LA NIEVE QUEMA, de Regis Debray.

LA NIEVE QUEMA, DE REGIS DEBRAY.

LA NIEVE QUEMA.
REGIS DEBRAY
Por Carlos Lasso Cueva.
Editorial Grijalbo. 1977.

Novela vertical, construida apelando a métodos (relativamente) tradicionales, ligados a lo que antaño se llamó realismo socialista. En el fondo Debray muestra ser un neo-ortodoxo de la estética marxista. La novela es legendaria y fuertemente auto-biográfica. Rescata las propias vivencias y experiencias adquiridas por el autor a lo largo de una intensa trayectoria política. Debray sabe muchas cosas. Las Alusiones al papel jugado por la dirección cubana en el auspicio a la lucha armada aventurerista en varios países latinoamericanos son electrizantes. Se lo cita al propio Fidel Castro. También aparece Salvador Allende. Se nota en la obra un trasfondo nostálgicamente irónico, por aquello de que la capa de revolucionarios a los que pertenecía Debray eran considerados “de lujo”. Provenían de estratos sociales altos. Por eso en ellos hay siempre un gran refinamiento. Debray proclama algunas veces la presencia de una antigua aristocracia europea superviviente en América Latina. Algunos cachorros de la misma son los radicales enemigos del capitalismo.

Se nota que Debray ya no cree en las viejas tácticas foquistas para llegar al poder…tácticas que curiósamente él mismo contribuyó a difundir por medio de sus hábiles ensayos políticos reunidos hace poco en un solo tomo por la editorial ERA. Debray se burla de las “organizaciones revolucionarias” que nunca fueron otra cosa más que minúsculos grupos compuestos por amigos unificados siempre en torno a un dirigente con personalidad arrolladora.

Es inferior a EL INDESEABLE (editada por Círculo de Lectores), que comienza con estas palabras: “ LA ARISTOCRACIA DE LOS CLANDESTINOS ES LA DE LOS ETERNOS AUSENTES; LA JERARQUÍA SUPREMA ES LA MUERTE…”….”LA RISTOUCRATIE DE KIANDESTIN E ZEL ZETERNALL ZABSANS. LE RANGUE ZUPRAIME ZI NONME LA MORTE” Pero nadie puede negar que Debray posee excelentes recursos como narrador. Su prosa es rica, sugestiva.. Evoca muchas cosas con las que se sentirán identificados todos aquellos que, como yo, dedicamos varios años de nuestras vidas a una causa que descubrimos (con esas tácticas, con esas concepciones, con esa estrategia ) perdida luego de muchos esfuerzos y bastantes ilusiones marchitas. Merece ser difundida. Es raro que sea prácticamente desconocida en nuestro medio y que nadie se refiera a ellas.

Debray ha escrito algunos libros. A inicios de los años 80 apareció al parecer una edición pirata de su obra La Guerrilla del Che. En ella se encuentra el siguiente párrafo sobre el estoicismo del Che: “Al declarar abiertamente la guerra sobre aquel suelo que era el suyo, quedaba al fin en paz consigo mismo. La alegría que experimentaba al habérselas con el porvenir a brazo partido, era la alegría profunda de aniquilar el pasado. Abria un nuevo ciclo de luchas históricas como quien cierra el círculo de su vida. De ahi, quizás, esa serenidad interior que no abandonó casi nunca, a lo largo de toda su última campaña; de ahi ese despego minucioso, aplicado y lúcido hasta la ironía, con que abordaba los acontecimientos. Sentimiento paradójico e insólito que podría llamarse un fatalismo activo, que no tiene nada que ver con la desenvoltura o la insensibilidad, ni con la resignación a su suerte o la alucinación del destino. Sentimiento a la vez apaciguante y fortificante, en el cual se resume una sabiduría antigua, que fuera raiz de la cultura ibérica.: una moral que tuvo por adeptos a los más grandes capitanes filósofos de la antiguedad, hombres todos de acción inclinados a la reflexión, Escipión, Séneca, Marco Aurelio, y tantos otros: el estoicismo. En su vida personalcomo en su reacción frente al acontecimiento, el Che tenía algo extraño pero tipicamente estóico”.

Debray, en la época en que anduvo fomentando y haciendo la apología de la derrotada teoría foquista, escribió un libro sobre los  Tupamaros del Uruguay, que fue editado por el MIR del Ecuador. Ediciones ERA publicó en 1969 un libro con sus principales ensayos de esa época. Ahi apareció ese librito icónico del movimiento foquista Revolución en la Revolución, junto a sus otros ensayos dedicados al mismo tema: Una Experiencia Guerrillera, El castrismo: la larga marcha de América latina, América Latina: algunos problemas de estrategia revolucionaria, el papel de los intelectuales en los movimientos de liberación nacional, junto a sus escritos en prisión, en Bolivia, entre elos su exposición ante el Consejo de Guerra.

En 1971 la editorial Beta publicó su libro de ensayos Tiempo y Política, obra más madura, de reflexiones político filosóficas en la que pretendió acercarse por fin a la disyuntiva y la historia del proletariado. En esta obra ya no es el delirante admirador de Fidel Castro ni el apologista de experiencias aventureras minoritarias. Llega a ser el analista francés metódico, cartesiano, que se sumerge en la abstracción reflexiva para analizar aspectos del devenir de la izquierda del capital…ahi hay capítulos sobre la izquierda de Zimmerwald, sobre la influencia de Hegel en la historia del materialismo dialéctico, análisis sobre el reformismo, y un interesante capítulo sobre el trostkysmo. En él, Debray explica su asimilación teórico-política de lo que es esta corriente que decidió permanecer encajonada en conceptos eternos inamovibles: “Bastan dos minutos para reconocer al trotskysta…por el vocabulario, sin duda, o, en su lugar, por los tres o cuatro términos básicos -burocracia, Thermidor, autogestión, etc. Más bien por un tono de voz, por un cierto refinamiento sardónico, agrio o desgraciado, por una cierta acritud o frustración. “El” trotskysta, oposicional por estado y dentro incluso de su organización, siempre entre dos esciciones, parece inclinado naturalmente al resentimiento, es traicionado, es engañado; no le harán más la jugada, asi como tampoco al proletariado, que desenmascarará a sus dirigentes vendidos, sus dirigentes más lúcidos entrarán en la IV. Este tono se debe a una actitud ante el mundo, a una estructura de la experiencia. Es el alma noble que reinvindica contra el curso de las cosas, pervertido, desviado de su verdad, impuro. La Burocracia tiene diez mil cabezas, todo lo que sucede es maleficio de la Burocracia. Como el alma noble, el trotskysta se queja de un mal del que no se puede separar y su misma queja termina por mantener ese mal. Puesto que cualquier encarnación histórica de la revolución socialista está contaminada en su propio origen, sembrar la duda sobre ella no es un error, sino una precaución, convalidada de antemano. Esto se parece mucho al judaismo filosófico definido por el joven Hegel en El origen del Cristianismo y su destino. Se diría del trotskysmo, al igual que de Abraham, que su “alejamiento de cualquier destino es precisamente su supremo destino”. El gobierno obrero-campesino, el proletariado, son universales abstractos, privados de movimiento, condenados a inutilizarse en la acritud acusadora, sin poder ligarse con la particularidad concreta de este gobierno socialista, de este proletariado determinado. No existe reconciliación posible con la ley. La idea debe seguir siendo trascendente a las prácticas positivas. Lo que existe es culpable, se mancilla con lo dado. Omnicrítico y omnisciente, el trotskysmo -entiendiendo como tal ese punto idealmente puro en el que se unifican las sectas desgarradas de la IV Internacional – trasciende a cualquier responsabilidad positiva, no tiene que responder de ningún Estado, de ningún pueblo, de ninguna revolución en curso. No se trata de un fracaso o de un accidente, sino de una necesidad de su propia naturaleza, casi un deber. Su naturaleza es desfigurar a la naturaleza, desprenderse de cualquier positividad, ejercer la labor de zapa que, desde hegel, se atribuye indefectiblemente a lo negativo. A sus ojos, sólo encuentra remisión lo que se asemeje al trabajo de lo negativo; cada vez, pues, es necesario establecer la separación entre lo sospechoso y lo puro…No hay trotsquista feliz. Sus desgracias, sus fracasos le justifican y le confirman en su desprecio definitivo de las “burocracias”. Al expulsar todas las encarnaciones efectivas fuera del círculo teórico de las formas puras, se expulsa a si mismo de la historia efectiva, el círculo se cierra, el trotskysta siempre tiene razón. Supremo nicho: el trotskismo como destino póstumo del admirable individuo que fue Trostky”.

En el N° 55 de la revista Nueva apareció un ensayo de Debray titulado “Los hombres libres necesitan esclavos: la moral de occidente es la flor plantada sobre los osarios”. El Correo de la UNESCO publicó artículos, notas y una entevista a Debray en sus números de XII 93, XII 94 y II 95. En el N° 7 de su revista el GCI de Bélgica hizo una crítica a Debray, convertido en asesor del presidente socialdemócrata francés Francois Mitterand. En el you tube está la entrevista que Debray le hizo al presidente socialdemócrata chileno Salvador Allende, luego de ser aministiado por el Presidente boliviano Juan José Torres. Libre, viajó a Chile y se alojó una semana en la casa de Pablo Neruda en Isla negra. Cuando los periodistas le preguntaron al Premio Nobel chileno sobre el contenido de sus pláticas con Debray, éste respondió: “Hablamos del mar, y de otras cosas”.

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