de este modo, a los cincuenta años, ya totalizaba quinientas catorce mujeres “con las cuales había estado por lo menos una vez” , y que recuerda que, a esa edad, a “la fiel Damiana…casi una niña…que se movía descalza para no disturbarme mientras escribía, la vi por casualidad inclinada en el lavadero con una pollera tan corta que dejaba al descubierto sus corvas suculentas. Presa de una fiebre irresistible se la levanté por detrás, le bajé las mutandas hasta las rodillas y le embestí en reversa. Ay, señor, dijo ella, con un quejido lúgubre, eso no se hizo para entrar sino para salir. Un temblor profundo le estremeció el cuerpo, pero se mantuvo firme. Humillado por haberla humillado quise pagarle el doble de lo que costaban las más caras de entonces, pero no aceptó ni un ochavo, y tuve que aumentarle el sueldo con el cálculo de una monta al mes…”.

El protagonista es un individuo que en sus años mozos dictó clases de castellano y latín “en tres colegios públicos”, jubilado, columnista cultural de un diario, que asiste regularmente a los conciertos y a las exposiciones de pintura, socio de centros artísticos, y eventual conferencista. Se viste con un traje de lino blanco, y usa “un reloj de oro coronario con la leontina abrochada en el ojal de la solapa”. Se perfuma con el fumigador de Agua de Florida de Lanman & Kemp-Barclay & Co. Había aprendido a orinar sentado _como Juan León Mera, según Montalvo- . Sus libros favoritos son LOS EPISODIOS NACIONALES de don Benito Pérez Galdós, y LA MONTAÑA MAGICA, herencia de su madre, una italiana que murió tuberculosa. A los doce años fue cuasi violado por Castorina, la reina de un burdel en el que se metió a curiosear. Se entretiene oyendo en su casa las seis suites para chelo de Juan Sebastián Bach en la versión de Pablo Casals que son “lo más sabio de la música”, además de la rapsodia para clarinete y orquesta de Wagner, la de saxofón de Debussy y el quinteto para cuerdas de Bruckner “que es un remanso edénico en el cataclismo de su música”. Ha leído a Julio César y a sus biógrafos, Suetonio y Carcopino. De alguien así podría esperarse una vida más rica, pero solo tuvo sexo mercantil. Estuvo en la inauguración de un burdel fundado por Sacramento Montiel en Santa Marta y conocía el “burdel histórico de la Negra Eufemia”. Ya viejo se encuentra con Casilda Armenta, una prostituta de la que fue cliente fijo en una época. Ella le aconseja que se case con Delgadina porque “no hay peor desgracia que morir solo”. Le dice: “no te vayas a morir sin probar la maravilla de tirar con amor”.

Una vez se impactó cuando de casualidad vió, en la casa de la familia Palomares de Castro, a la menor de sus hijas, Ximena Ortiz, desnuda, haciendo la siesta. “Ella se volvió a mirarme por encima del hombro…sonrió, se volteó hacia mi con un escorzo de gacela, y se me mostró de cuerpo entero…Tenía..un cuerpo tan provocador con ropa o sin ella…sabía que nunca llegaría a ser amor, pero la atracción satánica que ejercía sobre mi era tan ardorosa que intentaba aliviarme con cuanta guaricha de ojos verdes me encontraba al paso. Nunca logré sofocar el fuego de su recuerdo…”. Llegó a convertirse en novio de esta muchacha pero no estuvo escrito que se case con ella. Porque “las putas no me dejaron tiempo para ser casado”.

Nonagenario, Damiana seguía trabajando para él, limpiando su casa una vez a la semana. Alguna vez le cuenta que nunca se ha enamorado. Ella le contesta que “lloré veintidós años por usted”. El le responde: “Hubiéramos hecho una buena yunta. “Pero hace mal en decírmelo ahora, dijo ella, porque ya no me sirve ni de consuelo. Cuando salía de la casa, me dijo, del modo más natural: Usted no me creerá, pero sigo siendo virgen, a Dios gracias”.

De pronto se le ocurre saborear a una virgen jovencita y se la solicita a Rosa Cabarcas y es la historia que pasa a ser el nudo central de la obra. Jamás consigue, como es lógico, hacer nada con ella. Pero se enamora, la besa en todo el cuerpo, le regala joyas. Cuenta que “me dormía abrazado a ella hasta que cantaban los gallos”. Ella tenía “sus pómulos altos, la piel tostada por soles de mar bravo, los labios finos y el cabello corto y rizado le infundían a su rostro el resplandor andrógino del Apolo de Praxíteles”.

MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES me luce que es una obra que muestra la decadencia literaria de un escritor genial que jamás podrá volver a hacer obras maestras como las de su juventud: EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA y CIEN AÑOS DE SOLEDAD.

Los personajes que aquí engendra son bien trazados, producto de la maestría que conserva intacta. Pero es un libro menor, sin la profundidad de sus antiguas grandes metáforas. Las cinco partes que lo componen tienen una hilación perfecta, pero eso es técnica literaria, ya no hay esos arranques trascendentales que plasmaban historias colectivas completas referidas a la compleja y dramática epopeya sangrienta de los pueblos pobres de Colombia y de América Latina. Por eso este libro tan bien hecho, ameno y agradable, muy digno de leerse, pasa a ser una obra de segunda clase. No deja de soltar grandes brochazos metafóricos, se siente que es la obra de un maestro. Tiene su sello, su estilo, su firma. Pero todo lo más importante que tenía que decir, ya lo ha dicho hace mucho tiempo. Lo que cuenta ahora son detalles adicionales, anécdotas complementarias que nunca dejarán de ser interesantes.

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